Monseñor D. José Guerra Campos (Obispo de Cuenca)

D. José Guerra Campos
El octavo día
Editorial Nacional, Torrelara, Madrid, 1973

Hemos insistido en lo importante que es para nuestra vida la verdad cristiana, íntimamente ligada a la presencia del mismo Cristo resucitado en su Iglesia.

Pero algunos piensan: “Después del Concilio la Iglesia reconoce el valor que tiene ante Dios la conciencia sincera, aunque no profese la verdad revelada; ya no parece urgente ni primordial, como se pensaba antes, la labor misionera; acaso lo mejor sería no inquietar a los hombres con la invitación a la fe”. En resumen, ¿no basta la “buena fe” sin necesidad de fa “fe”?

¿Cuál es, en realidad, la enseñanza de la Iglesia en este punto?

El Concilio -voy a utilizar lo más posible sus palabras- reafirma la doctrina tradicional de la Iglesia y la fórmula del modo siguiente:

“La Iglesia peregrinante es necesaria para la salvación. El único mediador y camino de salvación es Cristo, quien se hace presente a todos nosotros en su cuerpo, que es la Iglesia” (1). “Todos los hombres están obligados a buscar la verdad” (2); “están llamados a formar parte del nuevo pueblo de Dios (3). Ahora bien -continúa diciendo el Concilio-, “quienes ignorando sin culpa el Evangelio de Cristo y su Iglesia, buscan, no obstante, a Dios con un corazón sincero y se esfuerzan, bajo el influjo de la gracia, en cumplir con obras su voluntad, conocida mediante el juicio de la conciencia, pueden conseguir la salvación eterna” (4).

Notas:

(1) Constitución LG., 14.

(2) “Sobre todo -continúa el texto– en lo referente a Dios y a su Iglesia, y, una vez conocida (están obligados), a abrazarla y practicarla” (Declaración sobre libertad religiosa: DH., 1).

(3) LG., 13. “Dios quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1ª Tim. 2, 4-5). A la unidad católica pertenecen todos los creyentes en Cristo; y a ella se ordenan “todos los hombres en general, por la gracia de Dios llamados a la salvación” (LG., 13).

(4) LG., 16. “La divina providencia tampoco niega los auxilios necesarios para la salvación a quienes sin culpa no han llegado todavía a un conocimiento expreso de Dios y se esfuerzan en llevar una vida recta, no sin la gracia de Dios.”