Contracorriente

~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

Contracorriente

Archivos diarios: 3 septiembre, 2013

Página para Meditar: Getsemaní

03 martes Sep 2013

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Getsemaní, Paray le Monial, salvador, santificación de las almas, sufrimientos del corazón de Jesús, tibidabo, torrente cederrón

Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 182, marzo de 1994

Es una suave pendiente la que nos lleva a cruzar el torrente Cederrón. En la ladera frontera, levantan sus ramas venerables ocho olivos. Estamos en Getsemaní, el lagar de aceite, donde fue aprisionado el Corazón de nuestro Salvador.

Los olivos que permanecen son los testigos de la noche trágica de los sufrimientos del Corazón de palba2Jesús. La gran piedra sobre la que se extendió en su oración y en la que apoyó su regia frente, está bajo la bóveda de la Basílica. Sobre esa piedra gravitaron todos mis pecados, todos los pecados de los hombres, toda la inmensa marea de la maldad humana, desde el primero hasta el último de los hombres, que venía a caer sobre el corazón de Jesús. Aquí pronunció el Señor las palabras de su oración de agonía: “ Padre, aparta de mí este cáliz.” Son las tres horas de mayor sufrimiento de nuestro Señor Jesucristo. Las tres horas más dolorosas de su vida mortal. Las tres horas del padecimiento infinito del Corazón de Jesús que recibe en sí, además, todos los sufrimientos de toda la Humanidad redimida. Sigue leyendo →

Libertad y Eternidad

03 martes Sep 2013

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concilio vaticano II, eternidad, libertad, maría

El diccionario de la Lengua Española nos dice que “libertad es la facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos”. Acciones que pueden ser buenas o malas, según estén o no, conformes con la ley moral. La libertad no es arbitrariedad o libertinaje. La libertad no es para pensar y hacer lo que uno quiera. La libertad está supeditada a la verdad y el bien.

Dios ha manifestado en su Revelación divina, que quiere que todos los hombres se salven; el Señor respeta siempre la libertad que le ha dado a las personas y los que quieran, en su soberbia, usar mal de su libertad pecando se condenarán, porque Dios, en su justicia divina no puede perdonar al pecador que libremente no quiere arrepentirse de sus pecados.

Los que mueran en pecado mortal, sin acogerse al amor misericordioso de Dios Padre, permanecerán eternamente separados de Dios para siempre por su propia y libre elección: “Según la común ordenación de Dios, las almas de los que mueren en pecado mortal, inmediatamente después de la muerte, bajan al infierno, donde son atormentados con suplicios infernales” (Constitución Dogmática Benedictus Deus)

Dios no predestina a nadie al infierno. Para condenarse eternamente es necesaria una aversión voluntaria a Dios, cometiendo pecados mortales, y persistiendo en ellos hasta la hora de la muerte. La doctrina de la Sagrada Escritura y las enseñanzas de la Iglesia, sobre el infierno, son un llamamiento a la responsabilidad con la que el hombre debe usar su libertad en relación con su destino eterno. Nuestro Señor Jesucristo nos dice: “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición; y son muchos los que entran por ella; más ¡qué estrecha es la puerta y que angosto el camino que lleva a la vida; y pocos son los que la encuentran” (Mt.7, 13-14)

Nadie puede dudar de la infinita misericordia de nuestro Dios y Señor, que se entregó y murió por nosotros en la cruz, para que gozáramos eternamente con El en el cielo, pero tampoco los hombres deben usar su libertad para ofender a Dios pecando. Quien desconfía de la infinita misericordia de Jesús que ha muerto por nosotros en la cruz, se cierra a sí mismo la única puerta que hay de salvación eterna.

El Concilio Vaticano ll nos recuerda que “como no sabemos ni el día ni la hora, es necesario, según el consejo del Señor, estar continuamente en vela. Así terminada la única carrera que es nuestra vida en la tierra, mereceremos entrar con El en la boda y ser contados entre los santos y no nos mandará ir, como siervos malos y perezosos, al fuego eterno, a las tinieblas exteriores, donde habrá llanto y rechinar de dientes”

María, madre mía amantísima ¡llévanos contigo al Cielo!

