Contracorriente

~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

Contracorriente

Archivos mensuales: octubre 2013

Vida de san José XV

03 jueves Oct 2013

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abraham, Cristo, Isaac, matrimonio virginal, misterio de la Encarnacion, padre virginal, San José, textos bíblicos

5.° Padre «virginal». Este es un título que conviene a San José, calificativo verdadero y elevado, porque por su contrato matrimonial fue virginal, y tanto la virginidad de José como la de María estuvieron ordenadas al misterio de la Encarnación.

San José fue padre y fue virgen, y precisamente padre por ser virgen, pues al fijarse Dios en José para que hiciera con Jesús los oficios de padre, sólo lo elige cuando está cierto que ha de ser también el custodio fiel de la virginidad de María.

«Paternidad y virginidad… San José con el Niño Jesús en los brazos y en la mano la azucena de la virginidad, es una expresión exacta de su paternidad virginal».

Sin duda que este título de «padre virginal» es el más exacto y apropiado a San José.

Textos bíblicos aclaratorios

Estos textos nos confirman y ponen de manifiesto cuanto llevamos dicho de San José y de la Virgen María: que eran esposos y ambos vírgenes.

1.° texto: Mt. 1,16: Jacob engendró a José. el esposo de María, de la cual nació Jesús, el llamado Cristo.

Notemos que el Evangelio no dice: José engendró a Jesús, como dijo de los antepasados del Mesías:

Abraham engendró a Isaac; Isaac engendró a Jacob, etc. El Evangelio no dice tampoco: María engendró a Jesús, aunque esto es verdad; sino que dice textualmente: María de la que ha nacido Jesús.

Este lenguaje nos indica: 1.° Que Jesús nació de María, no por virtud natural, sino por virtud sobrenatural, por el poder y la obra de Espíritu Santo (como luego aparece con toda claridad en el siguiente texto).

2.° Que Jesús no ha sido engendrado por José, sino que nació solamente de su Madre, y por consiguiente de una Virgen (o sea de María que permaneciendo virgen, llegó a ser Madre). 3.° Que la Encarnación se ha verificado por medio del Espíritu Santo, que es la causa principal. María fue la causa secundaria, activamente por el consentimiento que dio al ángel, pasivamente dando su sangre para ser materia del cuerpo de Jesucristo.

Catecismo Social XXXIII: Educación, Enseñanza y Liberalismo VII

03 jueves Oct 2013

Posted by manuelmartinezcano in Uncategorized

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condición, conformación cristiana del mundo, cristianos, deber de la educación, derecho a la educación, diferente sexo, dignidad de la persona, Dios Padre, doctrina, doctrina de salvación, edad, educación cristiana, educación moral, educación religiosa, escuela católica, escuelas no católicas, espíritu santo, facultades católicas, fe, formación de la persona humana, formación humana de la juventud, hijos de Dios, ideal, Iglesia, misterio de la salvación, raza, Reinado de Cristo, sacerdotes, Santo COncilio, seglares, tradiciones patrias, universidades católicas, valores naturales, verdadera unidad, vida de cristo

26 -En definitiva, ¿cuál es el ideal de la educación cristiana?

Responderemos con palabras del Concilio en su declaración sobre la educación cristiana de la juventud:

