Contracorriente

~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

Contracorriente

Archivos mensuales: abril 2014

Criterios para orientarse en medio de la confesión. Puntos fijos

23 miércoles Abr 2014

Posted by manuelmartinezcano in Uncategorized

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Si la adhesión a la verdad es tan importante para la vida, se comprende el cuidado que pone la Iglesia en preservar la pureza de su doctrina. Se comprende también el lamento, muy extendido, de los que se quejan de la confusión doctrinal en la Iglesia. No sólo porque circulan con ligereza opiniones dispares -siempre las hubo-, sino porque, según estiman muchos, falla la orientación de no pocos pastores.

En el seno de numerosos grupos, desde publicaciones, cátedras de enseñanza religiosa, y a veces desde la misma predicación sacerdotal, se vierten, como doctrina de la Iglesia, ideas contrarias a la misma, y, al parecer, sin una desautorización eficaz.

guerra-camposMuchos tienen la impresión de que algunos pastores se expresan de un modo ambiguo o se entretienen en consideraciones acerca de «renovadores» o inmovilistas», buscando una artificiosa vía media, en lugar de exponer paladinamente la verdad revelada, la cual se cualifica por sí misma, nunca por referencia a aquellos tópicos.

Éste es el lamento, muy fundado y compartido por el Papa, muchos obispos e innumerables observadores serios. La cuestión preocupa, ante todo, a los fieles, pero es de suponer que también los que se sienten fuera o alejados de la comunidad creyente querrán saber a qué atenerse respecto a la doctrina de la iglesia.

¿Hay criterios, avalados por la jerarquía de la Iglesia, para orientarse en medio de la confusión, incluso cuando la confusión parece afectar a algunos pastores? Sí, los hay y no será inútil ocuparse de ellos (hablo como obispo, no emitiendo opiniones particulares, sino aquellas enseñanzas y normas de la Iglesia que reflejan sin error la verdad de Cristo).

Pablo VI ha invitado a todos los fieles a que cada uno defienda su fe contra los errores. ¿La va a defender cada uno a su antojo, con «libre examen»? No; de acuerdo con normas superiores de la jerarquía, que es el principio de unidad para todos. Hay determinaciones permanentes del magisterio y el mismo Papa, con solicitud admirable, se encarga de recordárnoslas todos los días.

La confusión brota en torno a las «novedades». Hay novedades legítimas; otras, ilegítimas. Hay cosas claras; otras, oscuras. la confusión se disipa si se discierne entre las novedades, si no se mezcla lo claro con lo oscuro. El discernimiento se hace por referencia al depósito que todos los pastores y fieles han de asimilar con sumisión. «Vigilad y orad», dice el Señor. Nuestra vigilancia se inspira en cuatro actitudes: en medio del oleaje, a través de la niebla, mirar hacia puntos fijos, como faros; referir a ellos las novedades, para ver si son o no legítimas; acotar las zonas de opinión libre; y, aunque a veces haya que atravesar los bancos de niebla de la duda, o de la búsqueda, rechazar siempre las cortinas de humo de la ambigüedad, del lenguaje de doble sentido.

Digamos ahora algo sobre lo primero. Los puntos fijos son, ante todo, las verdades de fe y los principios morales, propuestos y declarados por el Magisterio supremo de la Iglesia: el Papa y el Episcopado universal.

Es importante recordar que estos puntos vinculan a los mismos pastores, de suerte que cualquier manifestación menos clara de alguno de ellos ha de ser juzgada a la luz de aquellas proposiciones. Esta es la norma desde el comienzo de la Iglesia.

San Pedro fue el primero en promulgar una gran verdad: que a Cristo, salvador de todos los hombres, se puede acceder sin necesidad de someterse a la ley judía. Sin embargo, en una ocasión en Antioquía, por no disgustar a los partidarios de la judaizacíón, Pedro se comportaba con disimulo. Pablo se le opuso abiertamente. ¿Por desacuerdo con su doctrina? Al contrario: porque estimó que la «simulación» de Pedro oscurecía la doctrina del mismo Pedro y desorientaba a los creyentes. San Pablo, a su vez, afirmaba que cualquier cosa que él pudiese decir habría de subordinarse en todo caso a la predicación oficial ya establecida: «Aunque nosotros, o un ángeldel cielo, os anunciase otro evangelio distinto del que os hemos anunciado, sea anatema… Si buscase agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo».

