Franco saludando y Dña. Carmen Polo

Herencia ruinosa

Muchos que desconocen el pasado pretenden tacharnos de que vamos con calma. Y yo llamo la atención de esos españoles para que piensen cuál es la herencia que recibimos; cuál era la situación de España; cuáles eran las luchas sociales esterilizadoras de todo avance y progreso humano y económico; cuál era la base económico-social de que partimos; quiénes se llevaron el oro de la Nación; quiénes arruinaron sistemáticamente la producción española; quiénes la abandonaron y negaron al Estado el derecho o, mejor dicho, el deber de realizar la transformación de la Nación creando nuevos puestos de trabajo, despertando riquezas, multiplicando bienes, levantando nuevas fuentes de colocación para sus hijos y para el empleo de todos sus brazos.

Hemos de recordar que cuando vino la República, su primer acto fue suspender todas las obras públicas españolas, calificándolas de derroche. ¿Y qué eran las obras públicas que se habían concedido en tiempos del general Primo de Rivera? Pues nada menos que el riego futuro de nuestros campos, el levantamiento de nuevas fábricas, el refuerzo de nuestra economía. Evidentemente, con aquella suspensión se quería el hambre y la miseria para mejor especular con ellas. Nosotros, sin embargo, con la Nación despojada de todo, nos hemos tenido que encarar con aquellos problemas. Y si hoy hemos tenido una ligera contracción, es la necesaria e indispensable para seguir marchando. La herencia que nosotros recibimos fue una herencia ruinosa. Todo eran deudas, no teníamos ni disponíamos de nada. Decían nuestros adversarios que nos dejaban y abandonaban una nación inviable, imposible de levantarse. Así lo creían también no solamente los que se marcharon, sino muchos de los que se quedaban.

(7-V-1960: Barcelona.—Inauguración del Centro de Formación Profesional Acelerado. Número 2).