«Todos los hombres, de cualquier raza, condición y edad, en cuanto participantes de la dignidad de la persona, tienen el derecho inalienable a una educación, que responda al propio fin, al propio carácter, al diferente sexo, y que sea conforme a la cultura y a las tradiciones patrias, y, al mismo tiempo, esté abierta a las relaciones fraternas con otros pueblos a fin de fomentar en la tierra la verdadera unidad y la paz. Mas la verdadera educación se propone la formación de la persona humana en orden a su fin último y al bien de las sociedades, de las que el hombre es miembro y en cuyas responsabilidades tomará parte una vez llegado a la adolescencia… Declara igualmente el sagrado Concilio que los niños y los adolescentes tienen derecho a que se les estimule a apreciar con recta conciencia los valores morales y a prestarles su adhesión personal y también a que se les estimule a conocer y amar más a Dios … Todos los cristianos, puesto que por la regeneración por el agua y el Espíritu Santo han sido constituidos nuevas criaturas, y se llaman y son hijos de Dios tienen derecho a la educación cristiana. La cual no persigue solamente la madurez de la persona humana … sino que busca, sobre todo, que los bautizados se hagan más conscientes cada día del don recibido de la fe, mientras son iniciados gradualmente en el conocimiento del misterio de la salvación; aprendan a adorar a Dios Padre en espíritu y en verdad … Ellos, además, conscientes de su vocación, acostúmbranse a dar testimonio de la esperanza que en ellos hay y a ayudar a la conformación cristiana del mundo, mediante la cual los valores naturales contenidos en la consideración integral del hombre redimido por Cristo contribuya al bien de toda la sociedad … El deber de la educación, perteneciente en primer lugar a la familia, necesita de la ayuda de toda la sociedad. Además, pues, de los derechos de los padres y de aquellos a quienes ellos les confían parte en la educación, ciertas obligaciones y derechos corresponden también a la sociedad civil, en cuanto a ella pertenece el disponer todo lo que se requiere para el bien común temporal… Por fin, y por un motivo singular, el deber de la educación corresponde a la Iglesia, no sólo porque debe ser reconocida como sociedad humana capaz de educar, sino, sobre todo, porque tiene el deber de anunciar a todos los hombres el camino de la salvación, de comunicar a los creyentes la vida de Cristo y de ayudarles con atención constante para que puedan lograr la plenitud de esta vida … Consciente, además, la Iglesia del gravísimo deber de procurar cuidadosamente la educación moral y religiosa de todos sus hijos, es necesario que atienda con su afecto particular y con su ayuda a los muchísimos que se educan en escuelas no católicas, ya por medio del testimonio de la vida de los maestros y formadores, ya por la acción apostólica de los condiscípulos, ya, sobre todo, por el ministerio de los sacerdotes y de los seglares que les enseñan la doctrina de la salvación, de una forma acomodada a la edad y a las circunstancias, y les prestan ayuda espiritual con medios oportunos y según la condición de las casas y de los tiempos… La presencia de la Iglesia en la tarea de la enseñanza se manifiesta, sobre todo, por la escuela católica. Ella busca, no en menor grado que las demás escuelas, los fines culturales y la formación humana de la juventud …Así, pues, la escuela católica, a la par que se abre como conviene a las condiciones del progreso actual, educa a sus alumnos para conseguir eficazmente el bien de la ciudad terrestre y los prepara para servir a la difusión del Reino de Dios, a fin de que con el ejercicio de una vida ejemplar y apostólica sean como el fermento salvador de la comunidad humana… El Santo Concilio recomienda con interés que se promuevan Universidades y Facultades católicas convenientemente distribuidas en todas las partes de la tierra, de suerte, sin embargo, que no sobresalgan por su número, sino por el prestigio de la doctrina, y que su acceso esté abierto a los alumnos que ofrezcan mayores esperanzas, aunque de escasa fortuna, sobre todo a los que vienen de naciones recién creadas». (1, 2, 3, 7, 8 y 10). O sea, al afirmar el derecho de todos los hombres a la educación, la Iglesia declara indispensable la enseñanza de las grandes verdades religiosas y morales que ordenan la vida humana. Para los cristianos, una enseñanza que esté presidida por el desarrollo y práctica de la fe y su influencia en la vida social, para el Reinado de Cristo en todos los ambientes, estructuras y personas. También que los no católicos, escolarmente, deben ser catequizados. Reivindica la necesidad de escuelas católicas específicas, así como de Universidades y Facultades, para que los alumnos formados en ellas no se contenten con una piedad privada sino que colaboren eficazmente a la implantación del orden social católico.

Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen XXXVIII (38): Motivos de esta perfecta consagración VI

02 miércoles Oct 2013

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196. Ved también la conducta que usan siempre los predestinados: 1.º Permanecen siempre en casa con su madre, es decir, aman el retiro, se aplican a la oración, siguiendo el ejemplo y estando en la compañía de su Madre, la Virgen, cuya gloria toda está en el interior, y que durante toda su vida amó tanto el retiro y la oración. Verdad es que alguna vez salen al mundo; pero es por obedecer la voluntad de Dios y la de su amada Madre, y para cumplir los deberes de su estado. Por más que exteriormente hagan algunas cosas grandes en apariencia, estiman aún mucho más las que hacen dentro de sí, en compañía de la Santísima Virgen; porque así trabajan en la grande obra de su perfección, en comparación de la cual las demás obras no son más que juegos de niños. Por esto mientras que alguna vez sus hermanos y hermanas trabajan por fuera con mucho empeño, habilidad y éxito, con la alabanza y la aprobación del mundo, ellos conocen por la luz del Espíritu Santo que hay mucha más gloria, bien y gozo en permanecer escondidos en el retiro con Jesucristo su modelo, en una entera y perfecta sumisión a María, que en hacer por sí mismos maravillas en el mundo, como tantos Esaús y tantos réprobos: En su casa, gloria y tesoros (Ps. 111,8): la gloria para Dios y las riquezas para el hombre, se encuentran en la casa de María. ¡Oh, cuán amables son vuestros tabernáculos, Señor y Dios mío! El pajarillo ha hallado una casa para alojarse, y la tórtola un nido para poner sus pequeñuelos. ¡Oh, qué dichoso es el que habita en la casa de María, en la que Vos hicisteis el primero vuestra mansión! En esta morada de predestinados es donde el cristiano recibe su socorro de Vos sólo, y donde habéis Vos dispuesto las subidas y progresos en todas las virtudes para llegar a la perfección en este valle de lagrimas. Cuán queridas tus tiendas, Señor de los valores (Ps. 33,2).

