La ley

San Moisés

Padre Manuel Martínez Cano mCR.

La Ley eterna

Para ser santo, hemos de imitar a Nuestro Señor Jesucristo, vivir en gracia, aceptar la voluntad de Dios, cumplir su Ley divina.

Ley divina es la que Dios ha dictado por sí mismo. Hay tres clases de leyes divinas: la ley eterna, la Ley natural y la ley divino-positiva.

La Ley eterna es la razón y voluntad de Dios que manda guardar y prohíbe alterar el orden establecido por Él.

Santo Tomás enseña que la Ley eterna: “Es el plan de la divina sabiduría por el que dirige todas las acciones y movimientos de las criaturas en orden al bien común”.

Los seres inanimados son dirigidos por Dios por leyes físicas que se cumplen necesariamente, excepto cuando Dios hace un milagro.

Los animales irracionales son dirigidos por Dios por las leyes del instinto que también se cumplen necesariamente.

Las criaturas racionales aceptan y cumplen la Ley eterna usando bien su libertad. Obedeciendo siempre a Dios.

La Ley eterna es el fundamento de toda obligación moral del hombre y de todas las demás leyes, que en tanto serán leyes, en cuanto reflejen con fidelidad la Ley eterna.

Ninguna ley es justa ni racional si no se ajusta a la Ley eterna: “Por Mí reinan los reyes y los jueces administran la justicia. Por Mí mandan los príncipes y gobiernan los soberanos de la tierra” (Prov. 8, 15-16); “toda potestad viene de Dios” (Rom. 13, 1)

La Ley natural

La Ley natural es la participación de la Ley eterna en la criatura racional.

El modo superior de participación en la Ley eterna es propio de la persona humana. Esta Ley natural, grabada por Dios en el corazón de la persona humana, obliga a todas las personas de todos los tiempos.

Cuando la persona humana alcanza el uso de razón, empieza a conocer los primeros principios de la Ley natural (“haz el bien, evita el mal” “No hagas a otros lo que no quieras que te hagan a ti”), como algo que tiene obligación de cumplir: es la Ley natural subjetivamente considerada. Los principios secundarios de la Ley natural son los Mandamientos de la Ley de Dios. En algunas personas puede darse ignorancia inculpable de estos principios secundarios durante algún tiempo, pero no durante toda una vida normal.

Propiedades de la Ley natural

La Ley natural tiene unas propiedades que la distinguen claramente de otras leyes. Las principales son tres: universalidad, inmutabilidad e indispensabilidad.

Universalidad: La Ley natural es universal, obliga a todos los hombres del mundo, sin ninguna excepción, incluso a los niños. La razón es muy simple: la naturaleza humana es esencialmente la misma en todos los hombres. Las variaciones étnicas, regionales, etc. son sólo accidentales.

La Ley natural es inmutable; nadie puede cambiar nada de la Ley natural. No puede cambiar con los tiempos, ni con las condiciones históricas o culturales, porque la naturaleza humana no cambia con el paso de los años, siempre es la misma.

La Ley natural obliga siempre, no admite dispensa. Ningún legislador humano puede dispensar de la Ley natural, porque es una participación de la Ley eterna que está enraizada en la misma naturaleza de las cosas, tal como las conoce el entendimiento divino, en el que no cabe error ni contradicción.

Cuando una ley civil contradice a la Ley natural, en realidad es sólo apariencia de ley y no hay obligación de cumplirla, sino más bien de rechazarla y oponerse a ella (leyes del aborto, divorcio, etc.).

La Ley divino-positiva

La Ley divino-positiva procede de la libre e inmediata determinación de Dios, comunicada al hombre por medio de la Revelación divina.

En la revelación de la Ley divino-positiva se distinguen dos etapas principales: la Antigua y la Nueva Ley.

La Ley Antigua abarca dos períodos: la época primitiva y la época mosaica. La época primitiva se extiende desde la creación del hombre hasta la promulgación de los Mandamientos de la Ley de Dios. Contenía preceptos como la circuncisión (Gen. 17, 10), unidad e indisolubilidad del matrimonio (Gen. 2, 24), etc.