¿Ha cambiado algo, en este punto, con el último Concilio? No. Juan XXIII, al inaugurarlo, reafirmó la misma norma. Le impuso como tarea el «ejercicio pastoral del magisterio, que debe partir de la adhesión renovada, serena, tranquila, a todas las enseñanzas de la Iglesia en su integridad».

Y Pablo VI, terminado el Concilio, se apresuró a advertir que es necesario enmarcarlo en el cuadro de todo el magisterio anterior. Poco después, al ver -son sus palabras- que «algunos católicos se dejan llevar de una especie de pasión por el cambio y la novedad», cumple el mandato de Cristo de «confirmar en la fe a sus hermanos» y «proclama por encima de las opiniones humanas» la verdad de Cristo, pronunciando el Credo, «que recoge en sustancia la inmortal tradición de la santa Iglesia de Dios».

Si hay quien siembra el desconcierto, si los mismos pastores inmediatos dejan de orientar, cada uno debe defender su fe. Para ello, lo fundamental es conocer los documentos que hacen fe.

Ciertamente, no es imprescindible estudiar todos los textos de los concilios o de los Sumos Pontífices. Para fijar un rumbo inicial suficiente bastaría acudir, por ejemplo, a los viejos catecismos familiares (como el Astete o el Ripalda…). Sin duda, son resúmenes escuetos, que admiten desarrollo en varios puntos; pero es importante subrayar que ni una sola línea de estos catecismos ha sido cambiada por el Concilio.

¡He aquí, pues, una pista para comenzar a abrirse camino en la maleza de la confusión! Una pista con tres indicadores:

– no hay por qué aceptar nada que sea disconforme;

– si alguien dice cosas que parezcan diferentes, es posible que no hayamos entendido bien y que sean válidas; pero el que las dice, sea quien sea, laico, presbítero u obispo, está obligado en conciencia a mostrar su conformidad con la tradición de la Iglesia, y, mientras no lo haga, es un derecho sagrado de todos suspender el juicio;

– si alguno, en nombre del catecismo de «ahora» se atreve a proponer lo contrario a las verdades de fe y moral contenidas en el catecismo de «antes», por mucho que apele al Concilio, se le debe resistir en nombre del Concilio y de la verdadera autoridad de la Iglesia.

Termino con un ejemplo muy sabroso, ahora que estamos en vísperas del congreso eucarístico nacional de Valencia. Hay quienes, con disquisiciones o argucias más o menos habilidosas, inducen a despreciar la adoración al Santísimo Sacramento en el sagrario, intentando limitarla al momento de la misa. Pues bien, el Credo de Pablo VI dice: «El Señor.. – sigue presente, después del sacrificio, en el Santísimo Sacramento que está en el tabernáculo, corazón viviente de cada una de nuestras iglesias. Es para nosotros un dulcísimo deber honrar y adorar en la Santa Hostia que ven nuestros ojos al Verbo Encarnado a quien no pueden ver y que sin abandonar el cielo se ha hecho presente ante nosotros.»

Ésta es la verdad. Con ella en el corazón, no podremos acaso evitar el dolor ante otros comportamientos; pero sí podemos impedir que nadie nos empuje a la confusión.

José Guerra Campos, obispo

El aborto y Satanás

23 miércoles Abr 2014

Posted by manuelmartinezcano in P. Manuel Martínez Cano, Uncategorized

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aborto“La idea de pedir sacrificios humanos es muy propia de los oráculos. El sacrificio es un acto de adoración, y como el demonio quiere ser adorado, tiene hambre y sed de carne y de sangre humanas. A los pueblos groseros les pide el sacrificio humano en la forma más grosera; a los pueblos refinados, de una manera refinada; quiere que, de una forma u otra, la vida más noble de la tierra sea inmolada ante su altar; quiere la sangre, lágrimas rojas del cuerpo, o las lágrimas que, según san Agustín, son la sangre del alma. Quiere víctimas, y cuanto más puras mejor. La Fontaine cometía un profundo error cuando hacía decir a los animales enfermos de la peste: «Que el más culpable de nosotros se sacrifique a los golpes del furor celeste.» No es la sangre más manchada, sino la más inocente la que se pide en todas las tradiciones del género humano. Para que la armada griega tuviese viento favorable al dirigirse a Troya, Diana pidió la vida de Ifigenia, la hija del pastor de los pueblos. Satán prefiere sangre virginal.”

