Etiquetas
Libro Segundo
EXHORTACIÓN A LA VIDA INTERIOR
Capítulo 5
De la consideración de sí mismo
1. No debemos confiar de nosotros grandes cosas, porque muchas veces nos falta la gracia y la discreción.
«Poca luz hay» en nosotros (Jn 12,35), y esta presto la perdemos por nuestra negligencia.
Y muchas veces no sentimos cuán ciegos estamos en el alma.
Muchas veces obramos mal, y lo excusamos peor.
A veces nos mueve la pasión, y pensamos que es celo.
Reprendemos en los otros las cosas pequeñas, y tragamos las graves si son nuestras.
Muy presto sentimos y agravamos lo que de otros sufrimos, mas no miramos cuanto molestamos a los otros.
El que bien y rectamente examinare sus obras, no tendrá que juzgar gravemente las ajenas.
2. El hombre recogido antepone el cuidado de sí mismo a todos los cuidados; y el que tiene verdadero cuidado en sí, poco habla de los otros.
Nunca estarás recogido y devoto si no callares las cosas ajenas y especialmente mirares a ti mismo.
Si del todo te ocupas en Dios y en ti, poco te moverá lo que sientes de fuera.
¿Dónde estás cuando no estás contigo?
Y después de haber discurrido por todas las cosas, ¿qué has ganado si de ti te olvidaste?
Si deseas tener paz y unión verdadera, conviene que todo lo pospongas, y tengas a ti sólo delante de tus ojos.
3. Mucho aprovecharás si te guardas libre de todo cuidado temporal.
Muy menguado serás si alguna cosa temporal estimares.
No te parezca cosa alguna alta, ni grande, ni acepta, ni agradable, sino puramente Dios o lo que sea de Dios.
Ten por vana cualquier consolación que te viniere de alguna criatura.
El alma que ama a Dios, desprecia todas las cosas debajo de Dios.
Sólo Dios eterno e inmenso, que todo lo llena, es gozo del alma y alegría verdadera del corazón.
Pingback: Artículos de la Semana (26/06/2013) | Blog del P. Manuel Martínez Cano