Las estadísticas dicen que cada año se asesinan 45 millones de niños y niñas inocentes en clínicas abortivas. No conozco ninguna estadística de niños, adolescentes y jóvenes que son huérfanos de padres vivos por el maldito divorcio. El concilio vaticano ll lo calificó así. Estas son sus palabras: “La peste del divorcio”. Juan Pablo ll dijo que divorcio es signo de decadencia moral”. Sí, el divorcio es el culpable de la perniciosa decadencia moral de las nacionesdivorcio e hijos

               El deber de los padres para con los hijos termina sólo con los hijos. El divorcio fomenta el egoísmo, la discordia, la infidelidad. Los hijos de padres divorciados son las débiles víctimas del egoísmo de unos progenitores y de la diosa democracia moderna. Los niños tienen derecho divino y humano de gozar de la dedicación total de sus padres. Los niños tienen el derecho de ser amados y educados por su padre y por su madre. El llamado derecho a divorciarse es maldito, luciferino; como el aborto provocado que es satánico. Los animales no obran contra naturaleza y cuidan siempre a sus hijos.

Todo matrimonio es indisoluble; Y no sólo porque así lo enseña la Iglesia. El vinculo matrimonial es definido, establecido por la propia naturaleza humana y aceptado por la razón y la voluntad de los contrayentes. Divorciarse es obrar contra la razón, contra la ley natural. Los hijos necesitan a sus padres siempre. La separación temporal o definitiva en casos extremos es lícita; el divorcio nunca es lícito por los daños que ocasiona a los hijos y a la familia. No hay matrimonio sin un declarado amor perpetuo y fidelidad hasta la muerte.

La familia es la célula fundamental de la sociedad. Familias sanas, sociedades prósperas y sanas. El presidente Suárez, para engañar a los católicos, dijo por TV que la constitución, no es «divorcista”. Para decir la verdad tenía que haber dicho la constitución es divorcista, abortista, homosexualista, impía, anticatólica. No hay amor en esas leyes antinaturales. Lo natural es que los esposos se amen, que sean comprensivos y generosos. Que el esposo se sienta feliz con la felicidad de la esposa; que la esposa se sienta feliz con la felicidad de su esposo. Y que ambos se sientan felices con la felicidad de los hijos.

Hace unos días me dijo una joven de 16 años: “Padre estoy harta de ser una chica ping-pong. Un fin de semana con mi padre y su novia y el otro fin de semana con mi madre y su novio. Esto es insoportable”.

P. Manuel Martínez Cano, m.C.R.