TRATADO DE LA VERDADERA DEVOCIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN (6)
Parte Primera
DE LA DEVOCIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN
EN GENERAL
Excelencia y necesidad de la devoción a la Santísima Virgen
35. Cuando María ha echado sus raíces en un alma, produce en ella maravillas de gracia que sólo Ella puede producir, porque sólo Ella es la Virgen fecunda que nunca ha tenido ni jamás tendrá igual en pureza y en fecundidad.
María ha producido, por el Espíritu Santo, la mayor obra que se haya producido o que pueda producirse jamás, que es un Dios Hombre, y consiguientemente Ella producirá las mayores cosas que haya en los últimos tiempos. La formación y la educación de los grandes Santos que habrá hacia el fin del mundo, le está reservada; porque sólo esta excelente y milagrosa Virgen puede producir, en unión del Espíritu Santo, cosas grandes, extraordinarias, en la Iglesia de Jesucristo.
36. Cuando el Espíritu Santo su Esposo la ha encontrado en un alma, vuela allí, entra en ella de lleno, se comunica abundantemente con esa alma, y una de las grandes razones por las cuales el Espíritu Santo no hace ahora maravillas asombrosas en las almas, es porque no encuentra en ellas una unión bastante grande con su fiel e indisoluble Esposa María. Digo indisoluble Esposa, porque después de este Amor substancial del Padre y del Hijo se ha desposado con María para producir a Jesucristo, cabeza de los elegidos, y para producir a Jesucristo en los elegidos, no la ha repudiado jamás, porque María siempre ha sido fecunda y fidelísima Esposa.
37. De lo que acabo de decir debe colegirse evidentemente: 1.º Que Maria ha recibido de Dios un gran dominio sobre las almas de los elegidos; pues sin ese dominio no puede hacer su residencia en ellos, como Dios Padre se lo ha ordenado; no puede formarlos en Jesucristo y formar a Jesucristo en ellos; echar en el corazón de los Santos las raíces de sus virtudes y ser la compañera inseparable del Espíritu Santo por sus obras de gracia; digo que Ella no podría realizar todas esas cosas a menos que no tenga derecho y dominio en las almas por una gracia singular del Altísimo, quien habiéndole dado poder sobre su Hijo único y natural, le ha dado también poder sobre sus hijos adoptivos, no sólo en cuanto al cuerpo, lo que sería poca cosa, sino también en cuanto al alma.
38. María es la Reina del cielo y de la tierra por la gracia, como Jesús es Rey por naturaleza y por conquista; pues como el reino de Jesucristo consiste principalmente en el corazón y en el interior del hombre, según estas palabras: El reino de Dios está dentro de vosotros (Luc. 17,21), del mismo modo el reino de la Santísima Virgen está principalmente en el interior del hombre, es decir, en las almas, y en las almas es en donde principalmente está más glorificada con su Hijo que en todas las criaturas visibles, y podemos llamarla con los Santos, Reina de los corazones.
39. 2.º Es preciso convenir en que siendo la Santísima Virgen necesaria a Dios, con una necesidad que se llama hipotética, esto es, con una necesidad que es consiguiente a los planes y voluntad de Dios, es mucho más necesaria a los hombres para que éstos lleguen a conseguir su último fin. No debe, pues, confundirse la devoción a la Santísima Virgen con las devociones a los demás santos, como si no fuese más necesaria que las demás devociones, y se tratase de una supererogación, y no de una necesidad.
40. El docto y piadoso Suárez, de la Compañía de Jesús; el sabio y devoto Justo Lipsio, doctor de Lovaina, y varios otros doctores, han probado incontestablemente, fundándose en el sentir de los Padres, entre otros de San Agustín, de San Efrén, diácono de Edesa; de San Cirilo de Jerusalén, de San Germán de Constantinopla, de San Juan Damasceno, de San Anselmo, San Bernardo, San Bernardino, Santo Tomás y San Buenaventura, que la devoción a la Santísima Virgen es necesaria para la salvación, y que es una señal infalible de reprobación, como lo han reconocido Ecolampadio y algunos otros herejes, el no tener estimación y amor a la Santísima Virgen; y que por el contrario, es una señal infalible de predestinación el serle entera y verdaderamente adicto o devoto.
41. Las figuras y las expresiones del antiguo y del nuevo Testamento lo prueban, los sentimientos y los ejemplos de los santos lo confirman, la razón y la experiencia lo enseñan y demuestran; los mismos demonios y sus secuaces, impelidos por la fuerza de la verdad, se han visto con frecuencia obligados a confesarlo a pesar suyo. De todos los pasajes de los Santos Padres y de los Doctores de que he hecho vasta colección para probar esta verdad, sólo citaré uno, para no ser demasiado extenso: Seros devoto, oh Santísima Virgen, dice San Juan Damasceno, es una arma de salvación que Dios da a los que quiere salvar.
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