Dios es infinito

Padre Manuel Martínez Cano mCR.

Sagrado Corazón de Jesús con el mundoInfinito es lo que no tiene fin ni límite. Dios tiene todas las perfecciones posibles en grado infinito, sin limitación alguna: “Es grande Yahvé y digno de toda alabanza; su grandeza es insondable” (Sal. 145, 3).

Dios es infinitamente perfecto, bueno, santo, sabio, poderoso…

Dios es infinitamente bueno, porque es el supremo Bien y la misma Bondad infinita que no cesa de manifestarnos su bondad y sus beneficios: “Nadie es bueno, sino sólo Dios” (Lc. 18, 19).

Dios es infinitamente santo. La santidad de Dios no es carencia de pecado sino la imposibilidad intrínseca de pecar. “Yo soy Yahvé, vuestro Dios, vosotros os santificaréis y seréis santos, porque yo soy santo” (Lev. 11, 4). “Santo, Santo, Yahvé Seboat ¡La tierra está llena de tu gloria!” (Is. 6, 3).

Dios es infinitamente sabio; para convencerse basta contemplar las maravillas de la creación. “¡Cuántas son tus obras, oh, Yahvé! ¡Todas las hiciste con sabiduría. Está llena la tierra de tu riqueza!” (Sal. 103, 24). “Señor, Tú lo sabes todo” (Ester 14, 4).

Dios es infinitamente poderoso: “Nada hay imposible para Dios” (Lc. 1, 37); “Para Dios todo es posible” (Mt. 19, 26). El poder de Dios es tan absoluto y tan ilimitado que sin instrumentos ni materia hace todo cuanto quiere.

DIOS INFINITAMENTE JUSTO Y MISERICORDIOSO

Dios es infinitamente justo y misericordioso.

Dios es infinitamente justo en su esencia y en sus actos. Justo es quien tiene la voluntad constante y permanente de dar a cada uno lo que le corresponde: “Justo es Yahvé y ama lo justo y los rectos contemplarán su faz” (Sal. 11, 7).

Dios aplica su justicia cuando castiga a los malos y premia a los buenos. “Sabemos que el juicio de Dios es conforme a la verdad, con todos los que cometen tales cosas” (Rom. 2, 2).

Dios es infinitamente misericordioso. La misericordia divina se pone de manifiesto en la bondad de Dios que aparta a las personas de sus miserias, sobre todo de la miseria del pecado por medio de la compasión.

La Sagrada Escritura llama la atención insistentemente sobre la misericordia divina: “Es Yahvé misericordioso y benigno. Tardo a la ira y clementísimo” (Sal. 103 ,8). “Es benigno Yahvé para todos y su misericordia está en todas sus criaturas” (Sal. 145, 9).

El testimonio más conmovedor de la misericordia divina es la encarnación, vida y muerte del Hijo de Dios: “Tanto amó Dios al mundo, que le dio a su Unigénito Hijo, para que todo el que crea en Él, no perezca, sino que tenga la vida eterna” (Jn. 3, 16).

DIOS ES AMOR

Dios es una eterna comunicación de amor en sí mismo: El Padre el Hijo y el Espíritu Santo se aman eternamente. “Dios es amor” (1ª Jn. 4, 8-16). El amor de Dios es eterno (Is. 54, 8) “Porque los mares se correrán y las colinas se moverán, más mi amor no se apartará de tu lado” (Is. 54, 10). “Con amor eterno te he amado: por eso he reservado gracias para ti” (Is. 31, 3).

Durante toda la historia de Israel, se ve el amor infinito de Dios a su pueblo, amor misericordioso y gratuito; por medio de los profetas, Israel comprendió que Dios no cesó de perdonarle su infidelidad y sus pecados.

El amor de Dios a Israel se compara al amor de un padre a su hijo (Os. 11, 1), y que su amor es más fuerte que el amor de una madre a su hijo (Is. 43, 1-7). El amor de Dios a su pueblo vencerá incluso las mayores infidelidades (Ez. 16) y llegará a la entrega más generosa, entregando su Hijo a la pasión y la cruz por la salvación de las almas. “Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único” (Jn. 3, 16).

LA VOLUNTAD DE DIOS Y EL MAL

Dios ama infinitamente todo lo bueno y amable: “Tú amas cuanto existe y nada aborreces de cuanto has hecho” (Sab. 11, 25). Dios ama a sus criaturas con amor de benevolencia, es decir, Dios ama a las criaturas no con amor interesado, pues nada recibe de ellas, sino con suma generosidad y desinterés.

Si Dios, infinitamente bueno, ama el bien infinitamente ¿Cómo se explica el mal que hay en el mundo?

