260. 2.º Es necesario hacer todas nuestras obras con María; es decir: que debemos en nuestras acciones mirar a María como modelo acabado de toda virtud y perfección que el Espíritu Santo ha formado en una pura criatura, para que lo imitemos, según nuestra capacidad. Es menester, pues, que en cada acción miremos como María la ha hecho o la haría si estuviese en nuestro lugar. Para esto debemos examinar y meditar las grandes virtudes que Ella practicó durante su vida, particularmente: primero, su fe viva, por la cual creyó sin titubear la palabra del ángel, y creyó fiel y constantemente hasta el pie de la cruz; segundo, su humildad profunda, que la ha hecho ocultarse, callarse, someterse a todo y colocarse siempre la última; tercero, su pureza toda divina, que no ha tenido ni tendrá jamás igual bajo el cielo, y, en fin, todas sus demás virtudes.
V.María por EspañaAcordémonos, diré una vez más, que María es el grande y único molde de Dios, propio para hacer imágenes vivas de Dios, con pocos gastos y en poco tiempo; y que el alma que ha hallado este molde y se pierde en él, muy pronto se transforma en Jesucristo, a quien este molde representa al natural.

261. 3.º Es menester practicar estas acciones en María.
Para comprender bien esta práctica, es menester saber: 1.º que la Santísima Virgen es el verdadero paraíso terrenal del nuevo Adán, del cual el antiguo paraíso terrestre era sólo figura. Hay, pues, en este paraíso terrenal riquezas, bellezas, singularidades y dulzuras inexplicables que el nuevo Adán, Jesucristo, dejó en él. En este paraíso tuvo El sus complacencias durante nueve meses, obró sus maravillas y ostentó sus riquezas con la magnificiencia de Dios.
Este santísimo lugar no está compuesto sino de tierra virgen e inmaculada, de que fue formado el nuevo Adán por la operación del Espíritu Santo que habita en él. En este paraíso terrestre es donde verdaderamente está el árbol de la vida, que produjo a Jesucristo, fruto de la vida; el árbol de la ciencia del bien y del mal que ha dado la luz al mundo.
Hay en este lugar divino árboles plantados por la mano de Dios y rociados con su divina gracia, que han producido y todos los días dan frutos de un sabor exquisito; hay jardines esmaltados de hermosas y diferentes flores de virtudes, cuyo olor embalsama el cielo. Hay praderas verdes de esperanza, torres inexpugnables de fortaleza, moradas encantadoras de confianza. Solamente el Espíritu Santo puede hacer conocer la verdad escondida bajo las figuras de las cosas materiales. Hay aire de perfecta pureza; hermoso sol sin sombra, bello día sin noche; un horno ardiente y continuo de caridad, en que todo hierro que en él se pone se funde y cambia en oro; hay un río de humildad que sale de la tierra, y que, dividiéndose en cuatro brazos, riega todo este sitio encantador: estas son las cuatro virtudes cardinales.

262. El Espíritu Santo, por boca de los Santos Padres, llama también a la Santísima Virgen: Primero, la puerta oriental por la cual el gran sacerdote Jesucristo entró en el mundo; por ella entró la primera vez y por ella vendrá la segunda. Segundo, es menester también saber que la Santísima Virgen es el santuario de la Divinidad, el reclinatorio de la Santísima Trinidad, el trono de Dios, la ciudad de Dios, el altar de Dios, el templo de Dios, el mundo de Dios. Todos estos diferentes epítetos y alabanzas son muy verdaderos por su relación con las diferentes maravillas que el Altísimo ha obrado en María. ¡Oh, qué riquezas! ¡Oh, qué gloria! ¡Oh, qué placer! ¡Oh, qué dicha poder entrar y permanecer en María, en la que el Altísimo puso el trono de su gloria suprema!