JUSTO PÉREZ DE URBEL, Año cristiano,
Ediciones Fax, Madrid, 1951, 23 de abril, san Jorge, p. 176.

El Diablo

23 miércoles Abr 2014

Posted by manuelmartinezcano in P. Manuel Martínez Cano, Uncategorized

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El día 11 de abril el Padre Santo Francisco nos dijo que tenemos que aprender a luchar contra las tentaciones del demonio, que tenemos que imitar a Cristo: “la vida de Jesús ha sido una lucha. Él ha venido a vencer el mal, a vencer al príncipe de este mundo, a vencer al demonio”. Hemos de combatir los nobles combates de la fe siempre, pues, como dice un buen amigo, el hombre no es solo cuerpo y alma, el hombre es cuerpo, alma y concupiscencia. Y ahí está la lucha con el demonio. Da tranquilidad saber que no puede tentarnos por encima de nuestras fuerzas. Dios nos da siempre su gracia para vencerlo, pero hay que combatir, como hicieron los santos.

infiernoDice el Papa que el demonio nos combate porque no quiere que seamos santos, no quiere que demos testimonio cristiano, no quiere que seamos discípulos de Jesús. Varias veces nombra al demonio el Vicario de Cristo. Al terminar una homilía se preguntó a sí mismo: “Pero padre que antiguo es usted: ¡Hablar del demonio en el siglo XXI! El Santo Padre contesta: Pero ¡mira que el diablo existe! El diablo existe ¡también en el siglo XXI! Y no debemos ser ingenuos ¿eh? Debemos aprender del Evangelio como se lucha contra él.”

A unos judíos que presumían de ser hijo de Abraham, Jesús les dice que no son hijos de Abraham, ni de Dios, sino hijos del diablo: “Vosotros tenéis por padre al diablo, y queréis hacer los deseo de vuestro padre. El es el homicida desde el principio y no se mantuvo en la verdad, porque la verdad no estaba en él. Cuando habla la mentira, habla de lo suyo propio, porque es mentiroso y padre de la mentira.” (Jn 8, 44-45).

Los que mienten tienen por padre al diablo, lo dice el Señor. Sabemos que en lo de la ley el aborto se ha mentido mucho. Y vosotros sabéis otras cosas. Prudencia. El Papa nos lo recuerda muy a menudo. Hay que combatir.

P. Manuel Martínez Cano, mCR

La Creación

23 miércoles Abr 2014

Posted by manuelmartinezcano in P. Manuel Martínez Cano, Uncategorized

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 1. CREAR Y TRANSFORMAR

Todo lo que Dios obra fuera de sí mismo (creación, redención, santificación, etc.) lo obran en común las tres divinas personas. Pero la creación suele atribuirse al Padre, la redención la Hijo y la santificación al Espíritu Santo.

Crear es producir una cosa de la nada. Todo cuanto existe ha sido sacado de la nada por Dios, porque sólo Él tiene poder infinito para sacar algo de la nada. No existe nada que no deba su existencia a Dios.

Llamamos creación al conjunto de todos los seres creados. De estos seres creados unos son espirituales: los ángeles; otros materiales: minerales, plantas, animales; y otros son a la vez espirituales y materiales: las personas humanas.

El hombre no tiene poder para crear, sino sólo para inventar, construir, fabricar, transformar una cosa en otra.

2. DIOS CREADOR

DIOS 2Dios determinó, desde la eternidad, crear el universo para comunicar a otros seres su propia gloria. Las primeras palabras de la Sagrada Escritura son: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Gen 1, 1).

La fe del pueblo Elegido Israel, en la creación, basada en el libro del Génesis, se manifiesta claramente en el segundo libro de los Macabeos. La madre de los Macabeos, llena de sabiduría, anima al martirio a su hijo más pequeño, diciéndole: “Te suplico, hijo mío, que mires al cielo y a la tierra, y veas cuanto hay en ellos, y entiendas que de la nada lo hizo Dios” (2 Mac 7, 28).

La creación del mundo de la nada no sólo es una verdad revelada por Dios, sino que al mismo tiempo es una verdad de razón, porque el entendimiento humano tiene capacidad para conocer la existencia de Dios y su creación.

Ahora bien, como toda la filosofía ajena al cristianismo no llegó a formarse un concepto cabal de la creación, la revelación de esta verdad resulta moralmente necesaria al hombre para que éste llegue al conocimiento del concepto de creación.