Hay dos clases de males: el mal físico y el mal moral.

Dios, infinitamente bueno, no quiere directamente ningún mal. Dios permite el mal físico que proviene de la limitación de la criatura, por el bien sobrenatural que puede seguirse de ese mal físico.

El mal moral (el pecado), que proviene del abuso de la libertad, es esencialmente una negación de Dios y Dios no puede quererlo de ninguna manera. Dios permite el pecado porque respeta la libertad humana y porque por su sabiduría y poder infinitos sabe sacar bienes del mismo mal.

Es mejor dotar a las personas de libertad, aunque puedan abusar de ella, que privarlas de los bienes que pueden merecer con el recto uso de la libertad. Sin libertad no podemos alcanzar la eterna felicidad del Cielo.

“Todo coopera al bien de los que aman a Dios” (Rom 8, 28).

“Todo procede del amor, todo está ordenado a la salvación del hombre. Dios no hace nada que no sea con este fin” (Santa Catalina de Siena).

Niño que no sabe dormirse

Virgen María y Jesús dormidoComo el niño que no sabe dormirse
sin cogerse a la mano de su madre,
así mi corazón viene a ponerse
sobre tus manos al caer la tarde.
Como el niño que sabe que alguien vela
su sueño de inocencia y esperanza,
así descansará mi alma segura,
sabiendo que eres tú quien nos aguarda.
Tú endulzarás mi última amargura,
tú aliviarás el último cansancio,
tú cuidarás los sueños de la noche,
tú borrarás las huellas de mi llanto.
Tú nos darás mañana nuevamente
la antorcha de la luz y la alegría,
y, por las horas que te traigo muertas,
tú me darás una mañana viva.
Amén.

Jóvenes sanos y Santos

San Pablo VIAl dirigirse a los jóvenes, el Papa San Pablo VI decía: “Nunzio Sulprizio os dirá a vosotros, jóvenes, cómo santificó e iluminó vuestros años; él es una gloria vuestra. Él os dirá que la juventud no ha de considerarse como la edad del libertinaje, de las caídas inevitables, de crisis invencibles, de pesimismos desalentadores y de egoísmos exacerbados, y sobre todo os dirá que ser joven es una gracia, una fortuna. San Felipe Neri repetía: “Bienaventurados vosotros, los jóvenes, porque tenéis tiempo de hacer el bien”. Es una gracia, una fortuna ser inocentes, ser puros, alegres, fuertes, estar llenos de ardor y de vida, como lo son y deberían serlo hombres que han recibido una existencia nueva y fresca, regenerada y santificada por el Bautismo; tienen un tesoro no para disiparlo locamente, sino para conocerlo, guardarlo, trabajarlo, desarrollarlo y dedicarlo a producir frutos vitales, beneficiosos para sí y para los demás… Os demostrará que vosotros, jóvenes, podéis regenerar en vosotros mismos el mundo donde habéis sido llamados a vivir por la Providencia, y que a vosotros os toca, en primer lugar, consagraros a la salvación de una sociedad que tiene precisamente necesidad de espíritus fuertes y decididos. Os indicará las supremas palabras de Cristo: la cruz, el sacrificio son la salvación nuestra y la del mundo. Los jóvenes comprenden esta suprema vocación”.

Miguicas 223

Padre Martínez m.C.R.

San José padre de Jesús* Los miedos absurdos hacen mujeres y hombres absurdos.

* Hay personas santas, alegres. Vayan a cualquier institución de caridad de la Iglesia. Las verán.

* Los cónyuges que han renunciado a tener hijos, han renunciado a ser felices. Es un matrimonio frustrado.

* Un cristiano sin oración es zarandeado por la tempestad. Sin oración no hay vida interior. Vida cristiana. Vida santa.

* Renunciar a la autoridad de padre, sacerdote, obispo, cardenal o Sumo Pontífice es dejar las puertas abiertas al diablo.

* Eso que llaman “cultura de la muerte”: aborto, eutanasia, experimentaciones con embriones, es la acción del demonio en el mundo.

* El doctor Josep Moyá, neurólogo especializado en desarrollo infantil, ha dicho: “Hoy los niños tienen de todo, pero no se sienten queridos”.

* Con razón sostenía Jean François Revel “la mayor fuerza de las que mueven el mundo es la mentira”. Pues en España llevamos cuarenta años soportando la mentira institucional sobre la historia y nadie, ninguna institución obligada a impedirlo, se ha tomado el trabajo de desenmascarar la falsedad, con lo que va adquiriendo la autoridad de lo verdadero. (Jaime Alonso)