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~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

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Archivos diarios: 12 septiembre, 2013

Catecismo Social XXX: Educación, Enseñanza y Liberalismo III

12 jueves Sep 2013

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catecismo social, chicago, Divino Maestro, educación, enseñanza, liberalismo, naciones

17 -No parece éste el criterio de las naciones más progresivas

Si nos referimos a los Estados Unidos, es verdad que allí se preconiza la coeducación. Pero, el fracaso es sensacional. La conocida etnóloga y antropóloga Margaret Mead, en su libro «Hombre y mujer», refiriéndose a la experiencia americana, afirma: «Cada vez se deshacen en fecha más temprana los vínculos de amistad que unían a los adolescentes del mismo sexo, para sustituirlos por las dates, que comienzan antes de la pubertad. En una edad en que los muchachos, según los datos comparativos que poseemos, se encuentran todavía incapacitados para ello, los vemos ya metidos en una vida en la que tratan de imitar el comportamiento sexual de los mayores … Con los juegos eróticos del petting y del Necking, iniciados desde las clases de séptima y sexta de la escuela, ponemos a nuestros chicos en situaciones francamente intolerables y clamamos al cielo cuando se produce lo que es moralmente inevitable » (páginas 202 y 207).

 

18 -No obstante, se persevera en la coeducación.

Sí, se persevera en los Estados Unidos y en muchos países inclinados en la pendiente de la descristianización programada. Pero, prácticamente, no sirve. En Rusia, por una ley del 25 de agosto de 1943, se abolió la coeducación implantada allí por el comunismo en 1917. Las razones soviéticas de la supresión coeducativa, no se basan en motivos religiosos, sino eminentemente prácticos. Un profesor de la Universidad de Chicago, W. C. Bagley, en la revista «School and Isociety», escribe comentando la medida soviética sobre este aspecto, comparada con la americana: «La educación americana se gloría de adoptar frente a sus problemas una actitud netamente científica. La política americana de la educación durante la adolescencia, ¿no tendría necesidad urgente de una seria revisión? Lo cierto es que la sabiduría de esa política coeducativa no se ha fundado nunca entre nosotros en la menor investigación científica» (página 152). En realidad la coeducación tiene el inconveniente insalvable señalado por el pedagogo protestante Foerster, en su obra «Temas capitales de la educación», publicado en 1960. Dice así: «Desde el punto de vista de un influjo beneficioso de los dos sexos entre sí, no nos parece deseable la familiaridad juvenil que se desarrolla en una atmósfera coeducativa. Creemos también que el creciente número de divorcios y de matrimonios mal avenidos, se explica, en gran parte, como una consecuencia de esa camaradería originada por la escuela mixta, que destruye el verdadero sentido del amor al nivelar artificial mente ambos sexos, pues la mujer deja de responder con un amor superior al egoísmo y a la rudeza del hombre y trata de pagarle con la misma moneda». (página 48).

 

19 -En definitiva, ¿qué dice la Iglesia sobre la coeducación?

Estas son las palabras de Pío XI, en la «Divini illius Magistri»: «Igualmente erróneo y pernicioso a la educación cristiana es el método llamado de la coeducación, y también fundado, según muchos, en el naturalismo negador del pecado original y además, según todos los sostenedores de este método, en una deplorable confusión de ideas que trueca la legítima sociedad humana en una promiscuidad e igualdad niveladora. El Creador ha ordenado y dispuesto la convivencia perfecta de los sexos solamente en la unidad del matrimonio, y gradualmente separada en la familia y en la sociedad. Además, no hay en la naturaleza misma, que los hace diversos en el organismo, en las inclinaciones, en las aptitudes, ningún motivo para que pueda o deba haber promiscuidad y mucho menos igualdad de formación para ambos sexos. Estos, conforme a los admirables designios del Creador, están destinados a completarse recíprocamente en la familia y en la sociedad, precisamente por su diversidad; la cual, por lo mismo, debe mantenerse y fomentarse en la formación educativa con la necesaria distinción y correspondiente separación, proporcionada a las varias edades y circunstancias. Principios que han de ser aplicados a su tiempo y lugar, según las normas de la prudencia cristiana, en todas las escuelas, particularmente en el período más delicado y decisivo de la formación, cual es el de la adolescencia; y en los ejercicios gimnásticos y de deporte, con particular atención a la modestia cristiana en la juventud femenina, de la que gravemente desdice cualquier exhibición y publicidad. Recordando las tremendas palabras del Divino Maestro: ¡Ay del mundo por razón de los escándalos!, estimulamos vivamente vuestra solicitud y vigilancia, venerables hermanos, sobre estos perniciosos errores que con sobrada difusión van extendiéndose entre el pueblo cristiano, con inmenso daño de la juventud». Y esta doctrina es la misma que la Iglesia mantiene después del Concilio Vaticano II, como lo demuestra la Instrucción de la Sagrada Congregación para los Religiosos, del 8 de diciembre de 1957, las palabras de Juan XXIII, en el trigésimo aniversario de la «Divini illius Magistri» (A.A.S. 1960, páginas 57-59), y el documento «Perspectiva \::ristiana del amor y la sexualidad», de los obispos de la Provincia Eclesiástica Tarraconense.

