Contracorriente

~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

Contracorriente

Archivos mensuales: julio 2014

Los sacramentos

23 miércoles Jul 2014

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  1. NOCIÓN DE SACRAMENTO

Cristo redimió al género humano con su pasión, muerte y resurrección. Hoy Cristo sigue salvando a los hombres por medio de los sacramentos, canales de su gracia. «Cristo actúa ahora en la Iglesia por medio de los sacramentos, instituidos por Él para comunicar su gracia” (Catecismo 1.084).

Los sacramentos son signos sensibles instituidos por Cristo para darnos la gracia. Son encuentros del hombre con Cristo que significan y realizan la santificación de las almas.

Cristo pudo comunicar la gracia santificante sin necesidad de ritos y signos sensibles, pero, acomodándose a la manera natural del ser humano, determinó transmitir la gracia por medio de signos sensibles.

El calvario y la MisaEl signo sensible de los sacramentos se compone de dos partes: el elemento material y la palabra: “Viene la palabra sobre el elemento y se hace el sacramento” (San Agustín).

El elemento material puede ser sustancia material (el agua en el Bautismo), unas acciones o unas palabras (los pecados en la Penitencia).

Las palabras o fórmula sacramental son las palabras que pronuncia el ministro al aplicar el elemento material (en el Bautismo: Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo).

No puede haber sacramento sin el elemento material o sin la fórmula sacramental. El sacramento produce la gracia santificante cuando, a la aplicación del elemento material, acompaña la correspondiente fórmula sacramental.

El Bautismo se administra válidamente cuando al derramar agua (elemento material) sobre el bautizado, el ministro dice la fórmula sacramental: “Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

LOS SACRAMENTOS INSTITUIDOS POR CRISTO

Los siete sacramentos fueron instituidos por Cristo. El Nuevo Testamento ofrece los testimonios explícitos de la institución de los sacramentos del Bautismo, la Eucaristía, el Orden sacerdotal y la Penitencia.

La Confirmación, el Matrimonio y la Unción de los enfermos se administraban ya en tiempos de los Apóstoles y como ellos se consideraban solo “ministros y administradores de los misterios de Dios” (1 Cor 4, 1), es evidente que estos tres sacramentos fueron instituidos por Cristo.

En varios sacramentos ha sido la Iglesia la que ha determinado el signo sensible, pero en todo caso ha sido Cristo el que ha dado la orientación sacramental y la significación primordial de cada sacramento. Porque, como los sacramentos son signos eficaces de la gracia divina, sólo pueden tener como autor al mismo Dios.

La acción sacramental es una acción de culto que la Iglesia presenta al Padre por Cristo y un acto de santificación para los fieles que reciben la gracia de los sacramentos.

Nadie ha demostrado que alguno de los sacramentos los haya instituido un Papa o un concilio. San Agustín dice: “Lo que toda la Iglesia profesa y no ha sido instituido por los concilios, sino que siempre se ha manifestado como tal, eso creemos con toda razón que ha sido transmitido por la autoridad apostólica”.

  1. LOS SACRAMENTOS PRODUCEN LA GRACIA

Los sacramentos producen la gracia por sí mismos, independientemente de la santidad del ministro, siempre que realice el rito sacramental y tenga la intención de hacer lo que hace la Iglesia.

“Si alguno dijere que los sacramentos de la Nueva Ley no contienen la gracia que significan, o que no confieren la gracia misma a los que no ponen óbice, sea anatema” (Concilio de Trento).

Los sacramentos producen la gracia santificante, la gracia sacramental y el carácter sacramental.

Cada sacramento confiere una gracia sacramental específica que produce un efecto distinto correspondiente a su fin característico. El Bautismo da la gracia para ser buenos cristianos, la Confirmación para defender la fe valientemente, el Matrimonio para ser buenos esposos y padres, el orden sacerdotal para ser santos sacerdotes.

El Bautismo, la Confirmación y el Orden sacerdotal imprimen en el alma un carácter sacramental: una marca espiritual indeleble, que no puede borrarse, y se perpetúa durante la vida eterna.

Por el pecado mortal se pierde la gracia, pero el sacramento de la Penitencia vuelve a dar la vida sobrenatural al alma.

