Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Los resultados obtenidos por la providencial Epopeya Evangelizadora, son algo grandioso y único en su género: fe y santidad, lengua y cultura, sangre y héroes (7)

La fe, sublime y verdadera civilización de las almas, es el mayor tesoro que llevó España a las tierras de su patrimonio (3)

Santa María la Antigua - Patrona de PanamáAl Panamá habla Pío XII de la “planta evangelizadora” de España, como si esta nación fuera, en la delicada fantasía del Pontífice, cual un gigante cristiano que posa suavemente su pie en un continente de tierras vírgenes, dejando, al alzarlo, huellas profundas de civilización y de fe.

“Nos no podemos olvidar que fue la tierra de Panamá el lugar primero del continente americano donde España puso su planta civilizadora y evangelizadora, fundando la primera ciudad de tierra firme, Nuestra Señora de la Antigua, y consagrando así esa protección de la Madre de Dios” (264).

(264) Ciudad hoy en ruinas, de la que partió en 1513 el célebre Núñez de Balboa con 190 españoles y 1.000 indios aliados, para descubrir y tomar posesión del Océano Pacífico.

(Discurso al nuevo ministro de Panamá ante la Santa Sede, 12-XI-1947).

Aquella fe tan hondamente sembrada por España desde los inicios de la conquista, ha logrado, en los siglos posteriores, resistir a los más duros embates de los enemigos del cristianismo. Estos secuaces de Satanás habían decidido en sus “taifas” o “conventos” arrasar la obra espiritual y cultural que con tanto cariño y a costa de tantos sudores había levantado en sus posesiones la España colonizadora.

Arrebatadas acaso tempranamente de los brazos maternales de España, sus hijas han sufrido indecibles vejámenes de los sistemas antagónicos de la fe y de la moral cristianas. El luteranismo, y su bastarda descendencia: el naturalismo, el liberalismo, el comunismo y el resto de la piratería ideológica, se han arrojado, cual cuadrilla de fieros filibusteros, sobre las costas indefensas de América. Pero aun despojadas de todo, en las manos de la plutocracia del septentrión y bajo la tutela intelectual de madrastas despiadadas, las naciones hispánicas han guardado en el fondo de su corazón, como preciosa reliquia, la mejor página del testamento de su verdadera Madre, y no han renegado de su fe. Con ello dan esperanzas de su pronta y total redención de las garras que las han atenazado durante tantos lustros, y son un canto viviente de la eficacia evangelizadora de la Madre Patria.

Oigamos, a Pío XII declarar esta idea con otras expresiones.

“A decir verdad, no es que en algunas partes de la América latina hayan faltado, hasta en nuestros mismos días —y recordarlo llena nuestro espíritu de profundo dolor—, luchas y vejaciones contra la Iglesia. Pero nada hasta ahora, gracias sean dadas a Dios, ha logrado oscurecer en estas extensas regiones la luz de la salvación que emana de la Cruz de Cristo, que, como aurora refulgente, se elevó en los mismos albores de su civilización”.

(Carta apostólica “Ad Ecclesiam Christi”, al presidente de la Asamblea Plenaria del Episcopado iberoamericano, 29-VI-1955).

Esta trasfusión de fe a las vastísimas regiones de América es uno de los mayores timbres de gloria del pueblo español. Es la gloria de la maternidad espiritual. “Tal es la América, que hizo España—comenta a este propósito el Cardenal Gomá—; una extensión de su propio ser, lograda con el esfuerzo más grande que ha conocido la Historia: Nueva España, Nueva Granada, Nueva Extremadura, Nueva Andalucía, Nueva Toledo, son la réplica, aquende el Atlántico, de la España vieja, su verdadera madre”.

Y Pío XII, por su parte, afirma que esta epopeya misionera queda indeleblemente grabada en la historia de la Iglesia Católica:

“El pueblo español…, cuya fidelidad a Jesucristo, cuya valerosa confesión de la fe no menos que sus preclaros méritos en la conservación y en la propagación de la Religión Católica quedan para siempre escritos con caracteres indelebles en el libro de la historia de la Iglesia…”

(Discurso a D. Pablo de Churruca y Dotres, marqués de Ayeinena, nuevo embajador extraordinario y plenipotenciario de España ante la Santa Sede, 16-11-1946.)