 

 

Para la Historia XXX: Respuesta de los Obispos Norteamericanos a la Carta Colectiva del Episcopado Español

12 jueves Sep 2013

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18 de Noviembre de 1937, Américas, arzobispo de Filadelfia, Cardenal Arzobispo de Toledo, Cardenal Dougherty, carta pastoral, Estados Unidos, Isidro, Miguel Walsh, norteamericanos, Obispo de Charleston, obispos, Primado de España, Secretario

 

Carta del episcopado norteamericano a los obispos españoles

Eminentísimo Sr. D. Isidro, Cardenal Arzobispo de Toledo y Primado de España.

Con profunda emoción hemos leído la Carta Pastoral dirigida en vuestra hora de aflicción a vuestros Hermanos los Obispos del mundo católico. Habéis hecho tan cortés e inapreciable servicio para damos a conocer el verdadero estado en que se encuentra la Religión en España.

Acerba ha sido nuestra tristeza, porque no podíamos menos de darnos cuenta de los horribles sufrimientos a que ha sido sometida la venerable Iglesia española, acreedora en justicia a la profunda gratitud del mundo por su contribución a todo cuanto se resume y cifra en estas palabras: “Cultura cristiana”. En medio de los grandes conflictos, tanto políticos como económicos, que se han suscitado, habéis sido calumniados ante el mundo entero como si, olvidándoos de vuestras sagradas tradiciones y brillante ejecutoria, hubieseis descuidado la triste y desgraciada condición social del campesino y del obrero. Una propaganda artera, usada maliciosamente por aquellos que fomentan el ateísmo y el caos, ha oscurecido la realidad de los hechos que han tenido lugar en la vida contemporánea de la Iglesia de España. Esa propaganda ha tratado de hacer que prevalezca la idea, de que ha dejado de representar el verdadero sentir del pueblo español. Han sido violados los derechos humanos, y la Iglesia de España ha sido atrozmente perseguida, no precisamente porque hubiese olvidado los derechos del humilde y del débil, sino más bien porque esa misma Iglesia, a costa de su sangre generosa de mártir, tuvo el valor de dar testimonio de los principios cristianos de un gran pueblo. Trágicos son los hechos verdaderos de la persecución religiosa en España, llevada a cabo por ciertos hombres que han pretendido presentarse ante los ojos del mundo bajo la capa de defensores de los derechos humanos. Nos decís que diez Obispos, que miles de sacerdotes y religiosos y decenas de millares de fieles católicos han sido asesinados, no pocas veces con crueldad execrable, por haberse mostrado infatigables enseñando al mundo la obra divina del Evangelio. Vuestras palabras nos han causado profundo horror, porque aceptamos como axioma la libertad de conciencia y de palabra.

