Leí una carta en la clase de cuarto de primaria, que nos ha enviado un misionero de la India, dándonos las gracias por el donativo que le hemos mandado. Pide permiso para hablar una alumna, que nos dice: “Padre, esta semana hemos encontrado en mi casa un sobre con unas monedas. Yo he dicho: vamos a dárselo a mamá. Mi hermano: ¡No! Vamos a dárselo a los pobres de las misiones”. El hermano también viene al colegio y tiene cuatro años. Y los padres contentos y felices de tener hijos tan buenos.

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Una antigua alumna, que es médico de la Seguridad Social me ha dicho que su jefe le ha comunicado que pronto tendrá que trabajar dos horas y media más a la semana, cobrando lo mismo, claro está. Lo que más claro tienen sus compañeros de trabajo, y más comentan, es que los políticos cobran sueldos extraordinarios. Y que, según los datos que tienen, en España hay cuatro veces más políticos que en Alemania y la población alemana es el doble que la española. ¡Viva la democracia del Bienestar de los políticos!

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Llevé la Comunión a una santa anciana nonagenaria que vive sola. Tiene una memoria prodigiosa, desde la niñez a nuestros días. Esta vez nos contó lo siguiente: Los médicos del hospital, le dijeron que ya no podían hacer nada más por su marido, que le daban de alta para que muriera en su casa. Pidió explicaciones y le dijeron que su marido podía vivir algunos meses más, si ella le daba algún alimento cada quince minutos. Estos meses se convirtieron en dos años y medio. Un día, al anochecer, apareció instantáneamente en la habitación un hombre con hábito marrón, resplandeciente de luz, que, muy sonriente miró primero a su marido y después a ella y desapareció como apareció, instantáneamente. Al amanecer del día siguiente, su marido entregaba su alma a Dios. La buena anciana está convencida de que aquél monje era San Francisco de Asís, a quien su marido tuvo siempre muchísima devoción. Vino a decirle a su amigo que pronto estaría con él en el Cielo.

P. Manuel Martínez Cano, mCR