Modo de discernir la verdadera devoción a la Santísima Virgen,
de la falsa y aparente
SEGUNDA VERDAD (II)
72. No hay nada entre los hombres que nos haga pertenecer más a otro que la esclavitud; no hay asimismo nada entre los cristianos que nos haga pertenecer tanto a Jesucristo y a su Santa Madre, como la esclavitud voluntaria, según el ejemplo del mismo Jesucristo, que tomó la forma de esclavo (Philip. 2,7) por nuestro amor, y el de la Santísima Virgen, que se llamó sierva y esclava del Señor. El Apóstol se llama por altísima honra Siervo de Cristo (Gal. 1,10). Los cristianos son llamados muchas veces en la Escritura Sagrada servi Christi; esta palabra servus, según lo advierte con mucha verdad un gran doctor, significaba antes esclavo, porque no se conocían servidores como los de ahora, siendo los amos servidos por esclavos o libertos; lo que el Catecismo del Santo Concilio de Trento, a fin de no dejar duda ninguna de que somos esclavos de Jesucristo, expresa con un término que no admite equivocación, llamándonos manclpia Christi; esclavos de Jesucristo.
73. Fundado en esto, digo que debemos pertenecer a Jesucristo y servirle, no sólo como servidores mercenarios, sino como esclavos de amor, que, por efecto de una gran caridad, se entregan a El y se empeñan a servirle en calidad de esclavos por sólo el honor de pertenecerle. Antes del bautismo éramos esclavos del demonio; el bautismo nos ha hecho esclavos de Jesucristo; es menester que los cristianos sean, o esclavos del demonio, o esclavos de Jesucristo.
74. Lo que digo en absoluto de Nuestro Señor, lo repito proporcionalmente de la Santísima Virgen. Habiéndola escogido Jesucristo para compañera inseparable de su vida, de su muerte, de su gloria y de su poder en el cielo y en la tierra, le ha dado por gracia, relativamente a su majestad, los mismos derechos y privilegios que El posee por naturaleza: Todo lo que conviene a Dios por naturaleza, conviene a María por gracia, dicen los Santos; de modo que, según ellos, no teniendo ambos más que la misma voluntad y el mismo poder, tienen los mismos súbditos, servidores y esclavos.
75. Se puede, pues, siguiendo el parecer de los Santos Padres y de los más grandes Doctores, llamarse y hacerse esclavo de la Santísima Virgen, a fin de ser de este modo más perfectamente esclavo de Jesucristo. La Virgen es el medio de que Nuestro Señor se ha valido para venir a nosotros; por lo mismo debe ser el medio de que nosotros debemos servirnos para ir a El. María no es como las demás criaturas, que si nos adherimos a ellas podrían más bien separarnos de Dios que aproximarnos a Dios: la inclinación más fuerte de María es unirnos a Jesucristo, su Hijo, y la inclinación más fuerte del Hijo es que se vaya a El por su Santísima Madre; y obrar así es honrarle y agradarle, como es honrar y agradar a un rey si para hacerse más perfectamente su súbdito y esclavo se hiciese uno súbdito y esclavo de la reina. Esta es la razón por la que los Santos Padres, y con ellos San Buenaventura, dicen que la Santa Virgen es el camino para ir a Nuestro Señor: El camino para llegar a Cristo es acercarse a Ella.
76. Además, si, como he dicho, la Santísima Virgen es la Reina y Soberana del cielo y de la tierra, he aquí que todo está sometido a la Virgen en el dominio de Dios; he aquí que todo se someta a Dios por el dominio de la Virgen. Si esto dicen San Anselmo, San Bernardo, San Bernardino y San Buenaventura, ¿no tiene Ella tantos súbditos y esclavos como criaturas hay? ¿Y no es razonable que entre tantos esclavos de temor los haya de amor, hombres que de todo corazón hayan elegido a María por Reina y Soberana en calidad de esclavos? ¿Pues qué? ¿los hombres y los demonios han de tener esclavos voluntarios, y no los ha de tener María? Tendrá un rey a grande honra que la reina, su compañera, tenga esclavos con derecho de vida y de muerte sobre ellos, porque la honra y el poder de él es la honra y el poder de ella; ¿y puede creerse que Nuestro Señor, que, como el mejor de todos los hijos, ha partido todo su poder con su Santísima Madre, encuentre mal que María tenga esclavos? ¿Cabe que tenga El menos respeto y amor para con su Madre, que Asuero le tenía para su Ester, y Salomón para Bethsabé? ¿Quién osará decirlo ni siquiera pensarlo?
77. Pero, ¿adonde me lleva la pluma? ¿Por qué detenerme en probar cosa tan visible? Si no se quisiera aplicar la frase de esclavo de la Virgen Santa ¿qué importa? Que lo sea y llámese esclavo de Jesucristo, pues eso será serlo de la Santa Virgen, toda vez que Jesús es el fruto y la gloria de María. Precisamente eso es lo que se hace por la devoción de que después hablaremos.
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