La época mosaica va desde Moisés y los profetas hasta Cristo Nuestro Señor. Su resumen y compendio más perfecto se encuentra en los Mandamientos de la Ley de Dios, entregados por Dios a Moisés en el monte Sinaí (Ex. 20, 1-17).

La Nueva Ley es la promulgada por Cristo y sus Apóstoles para el bien sobrenatural del género humano. Se halla contenida en el Nuevo Testamento y en la Tradición divina bajo la custodia del Magisterio infalible de la Iglesia Católica.

La Nueva Ley evangélica puede resumirse en el nuevo mandamiento del amor: “Un mandamiento nuevo os doy, que os améis los unos a los otros como Yo os he amado” (Jn. 13, 34). Todos los hombres tenemos la obligación de cumplir la Ley divino-positiva.

Las leyes humanas

Leyes humanas son las promulgadas por la legítima autoridad en orden al bien común; son las leyes eclesiásticas y las leyes civiles.

Leyes eclesiásticas son las promulgadas por la autoridad eclesiástica, en virtud del poder legislativo que Cristo dio a su Iglesia para el bien de las almas.

Leyes civiles son las promulgadas por la autoridad política de una nación, en orden al bien común de los ciudadanos.

La ley civil que se opone manifiestamente a la Ley divino-positiva, no obliga en conciencia. Al contrario, es obligatorio desobedecerla por tratarse de una ley injusta que atenta contra el bien común, ya que el bien espiritual es el primer bien de la comunidad.

Las leyes civiles no pueden ser fruto del capricho de la autoridad política ni de lo que diga la mayoría, sino fruto de la razón.

Están obligados a cumplir las leyes humanas auténticas, eclesiásticas o civiles, los súbditos de las autoridades respectivas.

Votar por candidatos que apoyan el aborto “es participar” de este “crimen abominable”

Sagrada Familia - huida a Egipto

El obispo Auxiliar de Santiago del Estero (Argentina), Mons. Enrique Martínez Ossola, advirtió a los fieles que votar por candidatos que apoyan el aborto “es participar” de este “crimen abominable”. El Prelado dijo estas palabras de cara a las elecciones del 27 de octubre en que los argentinos elegirán al nuevo presidente, vicepresidente, diputados, senadores; así como las autoridades ejecutivas y legislativas de varias provincias y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. “En los próximos meses se realizarán en la Argentina las elecciones de nuevas autoridades, que marcarán el rumbo del país; sabemos bien que las propuestas de la mayoría de los partidos apoyan la legalización del aborto, crimen abominable, e ideologías que atentan contra la familia. Por lo tanto, es deber de los pastores de la Iglesia de Cristo, advertir a los fieles que apoyar estas propuestas, es participar de ellas”.

(ACIPRENSA)

La mies es abundante y los obreros pocos

Papa Francisco ordenando sacerdotes

Quiero terminar citando las palabras de un escritor argentino, Gustavo Martínez Zuviría (1883-1963), más conocido por su sobrenombre de Hugo Wast, para que todos oremos por los sacerdotes, y para que las familias católicas le pidan a Dios que brote este don para Dios, para la Iglesia y para ellos.

“Cuando se piensa que ni la Santísima Virgen puede hacer lo que un sacerdote.

Cuando se piensa que ni los ángeles ni los arcángeles, ni Miguel ni Gabriel ni Rafael, ni príncipe alguno de aquellos que vencieron a Lucifer pueden hacer lo que un sacerdote.

Cuando se piensa que Nuestro Señor Jesucristo en la última Cena realizó un milagro más grande que la creación del Universo con todos sus esplendores y fue el convertir el pan y el vino en su Cuerpo y su Sangre para alimentar al mundo, y que este portento, ante el cual se arrodillan los ángeles y los hombres, puede repetirlo cada día un sacerdote.

Cuando se piensa en el otro milagro que solamente un sacerdote puede realizar: perdonar los pecados y que lo que él ata en el fondo de su humilde confesionario, Dios obligado por su propia palabra, lo ata en el Cielo, y lo que él desata, en el mismo instante lo desata Dios.

Cuando se piensa que la humanidad se ha redimido y que el mundo subsiste porque hay hombres y mujeres que se alimentan cada día de ese Cuerpo y de esa Sangre redentora que sólo un sacerdote puede realizar.

