Nuestra Asociación no es un club, ni una cofradía, ni una reunión de amigos, ni un local para huir de los peligros, ni un entretenimiento para que los niños pasen las tardes de los domingos y las chicas acomplejadas se dediquen a la caza de mancebos incautos que confunden el amor con el sentimentalismo y la falta de hombría. Nuestra Asociación es una escuela de formación para que toda clase de jóvenes pasen a formar parte de la verdadera Escuela de Jesucristo, y se entreguen a servirlo de por vida con todo su corazón, con toda su alma y todas sus fuerzas.
Esa gran aventura juvenil, que nos llama a todos a distinguirnos en el servicio de Jesucristo y en la empresa de ganarle las almas de los demás jóvenes, que no le sirven porque no le conocen, es la razón de ser de nuestro Centro Juvenil San Luis Gonzaga.
Esa es nuestra novedad, con la novedad eterna del Evangelio, que es la “Buena Nueva” para todo hombre que viene a este mundo. Construir desde nuestro interior hombres nuevos. No vamos a empezar a hacerlo cuando lleguemos a la vejez, si Dios nos concede una larga vida. Una casa se construye desde el primer plano para ir subiendo. Un cristiano tiene que poner manos a la obra desde el principio de su vida, infancia y juventud, para que en toda su vida reine Jesucristo. Por eso la Sagrada Escritura alaba al joven que llevó sobre sí el suave yugo de Dios desde su mocedad.
Nuestra Asociación es muy exigente y muy ambiciosa. No quiere vuestros trabajos, ni vuestros estudios, ni vuestro tiempo libre, ni vuestro dinero. Lo que quiere es vuestras almas y vuestros corazones, para que por medio de la Asociación se los entreguéis a Jesucristo, que ha de ser vuestro único Rey y Señor.
Oí que un joven le decía a otro mientras le invitaba a venir con nosotros: “Ni el cura, ni nadie, te va a pedir nada de dinero, ni de favores. Verás que son pobres y no te van a pedir nada. Pero serás tú el que lo va a dar todo, porque te convencerás que en esa nueva vida que todos hemos comenzado está la felicidad que buscamos como bestias sin encontrarla nunca.” Ese muchacho acababa de dar una estupenda definición de lo que es el Centro: darse todo, para ganar el propio corazón para Jesucristo.
Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 15, abril de 1978
Pingback: Artículos semana (20/03/2013) | Blog del P. Manuel Martínez Cano