Otro Teólogo Endiablado
13 miércoles Feb 2013
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EL CAMBIO
Habla nuestra presidenta Magdalena: un joven entusiasta de nuestra Plataforma Cultural nos ha enviado una fotocopia de la Conferencia que pronunció Gonzalo Fernández de la Mora en 1984. Da escalofríos leerla ¿Qué se esconde detrás de eso que llaman democracia o partitocracia? Expresan lo que más les ha impactado.
La voz de Pedro: En 1975, España contaba con la población penal y el porcentaje de fuerzas de seguridad por habitante más bajo de Europa Occidental, síntomas diáfanos de alto nivel de orden y de seguridad ciudadana: Durante el período del cambio, los internados en cárceles y las Fuerzas del Orden se han multiplicado y, sin embargo, los índices de criminalidad se han disparado. Y, al mismo tiempo se ha extendido una sensación general de inseguridad.
Salomé: A mí me impresiona este dato: El 7 de junio de 1968 se produjo el primer asesinato de un guardia civil por bandas organizadas. Desde entonces hasta 175 las víctimas del terrorismo fueron treinta y dos. El período de 1975-1982 arroja un total de 548 asesinatos terroristas.
José: Sólo los procedimientos penales iniciados en 1981 por delitos contra la propiedad fueron 444.219, dos veces y media más de los delitos de 1976 desde el punto de vista del orden social, el balance del Estado democrático del cambio es francamente desastroso.
Sara: Estoy de acuerdo con lo de la inseguridad siempre he vivido mejor en el ensanche de Barcelona. Mis hijas salían por la noche a dar una vuelta por los alrededores. A partir de 1977 se quedaban dentro de la portería porque tenían miedo a salir. Por eso me ha impresionado lo que escribió Fernández de la Mora: millares de viviendas se han protegido con costosas puertas blindadas, se ha sustituido el metálico por tarjetas de crédito. Las empresas e instituciones bancarias se han dotado de sus propias policías armadas, ha surgido pujante la profesión de guardaespaldas privados, ha disminuido la vida nocturna, y hay provincias de las que muchas gentes huyen y a las que no quieren ser destinados los funcionarios públicos.
Rut: Hay muchísimo más. Hablando con los contertulios hemos coincidido todos en algo increíble en nuestros tiempos: las casas de nuestros padres y abuelos con sus respectivos pueblos permanecían todo el día abiertas.
Magdalena, Presidenta
Lean los libros de Gonzalo Fernández de la Mora.
13 miércoles Feb 2013
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Publicado por manuelmartinezcano | Filed under Uncategorized
13 miércoles Feb 2013
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adversidad, buena intenció, capítulo 10, capítulo 11, consolación divina, consolación interior, consolaciones humanas, contemplativos, corazón fatigado, cosas del siglo, costumbre, estorba, hombres, Imitación de Cristo, impedimento mayor, oremos, perfectos, propia voluntad, ruido, vanidad, velemos
Capítulo 10
Que se ha de cercenar la demasía en las palabras
1. Excusa cuanto pudieres el ruido de los hombres; pues mucho estorba el
tratar de las cosas del siglo, aunque se digan con buena intención.
Porque presto somos amancillados y cautivos de la vanidad.
Muchas veces quisiera haber callado y no haber estado entre los hombres.
Pero, ¿cuál es la causa que tan de gana hablamos y platicamos unos con otros, viendo cuán pocas veces volvemos al silencio sin daño de la conciencia?
La razón es que por el hablar, buscamos ser consolados unos de otros y deseamos aliviar el corazón fatigado de pensamientos diversos.
Y de muy buena gana nos detenemos en hablar y pensar de las cosas que amamos o sentimos adversas.
Mas, ¡ay dolor!, que muchas veces sucede vanamente y sin fruto; porque esta exterior consolación es de gran detrimento a la interior y divina.
2. Por eso, velemos y oremos, no se nos pase el tiempo en balde.
Si puedes y conviene hablar, sean cosas que edifiquen.
La mala costumbre y la negligencia de aprovechar ayudan mucho a la poca guarda de nuestra lengua.
Pero no poco servirá para nuestro espiritual aprovechamiento la devota plática de cosas espirituales, especialmente cuando muchos, de un mismo espíritu y corazón se juntan en Dios.
Capítulo 11
Cómo se debe adquirir la paz y del celo de aprovechar
1. Mucha paz tendríamos si en los dichos y hechos ajenos que no nos pertenecen no quisiésemos meternos.
¿Cómo puede estar en paz mucho tiempo el que se entremete en cuidados ajenos, y busca ocasiones exteriores, y dentro de sí poco o tarde se recoge?
Bienaventurados los sencillos, porque tendrán mucha paz.
2. ¿Cuál fue la causa por que muchos de los santos fueron tan perfectos y contemplativos?
Porque se esforzaron en mortificar totalmente todo deseo terreno; y por eso pudieron con lo íntimo del corazón allegarse a Dios y ocuparse libremente en sí mismos.
Nosotros nos ocupamos mucho con nuestras pasiones, y tenemos demasiado cuidado de lo transitorio.
Y también pocas veces vencemos un vicio perfectamente, ni nos alentamos para aprovechar cada día, y por esto nos quedamos tibios y aun fríos.
3. Si estuviésemos perfectamente muertos a nosotros mismos, y en lo interior desocupados, entonces podríamos gustar las cosas divinas y experimentar algo de la contemplación celestial.
El impedimento mayor y total es que no somos libres de nuestras inclinaciones y deseos, ni trabajamos por entrar en el camino perfecto de los santos.