197. 2.º Los predestinados aman tiernamente y honran a la Santísima Virgen como a su buena Madre y Señora. La aman, no sólo con los labios, sino en verdad; la honran, no sólo exteriormente, sino en el fondo de su corazón; evitan, como Jacob, todo lo que le puede desagradar, y practican con fervor todo lo que creen que puede granjearles su benevolencia. Le llevan y le entregan no dos cabritos, como Jacob a Rebeca, sino su cuerpo y alma, con todo lo que de ellos depende, lo cual está figurado por los dos cabritos de Jacob, ¿con qué fin? 1.º Para que Ella los reciba como cosa que le pertenece. 2.º Para que los mate y los haga morir al pecado y a sí mismos, desollándolos y despojándolos de su propia piel y de su amor propio, para, por este medio, agradar a Jesús, su Hijo, el cual no quiere para amigos y discípulos suyos más que a los que están muertos a ellos mismos. 3.º Para que Ella los aderece al gusto del Padre celestial y a su mayor gloria, la cual Ella conoce mejor que ninguna criatura. 4.º Para que, por sus cuidados y por sus intercesiones, este cuerpo y esta alma, bien purificados de toda mancha, bien muertos, bien despojados y bien aderezados, sean un manjar delicado, digno de la boca y de la bendición del Padre celestial. Y ¿no es esto acaso lo que harán las personas predestinadas, que gustarán y practicarán la perfecta consagración a Jesús por las manos de María, que les enseñamos, para testificar a Jesús y a María un amor efectivo e intrépido? Los réprobos dicen muchas veces que aman a Jesús y que aman y honran a María; pero no lo demuestran con sus ofrendas ni llegan a sacrificar el cuerpo con sus sentidos y el alma con sus pasiones, como los predestinados.

 

 

Imitación de Cristo XXXVIII (38): Que las palabras de Dios se deben oír con humildad y muchos no las consideran como deben

02 miércoles Oct 2013

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apetito, beneplácito divino, carne, ciencia, Dios, espíritu y vida, filósofos, humildad, Imitación de Cristo, ley, mundo, palabras, perezoso, ponderar, profetas, quejumbroso, razón humana, siervo

Jesucristo.- 1. Oye, hijo, mis palabras, palabras suavísimas, que exceden toda la ciencia de los filósofos y sabios de este mundo. «Mis palabras son espíritu y vida» (Jn 6,64) y no se pueden ponderar por la razón humana. No se deben traer para vana complacencia sino oírse en silencio y recibirse con toda humildad y grande afecto. El Alma.- Y dije yo: «Bienaventurado aquel a quien tú, Señor, instruyeres, y a quien mostrares tu ley, porque lo guardes de los días malos» (Sal 93,12), y no sea desamparado en la tierra.

Jesucristo.- 2. Yo -dice Dios- enseñé a los profetas desde el principio, y no ceso de hablar a todos hasta ahora; pero muchos son duros y sordos a mi voz. Muchos oyen con más gusto al mundo que a Dios, y más fácilmente siguen el apetito de su carne que el beneplácito divino. El mundo promete cosas temporales y pequeñas, y con todo eso le sirven con grande ansia. Yo prometo cosas grandes y eternas, y entorpécense los corazones de los mortales. ¿Quién me sirve a mí y obedece en todo con tanto cuidado como al mundo y a sus señores se sirve? «Avergüénzate Sidón, dice el mar» (Is 23,4). Y si preguntas la causa, oye el porqué.

3. Por un pequeño beneficio van los hombres largo camino, y por la vida eterna, con dificultad muchos levantan una vez el pie del suelo. Buscan los hombres viles ganancias; por una moneda pleitean a las veces torpemente; por cosas vanas, y por una corta promesa, no temen fatigarse de día y de noche. Mas, ¡oh vergüenza!, que emperezan de fatigarse un poco por el bien que no se muda, por el galardón que inestimable y por la suma gloria sin fin. Avergüénzate, pues, siervo perezoso y quejumbroso, de que aquellos se hallen más dispuestos para la perdición que tú para la vida. Alégranse ellos más por la vanidad que tú por la verdad. Porque algunas veces les miente su esperanza; pero mi promesa a nadie engaña, ni deja frustrado al que confía en mí. Daré lo que he prometido, cumpliré lo que he dicho, si alguno perseverare fiel en mi amor hasta el fin. Yo soy remunerador de todos los buenos y fuerte examinador de todos los devotos.

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