La Virgen María y Satanás

Luisella Scrosati.

La propaganda feminista, lamenta Luisella Scrosati, ha conseguido convencer a sus seguidoras de que la Iglesia “impide a las mujeres realizarse” y las considera “una máquina productora de hijos sustancialmente inferior al varón”.

Pero la doctora Scrosati, profesora de propedéutica e historia de la Filosofía, recuerda cuál era la situación de la mujer en el mundo romano o helénico en el momento en el que nació Jesucristo: “No se pedía el consentimiento de una joven antes de darla en matrimonio… En ocasiones el matrimonio se consumaba en su edad preadolescente… El repudio solo podía hacerlo el marido, mientras que para que lo hiciese la esposa tenía que intervenir su padre o un pariente varón, que también podían imponérselo a ella sin su consentimiento… El marido tenía derecho a obligar a la mujer a abortar… o incluso matar a un recién nacido no deseado (con mayor frecuencia si era niña)… El adulterio femenino estaba castigado seriamente, el masculino era algo normal. El marido podía mantener relaciones sexuales con las esclavas o esclavos de su casa, porque la esposa era para garantizar la descendencia y los demás para el placer. No entraba en el horizonte de una mujer la decisión de permanecer virgen”.

Y entonces nació, vivió y murió Jesucristo, y dejó un mensaje para que su Iglesia custodiase y pusiese en práctica. Luisella recoge sus palabras contra el repudio y el divorcio, la simetría en el matrimonio establecida por San Pablo o el rechazo de San Justino Mártir a discriminar en la vida de un neonato.

“El problema hoy”, lamenta, “es que el adulterio, el divorcio y el aborto se entienden como derechos, se practica el infanticidio con los niños no considerados normales, avanzan la pedofilia y la efebofilia mediante la sexualización precoz de los niños…”. Y ante todo ello, “las feministas, ¿dónde están?” Scrosati no responde la pregunta con la que cierra el artículo, pero la respuesta será fácil de encontrar escudriñando los objetivos de las manifestaciones del 8- M.

II Timone