Y también cuando alguna adversidad se nos ofrece, muy presto nos desalentamos y nos volvemos a las consolaciones humanas.
4. Si nos esforzásemos más en pelear como fuertes varones, veríamos sin duda la ayuda del Señor que viene desde el cielo sobre nosotros. Porque dispuesto está a socorrer a los que pelean y esperan en su gracia, y nos procura ocasiones de pelear para que alcancemos la victoria.
Si solamente en las observancias de fuera ponemos el aprovechamiento de la vida religiosa, presto se nos acabará la devoción.
Mas pongamos la segur a la raíz, porque, libres de las pasiones, poseamos pacíficas nuestras almas.
5. Si cada año desarraigásemos un vicio, presto seríamos perfectos.
Mas ahora, al contrario, muchas veces experimentamos que fuimos mejores y más puros en el principio de nuestra conversión que después de muchos años de profesos.
Nuestro fervor y aprovechamiento cada día debe crecer; mas ahora ya nos parece mucho conservar alguna parte del primer fervor.
Si al principio hiciésemos algún esfuerzo, podríamos después hacerlo todo con facilidad y gozo.
6. Grave cosa es dejar la costumbre; pero más grave es ir contra la propia voluntad.
Mas si no vences las cosas pequeñas y ligeras, ¿cómo vencerás las dificultosas?
Resiste en los principios a tu inclinación y deja la mala costumbre, porque no te lleve poco a poco a mayor dificultad.
¡Oh, si mirases cuánta paz a ti mismo y cuánta alegría darías a los otros rigiéndote bien, yo creo que serías más solícito en el aprovechamiento espiritual!
13 miércoles Feb 2013
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Parte Primera
DE LA DEVOCIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN
EN GENERAL
Excelencia y necesidad de la devoción a la Santísima Virgen
41. Las figuras y las expresiones del antiguo y del nuevo Testamento lo
prueban, los sentimientos y los ejemplos de los santos lo confirman, la razón y la experiencia lo enseñan y demuestran; los mismos demonios y sus secuaces, impelidos por la fuerza de la verdad, se han visto con frecuencia obligados a confesarlo a pesar suyo. De todos los pasajes de los Santos Padres y de los Doctores de que he hecho vasta colección para probar esta verdad, sólo citaré uno, para no ser demasiado extenso: Seros devoto, oh Santísima Virgen, dice San Juan Damasceno, es una arma de salvación que Dios da a los que quiere salvar.
42. Y podría citar aquí varias historias que probarían lo mismo, entre otras: la que se refiere en las Crónicas de San Francisco, de cuando vio en éxtasis una gran escalera que llegaba al cielo, al fin de la cual estaba la Santísima Virgen y por la cual se le indicó que era preciso subir para llegar al cielo; y la que se refiere en las crónicas de Santo Domingo, cuando quince mil demonios apoderados del alma de un desgraciado hereje, cerca de Carcasona, en donde este Santo predicaba el Rosario, se vieron obligados, por el mandato que les hizo la Santísima Virgen, a confesar muchas verdades grandes y consoladoras referentes al amor hacia la Reina del cielo, con tanta fuerza y claridad, que no puede leerse esta historia auténtica y el panegírico que el diablo hizo a pesar suyo de esta devoción, sin derramar lágrimas de alegría por poco devoto que uno sea de la Santísima Virgen.
43. Si la devoción a María es necesaria a todos los hombres, simplemente para alcanzar la salvación, es aún más necesaria a los que son llamados a una perfección particular, y no creo que una persona pueda adquirir una unión íntima con Nuestro Señor y una fidelidad perfecta al Espíritu Santo, sin una unión grandísima con la Santísima Virgen y una gran dependencia de su socorro.
44. Sólo María ha encontrado gracia ante Dios sin auxilio de ninguna otra pura criatura. Sólo por Ella han obtenido gracia ante Dios cuantos la han alcanzado, y solamente por Ella la conseguirán cuantos en adelante la logren. Estaba llena de gracia cuando la saludó el arcángel Gabriel, y fue superabundantemente inundada de gracia por el Espíritu Santo cuando su sombra inefable la cubrió; y ha aumentado de tal modo de día en día y de momento en momento esta doble plenitud, que ha llegado a un grado de gracia inmensa e inconcebible, de manera que el Altísimo la ha hecho tesorera única de sus tesoros y la única dispensadora de sus gracias, para ennoblecer, elevar y enriquecer a quien Ella quiera en el estrecho camino del cielo; para hacer pasar, a pesar de todo, a quien Ella quiera por la angosta puerta de la vida, y para dar el trono, el cetro y la corona de rey a quien Ella quiera. Jesús es en todas partes y siempre el fruto y el Hijo de María, y María es en todas partes el árbol verdadero del fruto de la vida y la verdadera Madre que lo produce.
45. Solamente a María ha dado Dios las llaves de los tesoros del divino amor, y el poder de entrar en los caminos más sublimes y más secretos de la perfección, y de hacer entrar a otros en ellos. Sólo María proporciona la entrada en el paraíso terrestre a los desgraciados hijos de la infiel Eva para pasearse en ese paraíso agradablemente con Dios, abrigarse seguramente en él contra toda clase de enemigos, para alimentarse deliciosamente sin temer más a la muerte, del fruto de los árboles de la vida y de la ciencia, y para
beber a torrentes las aguas celestiales de la hermosa fuente que allí abundantemente rebosa.
Ella es en sí misma ese paraíso terrestre o esa tierra virgen y bendita de que han sido expulsados los pecadores Adán y Eva. Ella no da entrada en el paraíso de su corazón más que a los que Ella quiere que se hagan santos.