 

P. Manuel Martínez Cano mCR

El Rey Eternal

03 martes Sep 2013

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amor carnal, amor desordenado, bienestar corporal, Cristo Rey, Manuel Martínez Cano, P.Cano, rey, Rey Eternal, san ignacio, slaud

La segunda parte de la meditación “del rey temporal ayuda a contemplar la vida del rey eternal… consiste, en aplicar el sobredicho ejemplo del rey temporal, a Cristo nuestro Señor, conforme a los punto dichos”

Y en cuanto al primer punto, Si tal vocación consideramos del rey temporal a sus súbditos, cuánto es más digna de consideración ver a Cristo nuestro Señor, rey eterno, y delante de Él todo el universo mundo, al cual y a cada uno llama y dice: “ mi voluntad es de conquistar todo el mundo y todos los enemigos, y así entrar en la gloria de mi Padre; por tanto, quien quisiere venir conmigo, ha de trabajar conmigo, porque siguiéndome en la pena, también me siga en la gloria.

En la primera parte de la meditación, San Ignacio dice que todos los buenos súbditos debían de seguirle, con cuánta más razón debemos seguir a este Rey eterno que nos llama a la empresa más excelente: la santificación propia y la salvación de las almas. El salmo 2,8 dice: “te daré como herencia las gentes todas y como posesión los confines de la tierra” y nuestro Rey y Señor, Jesucristo, afirma: “Me ha sido dado Todo poder en el cielo y en la tierra”. San Juan dice que Cristo: “seducía a las turbas”. Sigamos también nosotros a Cristo Rey.

Cristo Rey nos dice hoy: “Mi voluntad es de conquistar todo el mundo y todos los enemigos y así entrar en la gloria del Padre”. Sí, porque Dios Padre: “quiere que todos los hombres se salven y vengan  al conocimiento de la verdad” (1 Tim 2,4). Para ser fieles a Cristo, debemos “ser perfectos como vuestro Padre es perfecto” (Mt. 5,8). Cristo nos llama al vencimiento propio, a la conquista de uno mismo, a la santidad. Debemos, pues, luchar contra el mundo, el demonio y nuestra propia carne. La empresa a que nos llama el Rey eternal no puede ser más noble y trascendental: la eterna felicidad en el cielo y el Reinado Social de Cristo en la tierra “venid conmigo”, nos dice nuestro Rey y Señor. Si vamos solos a conquistar el mundo, no haremos nada; pero con Cristo lo podemos todo. Él venció primero a sus enemigos con su muerte y resurrección ¡con Cristo seremos santos y salvaremos muchas almas! “Trabajar conmigo! Nos dice. Si, con su gracia, todo lo podemos, como san Pablo y todos los santos. “prometiste reinar en España, fiel promesa que tú cumplirás”. Sí, aunque nosotros en el combate muramos mártires ¡Cristo triunfará!

El segundo punto es: “considerar que todos los que tuvieren juicio y razón ofrecerán todas sus personas al trabajo”

¿He procedido siempre en mi vida sobrenatural con sentido común? ¡Me ha movido el juicio y la razón o la pasión desordenada? De hoy en adelante ofreceré toda mi persona al trabajo de mi santificación y la salvación de las almas. San Juan de Ávila nos dice: “No huyáis de la guerra, que sin falta veréis venir sobre vosotros el socorro del cielo. No os espanten los muchos enemigos que tenéis, más consuelos da un solo amigo que os ama que todos los enemigos os aborrecen y Él sólo puede más que todos juntos.

Los que tienen algo más que juicio y razón se entregarán en cuerpo y alma al apostolado. Si Cristo hubiera sido mezquino con nosotros ¿qué sería de nosotros? Fuera mezquindad, a Cristo hemos de darle todo, toda la vida. Cuanto mayor entusiasmo tengamos al divino llamamiento, más frutos de santidad y gloria de Dios daremos. No se trata de resistir a los enemigos del alma y de la Iglesia, sino de  combatirlos “agere de contra”, nos dice san Ignacio. El santo vivía “deseando más morir con Cristo que vivir con otro”.