Cuando se piensa que el mundo moriría de la peor hambre si llegara a faltarle ese poquito de pan y ese poquito de vino.

Cuando se piensa que eso puede ocurrir, porque están faltando las vocaciones sacerdotales; y que cuando eso ocurra se conmoverán los cielos y estallará la Tierra, como si la mano de Dios hubiera dejado de sostenerla; y las gentes gritarán de hambre y de angustia, y pedirán ese pan, y no habrá quien se los dé; y pedirán la absolución de sus culpas, y no habrá quien las absuelva, y morirán con los ojos abiertos por el mayor de los espantos.

Cuando se piensa que un sacerdote hace más falta que un rey, más que un militar, más que un banquero, más que un médico, más que un maestro, porque él puede reemplazar a todos y ninguno puede reemplazarlo a él.

Cuando se piensa que un sacerdote cuando celebra en el altar tiene una dignidad infinitamente mayor que un rey; y que no es ni un símbolo, ni siquiera un embajador de Cristo, sino que es Cristo mismo que está allí repitiendo el mayor milagro de Dios.

Cuando se piensa todo esto, uno comprende la inmensa necesidad de fomentar las vocaciones sacerdotales.

Uno comprende el afán con que en tiempos antiguos, cada familia ansiaba que de su seno brotase, como una vara de nardo, una vocación sacerdotal.

Uno comprende el inmenso respeto que los pueblos tenían por los sacerdotes, lo que se refleja en las leyes.

Uno comprende que el peor crimen que puede cometer alguien es impedir o desalentar una vocación.

Uno comprende que provocar una apostasía es ser como Judas y vender a Cristo de nuevo.

Uno comprende que si un padre o una madre obstruyen la vocación sacerdotal de un hijo, es como si renunciaran a un título de nobleza incomparable.

Uno comprende que más que una Iglesia, y más que una escuela, y más que un hospital, es un seminario o un noviciado.

Uno comprende que dar para construir o mantener un seminario o un noviciado es multiplicar los nacimientos del Redentor.

Uno comprende que dar para costear los estudios de un joven seminarista o de un novicio, es allanar el camino por donde ha de llegar al altar un hombre que durante media hora, cada día, será mucho más que todas las dignidades de la tierra y que todos los santos del Cielo, pues será Cristo mismo, sacrificando su Cuerpo y su Sangre, para alimentar al mundo”.

Miguicas 205

Padre Martínez m.C.R.

San José - Niño Jesús - Ángeles* Buena amistad es la que me ayuda a ser generoso, a ser piadoso, alegre, a vivir en la verdad, a amar a Dios.

* Solo Dios puede mandarnos: “Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen”. Sí, Jesucristo es Dios.

* “Todo viene del Señor: sabiduría, prudencia y sensatez provienen del Señor, castigo y camino recto procede del Señor” (del Eclesiástico).

* Es diabólico engañar al que vive en estado de pecado mortal, dejándolo creer que va a salvarse aunque muera en pecado mortal.

* Odiar la Verdad es un pecado luciferino. Los condenados en el infierno están siempre odiando la Verdad, eternamente sufriendo.

* “El desconocimiento propio genera soberbia; pero el desconocimiento de Dios genera desesperación” (San Bernardo de Claraval).

* El ecumenismo actual ha culminado en un acercamiento diplomático. Sigue las mismas herejías y los mismos cismas. Y un indiferentismo enfermizo.

* Somos libres. Efectivamente. Puedo salvarme eternamente, si colaboro con la gracia divina. Y puedo condenarme eternamente si desprecio la gracia de Dios.

La gran matanza y la gran cobardía

Apocalipsis - María y la vestia

Pero esto es lo que hay, esto es un aborto, esto es la gran matanza y la gran cobardía que han marcado la sociedad actual y que deja los campos de exterminio y el Gulag en materia para tertulia. El aborto -también el siempre olvidado aborto químico- ha convertido a los siglos XX y XXI en los más sangrientos de la historia de una humanidad que se ensaña con el más débil y más inocente y más indefenso de todos los seres humanos: el concebido y no nacido, al que sacrifica con engaño y descaro, todo a un tiempo. Engaño, porque esconde los hechos y descaro porque, encima, eleva el asesinato más cobarde al grado de derecho público: el derecho al aborto.

(HISPANIDAD)