Dios no sólo ha creado el mundo, sino que lo sigue conservando. Si Dios no conservara el mundo todos los seres dejarían de existir. La Providencia divina es el cuidado amoroso con que Dios conserva y gobierna las cosas, especialmente a las personas.

Darwin, teorizante de la evolución, dijo: “Jamás he negado la existencia de Dios. Pienso que la teoría de la evolución es totalmente compatible con la fe en Dios. El argumento máximo de la existencia de Dios me parece la imposibilidad de demostrar y comprender que el universo inmenso, sublime sobre toda medida, y el hombre, hayan sido fruto del azar”.

3. FINALIDAD DE LA CREACIÓN

Dios creó el mundo para manifestar su gloria. En la creación se manifiestan las perfecciones divinas con la consiguiente glorificación de Dios. “Los cielos pregonan la gloria de Dios y el firmamento anuncia las obras de sus manos” (Sal 19, 2).

La gloria a Dios sólo se la dan las criaturas racionales porque solo ellas conocen y reconocen las perfecciones de Dios: “Alabad a Yahvé, porque es bueno, cantad salmos a nuestro Dios, porque es paciente, es digno de alabanza” (Salm 147, 1).

Otra finalidad de la creación es colmar de beneficios y hacer felices a las criaturas racionales. El Concilio Vaticano I enseña que Dios creó el mundo “para manifestar su perfección por los bienes que distribuye entre las criaturas”.

Glorificar a Dios, conociéndole y amándole, es la suprema felicidad de las criaturas racionales.

Secchí, célebre astrónomo, dijo: “De contemplar el cielo a Dios hay un trecho corto”.

4. DIOS CREÓ A LOS ÁNGELES

La Sagrada Escritura revela la existencia de los ángeles, cuya misión es dar gloria a Dios. Como servidores y mensajeros de Dios, son los encargados de traer sus mensajes a los hombres.

“Expulsó Yahvé al hombre y puso delante del jardín del Edén un querubín, que blandía flameante espada para guardar el camino del árbol de la vida” (Gen 3, 24).

El Arcángel San Gabriel anunció a la Virgen que iba a ser la Madre de Dios (Lc 1, 26).

La naturaleza angélica es puramente espiritual, es decir, libre de toda materia. Los ángeles son espíritus superiores al hombre en inteligencia, voluntad y poder.

Aunque muchas veces los ángeles se han aparecido en forma corporal, los ángeles no se unen personalmente con la figura corporal en que aparecen.

De la pura espiritualidad de la naturaleza angélica se deriva su inmortalidad. La Sagrada Escritura dice: “Los resucitados ya no pueden morir, pues son semejantes a los ángeles” (Lc 20, 36).

La felicidad celestial de los ángeles buenos y el sufrimiento infernal de los ángeles malos es eterna: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles” (Mt 18, 10).

Dios destina a cada persona un ángel de la guarda para que nos guarde en la tierra y nos guíe hacia el cielo.

5. DIOS CREÓ AL HOMBRE Y LA MUJER

El génesis narra la creación del hombre y la mujer en forma poética y sencilla.

sulacreacionmiguelangelDios cogió barro y modeló un cuerpo humano al que insufló un espíritu y formó al hombre. La mujer que Dios formó de la costilla del hombre y presentó a éste despertó en Adán un grito de admiración, una exclamación de amor y de comunión: “Ésta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne” (Gn 2, 23). El hombre descubrió en la mujer como un otro “yo», de la misma naturaleza.

El hombre y la mujer tienen la misma dignidad: ser “imagen de Dios”. En su “ser-hombre” y su “ser-mujer” la humanidad refleja la sabiduría y bondad del Creador.

Dios no es hombre ni mujer. Dios es espíritu puro. Pero las perfecciones del hombre y de la mujer reflejan algo de la infinita perfección de Dios.

Por haber sido creado a imagen y semejanza de Dios, el ser humano tiene la dignidad de persona, no es solamente algo, sino alguien.

La persona humana es capaz de conocerse, de poseerse, de darse libremente y entrar en comunión con otras personas.

El hombre y la mujer son llamados, por la gracia divina, a una alianza con su Creador, a ofrecerle una respuesta de fe y de amor que ningún otro ser puede dar en su lugar.

Dios creó todo para el hombre, pero el hombre fue creado para servir y amar a Dios y para ofrecerle toda la creación. Por esta razón el misterio del hombre no puede explicarse sin Dios.

