Chispicas 270

La flagelación de Jesucristo atado en la columna

Padre Martínez Cano, m.C.R.

* Ninguna nación ha superado la obra evangelizadora de España. Seguiremos evangelizando a pesar de nuestros enemigos.

* El hombre es limitado. El entendimiento no ve muchas verdades. Seamos humildes. Vivamos en la verdades reveladas por Dios.

* Somos hijos de Dios por la gracia. Nuestra realización personal es vivir santamente. Como quiere y manda nuestro Padre Celestial.

* La ONU, UNESCO, MASONERÍA… no creen en la vida sobrenatural. “No hay Cielo ni infierno”. Recemos mucho. Dios se valdrá de nuestras oraciones para salvar almas.

* Se ven personas que sólo se preocupan de sí mismas. Solo eligen lo que les gusta. Un misionero católico va al fin del mundo para dar gusto a Dios y amar al prójimo.

* Santo Tomás dice: “El hombre no se ordena a la comunidad política en todo su ser y todas sus cosas… pero en todo lo que es el hombre, puede y tiene, se ha de ordenar a Dios”.

* ¡Cómo está la Iglesia, Dios mío! A este Iglesia tenemos que amar. Es verdad lo del humo de Satanás. También es verdad que la Iglesia es Santa. Por eso intenta destruirla Satanás.

* “La primera -y quizá la única- política mundial que aparece en la Historia humana es la política española del siglo XVI… porque la esencia misma del alma hispánica destinada providencialmente a España a de ser la primera en practicar esa política” (García Morente).

La muerte

Jesús - Cruz - Peregrino

Padre Manuel Martínez Cano mCR.

¿Qué es la muerte? La puerta de salida de esta vida y de la entrada a la otra. La eterna.

Fisiológicamente, es el fin naturalmente definitivo de todas las funciones animales del cuerpo humano. Es la separación del alma y del cuerpo; juntos forman la persona humana y al separarse deja de existir la persona y quedan sus elementos disociados. El cuerpo que se descompone en el sepulcro; el alma, que conserva su propia vida. El alma es inmortal.

La muerte es inevitable única y cierta. Lo sabemos por la Sagrada Escritura:

(Génesis 2, 17): “Pero del árbol de la ciencia y del bien y del mal no coman, porque el día que de él comieres, ciertamente moriréis”. (Hebreos 9, 27): “Decretado está a los hombres que han de morir una sola vez”.

Por la experiencia, quién pretendiera negar la muerte sería tenido por loco. Cierto que moriremos, nos lo dice hasta la razón.

¿Cuándo moriremos? Moriremos pronto. No sólo los viejos, los jóvenes también. (Santiago 4, 14): “No sabéis cuál será vuestra vida de mañana, pues sois humo que aparece un momento y al punto se disipa”. (Santiago 16, 7, 29 y 31): “Digoos, pues hermanos, que el tiempo es corto… y los que disfrutan del mundo, como si no disfrutaren, porque pasa la apariencia de este mundo”. (Sabiduría 5, 9): “Pasaron todas las cosas como sombra y como mensajero que corre”. (Sabiduría 5, 13): “Así también nosotros apenas nacidos dejamos de ser”.

Mirando hacia delante parece que el fin está lejos. Mirando hacia atrás sentimos los años que pasan volando. (Lucas 12, 40): “Estad, pues, pronto, porque a la hora que menos penséis vendrá el Hijo del Hombre”. (Eclesiástico 14,12): “Acuérdate de que la muerte no tarda y no sabes cuándo vendrá”.

La muerte nos despojará de todo: parientes, amigos, honores, riquezas, placeres. La muerte se lleva la hermosura. Francisco de Borja (29 años, mayo de 1539) al ver el cadáver desfigurado de la bellísima emperatriz Isabel de Portugal, esposa de Carlos V dijo no serviré a Señor que pueda morir.

Nada trajimos a este mundo, nada nos llevamos.

Tránsito a la otra vida, puerta de eternidad. Eternamente feliz o eternamente desdichado.

Voy a morir, luego he de vivir como quién sabe que ha de morir, preparado siempre desasido de todo haciendo siempre la voluntad de Dios.

