Isabel I, la Católica. Reina de Castilla 

JEAN DUMONT, Historiador francés

ISABEL LA CATÓLICA, LA GRAN CRISTIANA OLVIDADA

Por todas partes la caridad en el más alto sentido

Pero siempre Isabel muestra el más atento respeto hacia las personas, especialmente a los más sencillos. Cuando escribe a todos los conventos de clarisas a fin de incitarles a la Reforma, también lo hace a los reformadores designados para ello: “Vos ruego y encargo tratéis bien a las religiosas, e recibáis de ellas la obediencia lo más graciosamente que ser pueda”.  

Esta justicia y delicadeza hacia los más sencillos, en una palabra, esta caridad, en el sentido alto de amor cristiano, Isabel no cesará de mostrarla durante todo su reinado, en lo temporal como lo espiritual. Cuando creó las Cancillerías de Valladolid y de Ciudad Real, estableció los “abogados de los pobres” con gastos a cargo del Estado. Cuando remodeló la administración local, creó una representación popular elegida en las ciudades “para utilidad de los pobres y huérfanos”, de manera que esta representación diera a conocer “los abusos, y cosas dañosas a Nos y a los de nuestro Consejo” dicen las cédulas reales. Exige de todos los señores de vasallos que “no les empechades ni perturbedes que vendan sus vienes raíces, y los arrienden a quien quisieren”. Lo que —acontecimiento considerable en la evolución social— desmanteló, en la práctica, el derecho eminente de los señores sobre la propiedad de los campesinos, siendo ésta, en lo sucesivo, de libre disposición.