Los sordos que no quieren oír el llamamiento del Rey eternal a la santidad y a la salvación de las almas, son unos locos, porque ponen en peligro su propia salvación y no quieren colaborar con Cristo para establecer su Reinado Social en la tierra.

El tercer punto es: Los que más se querrán afectar y señalar en todo servicio de su rey eterno y Señor universal, no solamente ofrecerán sus personas al trabajo, más aun haciendo contra su propia sensualidad y contra su amor carnal y mundano, harán oblaciones de mayor estima y mayor momento, diciendo…

San Ignacio nos dice que el verdadero soldado de Cristo debe ejercitarse “contra su propia sensualidad, y contra su amor carnal y mundano”. La propia sensualidad es nuestra desordenada inclinación al placer de los sentidos exteriores o interiores. A la libertad en cosas no prohibidas en el uso de la vista, el oído, el tacto; el juicio temerario, la imaginación deshonesta.

El amor carnal es buscar la comodidad del cuerpo; especialmente el amor desordenado a la salud, buscando siempre el bienestar corporal, huyendo de todo esfuerzo; que no soporta las molestias del hambre y la sed, el frio o el calor. También se ha de purificar el amor a los parientes y amigos, cuando no es puramente espiritual.

El amor mundano que hemos de combatir es el amor o lo que el mundo ama: riquezas, honores, vanagloria, lujo, diversiones… Amor mundano que siente vivamente las humillaciones, las injurias, los desprecios: “¡que cuesta! – ya lo sé. Pero ¡adelante!: “nadie será premiado –y ¡qué premio! – sino el que padece con bravura.” (San José María Escrivá)

“Pues tenemos Rey poderoso y tan gran Señor que todo lo puede y a todos sujeta, no hay que temer, andando… en verdad delante de su Majestad, no hay quien sea contra nosotros” (Santa Teresa de Jesús).

San  Ignacio termina la meditación, diciendo que los que le siguen han de hacer “oblaciones de mayor estima y mayor momento, diciendo: Eterno Señor de todas las cosas, yo hago mi oblación, con vuestro favor y ayuda, delante vuestra infinita bondad, y delante vuestra Madre gloriosa, y de todos los santos y santas de la corte celestial, que yo quiero y deseo y es mi determinación deliberada, sólo que sea vuestro mayor servicio y alabanza, de imitaros en pasar todas injurias y todo vituperio y toda pobreza, así actual como espiritual, queriéndome vuestra santísima majestad elegir y recibir en tal vida y estado.

Esta entrega a Cristo Rey consiste, además del trabajo personal en la propia santificación y en el apostolado, la entrega de los bienes de fortuna y la propia honra. El Concilio Vaticano ll dice: “todos los fieles, de cualquier estado o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad, santidad con la cual, en la sociedad terrena, se promueve un modo de vivir más humano” (Lumen gentium, 40,2) y en el decreto Apostolicam actuositatem, el concilio nos dice: “Siendo Cristo, enviado por el Padre, fuente y origen de todo apostolado de la Iglesia, es evidente que la fecundidad del apostolado de los seglares depende de su unión vital con Cristo, porque dice el Señor: “El que permanece en Mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque sin Mí nada podéis hacer” (Jn 15,5; AA, 4,1)

El fin de la contemplación del Rey eternal es “hacernos prestos y diligentes para cumplir la divina voluntad” (San Ignacio)

P. Manuel Martínez Cano mCR

Mi frustrado aborto

03 martes Sep 2013

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aborto, frustrado, misericordia de Dios

Apreciado P. Manuel Martínez Cano mCR:

Un buen amigo, me ha dado la dirección de su blog Contracorriente. Le felicito de corazón por todo lo que publica sobre la guerra de España, Franco, la democracia, los Ejercicios Espirituales, el aborto, etc. He sentido la necesidad de escribirle, explicando mi frustrado aborto. Nunca he escrito en un medio de comunicación, pero he pensado que puedo hacer bien a tantas personas desorientadas que andan por este mundo de Dios.