La irreligión y el ateísmo, bajo cualquier capa que se presenten, son cosas con las que los Obispos no pueden contemporizar. Lamentable por cierto el hecho de que muchos hombres honrados y de recto pensar hayan sido víctimas de noticias altamente tendenciosas, que, desfigurando la verdad completamente en todo lo concerniente a la Iglesia de España, han sido esparcidas profusamente por todo el mundo. Pero es peor todavía el ver que unos jefes cristianos, tal vez inconscientemente, se hayan tomado ¡la libertad de apadrinar ciertos principios, que, aceptados en toda su amplitud, destruirían hasta los últimos vestigios de la civilización occidental.

Habéis hablado claramente, como seguidores que sois del Príncipe de la Paz, haciéndoos por ello acreedores a nuestra gratitud. Nos es grato sobremanera el ver que vuestras palabras muestran un realismo que en modo alguno desdice de aquel altísimo ideal que a través de las edades ha sido la característica relevante de la Iglesia de España. En ninguna parte de vuestra tan oportuna Pastoral puede hombre alguno, que por honrado se tenga, ver que hayáis defendido ninguna doctrina social que rehúse reconocer los problemas palpitantes de nuestros tiempos. De su atenta lectura claramente se desprende para nosotros la convicción de que los católicos españoles, con tenaz esfuerzo, con intrepidez propia de cruzados, tratan de fomentar y convertir en hermosa realidad los principios sociales de las Encíclicas de nuestro Santo Padre.

Como Jerarquía que somos dentro de una gran democracia, siempre alerta para defender y salvaguardar para todos los hombres los principios fundamentales de nuestra Constitución americana, sabemos, por experiencia propia, las tremendas dificultades que hoy afrontáis ante el tribunal de la opinión pública de todo el mundo. A nadie cedemos el honor de una sincera y más leal adhesión a los grandes principios democráticos, sobre los cuales descansa y está fundado nuestro gobierno. Estos principios son fundamentalmente resultado de la recta razón y están en todo acordes con las enseñanzas cristianas. Sabemos muy bien que Vuestras Eminencias y Excelencias, al lado de vuestro clero verdaderamente admirable y de vuestros religiosos y fieles, estáis trabajando con desinterés, que arrebata tras sí la admiración y el cariño de todo hombre bien informado por inculcar los principios de Justicia Social y de la Caridad cristiana, tan clara y explícitamente enunciados en las Encíclicas de nuestros Santo Padre. Queremos haceros saber que en este vuestro empeño, a nosotros, al igual que a todos los Obispos del mundo católico, nos tenéis a vuestro lado, y os damos las más rendidas gracias por vuestro claro, reposado y digno informe acerca del estado de la Iglesia de España. Sin dejar vuestro campo de acción, como Pastores del rebaño encomendado a vuestro cuidado y vigilancia, habéis hecho un gran servicio con vuestra Carta Pastoral. La verdadera concisión de su estructura y la relación clarísima de los sucesos, hecha por testigos irrecusables, desmienten categóricamente las afirmaciones de los propagandistas de sistemas ateos, y deberían obligar a todo hombre de recto sentir a apreciar vuestra labor en pro de la Humanidad, reconociendo al mismo tiempo vuestro valor y determinación.

Nosotros, por nuestra parte, os ofrecemos nuestra sincera condolencia y os aseguramos que vuestras tribulaciones han llegado a lo más íntimo de nuestros corazones. Diariamente, en unión con nuestros sacerdotes, religiosos y fieles, elevamos al cielo la más fervorosa plegaria para que el pueblo de Reyes Católicos Fernando e Isabel halle la solución adecuada a sus apremiantes problemas, sin abandonar los principios cristianos que fueron la base de toda su grandeza en el pasado. Como americanos, nos liga a vosotros una deuda inmensa de gratitud. En nuestro lejano Sur, Suroeste y Occidente todavía se narra la historia de los heroicos sacerdotes y frailes españoles que llevaron a cabo una obra que es parte integrante de nuestra gloria nacional. Ya en otro tiempo la Jerarquía española ayudó a salvar al mundo occidental de la amenaza del islamismo. Quiera Dios que otra vez más podáis ser el dique infranqueable que contenga la ola de ateísmo, traducida al lenguaje social y disfrazada con habilidad diabólica. Sírvaos de consuelo en vuestras horas de tribulación y amargura el saber que nosotros compartimos vuestros dolores y tristezas. El día se presenta bien oscuro para vosotros, pero a las tinieblas del Calvario en la Historia de la Iglesia ha seguido siempre una risueña alborada de Pascua.

