203. 1.º Busca, como Rebeca, las ocasiones favorables para hacerles bien, para engrandecerlos y para enriquecerlos.
Como ve claramente en Dios todos los bienes y los males, las buenas y malas fortunas, las bendiciones y maldiciones de Dios, dispone las cosas de lejos para librar de toda clase de males a sus servidores y colmarlos de toda clase de bienes, de modo que si hay alguna buena fortuna que alcanzar de Dios por la fidelidad de una criatura en algún alto empleo, es seguro que María procurará esta buena fortuna para cualquiera de sus queridos hijos y servidores, y le dará gracia para poseerla con fidelidad. Ella gestiona nuestros negocios, dice un santo.

204. 2.º Les da buenos consejos, como Rebeca a Jacob: Hijo mío, sigue mis consejos (Gen. 27,8). Y entre otros consejos, les inspira que le lleven dos cabritos; es decir, su cuerpo y su alma, y que se los consagren, para aderezar con ellos un manjar que sea agradable a Dios, y que cumplan todo lo que Jesucristo, su Hijo, ha enseñado con sus palabras y ejemplos. Y si no les da por sí misma estos consejos, lo hace por ministerio de los ángeles, los cuales jamás se honran tanto ni experimentan mayor placer que cuando obedecen a algunas de sus órdenes, bajando a la tierra y socorriendo a algún servidor suyo.

205. 3.º Y ¿qué es lo que hace esta bondadosa Madre cuando se le ha llevado y consagrado el cuerpo y el alma y todo cuanto de ellos depende sin excepción de cosa alguna? Lo que hizo en otro tiempo Rebeca con los cabritos que le llevó Jacob: 1.º, los mata, haciéndolos morir a la vida del viejo Adán; 2.º los desuella y despoja de su piel natural, de sus inclinaciones naturales, de su amor propio y propia voluntad y de todo apego a las criaturas; 3.º, los purifica de sus manchas, suciedades y pecados; 4.º, los adereza al gusto de Dios y a su mayor gloria. Y como sólo María es la que conoce perfectamente este gusto divino y esta mayor gloria del Altísimo, sólo Ella es la que, sin engañarse, puede acomodar y aderezar nuestro cuerpo y nuestra alma a este gusto infinitamente exquisito y a esta gloria infinitamente oculta.