¿Cuándo moriremos? (Mateo 25, 13): “No sabéis ni el día ni la hora”. San Gregorio: “Estamos inciertos de cuándo hemos de morir para que estemos siempre preparados a morir”. Se nos oculta el último día, para que no descuidemos ninguno.

Soñaba el rico y planeaba soberbio gozando de su riqueza cuando oyó una voz que le dijo: “Necio, esta noche morirás”. (Lucas 12, 16).

(Lucas 8, 27): “Dichosos aquellos siervos a quienes el Señor, cuando viniere, hallarse vigilantes”. (Lucas 8, 46): “Vendrá el Señor de aquel siervo en el día en que no le espere”.

¿Dónde moriré? ¡No lo sé! La muerte no tiene patria, de viaje, en casa, en la iglesia, comiendo, jugando, pecando. ¡No lo sé!

¿Cómo? Tampoco lo puedo decir ¿repentinamente? ¿lentamente? ¿dolorosamente? ¿suavemente? ¡Dios lo sabe!

¿Cómo moriré? En gracia de Dios o en pecado mortal ¡No lo sé! Mejor dicho, puedo con toda verdad afirmar que sí lo sé, moriré como yo quiera. Preciosa es la muerte en el acatamiento del Señor.

(Gálatas 6, 8): “Quién sembrarse en su carne, de la carne cosecharán la corrupción; pero quién siembre en el espíritu cosechará la vida eterna”.

San Jerónimo, a punto de morir: “Afirmo, porque me lo ha enseñado larga experiencia, que de cien mil que han vivido constantemente mal, apenas hay alguno que merezca obtener a última hora misericordia de Dios”.

¿Cómo practicar a última hora virtudes que jamás práctico? ¿cómo sanar en un momento un cáncer? Quién toda su vida ha estado abusando de las gracia de Dios ¿Cómo se aprovechará de la gracia final? La experiencia confirma que no hay ningún justo que deje de serlo a última hora.

San Agustín: “No tardes en convertirte que súbitamente vendrá la ira del Señor. Temes morir mal y no temes vivir mal. Deja de vivir mal y no temas morir mal. Vivamos como queremos morir”.

“La Iglesia es machista” vs “El cristianismo valoró de verdad a la mujer”

La Virgen María y Satanás

Luisella Scrosati.

La propaganda feminista, lamenta Luisella Scrosati, ha conseguido convencer a sus seguidoras de que la Iglesia “impide a las mujeres realizarse” y las considera “una máquina productora de hijos sustancialmente inferior al varón”.

Pero la doctora Scrosati, profesora de propedéutica e historia de la Filosofía, recuerda cuál era la situación de la mujer en el mundo romano o helénico en el momento en el que nació Jesucristo: “No se pedía el consentimiento de una joven antes de darla en matrimonio… En ocasiones el matrimonio se consumaba en su edad preadolescente… El repudio solo podía hacerlo el marido, mientras que para que lo hiciese la esposa tenía que intervenir su padre o un pariente varón, que también podían imponérselo a ella sin su consentimiento… El marido tenía derecho a obligar a la mujer a abortar… o incluso matar a un recién nacido no deseado (con mayor frecuencia si era niña)… El adulterio femenino estaba castigado seriamente, el masculino era algo normal. El marido podía mantener relaciones sexuales con las esclavas o esclavos de su casa, porque la esposa era para garantizar la descendencia y los demás para el placer. No entraba en el horizonte de una mujer la decisión de permanecer virgen”.

Y entonces nació, vivió y murió Jesucristo, y dejó un mensaje para que su Iglesia custodiase y pusiese en práctica. Luisella recoge sus palabras contra el repudio y el divorcio, la simetría en el matrimonio establecida por San Pablo o el rechazo de San Justino Mártir a discriminar en la vida de un neonato.

“El problema hoy”, lamenta, “es que el adulterio, el divorcio y el aborto se entienden como derechos, se practica el infanticidio con los niños no considerados normales, avanzan la pedofilia y la efebofilia mediante la sexualización precoz de los niños…”. Y ante todo ello, “las feministas, ¿dónde están?” Scrosati no responde la pregunta con la que cierra el artículo, pero la respuesta será fácil de encontrar escudriñando los objetivos de las manifestaciones del 8- M.

II Timone