En esta breve frase «varón justo» con la que el Evangelio llama a San José, se encierra un gran panegírico, por cuanto en el lenguaje bíblico la palabra «justo» indica compendio de todas las virtudes. Justicia, en la Biblia, no es sólo una virtud que consiste en dar a cada uno lo que es suyo, sino que equivale a santidad, y la santidad no es otra cosa que el conjunto de virtudes, y San José las practicó todas.

En el Antiguo Testamento, especialmente en los salmos, se hacen a cada paso elogios del hombre justo. Este pone sus delicias en la ley del Señor. Es el que cree y medita la palabra de Dios; es como un árbol fértil y vigoroso que crece al lado de la corriente (Sal. 1), el que obra el bien y se aparta del mal (Sal. 36), el que practica la rectitud y la sinceridad y odia la mentira, y es de corazón puro e irreprensible. La memoria del hombre justo será eternamente celebrada (Sal. 111). Se alegrará en el Señor y en El esperará» (Sal. 63, 11)…

San José fue verdaderamente «varón justo», o sea, santo.

San Alfonso María de Ligorio comenta: «El Evangelio atribuye a José el nombre de Justo (Mt. 1,19). ¿Qué nos viene a significar lo de hombre justo? Significa, dice San Pedro Crisólogo, un hombre perfecto, que posee todo género de virtudes. En efecto, José era ya santo antes de los desposorios; acrecentóse, sin embargo, señaladamente su santidad después de verificados aquellos con la Virgen Santísima, cuyo ejemplo sólo hubiera sido suficiente para santificarle».