Esta historia es totalmente verdadera es la historia de mi vida, la historia de mi experiencia.  Supongo que vosotros, alguna vez, habéis hecho hucha para hacer un viaje esperado o para un simple capricho. Mi viaje era el de mi vida y, el dinero era el que estaba intentando ahorrar mi madre, para ella emprender un viaje sin mí y privarme de mi vida. Pero la providencia hizo que mi madre jamás pudiera llegar a reunir el dinero suficiente para abortar, siempre sucedía alguna cosa, algún imprevisto o algo que hacía que no pudiera llegar a tener el dinero para abortarme. Mi madre tenía ya otro hijo.

No conozco a mi padre. Mi hermano y yo somos de padres distintos pero de la misma madre; mi madre no podía sustentarnos y nos dio en adopción. Aquí empezó la misericordia de Dios con nosotros. Porque, niños no deseados, nacieron y fueron a parar a una casa donde aprendieron valores, éticos y morales. Crecimos en la típica familia de la España de antes: familia trabajadora, honrada y con principios y fundamentos católicos en la educación.

Yo crecía sabiendo que era adoptado, pero queriendo a mis padres más que si me hubiesen dado la vida; con mucho respeto y admiración por tratarnos y educarnos mejor que cualquier padre. Tuve una educación cristiana pero como se dice vulgarmente: “Católicos no practicantes”; íbamos a Misa cada muchos domingos y se me enseñaron las típicas oraciones del “Jesusito de mi vida”, el ángel de la guarda y poquito más. Pero de eso el Señor se sirvió para  ir dando fruto a esa siembra. Mi conversión, llegó a los 24 años; al poco tiempo el Señor puso a mi lado a una mujer fantástica, hoy día mi esposa, con la que tengo una niña de 4 añitos, un regalo de Dios.

Un día, revolviendo papeles, cayeron en mis manos los documentos de mi adopción; mi reacción fue entenderlo como una señal de la providencia. Con mucha fe y esperanza empecé mi búsqueda, llame a policía, a registro, tenía el hospital, pero me decían que esos datos no se pueden encontrar y, si se encontraran, no se podían dar. Dios sabrá, pensé, hasta que se me ocurrió abusar de la confianza de una persona y preguntarle si se podía hacer algo. Y esa persona me dijo que lo intentaría. Al día siguiente, recibí un mensaje diciéndome que tenía algo, eran 3 o 4 direcciones de mi madre, y empecé a dudar de encontrarla. Esa misma tarde me presenté en la última dirección, donde supuestamente había vivido mi madre; llamé al interfono, pero nadie me abrió, insistí, pero nada. Mi esposa me esperaba en el coche con mi hija y me decidí a subir a la puerta del piso. Me abrió una vecina y llame al timbre de la puerta. Una voz me preguntó, ¿quién es? Y yo dije sin titubear mi nombre y mi año de nacimiento. Empecé a escuchar lloros y más lloros. Me dijo: espera, espera, ahora te abro. Entré  y me abrazo, yo no sentí nada, era algo surrealista; ella estaba emocionadísima y yo tan frio.

Charlamos durante un rato, subió mi mujer y mi hija le presenté a mi amada familia; le di testimonio de mi fe, ella no podía creerlo. Padecía una enfermedad, cobraba una pensión y no podía trabajar con solo 50 años. Tenía problemas psicológicos y físicos bastante graves. A los días hablé con ella, y me dijo que era un milagro, que ella siempre me había esperado y me contó todos los detalles que arriba he escrito sobre la intención de abortar, y que nos dio en adopción, porque ella no creía que tuviéramos una vida digna con ella, por falta de recursos económicos.

Hubo un tiempo que mi cabeza daba vueltas, perdonaba, pero no olvidaba; entendía pero no comprendía; escuchaba pero no asimilaba; hasta que llegué a la determinación de no entender, ni justificar su actuación, pero tampoco condenarla y sí perdonarla.

A día de hoy mi posición como católico es firme contra el aborto. Mi madre me quiso abortar, pero ahora estoy escribiendo estas líneas; tengo mi familia que me quiere, tengo a mi Dios, tengo la esperanza de vivir en esta tierra, para un día ir al Cielo ¡¡¡Dios mío!!!! Y pensar que la decisión de una persona hubiese cambiado, todo, no hubiese vivido ni amado la vida como la amo.