Por los Obispos de los Estados Unidos de América, en su Asamblea anual, Washington, D. C., 18 de noviembre de 1937,

Fraternalmente en Cristo, † D. Cardenal Dougherty, Arzobispo de Filadelfia; † Eminent. Miguel Walsh, Secretario, Obispo de Charleston.

La traducción la enviaron ellos mismos, firmada junto con el original inglés.

Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen XXXV: Motivos para esta consagración III

12 jueves Sep 2013

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consagraciónv, Dios, maría, santísima virgen, virgen

DE LA DEVOCIÓN MÁS EXCELENTE
A LA SANTÍSIMA VIRGEN

Motivos de esta perfecta consagración

180. Si algún crítico que esto lea creyese que hablo aquí con exageración, ¡ay!, es que no me entiende, ya porque es hombre carnal, que no gusta para nada de las cosas del espíritu, ya porque es del mundo, el cual no puede recibir el Espíritu Santo, o ya también porque es orgulloso y crítico, que condena o desprecia todo lo que no entiende. Pero las almas que no han nacido de la sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios y de María, me comprenden y gustan, y para ellas escribo esto (Jn. 14,17; 1,13).

181. Sin embargo, para unos y para otros digo, volviendo al asunto que he interrumpido, que siendo la divina María la más noble y la más generosa de las puras criaturas, jamás se deja vencer en amor y liberalidad, y, como dice un santo devoto por un huevo te da un buey («pour un oeuf, Elle donne un boeuf»); es decir, por poco que se le dé, da Ella en retorno mucho de lo que ha recibido de Dios; y, por consiguiente, si un alma se da a Ella sin reserva, poniendo en Ella toda su confianza sin presunción, trabajando cuanto esté de su parte para adquirir las virtudes y domar sus pasiones, María se da también sin reserva a esta alma.

182. Digan, pues, atrevidamente con San Juan Damasceno, los fieles servidores de la Santísima Virgen: Si confío en Vos, ¡oh Madre de Dios!, seré salvo y defendido por Vos nada temeré; con vuestro auxilio combatiré a mis enemigos y los pondré en fuga, porque ser devoto vuestro es una prenda de salvación que Dios da a los que quiere salvar.

183. De todas las verdades que acabo de consignar respecto de la Santísima Virgen y de sus hijos y servidores, el Espíritu Santo nos ofrece en el libro del Génesis una figura admirable en la historia de Jacob, quien recibió la bendición de su padre Isaac por la diligencia e industria de Rebeca, su madre. Vedla tal como el Espíritu Santo la refiere; por mi parte añadiré luego algunas explicaciones.

