El nacimiento de la España moderna 49

Isabel y Fernando los Reyes Católicos

JEAN DUMONT, Historiador francés

ISABEL LA CATÓLICA, LA GRAN CRISTIANA OLVIDADA

LA LEYENDA NEGRA (XI)

De Lustiger a “Justicia y Paz”

El reino lascasiano de la “Leyenda Negra” está en toda Europa por todas partes y sojuzga incluso a los mejores altos responsables católicos. El por otra parte excelente cardenal Lustiger, arzobispo de París, formado en la escuela laica, luego en los seminarios franceses de los años 50 y su muy pobre apologética histórica, es una de sus víctimas. “No siendo historiador”, como nos lo ha dicho personalmente en su obra de Choix de Dieu (1987), página 372, denuncia, bajo el efecto de la matraca ambiente, a “los conquistadores que obran por el fuego y la sangre”, como si no hubiese habido muchos de ellos que habían actuado con la mano tendida, ganando enseguida para ellos una infinidad de pueblos indígenas, desde los cempoaltecas a los tiaxcaltecas, los tarascas, los huancas y los cañarís. Y en la página 542 afirma que “los religiosos se han batido”, a veces hasta la muerte, contra los príncipes españoles, para defender a los indios”. Cuando los propios “príncipes españoles”, empezando por Isabel la Católica, han sido los protectores sistemáticos y decisivos de los indígenas. Como no ha dejado de demostrarlo el especialista americano Lewis Hanke.

El cardenal de la curia Etchegaray, antiguo arzobispo de Marsella, es otra víctima de esta persistente “Leyenda Negra”. Siendo presidente de la Comisión pontificia Justicia y Paz, fuente europea de las teologías de la liberación, los miembros extremistas de esta comisión le hacen firmar el 3 de noviembre de 1.988 un documento delirante titulado La Iglesia ante el racismo, del cual debe tratar pronto de excusarse en una carta a monseñor Amigo. En él se pretende, entre otras cosas, que los conquistadores españoles “comenzaron a elaborar una teoría racista para justificarse”. Cuando la teoría racista en cuestión era del filósofo pagano Aristóteles, bastante anterior a los conquistadores, como deberían saberlo. Teoría que veía, en ciertos hombres “inferiores en razón”, unos “esclavos por naturaleza”. Esta teoría recuperada no en España, sino en la universidad de París en 1510, fue combatida desde el año siguiente por el dominico español Matías de Paz; después en América, por su compañero igualmente español Antonio Montesino. Si ésta es después mencionada aquí o allá en la polémica colonial, no lo es con un espíritu racista, particularmente en Sepúlveda, sino como fundamento de una generosa “dotación de humanidad” según la fórmula del actual especialista O’Gorman, confirmada por los especialistas Losada, Parry y Carro. Además esta teoría nunca ha sido defendida por los conquistadores en su conjunto, con un espíritu racista, ni aceptada por los poderes que los controlaban. Es por tanto enteramente falso e injusto cargar con ello la conciencia de la Conquista española. Donde, por el contrario, la esclavitud de los indios fue sistemáticamente prohibida, como se ha visto.

Miguicas 295

Entró Jesús otra vez en la sinagoga, y había allí un hombre con parálisis en un brazo. Estaban al acecho, para ver si curaba en sábado y acusarlo. Jesús le dijo al que tenía la parálisis: «Levántate y ponte ahí en medio». Y a ellos les preguntó: «¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?» Se quedaron callados. Echando en torno una mirada de ira, y dolido de su obstinación, le dijo al hombre: «Extiende el brazo». Lo extendió y quedó restablecido.
En cuanto salieron de la sinagoga, los fariseos se pusieron a planear con los herodianos el modo de acabar con Él.

Padre Martínez m.C.R.

* Conciencia escrupulosa es la que con insuficientes e insignificantes motivos cree que hay pecado donde no lo hay, o que es pecado mortal lo que sólo es pecado venial.

* La mayoría de las veces, los escrúpulos obedecen a causas puramente naturales de tipo físico o moral. Pero algunas veces proceden de una disposición del mismo Dios (valiéndose de causas naturales o preternaturales).

