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La Voz de los sin Voz XLIII

Pedro: Muchos hombres y mujeres han dejado de lado sus obligaciones ante Dios y la patria. Se han encerrado en sus intereses particulares y aficiones mundanas, sin preocuparse, lo más mínimo, por el bien común de sus países y la salvación de las almas.

Salomé: Sobre todo, han aceptado el sistema político dominante, especialmente la dogmatización de esta democracia aberrante, que se niega a aceptar cualquier ley superior a la que promulgue la “soberanía” del pueblo en sus parlamentos. ¿Llegará la ley de la matanza de los menores de 18 años?

Santiago: Lo peor de nuestros tiempos en política es el miedo, generado por la falta de coraje para ir contracorriente. La tolerancia y el moderantismo, frena la lucha y el combate por la verdad y acaba en la desidia y la cobardía. Con nuestra Santa Teresa de Jesús os digo: “Teresa sola no puede nada, Teresa con Jesús lo puede todo”.

Judit: El ecologismo delirante que respiramos por todas partes, tiene como principio fundamental: “el mayor enemigo de la Madre Naturaleza es el hombre”. De ahí sus campañas de reducción drástica de la población humana, en nombre del “derecho” de otras especies, animales o vegetales.

Pablo: Es la hipocresía de eso que llamamos el “mundo occidental”. El aborto es una pena de muerte para niños y niñas inocentes.

Rut: El “seréis como dioses” que el diablo prometió a Adán y Eva, ha llegado a su culminación en nuestra época: lo bueno se convierte en malo y lo malo en bueno porque así lo dice la “diosa mayoría”.

Andrés: La democracia ha traído a las naciones todas las libertades habidas y por haber. Ahí está la libertad de enseñanza en la que los decretos oficiales detallan por lo menudo que objetivos, conocimientos y ¡actitudes! que han de alcanzar los alumnos cada año. Decretos que deben cumplir la educación estatal y la privada.

María: Siguen en su urna de marfil, en sus despachos políticos, elaborando el nuevo hombre democrático, tolerante, libre y feliz; y se preguntan desconcertados como cada día, los ciudadanos son más egoístas, violentos y neuróticos. Y es que, la buena educación, la enseña la Iglesia Católica.

Mateo: Para regenerar España e Hispanoamérica, es necesario que todos lleguemos al conocimiento cabal y auténtico de nuestra historia: “Una obra sin par”,  como ha dicho el beato Juan Pablo ll

Sara: ¿Quién no ha leído los “crímenes abominables” cometidos por la Inquisición Española?, lanzados a los medios de comunicación por los creadores de la “leyenda negra”. Nadie quiere enterarse de los brutales crímenes del ateísmo organizado que, en setenta años, sólo el comunismo, asesinó a cien millones de ciudadanos honrados.

José: Y el nazismo fue una religión pagana, que siempre vio en el cristianismo el enemigo a destruir. Los nazis propugnaban acabar con los judíos y los cristianos al mismo tiempo. Hitler odiaba a la Iglesia Católica. Durante sus 12 años de terror, la persiguió implacablemente.

Magdalena: Lo políticamente correcto está ahí, y no hay quien lo toque, aunque reviente España. España tiene una de las presiones fiscales más altas, un IVA a la cultura al 21%, mientras el de las revistas pornográficas es del 4%; los salarios medios y las pensiones públicas de jubilación entre los más bajos. Y 17 gobiernos.

                                                                                                                                                Magdalena Presidenta

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Salvar el Alma

San Ignacio de Loyola dice que el alma se salva mediante la alabanza, reverencia y servicio de Dios. passionhomeSalvar el alma es terminar esta vida terrena en gracia de Dios para empezar a gozar eternamente de la gloria y felicidad del Cielo. Dios quiere que todas las almas se salven. Su misericordia infinita está al alcance de todos los hombres y mujeres: “Hijitos míos, os escribo esto para que no pequéis. Si alguno peca, abogado tenemos ante el Padre, a Jesucristo, justo. El es la propiciación por nuestros pecados. Y no sólo por los nuestros, sino por los de todo el mundo” (1 Jn. 2,2).

Si Dios quiere que todos los hombres se salven, a todos le ofrece la gracia necesaria para salvarse. El medio ordinario del que Dios se vale para llamar a la salvación a todos los hombres es la Iglesia Católica, fundada por Nuestro Señor Jesucristo y vivificada por el Espíritu Santo. La Iglesia nos transmite la gracia divina por medio de los sacramentos.