Porque Dios “creó, de un solo principio, todo el linaje humano” (Hech 17, 26), todos los hombres y mujeres somos verdaderamente hermanos.

6. NATURALEZA DEL HOMBRE

El hombre es un animal racional, compuesto de alma y de cuerpo, creado por Dios a su imagen y semejanza.

El hombre es la única criatura de la tierra a la que Dios ha amado por sí misma. Sólo el hombre está llamado a participar, por el conocimiento y el amor, de la vida de Dios.

La persona humana, creada a imagen de Dios, es un ser a la vez corporal y espiritual. El relato bíblico expresa esta realidad cuando afirma que “Dios formó al hombre con polvo del suelo e insufló en sus narices aliento de vida y resultó el hombre un ser viviente” (Gn 2, 7).

El principio espiritual que informa al cuerpo es el alma. La unidad del alma y del cuerpo es tan profunda que se debe considerar al alma como la “forma” del cuerpo. Gracias al alma espiritual el cuerpo es un cuerpo humano y viviente.

El cuerpo no puede subsistir sin el alma, pero el alma puede subsistir sin el cuerpo porque es espiritual.

El alma es espiritual porque, en su ser y en sus operaciones, es independiente de la materia. De la espiritualidad del alma, se sigue que ha sido creada por Dios, porque siendo esencialmente espiritual el alma no ha podido empezar a existir por generación o evolución corporal, sino precisa y necesariamente por creación inmediata de Dios, ya que de la materia no puede salir ningún ser espiritual.

Cada alma es creada por Dios en el momento de ser infundida en el cuerpo. Este momento es el primer instante de la concepción, cuando el niño comienza a vivir en el vientre de su madre.

El alma es libre por la facultad que tiene de elegir o determinarse por sí misma.

El alma es inmortal porque es simple y espiritual y, por consiguiente, incorruptible porque no tiene partes distintas que puedan corromperse.

7. LA EVOLUCIÓN

El evolucionismo materialista, que afirma la existencia de una materia eterna e increada, y que explica el origen de todos los seres vivientes: plantas, animales y el mismo hombre (en cuanto al cuerpo y al alma), por una evolución mecánica de aquella materia eterna, se halla en contradicción con la verdad revelada, que enseña que la materia fue creada por Dios.

El evolucionismo que afirma que los seres orgánicos han ido evolucionando a partir de formas primitivas, creadas por Dios, y que fueron evolucionando según el plan dispuesto por Él, es compatible con la verdad revelada. Sin embargo, con respecto al hombre, se ha de admitir que fue creado especialmente por Dios, al menos por lo que respecta a su alma espiritual.

El hombre es más que un puro animal. En el hombre hay un alma espiritual que no puede venir por evolución de la materia sino por creación directa de Dios, porque la materia no puede dar lo que es superior a ella y no tiene.

Darwin, divulgador de la teoría evolucionista a partir de formas primitivas de vida, fue respetuoso con la Religión. Por eso presenta sus argumentos des-de el punto de vista científico, sin ponerlos nunca en conflicto con la verdad revelada.

Alfred Rusell Wallace, contemporáneo de Darwin y coautor de la hipótesis evolucionista de la selección natural, dice: “Yo inferiría que una Inteligencia Superior ha guiado el desarrollo del hombre en una dirección definida y para un propósito especial”.

No son las hipótesis evolucionistas las que han dado lugar a la negación de la existencia de Dios. Sólo niegan la existencia de Dios las teorías materialistas que rebajan a los hombres a la categoría de bestias, como ha reconocido recientemente el más importante zoólogo del mundo P. P. Grassé: “El ateísmo no recoge lo humano: reduce al Homo sapiens a la condición de bestia”.

8. LOS CIENTÍFICOS Y LA EVOLUCIÓN

No olvidemos que la evolución tan sólo es una hipótesis, una mera suposición, y no algo científicamente demostrado. Los mismos partidarios del evolucionismo lo han reconocido: “El evolucionismo es una monstruosidad indigesta en la que no tengo más remedio que creer” (Jean Rostand, biólogo ateo).

