Dios y tú

Dios creo al hombre a su imagen y semejanza

Padre Manuel Martínez Cano, mCR.

Hace unos diez meses un sacerdote fue a un colegio. La directora le pidió que fuera a darles unas charlas a los alumnos. El sacerdote empezó preguntando ¿Para qué nos ha creado Dios? Silencio sepulcral. Un niño se levanta y dice: “yo sí lo sé: Vamos dilo: Dios nos ha creado para comer y jugar”.

Muy bien. Dios nos ha creado para que seamos felices. Y tú eres feliz cuando comes y juegas. Pero Dios nos ha creado para más cosas ¿Quién lo sabe? Silencio. Pues San Ignacio de Loyola sabe: “Dios nos ha creado para ser eternamente felices con Él en el Cielo. Palabra de San Ignacio: “El hombre es criado para alabar hacer reverencia y servir a Dios Nuestro Señor y mediante esto salvar ánimas”. De modo que esté resuelto a no cometer ningún pecado ni mortal ni venial.

¿Quién me puso en el mundo? La razón y la fe dice que fue Dios. El cuarto Concilio de Letrán declaró: “Dios creó de la nada en el principio del tiempo ambas criaturas la espiritual y corporal, la angélica y la terrena. Por último, creó la humana, al hombre y la mujer, constituida con la unión del espíritu y el cuerpo.

Al principio de la Sagrada Escritura leemos: “El creavit Deus haminen” (Génesis 1, 27) “Dios creó el hombre” ¡Qué contraste! Dios me creó de la nada. ¡Nada y Dios! Vengo de la nada, yo no existía. Dios me sacó de la nada. Dios es mí origen, mí dueño, dependo absolutamente de Él”.

Nada soy sin Dios. Soy de Dios; hijo de Dios por la gracia santificante. Vengo de Dios ¡Soy de Dios! Excelso. Podemos decir a Dios “Padre”. Jesucristo dice en el Evangelio 170 veces “Padre”.

San Gregorio Niceno enseña: “Que el alma fue creada a imagen de Dios en cuanto que, dotaba de razón puede conocer la verdad; fue creada a semejanza de Dios en cuanto que puede amar la virtud y conformar su creación con la voluntad de Dios. La imagen es indestructible; la semejanza con Dios puede desaparecer y desaparece de hecho por el pecado mortal.

San Agustín, recuerda que: “Dios me creó, luego todo cuanto soy, de Dios soy, ¡Dios me sacó de la nada! Y, mediante la gracia santificante me hace hijo Suyo. Mi cuerpo, mis sentidos, mi alma, mis facultades, mi tiempo hasta el último instante, todo es un don actual de Dios. ¿Cuántas veces en nuestra vida privada y pública hemos obrado con independencia de Dios? guiados por nuestros caprichos sensuales irracionales ¿Ha sido voluntad de Dios la regla única de mi conducta? O el capricho, la pasión.

Vivimos continuamente de la gracia de Dios. En cada momento me va dando el ser, cada segundo de nuestra vida. Somos como niños pequeños que solo en el regazo de su madre puede vivir. Dependemos dulcemente de Dios. Nuestro fin es Dios. El libro de los Proverbios afirma: “Todo lo hizo por sí el Señor” El diablo tentó a Jesús varias veces. Y Jesús le contestó: “Al Señor tu Dios adorarás y a Él solo darás oculto”.

¡Solo Dios decía San Rafael Arnaiz! ¡Sólo Dios basta! como decía Santa Teresa de Jesús: “Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda. La paciencia Todo lo alcanza; Quien a Dios tiene nada le falta: Sólo Dios basta. ¡Dios es mi Padre! Qué feliz soy ¡Soy hijo de Dios!

Consagración a San José ante las tribulaciones

San José en su lecho de muerte, junto a la Virgen María y Cristo Jesús

¡Oíd, querido San José, una palabra mía!… Yo me veo abrumada de aflicciones y cruces, y a menudo lloro… Despedazada bajo el peso de estas cruces, me siento desfallecer, ni tengo fuerzas para levantarme y deseo que mi Bien me llame pronto. En la tranquilidad, empero, entiendo que no es cosa difícil el morir… pero si el bien vivir. ¿A quién, pues, acudiré sino a Vos, que sois tan bueno y querido, para recibir luz… consuelo… y ayuda? A Vos, pues, consagro toda mi vida, y en vuestras manos pongo las congojas, las cruces, los intereses de mi alma… de mi familia… de los pecadores… para que, después de una vida tan trabajosa, podamos ir a gozar para siempre con Vos de la bienaventuranza del Paraíso. Amén.

Jaculatoria. San José, Protector de atribulados y de los moribundos, rogad nosotros.

El nacimiento de la España moderna 9

Protocolo de la entrega de llaves del Reino de Granada a los Reyes Católicos

JEAN DUMONT, Historiador francés

ISABEL LA CATÓLICA, LA GRAN CRISTIANA OLVIDADA

Al cuidado de los moros y de los judíos

Cuando conquistó Granada al Islam, rehusó y rehusará hasta su muerte la conversión forzada. Y ella rescató, para liberarlos, a todos los esclavos moros hechos durante la reconquista (mayo de 1492). El mismo año, la última de todos los monarcas europeos (Inglaterra, 1290; Francia, 1303; Alemania, 1348), habiendo creído necesario expulsar a los judíos, aprobada solemnemente en esto por el Consistorio romano, el papa y la asamblea de doctores de la universidad de París, exigió que los judíos fuesen respetados durante su éxodo. Como ella había atentamente exigido hasta entonces que fueran en todo respetados, los judíos de España se lo agradecieron con afecto en una carta enviada en 1487 a sus correligionarios de Roma en la que dan a Isabel el título de “reina justa y cristiana”. Garantizó un trato muy favorable a los judíos conversos o que volvieran libremente del exilio para convertirse. Hecho poco conocido: del total de judíos que había en España en ese momento, unos 200.000, más de 100.000 se convirtieron o volvieron para convertirse y fueron acogidos. Hecho que da testimonio de ausencia total en Isabel de racismo antisemítico y de su irradiación cristiana.

Miguicas 255

Jesús Resucitado se aparece a los Apóstoles

Padre Martínez m.C.R.

* “Aprecio tus decretos y detesto el camino de la mentira” (Salmo 118).

* “La grandeza de un alma se mide por lo que ama” (San Bernardo de Claraval).

* Pregunto ¿Qué hora es? responde, la hora de amar a Dios. Amemos a Dios siempre.

* “Si cada año desarraigamos aunque sólo un vicio pronto nos volveríamos perfectos” (Kempis).

* Adán le dijo a Dios que se había escondido por el miedo que tenía. No nos dejemos engañar por el miedo.

* Demócratas el desprecio a la Ley Natural, la legalización del divorcio, del aborto, la eutanasia… es lo que quiere Satanás.

* Negarse a sí mismo, como nos pide el Señor y le sigamos cuesta lo suyo. Es imposible. Con la gracias de Dios lo podemos todo.