Salvar el alma, se dice pronto, pero se entiende con dificultad y a medias. Para entenderlo bien, sería preciso llegar a conocer internamente lo que es poseer a Dios en una felicidad eterna y lo que es el alma ¿Qué vale el alma?: La sangre de Dios hecho hombre derramada, gota a gota, en la Pasión para la salvación de todas las almas. El alma tiene un valor divino. San Ignacio estaba dispuesto a poner en peligro su vida por la salvación de las almas; y Santa Catalina de Siena besaba las huellas de los que trabajaban por la salvación de las almas.

El alma y Dios. ¿Cómo es Dios?, preguntaba el niño  Tomás de Aquino a los ancianos. Sabemos muy poco de cómo es Dios. Sabemos, estamos seguros, que Dios es la suma perfección, la suma bondad que saciará todos nuestros deseos de felicidad en el cielo. Dios es infinito en Sus perfecciones, nosotros imperfectos y miserables. Nuestro único afán: ¡Salvar el alma!.

La hermana de Santo Tomás de Aquino, le escribió pidiéndole que debería hacer para ser santa. El doctor angélico, le contestó: “Hermana mía, para ser santa te basta y es necesario por tu parte una cosa: ‘querer’; Dios no te negará su gracia”. Nos salvaremos eternamente si queremos salvarnos, pero queriendo de verdad; que ese querer se convierta en obras concretas”. Se nos brinda la gracia, a nadie falta:  “el hombre es quien falta a la gracia” (San Buenaventura). Nuestra santa Madre Iglesia pone a nuestra disposición todos los medios que necesitamos para salvarnos. Estamos en buenas manos. San Agustín: “¿Por qué no he de poder lo que otros han logrado?”

“ Se le acercó uno y le preguntó: Maestro ¿Qué obra buena he de realizar para alcanzar la vida eterna?”. Él le dijo: si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos” (Mt. 19,17). Una vez más: si quieres te salvarás. Hay que querer de veras, nada de veleidades: “quiere y no quiere a un tiempo el perezoso.” (Pro. 13,4) Querer de verdad es poner nuestra voluntad en sintonía con la voluntad de Dios. Hacer siempre y en todo la voluntad de Dios. No retroceder ante ningún sacrificio, no detenernos ante ninguna dificultad.

Es nuestro peregrinar hacia la vida eterna, debemos confiar siempre en la infinita misericordia de nuestro Dios. Es verdad que somos débiles y miserables, pero con San Pablo podemos decir: “todo lo puedo en aquel que me conforta” (Fil. 4,13). Porque, aunque no podamos salvarnos con nuestras débiles fuerzas, estamos seguros que no nos faltará la gracia que San Pablo alcanzó de Cristo: “te basta mi gracia” (2Cor. 12,9). Seamos muy generosos en nuestra colaboración con la gracia de Dios.

Un día y otro, siempre fieles a las gracias actuales, perseverantes hasta la muerte: “Seréis aborrecidos de todos por mi nombre, el que persevere hasta el fin, se salvara” (Mt. 10,22). Ante lasfotograma_pasion tentaciones, tribulaciones y sacrificios que aparezcan en vuestras vidas, ensancha el alma la consideración de la felicidad eterna que el Señor nos tiene preparada: “Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni vino a la mente del hombre lo que Dios ha preparado para los que le aman” (1Cor. 2,9). “Dios espera ardientemente que se llene su casa. Es padre y le gusta vivir con todos sus hijos alrededor” (San Agustín).

San Juan Crisóstomo: “Si descuidamos el alma no podremos salvar ni el cuerpo: porque no ha sido hecha el alma para el cuerpo, si no el cuerpo para el alma” San Ignacio le decía al joven Javier en la Universidad  de Paris: “¿qué aprovecha al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?” (Mt. 16,26). ¿Quiero salvarme? Me salvaré. Para salvarme han de cooperar mi voluntad y la de Dios; y dios quiere salvarnos: “Dios quiere que todos los hombres se salven” (Tim. 2,3-4) Repetimos con San Agustín: “Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti”

 

¿Yo para qué nací? Para salvarme.
Que tengo que morir es infalible;
Dejar de ver a Dios y condenarme
Triste cosa será, pero posible.
¡Posible…! ¿y río y duermo
y quiero holgarme?
¡Posible…! ¿y tengo amor a lo visible?
¿Qué hago? ¿En qué me ocupo?
¿En qué me encanto?
¡Loco debo yo ser, pues no soy santo!

           

Pío XII: «Misterio verdaderamente tremendo, y que jamás se meditará bastante, el que la salvación de muchos dependa de las oraciones y voluntarias mortificaciones de los miembros del Cuerpo místico de Jesucristo, dirigidas a este objeto, y de la cooperación que Pastores y fieles  han de ofrecer a nuestro divino Salvador» (Mystici Corporis 1943,19).

 

P. Manuel Martínez Cano mCR

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