Hoy he escrito a mi madre y le he dicho: “Yo te he perdonado, DIOS te ha perdonado, solo falta que te perdones tu, el perdón te hará libre, una libertad eterna. Espero que hayas ido a alguna iglesia a rezar. En verdad mi mayor ilusión seria que hablaras con algún sacerdote que te ayudara”.

Ella me ha dicho: “estoy rota, destrozada”. Tiene las marcas de una operación que le hicieron estando yo en su vientre.  Y la de un parto muy difícil. Ella le llama “tu recuerdo, el de mi hijo” y ella me dijo: “tenías todos los números para no nacer, por tres motivos: La intención de aborto, una operación complicada durante el embarazo, y un parto complicadísimo”. Mi madre está muy mal psicológicamente; doy fe, de que el aborto, destroza a una mujer por entero. Ella tiene que acudir al psiquiatra con frecuencia. Por eso le pido a Dios que la sostenga en su misericordia.

Que la mujer que quiera abortar, piense en el derecho a nacer del hijo que vive en su vientre. Es inconcebible y monstruoso matar a otra persona, aunque el Estado permita que legalmente pueda hacerse. Pensemos en los principios humanos, en la lógica humana, ningún animal mata a su propio hijo. Nosotros no somos animales, somos personas. Razonemos y meditemos con el corazón en la mano, quedémonos en silencio, sin música, ni televisión, pensemos también con el corazón. En este mundo no soporta el silencio, se evade; tiene miedo de encontrarse con Dios y quedarse a solas con El en esos momentos y tener que cambiar de vida. La libertad de una persona no se puede justificar haciendo el mal a otra, bajo ningún concepto. La libertad está en el amar a los demás, en respetar y en defender a los más débiles e indefensos.

¡No más leyes injustas, antihumanas y salvajes! A Hitler, lo tenemos como loco, mataba a los niños que no eran de raza aria y a los “defectuosos” Hitler fue un asesino. ¿Qué diferencia hay con la madre que deja asesinar a su propio hijo? ¡Que es su madre!

No se dejen arrastrar por opiniones o modas, ideologías o por la imposición de criterios y políticos aberrantes. PIENSEN POR USTEDES MISMOS, DECIDAN POR USTEDES MISMOS. Todos vamos a ser juzgados por Dios. Y hay una vida de eterna felicidad y otra de eterno sufrimiento.

 

Moisés Inocente Vivo

Vida de San José XI: Paternidad de san José respecto de Jesús

03 martes Sep 2013

Posted by manuelmartinezcano in Uncategorized

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jesús, San José

Si María y José se unieron bajo un mismo techo por vocación de Dios, esa unión no tuvo otro fin que preparar el hogar a Jesús, al Salvador del mundo, cumpliéndose así el fin principal de todo matrimonio. En consecuencia: María y José son verdaderos esposos, porque así lo testifica el evangelista al llamar a José el esposo justo de María (Mt. 1,19), y lo confirmó un ángel al disipar las dudas del atormentado esposo: «No temas recibir en tu casa a María, tu mujer». (Mt. 1,20), y también lo publicó la misma Virgen al hablar a Jesús entre los doctores: «Tu padre y yo, apenados, andábamos buscándote…» (Le. 2,48)… Ninguna razón tenía para llamar a José padre de Jesús, sino ser su legitimo esposo…

 

Paternidad de San José respecto de Jesús

La Sagrada Escritura afirma expresamente la paternidad de San José, pues en varias ocasiones llama a San José padre de Jesús como a María Madre, Así en el Evangelio de San Lucas leemos referente a la presentación de Jesús en el templo; «Y al entrar los padres con el niño Jesús…» (2.27). Siguiendo a la profecía de Simeón, añade: «Su padre y su madre estaban maravillados de las cosas que se decían de Él (2,33). Más adelante dice: «Sus padres iban cada año a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Y cuando era ya de doce años, al subir sus padres, etc. (2, 41-43). Además hallamos el testimonio de la Virgen, antes citado, cuando dijo al niño: «Mira que tu padre y yo, apenados, te buscábamos» (2,48)…

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