Washburn, contemporáneo nuestro y decidido partidario del evolucionismo, afirma: “Por si este resumen parece poco atrevido, quiero recordar al lector que la mayoría de los problemas referentes a la evolución humana siguen sin resolver… Al igual que ha ocurrido en el pasado, es posible que los investigadores se equivoquen precisamente en aquellos aspectos que más seguros están de acertar… Al presentar mis opiniones en esta forma, he intentado demostrar que nuestras ideas sobre la evolución humana se basan en datos a veces muy poco fidedignos. Los problemas con que nos encontramos se deben principalmente a que la mayoría de los fósiles de que disponemos son tan sólo fragmentos… la localización temporal de los restos también plantea problemas… realmente impresiona el grado de emotividad que aún acompaña a los estudios sobre la evolución humana” (Scientific American XI, 1978).

Evolucionismo, ¿sí o no? Cuando los partidarios del evolucionismo te demuestren científicamente que ha existido la evolución (hasta ahora no lo han demostrado), puedes creerles y admitirlo, pero en todo caso siempre será verdad lo que ha dicho Sir John Eccles, Premio Nobel de Medicina en 1963: “Yo creo que hay una Providencia Divina que opera sobre y por encima de los sucesos materiales de la evolución biológica”.

Página para meditar nº 83

23 miércoles Abr 2014

Posted by manuelmartinezcano in Padre Alba, Uncategorized

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Año de gracia de 1985

Se ha proclamado este año como el Año de la Juventud. Para nosotros ha de significar una renovación en el apostolado entre los jóvenes y entre los niños. La primera enseñanza cristiana es decisiva para toda la vida. Todos llevamos en nuestra alma al niño que fuimos en los primeros años de nuestro ser. De ahí viene la importancia del Catecismo. El más importante de todos los apostolados, el primero de todos en orden a la salvación de las almas, es el de la enseñanza del Catecismo. La sección de Catecismo de los sábados y la enseñanza ampliada de Catecismo con las secciones de Cruzados, Eulalias y Pelayos, es lo más amado de nuestra Asociación, lo que más debemos amar todos, lo más importante para nuestro hoy nuestro mañana. No podré admitir a nadie a la promesa de la Asociación, si no ha pasado un tiempo de apostolado en las Secciones de Catecismo.

Democracia a gogo

Nuestros contemporáneos y todas nuestras generaciones están impregnadas de la deformación democrática. La autoridad viene del pueblo. Se gobierna para el pueblo. El pueblo es el que gobierna. Nada de Dios, nada de ley natural. Nada del hombre nacido en pecado y redimido por Dios. La supresión de Dios y la divinización del hombre, en la exaltación de la utopía del pueblo es lo que prende esa democraciademocracia. La concepción de la democracia liberal y humanista es la peste del mundo y la causa de todos los males. La concepción cristiana tradicional no tiene el menor punto de contacto con esa democracia realmente diabólica que arranca de las mentes y de los corazones la visión sobrenatural del cristiano. El Anticristo será el gran propugnador y declamador de la democracia humanista.

Bien alerta antes esta intoxicación colectiva. Sumisión a la dirección espiritual, al magisterio auténtico de la Iglesia y del Papa, a la tradición católica, a la autoridad familiar y natural. Sospechar por principio a todo lo que huela a igualdad de derechos, uniformidad, utopías igualitarias, sociedad sin diferencias naturales. Nunca me cansaré de deciros que no veáis la T.V. marxista, y que no leáis periódicos y revistas burguesas, socialdemócratas.

Adoración Nocturna 1985

Pido al Señor incremente los adoradores, y su fervor. Pregunté al Hermano Lorenzo en la Cartuja en la visita que hicimos del dos de enero: “¿Cuánto tiempo tenéis de oración en la Cartuja?” Me respondió sonriente: “Las veinticuatro horas del día”. Hablar a Dios de los hombres, antes de hablar a los hombres de Dios. Esa es la fuente del apostolado. Eso es la Adoración Nocturna. Así salvamos a la juventud, a España, a la Iglesia.

Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 83, enero de 1986

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“Espíritu Santo, infúndenos la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia, en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente”. Padre Santo Francisco.

"Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la construyen. (Salmo 127, 1)"

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Van al Cielo los que mueren en gracia de Dios; van al infierno los que mueren en pecado mortal

"Id al mundo entro y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado" Marcos 16, 15-16.

"Es necesario que los católicos españoles sepáis recobrar el vigor pleno del espíritu, la valentía de una fe vivida, la lucidez evangélica iluminada por el amor profundo al hombre hermano." San Juan Pablo II.

"No seguirás en el mal a la mayoría." Éxodo 23, 2.

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