El Vicario de Cristo en la tierra condenó el comunismo por ser intrínsecamente perverso, materialista, ateo. Por sus frutos los conoceréis, nos dijo el Señor. Y los frutos de la democracia que estamos viendo y palpando no pueden ser más perversos: 45 millones de niños y niñas inocentes asesinados cada año, con el diabólico aborto; millones y millones de niños huérfanos con padres vivos, por el maldito divorcio; millones y millones de jóvenes deformados por programas pedagógicos antinaturales. En fin, corrupción en la televisión, en el cine, en las redes sociales, etc. Para mí, la democracia actual, la que conocemos es perversa.
Las democracias actuales son perversas porque tienen sus fundamentos en constituciones ateas y agnósticas. El gobierno del pueblo por el pueblo es un camelo de tomo y lomo. Quien lo maneja todo son los partidos políticos. El primer ensayo democrático fue la sentencia a muerte en la Cruz de nuestro Rey y Señor, Jesucristo. Y uno de los últimos ensayos democráticos fue la elección democrática mayoritaria de Hitler como presidente de Alemania. Sí, mayoritaria. Ya van registradas más de seiscientas democracias distintas, por supuesto, todas democráticas.
He pasado unos días en un balneario. Un día me enseñaron la foto de un periódico del parlamento regional. Sólo había dos parlamentarios. Es de suponer que el resto de los parlamentarios estaban mamando de las vacas gordas que tiene el Estado. Ellos, con los bolsillos y las cuentas corrientes a tope y sin pegar golpe, mientras los obreros buscando un puesto de trabajo. Algunos me dijeron que los políticos tienen sueldos astronómicos, mientras ellos no encuentran trabajo.
Un buen amigo que sigue la política española me dice que el Estado de las autonomías es un suicidio económico que, está sufriendo el pueblo, en beneficio de la casta política “muy democrática”. Trabajadores y empresarios de la pequeña y mediana empresa están sudando la gota gorda para mantener a personas que no menean un bolígrafo para el bien común de España. Lo que sí han hecho es levantar un muro de mentiras y calumnias contra el Régimen de Franco que consiguió el mayor grado de prosperidad y desarrollo de España en los últimos siglos. A las nuevas generaciones no les llegan estas verdades históricas.
Reginaldo Avispero