* Para ejercitar al alma en la paciencia, humildad, y obediencia, o para efectos purificadores de sus pasadas faltas, o en vistas a un mayor grado de santidad, como ocurrió a San Ignacio de Loyola, San Francisco de Sales o Santa Teresita del Niño Jesús.

* El escrupuloso debe actuar contra sus escrúpulos enérgicamente porque si no le invadirán vanos temores. El escrupuloso debe obedecer al director espiritual, sin consultar a otros confesores ni consejeros.

* Y renunciar a sus propios criterios, aunque le parezca ver claro lo contrario de lo que el director espiritual le manda. Ya sonará la hora de Dios cuando Él lo estime conveniente y el alma escrupulosa saldrá de su dolorosa prueba vigorizada y purificada.

* Conciencia delicada es la que juzga rectamente de la moralidad de los actos humanos hasta en los detalles más pequeños.

ORACIÓN

Virgen Dolorosa, acompañante de tu Hijo en su pasión. Señora del Vía crucis que conmueves a Jesús y le llevas tu consuelo hasta la Cruz. Nuestra Señora del Calvario donde te conviertes en madre de todos los hombres y desde allí intercedes por todos tus hijos sufrientes. Ayúdanos a llevar la cruz, sé tú nuestro apoyo en las dificultades e intercede para que los dolores de este mundo sean transformados en redención cuando tú se los presentes, de nuestra parte, a tu Hijo. No permitas que desfallezcamos en la prueba. Amén.

Nuestra Señora de los Dolores, ruega por nosotros.

El octavo día 90 – DIÁLOGO SOBRE LA LIBERTAD RELIGIOSA, SEGÚN EL CONCILIO VATICANO II (X)

D. José Guerra Campos
El octavo día
Editorial Nacional, Torrelara, Madrid, 1973

P.: Antes oímos que la actitud del Estado no puede ser la misma en cuanto a la religión y en cuanto a sus negaciones. Ahora bien, ¿el Estado debe garantizar igualdad de condiciones para las diversas religiones?

R.: Pregunta importante y delicadísima. Si he de hablar con la doctrina de la Iglesia, que es lo que usted busca (P.: Exacto), la respuesta es clara. Es afirmativa, si por «igualdad de condiciones» se entienden dos cosas: 1.ª, que la diferencia de religión no signifique discriminación en los derechos civiles, a no ser las limitaciones legítimas por razón de los derechos de los demás; 2.ª, que toda religión, además del respeto básico a la autonomía de las personas (común a los ateos y no religiosos), merece con derecho una ayuda especial, un favor, protección o impulso, para que pueda desarrollar sus valores positivos. Pongamos un ejemplo, que en España entenderíamos muy bien. En España tenemos muy pocos ciudadanos que sean mahometanos; e incluso, me parece, muy pocos mahometanos que residan en España; pero, más o menos, algunos hay, y en ciertas circunstancias históricas no lejanas hubo más que algunos. Si a estos mahometanos se les ofrecen facilidades para que puedan vivir su propia vida religiosa, acaso algún católico diga que se favorece una religión falsa o, por lo menos, imperfecta. Sin embargo, cabe considerar el asunto desde otro punto de vista mucho más serio: no se les ofrecen facilidades para que practiquen una religión falsa o imperfecta, sino para que practiquen una religión, en vez de dejarse arrastrar por la desidia, el abandono, la inercia espiritual. Entre esta dejadez, que es un vicio, y la práctica sincera y honesta de una religión, todo se inclina a favor de lo segundo: es un valor positivo, aunque sea imperfecto.

Hasta aquí, pues, igualdad de condiciones. Ahora bien, según la doctrina de la Iglesia no todas las regiones tienen derecho a una plena igualdad de condiciones. La religión verdadera (llamamos verdadera no a una religión humana, sino a la que brota de la manifestación de Cristo, revelación de Dios en la Historia) tiene el máximo derecho, el derecho en exclusiva, de ser reconocida como tal, y de ser como tal, favorecida: no con coacciones, sí con ayudas positivas para que este mensaje, que es don de Dios, llegue realmente a todos los hombres. Estos lo aceptarán o no; pero su proposición debe favorecerse mucho más que cualquier proposición de otras religiones. Asumir la diferencia entre una religión que viene de Dios y una religión que es un reflejo del espíritu humano no constituye ninguna infracción de la igualdad básica de los ciudadanos ante el Estado.