Modestia y moda (5)

El vestido, exigencia del pudor (2)

San Joaquín, Santa Ana y la Virgen María niñaEs verdad que la costumbre algo influye, pero hay un límite que la costumbre no puede eliminar. Si la costumbre quitara por completo la tentación, a medida que aumentara el nudismo, mejorarían las costumbres. ¿Sucede así o sucede lo contrario? ¿Cuándo abundan más las caídas de los jóvenes; y los adulterios? ¿Cuándo las mujeres son recatadas y ponen la muralla del vestido a la mirada concupiscente de los hombres o cuándo destruyen esa muralla?

La que hace estas réplicas acaso es una mujer casada y una madre; y entonces le pregunto:

– Si defiendes la libertad de la mujer en el vestir, y eres lógica en tu modo de pensar, no verás mal que mujeres provocativas, más agraciadas que tú exhiban sus atractivos delante de tu marido y te lo roben. ¿Te quejas de que tu marido mire a otras y se deje arrastrar por otras y defiendes la inmodestia en el vestir? Eres inconsecuente. ¿Te quejas de que a tus hijas les digan groserías los que las encuentran y las mandas que se presenten mal vestidas en público? Pides imposibles. ¿No ves que el nudismo excita la pasión; y la pasión excitada se desborda por los labios? Te quejas de que tus hijos se dejen seducir por una joven; insultas a esa joven, maldices de ellas porque arrastra a tu hijo, y te pregunto: ¿tu hija no viste lo mismo o peor que aquella? ¿Tu hija no seduce a otros con su desnudez? ¿Y no eres tú la que la fomentas? Tienes que ser justa. No condenes lo que estás haciendo tú.

El vestido tiene otra función que cumplir, la conservación de la salud. El pecado trajo a la humanidad otras desgracias: las molestias, las enfermedades y la muerte. La constitución actual del organismo humano lleva consigo esta condición. El hombre, por otro lado, tiene un mandamiento de Dios: cuidar la salud y conservar la vida. Medio para ello es el vestido. El vestido protege el cuerpo contra las inclemencias del ambiente. Siente frío y se abriga con el vestido. Los rayos del sol le perjudican y el vestido le defiende. La lluvia y la nieve le flagelan y el vestido le protege. El vestido es un postulado de la higiene. Tiene que cumplir esa misión que ha señalado Dios.

El hombre siente tendencia a complacer, a agradar a los que tratan con él. Con esa finalidad procura realzar su belleza natural con el vestido. La inclinación a agradar es más acentuada en la mujer que en el hombre. Dios ha puesto esa tendencia en ambos sexos, pero a la mujer se la ha dado más fuerte y le ha dado también más arte para conseguirlo. Por eso la mujer se preocupa por los vestidos más que el hombre; habla de ellos, observa a las otras, piensa en ellos, procura tenerlos en abundancia, examina, consulta cómo le caen, qué color, qué confección deben tener, cómo queda más mejorada. Hay quien hace esto hasta la impertinencia insoportable. Que lo digan modistas y comerciantes. Realzar la belleza con el vestido sin traspasar los límites nada tiene de inmoral; al contrario, debe aconsejarse, pues el descuido y el abandono también encierran inconvenientes morales.

Es otra finalidad del vestido: servir de adorno para dar realce a la belleza corporal. Los fines del vestido deben estar jerarquizados. El primero de todos en importancia es el que impone el pudor. No se puede prescindir de él apelando a supuestas exigencias de la higiene y del ornato. Porque se diga que un vestido es más cómodo, no puede ser inmodesto. Porque aparente más elegante, no debe ser provocativo.

Las tres maneras de la Reconquista

Francisco Elías de Tejada

Rostro de Jesucristo coronado de espinasEstá por escribir aún la tabla de las tres maneras de lo hispánico que asoman ya en el alborear de la Reconquista como réplica a la rota del Guadalete visigodo. Una es la manera de quienes en los riscos asturianos cabalgaron la aspiración de continuar Toledo, los que en Oviedo primero y en León más tarde restauran el orden vigente en el palacio de los monarcas godos, los que con Alfonso V pretenden volver a la vigencia del Fuero juzgo y hablan la lengua romanceada que se había venido formando, con rigor de efes y dulzura de melosas eles, en los tres siglos de la monarquía que inauguró Ataulfo. Otra es la manera euskera de los herederos de los vascones viejos, peleadores contra el invasor germánico, la de los hombres enriscados en los Pirineos occidentales que al quedar el Ebro por tierra de nadie lo cruzan para fundar en la otra orilla los estilos de Castilla; los que hablan un latín tal como los vascos pueden hablar en latín sin efes y con jotas; las de los que yerguen el derecho de sus “fazañas” milenarias negando tener que ver nada con lo que en el Fuero juzgo estaba escrito; las de los que prolongan en el corazón de la península el modo humano de la primitiva Euskalerria; la que hace nacer tipos de “buruzagi” euskaro tan claros como el Cid Campeador o empiedra de giros vascuences los primeros versos de Gonzalo de Berceo; la manera vasca de lo español que es lo que conocemos por Castilla. Y al lado de ambas maneras hispánicas, de la que en León se alimenta de nostalgias toledanas y de la que en Burgos perpetúa con férreo temblor de nacientes universalidades la vieja rebeldía contra los monarcas de Toledo, hay una tercera manera española, la de las gentes del rincón noroeste y de la Galia hispánica, la que en Narbona y en Tarragona conoció una romanización mayor, la más latina y la más mediterránea, la que se asoma sin cesar al balcón azul de las aguas por donde vino la simiente de una Roma que en estas tierras ha plantado sus raíces con lozanía con la que no pudiera penetrar ni en las tierras de Aragón ni mucho menos en las remotas zonas del interior de la meseta: la manera española que definimos por Cataluña.

Es un arco de romanización que puede trazarse en los mapas casi por la certidumbre geométrica de un compás que girase desde Alicante hasta Marsella; es el mundo del Oc y el mundo de Cataluña, en mala hora separados por las bestialidades inhumanas con que Simón de Monfort transformó hipócritamente en servicio de los reyes de París el pretexto religioso de la cruzada albigense, entre trenos doloridos cargados de intención política de Bernardo Sicart de Marvejols e invectivas de Durán, el sastre de Paernas. Comarcas romanizadas, culturalmente las más maduras en el alto Medievo, donde nació el formulismo de las trovas de amor que son la primera gran poesía no latina conocida en Occidente y donde desde el principio, desde los inaugurales testimonios de los Usatges, se toma por meta de las leyes el establecimiento de un orden de libertades que será la constante jurídica de Cataluña, superior en el contenido y anterior en ciento cincuenta años a la cacareada Carta Magna que Juan Sin tierra concedió a las gentes de Inglaterra.

(VERBO)

Semillicas 177

Padre Cano, m.C.R.

Jesucristo y niña con jarrón roto* “No seáis irracionales como caballos y mulos (Salmo 31).

* Amamos al prójimo porque es imagen viva de Dios, Nuestro Padre Celestial.

* Jesucristo dijo: “No deis las perlas a los cerdos”. El que tenga oídos que oiga y obre en consecuencia.

* “El pueblo soberano” es el tonto útil manipulado por las oligarquías por medio de los partidos políticos.

* Muchos confunden; dicen: “Somos ateos. En realidad, son ignorantes. No saben nada de religión.

* La democracia es sanguinaria que asesina a 50 millones de niños cada años, porque es un “derecho del pueblo”.

* Mira que te mira Dios, mira que te está mirando, mira que está contento de la belleza y alegría de tu alma.