184. Habiendo vendido Esaú a Jacob su derecho de primogenitura, Rebeca, madre de ambos hermanos, a quienes Isaac amaba tiernamente, le aseguró esta prerrogativa muchos años después, en virtud de un acto de santa destreza llena de misterio. Sintiéndose ya muy viejo Isaac y deseando bendecir a sus hijos antes de morir, llamó a su hijo Esaú, a quien amaba, y le encargó que fuese a cazar alga que comer para bendecirle en seguida. Rebeca puso inmediatamente en conocimiento de Jacob lo que pasaba, y le ordenó que fuese en busca de dos cabritos del rebaño. Cuando los hubo entregado a su madre, ésta preparó para Isaac un manjar que sabía le gustaba, vistió a Jacob con las ropas de Esaú, que ella guardaba, y cubrió sus manos y su cuello con la piel de los cabritos, a fin de que su padre, que estaba ciego, pudiese, al oír las palabras de Jacob, creer, siquiera por el vello de las manos, que era Esaú.
Isaac, sorprendido con el timbre de aquella voz que le hacía creer que era la de Jacob, le hizo aproximarse, y al tocar el pelo de las pieles con que se había cubierto las manos, dijo que verdaderamente la voz era la de Jacob, pero que las manos eran las de Esaú. Después que comió y sintió, al besar a Jacob, el olor de sus perfumados vestidos, le bendijo y le deseó el rocío del cielo y la fecundidad de la tierra; le hizo señor de sus hermanos, y dio fin a su bendición con estas palabras: «Aquel que te maldijere, sea maldito, y el que te bendiga, sea colmado de bendiciones».
No bien acabó de hablar Isaac, cuando entra Esaú trayendo para comer lo que había cazado, para que su padre le bendijese en seguida. El santo Patriarca se sorprende con increíble asombro, cuando comprendió lo que acababa de pasar; más lejos de retractar lo que había hecho, al contrario, lo confirmó, porque distinguía sensiblemente el dedo de Dios en este proceder. Esaú entonces lanza bramidos, como nota la Sagrada Escritura; acusa de engañador a su hermano, y pregunta a su padre si no tenía más que una bendición; en lo cual era, como advierten los Santos Padres, la imagen de los que, hallando fácil aliar a Dios con el mundo, quieren gozar a la vez los consuelos del cielo y los goces de la tierra. Isaac, enternecido con los gritos de Esaú, lo bendijo, al fin, pero con bendición de la tierra, sujetándolo a su hermano, lo cual hizo concebir a Esaú un odio tan envenedado contra Jacob, que no esperaba más que la muerte de su padre para matarle; y Jacob no hubiera podido evitar la muerte si su amada madre Rebeca no hubiese acudido a su seguridad con la solicitud y los buenos consejos que le dio, y que él aprovechó.

Imitación de Cristo XXXV

12 jueves Sep 2013

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cruz, Imitación de Cristo, XXXV

Capítulo 12 (III)

Del camino real de la santa cruz

11. Cuando llegares a tanto que la aflicción te sea dulce y gustosa por Cristo, piensa entonces que te va bien, porque hallaste el paraíso en la tierra.
Cuando te parece grave el padecer y procuras huirlo, cree que te va mal, y dondequiera que fueres te seguirá la tribulación.

12. Si te dispones para hacer lo que debes, es a saber: sufrir y morir; luego te irá mejor y hallarás paz.
Y aunque fueres arrebatado hasta el tercer cielo con san Pablo, no estarás por eso seguro de no sufrir alguna contrariedad. «Yo -dice Jesús- le mostraré cuántas cosas le convendrá padecer por mi nombre» (He 9,16).
Debes, pues, padecer si quieres amar a Jesús y servirle siempre.

13. ¡Ojalá que fueses digno de padecer algo por el nombre de Jesús! ¡Cuán grande gloria te resultaría! ¡Cuánta alegría a todos los santos de Dios! ¡Cuánta edificación sería para el prójimo!
Porque todos alaban la paciencia, pero pocos quieren padecer.
Con razón debieras sufrir algo de buena gana por Cristo, pues hay muchos que sufren más graves cosas por el mundo.

14. Ten por cierto que te conviene morir viviendo; y cuanto más muere cada uno a sí mismo, tanto más comienza a vivir para Dios.
Ninguno es apto para comprender cosas celestiales si no se humilla a sufrir adversidades por Cristo.
No hay cosa a Dios más acepta, ni para ti en este mundo más saludable, que padecer de buena voluntad por Cristo.
Y si te diesen a escoger, más debieras desear padecer cosas adversas por Cristo que ser recreado con muchas consolaciones, porque así le serías más semejante y más conforme a todos los santos.
No está, pues, nuestro merecimiento ni la perfección de nuestro estado en las muchas suavidades y consuelos, sino más bien en sufrir grandes penalidades y tribulaciones.

15. Porque si alguna cosa fuera mejor y más útil para la salvación de los hombres que el padecer, Cristo lo hubiera declarado con su doctrina y con su ejemplo.
Pues manifiestamente exhorta a sus discípulos, y a todos los que desean seguirle a que lleven la cruz, y dice: «Si alguno quisiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame» (Mt 16,24).
Así que leídas y bien consideradas todas las cosas, sea esta la postrera conclusión: «Que por muchas tribulaciones nos conviene entrar en el reino de Dios» (He 14,21).

 

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