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¿Ángela ha muerto?

No. Ángela no ha muerto. Ha entrado en la Vida Eterna. Yo no muero, entro en la Vida (Santa Teresita del Niño Jesús). Yo quiero ver a Dios y para verlo es necesario morir (Santa Teresa de Jesús). ¡Qué consuelo siente mi alma al pensar en la muerte! ¡Veré a mi Dios cuando muera! (Santa María Micaela). Deseo partir y estar con Cristo (San Pablo) ¡Cuán dulce es morir después de haber tenido en esta vida verdadera devoción  al Corazón de Jesús que nos ha de juzgar! (Santa Margarita María). Y Ángela era devotísima del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María. Ella ya contempla lo que Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni vino a la mente del hombre lo que Dios ha preparado para los que le aman. (1 Cor 2, 9).

Conocí a Ángela cuando tenía 18 años y ha muerto a los 65. Y la conocí bien. Fidelísima a su padre espiritual, el jesuita José María Alba, no le abandonó ni un instante, cuando la ira de Satanás desencadenó una tempestad de calumnias  contra el Padre Alba y su Obra. Todas sus amigas abandonaron al padre, menos ella y tres más.

Ángela conocía perfectamente sus limitaciones y defectos, que combatía con la espiritualidad ignaciana del agere contra y el vencimiento propio. Amaba de corazón a Cristo y tenía muy presentes las palabras del Señor: El que quiera seguirme que se niegue a sí mismo, coja su cruz cada día y me siga.

Su piedad era profunda, dogmática y litúrgica: Santa Misa, oración, rosario, lectura espiritual, visita al Santísimo, examen de conciencia… diarios. Reunión semanal en el Centro, retiro, cenáculo y adoración nocturna mensuales. Ejercicios Espirituales de San Ignacio anuales, campamentos de verano en los que muchas adolescentes y jóvenes aprendieron de sus charlas a ser mujeres, cristianas y santas. El verano pasado, me dijo su hijo José María, que tenía problemas laborales para ir al Campamento el primer día. Lo consultó con su madre. Respuesta: José María, arréglate como puedas, pero tienes que ir el primer día, tus hijos necesitan vivir en ese ambiente. Y sus hijos tenían unos pocos meses y un par de años. Sí, así debe ser.

Secretaria de la Unión Seglar de San Antonio María Claret, eficacísima. Siempre trabajando. Organización de los Ejercicios Espirituales, campamentos, concurso de belenes, peregrinaciones, mercadillo misionero, gran propagandista de nuestra revista Ave María, departamento de librería … Y generosa, muy generosa, en sus donativos para ayudar a la Iglesia en sus necesidades.

Esposa y madre de familia modelo. Junto con su esposo Manuel María Doménech hicieron de su hogar una iglesia doméstica, donde toda la familia reza unida y vive el evangelio de Cristo. En este hogar cristiano no entró la televisión, ni periódicos o revistas mundanos. Sus cuatro hijos han seguido en todo la fe y vida de sus padres. Dos se han casado como Dios manda y viven en sus hogares como aprendieron de sus padres; el pequeño ya tiene novia, muy católica; y el mayor es sacerdote, misionero de Cristo Rey. De muy pequeños tenían que hacer cada día 60 kilómetros para ir al Colegio Corazón Inmaculado de María, que no está subvencionado.

Ángela era Católica, Apostólica y Romana. De soltera fue Hija de María y, de casada, de la Congregación de la Madre del Amor Hermoso. Patriota siempre y en todo. Amó a nuestra Patria, España, con todo su corazón, como nos enseñó el padre Alba: Amar sin reserva a España, mi Patria, la nación de eterna Cruzada, relicario de santidad, sublime escuela de tradiciones (…)  Honrar la memoria de los santos, misioneros, cruzados, conquistadores y figuras gloriosas de nuestra historia, y de todos los mártires de España que ofrecieron su vida por una España católica (…) Alimentar mis días con la consigna: Por Cristo, por María, por España, más, más, más.

Desde jovencita hasta su muerte, jamás tuvo contacto con la mundanidad y frivolidad de las costumbres paganas. Siempre vistió sencilla y modestamente, nunca rindió culto a la diosa moda que a tantas bautizadas está pudriendo. Han de venir unas modas que ofenderán mucho a Nuestro Señor. La personas que sirven a Dios no deben andar con la moda. La Iglesia no tiene modas. Nuestro Señor es el mismo (Beata Jacinta de Fátima). La modestia en el vestir es una virtud cristiana y el pudor también. Su ejemplo perdurará siempre.

Ángela, tranquila. Estamos todos muy contentos. Desde el mismo momento que me enteré de tu salida de este mundo se va confirmando en mi entendimiento la idea de que, a partir de ahora, voy a ser mejor sacerdote. Creo firmemente en el dogma de la Comunión de los Santos.

P. Manuel Martínez Cano, mCR

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