José Guerra Campos

D. José Guerra Campos
El octavo día
Editorial Nacional, Torrelara, Madrid, 1973

Lo que sucede es que, al disponerse a hacerlo, la conferencia ha visto la necesidad de enmendar y precisar las formulaciones de la asamblea, para ponerlas en todo de acuerdo con aquella doctrina y normas superiores de la Iglesia. La Santa Sede, que ha visto también esa necesidad, ha manifestado su confianza en que el episcopado no dejará de remediarla y ha señalado los puntos a que aquél debe dirigir su atención.

¿Qué actitud corresponde a los fieles? Es clara: esperar tranquilamente a que los pastores cumplan su deber y su propósito, según lo desea el Papa. Quien solicite para la asamblea una adhesión -que, por otra parte, nadie puede exigir- ha de mostrar que la revisión necesaria se ha hecho.

Mientras tanto, es natural que surjan apreciaciones diferentes sobre el grado de acierto o desacierto de la asamblea, sobre las esperanzas que ofrece, etc. Hay partidarios hasta el ditirambo y hay críticos desconfiados. Esto no tiene por qué producir confusión; es una zona de libertad. En esto, como en asuntos análogos, ocurre lo que en la publicidad. Una marca de tabaco debería recomendarse por sus valores intrínsecos. Puede la propaganda lograr mover a algunos compradores por otros motivos (la belleza de la anunciadora, la fuerza sugestiva de la moda…). Pero, ¿qué sucede si alguien no se deja mover? Ciertamente, no sería lícito pretender forzarle o avergonzarle, como si estuviese faltando a la verdad o se opusiese a la autoridad. Porque las sugestiones publicitarias de ningún modo se pueden confundir ni con una ley ni con una demostración científica. La propaganda no es el magisterio.

Sería muy oportuno que todos recordásemos siempre, especialmente en tiempos de confusión, una gran enseñanza del Concilio Vaticano II. Para que la Iglesia pueda ser ejemplo de unidad ante el mundo, debe cumplir una condición expresada en una vieja máxima: promover en su propio seno “la mutua estima, respeto y concordia… Haya unidad en lo necesario, libertad en lo dudoso, caridad en todo” (14).

(22 de mayo de 1972).

Notas:

(14) Constitución GS., 92.