Hispanoamérica. La verdad 190

Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

 JUAN XXIII (4)

Y Juan XXIII ha recogido también fielmente, de labios de su admirado predecesor, el concepto que éste se formara de la obra asimiladora de España, y vuelve a hablarnos de la fusión de razas como forjadora de América, fusión que ve simbolizada en la Virgen mestiza de Guadalupe:

“Día histórico aquel 12 de octubre en que el grito de “tierra” anunciaba la unión de dos mundos, hasta entonces desconocidos entre sí, y señalaba el nacimiento a la fe de esos dos continentes; a la fe en Cristo, luz verdadera que ilumina a todo hombre” (Jo., I, 19), de la cual María es como la “aurora consurgens” que precede a la claridad del día.

Más adelante, “la siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios, por quien se vive”, derrama su ternura y delicadeza maternal en la colina del Tepeyac, confiando al indio Juan Diego con su mensaje unas rosas que en su tilma caen, mientras en ésta queda aquel retrato suyo dulcísimo que manos humanas no pintaran.

Así quería Nuestra Señora continuar mostrando su oficio de Madre: Ella, con cara de mestiza entre el indio Juan Diego y el obispo Zumárraga, como para simbolizar el beso de dos razas; Ella, la que pidió ser invocada en esas tierras con el título de Santa María de Guadalupe, nombre atrayente y familiar, como para hermanar a todos en la misma, suavísima devoción. Santa María de Guadalupe, siempre símbolo y artífice de esta fusión que formaría la nacionalidad mejicana y, en expansión cargada de sentidos, rebasaría las fronteras para ofrecer al mundo ese coro magnífico de pueblos que rezan en español.

Primero Madre y Patrona de Méjico, luego de América y Filipinas: el sentido histórico de su mensaje iba cobrando así plenitud, mientras abría sus brazos a todos los horizontes en un anhelo universal de amor”.

(Juan XXIII, Radiomensaje al Congreso Mariano Interamericano de Méjico, 12-X-1961).

Su Santidad Juan XXIII recordaba aun recientemente el carácter eminentemente social de aquellas leyes que se adelantaron cuatro siglos a las modernas legislaciones laborales en su exquisito sentido de la justicia para con los que trabajan:

“Sabed que es un gran consuelo para el Vicario de Cristo la devoción que España le profesa. Pensad con cuánta satisfacción hemos de ver lo que se haga para difundir y poner en práctica la doctrina de la Encíclica “Mater et Magistra”. Estamos seguros de que España, que ayer tuvo intérpretes tan autorizados del derecho natural en Suárez y Vitoria, y que supo plasmar doctrinas sociales tan acertadas en las “Leyes de Indias”, continuará siempre el camino de su grandeza fundada en instituciones y obras enderezadas a la elevación y bienestar del pueblo en la armonía y concordia de todos los ciudadanos”.

(Juan XXIII, alocución a 6.000 obreros españoles, 12-XI-1961).

¡Quiera la Santísima Virgen Inmaculada, en esta “hora crucial para América”, escuchar los votos de los Soberanos Pontífices!

Que la Emperatriz de Hispanoamérica extienda, benigna, su manto protector sobre todos aquellos pueblos que vieron la luz de la fe y de la civilización gracias a la epopeya misionera de España y Portugal; y que esta excelsa Señora se digne acelerar la providencial hora en que esos pueblos se unan, en caridad sobrenatural, entre sí y con las dos madres patrias ibéricas, para la gloria de nuestro divino Rey, Jesús, en el servicio de la Iglesia.

Mostacicas 191

Don Manuel

* ¡Viva San Isidro Labrador!

* ¡Señor, Dios nuestro que admirable es tu Nombre en toda la tierra!

* Con la llegada del cristianismo la mujer fue tratada con dignidad y respeto. Es hija de Dios.

* La mujer tiene mayor actitud para amar. Lo que mejor refleja en el amor de Dios en la tierra es la mujer.

* El señor es mi Luz y mi salvación, ¿a quien temeré? El Señor es la defensa de mi vida ¿Quién me hará temblar?

* “Da limosna de cuanto posees: no seas tacaño. No apartes tu rostro ante el pobre y Dios no lo apartará de ti” (Tobías 4, 7).

* Dios ha dado a la mujer un conjunto de cualidades estrictamente femeninas. Por supuesto al nombre le ha dotado de cualidades masculinas para que cumpla su deber de padre, esposo, hijo.

Obispo José Guerra Campos 3

PADRE DE LA HERMANDAD SACERDOTAL

Queridos hermanos de la Hermandad Sacerdotal:

Al comunicarme con todos, con motivo de la muerte de nuestro entrañable Sr. Obispo D. José Guerra Campos, no quiero solamente daros la condolencia por su fallecimiento, sino que quiero también consolar vuestra pesadumbre.

Dejó con pena su amada diócesis de Cuenca. Se vio después aislado, en gran medida, de cuanto le rodeaba y comenzó en precario su traslado a Madrid, al piso que tenía alquilado en la calle Arrieta. Fue entonces, con el traslado, trabajos y soledad, cuando empezaron a manifestarse los males de su corazón. Al aceptar el pregón de la Semana Santa Conquense el mal se le declaró preocupantemente. Le costó lo indecible la subida hacia la vieja ciudad. La hinchazón de las piernas fue enorme.

