D. José Guerra Campos
El octavo día
Editorial Nacional, Torrelara, Madrid, 1973

Guerra campos con el PapaLa presencia de Cristo resucitado, Salvador todopoderoso, alienta al mismo tiempo nuestra acción y nuestra esperanza. El da sentido y vigor al esfuerzo humano. Él puede conseguir lo que no es posible a los hombres ni en el tiempo del vigor ni en el tiempo de la decadencia.

Ya desde ahora, Cristo resucitado garantiza para todos el amor de Dios (es decir, que todas las cosas se ordenan para nuestro bien, si no nos oponemos (6); nos eleva a la condición de hijos; encauza nuestra vida en obediencia filial, al servicio de una alta vocación, que es nuestra libertad y nuestra dignidad; la hace fructificar en amor fraterno. En una palabra: nos da la victoria contra la desorientación y contra el pecado.

En esta victoria tenemos ya el germen de la victoria contra todos los demás males. Sólo que las otras dimensiones de la liberación ansiada están todavía en el ámbito de la esperanza. Esperanza paciente. ¿Esperanza vacía? No, porque llevamos en nosotros la semilla de lo que esperamos: el Espíritu, que nos da fuerza y luz, y -en la Eucaristía el mismo cuerpo resucitado de Jesucristo.

Notas:

(6) Carta de San Pablo a los romanos (Rom.) 8, 28.