El obispo publica en su Boletín Oficial una nota titulada “Franco, hombre de fe”, en la que dice:
«Por mi condición de secretario particular del cardenal Gomá en los años 1934 a 1940, y de colaborador íntimo del cardenal Pla y Deniel, de 1942 a 1968, he tenido oportunidad de observar de cerca, aunque en penumbra, los sentimientos católicos del Caudillo, que acaba de pasar a la eternidad.
Yo sé, como todos vosotros, que frecuentaba los Santos Sacramentos; en Toledo, todos sabíamos que no dejaba la sagrada comunión ninguno de los domingos que tenía cacería en la finca de Alcubillete, y bien conocida era su reverencia hacia las personas y cosas sagradas. Sobre este punto tiene mucho que decir la Historia.
Destacaremos solamente algunos gestos que tienen valor, oficial y programático.
1º Primera entrevista oficial con el Cardenal Gomá, nombrado representante confidencial y oficioso de la Santa Sede.
Se tuvo esta entrevista en Salamanca el 29 de diciembre de 1936, y en ella se concretaron unos principios básicos para las relaciones entre la Iglesia y el Estado. El segundo de estos principios dice así:
«El Jefe del Estado español, convencido de que la Iglesia necesita las máximas garantías de su libertad en orden a sus fines y funciones específicas, se complace en ofrecer a la Santa Sede la seguridad de que no sólo respetará esta libertad de la Iglesia en el ejercicio de sus funciones propias, sino que le prestará su leal concurso, persuadido de que de la mutua colaboración de ambos poderes, espiritual y temporal, habrán de redundar copiosos bienes para la Iglesia y para la misma nación».
2º La rendición de Bilbao.
Días antes del 19 de junio de 1937, fecha de la conquista de Bilbao por el Ejército Nacional, el Papa Pío XI se dirigió a Franco por conducto del cardenal Gomá, rogándole «por las entrañas del divino Redentor y dada su condición de católico» que obrara con toda benignidad; y el Generalísimo, con la máxima veneración, dijo que estaba dispuesto a obrar con absoluta benignidad, y que aceptaba pura y simplemente las proposiciones presentadas.
En fecha 21 de julio, el Santo Padre expresaba su gratitud no sólo con palabras, sino con hechos: enviando a Mons. Antoniutti como encargado de Negocios de la Santa Sede ante el Gobierno español.
3° La espada de la victoria.
Como gesto simbólico y expresión de su fe, el Generalísimo Franco, el 20 de mayo de 1939, al día siguiente del Desfile de la Victoria, ofreció en la iglesia madrileña de Santa Bárbara, su espada victoriosa, reconociendo la protección de Dios.
Esta espada se conserva en el Tesoro de la Catedral de Toledo y las palabras de Franco, en carta del 13 de junio de 1939, fueron: «Son mis fervientes deseos que cuantos contemplen el exvoto, puedan comprender el enorme sacrificio del pueblo español para salvar, con los principios inconmovibles de un Credo, los inmortales de su propio destino».
4º Un juramento histórico.
En fecha 25 de febrero de 1954, al serle impuesta por el cardenal primado la Encomienda de la Suprema Orden de Cristo, que le había sido concedida por el Papa Pío XII en 21 de diciembre de 1953, hizo Franco este juramento:
«Prometo, juro —
-y quiero mantener este juramento hasta el último aliento de mi vida- que, con la ayuda de Dios, constantemente retendré y profesaré íntegra e inviolada esta fe católica, en la misma forma en que ahora espontáneamente la profeso y declaro, y que por lo que a mí personalmente y por razón de gobierno se refiere, procuraré que sea profesada, enseñada y practicada por mis súbditos y por aquellos cuyo cuidado tenga o pueda tener más tarde a mi cargo. Yo mismo, Francisco Franco Bahamonde, por último, prometo y juro a Dios Omnipotente, a la Virgen Inmaculada María Santísima y a todos los santos que, ayudado por la gracia de Dios, llevaré siempre vida ejemplar, con las virtudes que convienen a un buen soldado de Cristo. Así Dios me ayude y estos santos Evangelios».
Bien riman estas palabras con las del mensaje que nos ha leído el Jefe del Gobierno».
En la Crónica se resumen algunos testimonios alegados por el Obispo acerca de la fe de Franco. Entre ellos «Mons. Granados comentó las manifestaciones del Cardenal Bea, de Alemania Occidental, sobre la circunstancia de existir en Europa solamente tres jefes de Estado de confesionalidad católica, y entre ellos ninguno alcanzaba las convicciones y la ejemplaridad de Francisco Franco».
(Boletín Oficial del Obispado, diciembre 1975, págs. 319, 320, 321, 341.)