Diagnosticada la enfermedad cardíaca, un buen amigo lo llevó a Pamplona, donde se le puso un marcapasos en la clínica universitaria. Tuvo una ligera mejoría, pero siguió perdiendo peso y fuerzas de forma alarmante.

En varias ocasiones me trasladé a Madrid para ver su situación. Entonces fue cuando me decidí a proponerle que viniera a vivir con nosotros, dado que su recuperación en Madrid se hacía imposible, teniendo además en cuenta, la irrecuperable enfermedad de la prima Pilar, que le atendía y a la que hubimos de internar. Quedaba sin atención alguna.

Vino feliz, como nos decía, a mejorar entre sacerdotes de la Hermandad y seminaristas nuestros. Una vez llegados al Colegio me dijo: “Vengo como un perriño enfermo que solo busca un rincón para descansar, soledad, silencio y un poco de calor familiar. Bien sabes que la familia espiritual es más para el alma que toda otra familia de la sangre”.

Vivió días felices, pero su corazón estaba ya demasiado roto. De nuevo tuvimos que internarlo en una clínica, durante dos semanas. Fue una ligera detención del mal. Volvió a casa, con el ventrículo izquierdo prácticamente paralizado. Fueron tres semanas más de sufrir en silencio la pérdida de energía. Hasta que la víspera de la Virgen del Carmen, al ver que se retrasaba para la Santa Misa, subí a su cámara y lo encontré plácidamente muerto. Recibió la extremaunción aún caliente. Le amortajamos con sus vestiduras episcopales, y ya comprendéis que empezó el movimiento de llamadas a la familia, a la Conferencia Episcopal y al nuevo Sr. Obispo de Cuenca, que determinó que se le llevara allá para ser enterrado en la Catedral.

Os confortará y edificará lo que voy a deciros. Jamás escuchamos de sus labios una queja. Siempre su espíritu de conformidad con la voluntad de Dios y de amor a la Hermandad Nacional, que le había acogido con tanto cariño. Decía afectuosamente: “vine a los míos, y los míos sí me recibieron”. Siempre una actitud de piedad, de grandeza, de caridad, de caballerosidad, de elegancia, que hacía más amable aún su virtud, su ejemplaridad de vida. En el altar parecía un ángel. En la Comunión, los días que no pudo celebrar, su recogimiento hacía sentir la presencia de Dios.

Creo queridos hermanos que hemos de dar muchas gracias a Dios, por la predilección que nos ha manifestado, entregando a nuestra Hermandad el tesoro de su persona para que le acogiera los últimos meses de su vida, y muriera en su seno, dejándonos llenos a todos de su suave olor a Cristo.

Una de sus ilusiones para con la Hermandad, fue que pudiéramos tener Casa de Formación o Escuela Apostólica, a la manera de los colegios mayores que él había conocido durante su vida universitaria y su docencia en la Universidad de Santiago. Un colegio mayor para la formación preparatoria de los aspirantes al sacerdocio.

Me contaba su hermano D. Manuel Guerra, al decirle él que para qué pensaba en un nuevo Seminario, cuando ahora se cierran tantos, le respondía: “no se trata de seminarios diocesanos. sino de un buen colegio mayor donde se formen los sacerdotes de la Hermandad. Eso quiero”.

Sería del agrado de todos que dediquemos un número de nuestro Boletín, a exaltar y evocar su figura excepcional. Con ese motivo pido la colaboración de todos para que, en una simple cuartilla, a los más un folio, expreséis vivencias, recuerdos, consideraciones, alrededor de su ministerio y persona. Podríamos reunir una miscelánea sobre D. José Guerra, que sirviera de recuerdo permanente a los actuales miembros y a los que han de venir por su intercesión. Podríais mandarlo por fax.

Que D. José Guerra Campos nos alcance una parte de su espíritu y un aumento del fervor y la bondad de su corazón que se consumió por amor a la Iglesia y a España.

¡Vuestro en Cristo!

P. Antonio Turú Rofes, mCR.

Presidente

Dominicas 183

Papa Francisco en el momento de la Consagración en la Santa Misa

El Párroco

* El capitalismo salvaje más bestial y antihumano es el comunismo.

* Es verdad que “el hábito no hace al monje, ni el lugar la santidad”, pero ayudan a ser santo el hábito y el lugar.

* “El presbítero debe mantener viva la educación de los jóvenes, y perfeccionarlos con la madurez de la edad” (+Cardenal Manning).

* “La mujer es signo de una bondad, que creemos ilimitada. La bondad es una virtud que aleja de los otros el mal y procura darles el mayor bien posible.

* Sentimos nuestras debilidades y flaquezas pero Nuestro Señor nos conoce y nos ama. “Este es el camino que da en la Verdad para que lleguemos a Dios.

* En nuestros días se habla mucho de la amor y poco de Dios. Y Dios es amor. Cuidado con el amor propio desordenado. Ha engañado a muchos.

* “La verdad, quien quiera que la diga procede del Espíritu Santo, que infunde la luz natural y renueva a la inteligencia y a la expresión de la verdad” (Santo Tomás de Aquino).

* “Los sacerdotes son los compañeros amados de Jesús y reciben una parte de la propia misión que Él recibió del Padre. Como el Padre me envió a Mí, así Yo os envío a vosotros” (+Cardenal Manning).