  1. SACRAMENTOS Y VIDA CRISTIANA

Los siete sacramentos corresponden a todas las etapas y momentos importantes de la vida cristiana: nacimiento, crecimiento y curación de la vida sobrenatural de los cristianos.

Los sacramentos de la iniciación cristiana, Bautismo, Confirmación y Eucaristía, son los fundamentos de toda la vida cristiana: “La participación en la naturaleza divina, que los hombres reciben como don mediante la gracia de Cristo, tiene cierta analogía con el origen, el crecimiento y el sustento de la vida natural. En efecto, los fieles renacidos en el Bautismo se fortalecen con el sacramento de la Confirmación y finalmente son alimentados en la Eucaristía con el manjar de la vida eterna, y así, por medio de estos sacramentos de la iniciación cristiana, reciben cada vez con más abundancia los tesoros de la vida divina y avanzan hacia la perfección en la caridad” (Pablo VI).

Para la vida social de la Iglesia, Jesús instituyó dos sacramentos: El Matrimonio, que santifica la unión de los esposos y les da gracia para cumplir sus deberes de esposos y padres; y el Orden sacerdotal, que provee a la Iglesia de los ministros que necesita para continuar en el mundo la misión que Cristo le encomendó.

La unción de los enfermos prepara al cristiano para entrar en la vida eterna.

  1. MINISTRO DE LOS SACRAMENTOS

Ministro de los sacramentos es la persona que aplica el elemento material y pronuncia la fórmula ritual sobre el sujeto que recibe el sacramento.

El ministro principal de todos los sacramentos es Jesucristo: “Cuando los sacramentos de la Iglesia se administran con rito externo, Él es quien produce el efecto interior en las almas… Él es quien, por la Iglesia, bautiza, enseña, gobierna, desata, liga, ofrece y sacrifica” (Pío XII).

El ministro secundario de los sacramentos es una persona. A excepción del Bautismo y el Matrimonio, el ministro de los sacramentos es el sacerdote o el obispo.obispo20munilla

La validez y eficacia de los sacramentos no dependen de la fe ni del estado de gracia del ministro secundario, sino del ministro principal. Si un sacerdote no cree en el infierno y bautiza en pecado mortal, pero tiene intención de realizar lo que cree la Iglesia, el bautizo es válido y transmite la gracia santificante.

Como servidor y representante de Cristo, el ministro del sacramento está obligado en conciencia a administrar los sacramentos dignamente, es decir, en estado de gracia.

Es pecado mortal administrar un sacramento en pecado mortal. Una excepción es administrar el Bautismo en peligro de muerte.

  1. SUJETO DE LOS SACRAMENTOS

Sujeto es la persona que recibe el sacramento.

El sacramento sólo puede recibirlo válidamente una persona viva; los muertos no pueden recibir los sacramentos; si se duda que una persona esté viva o muerta, se administra el sacramento bajo condición: “Si vives, yo te bautizo…”.

Para la validez del sacramento se requiere, por parte del sujeto que tiene uso de razón, intención de recibirlo. El sacramento que se recibe sin intención o contra la propia voluntad del sujeto es inválido.

El niño que recibe el Bautismo sin tener uso de razón recibe la gracia santificante, la gracia sacramental y el carácter sacramental. El Papa Inocencio III declaró, a propósito del Bautismo de los niños: “El pecado original, que se contrae sin consentimiento, se perdona también sin consentimiento, en virtud del sacramento”.

Para recibir los sacramentos de la Eucaristía, Confirmación, Matrimonio, Orden sacerdotal y Unción de los enfermos es necesario estar en gracia de Dios. Quien recibe uno de estos sacramentos en pecado mortal comete un sacrilegio.

Para recibir el Bautismo y la Penitencia es necesario la fe y el arrepentimiento de los pecados.

Los sacramentos del Bautismo, Confirmación y Orden sacerdotal, si se recibieron válidamente pero indignamente (en pecado mortal), reviven si se quita el impedimento moral (confesando).

7. LOS SACRAMENTALES

Los sacramentales son signos sagrados por medio de los cuales se expresan y obtienen efectos espirituales, obtenidos por la intercesión de la Iglesia

El Concilio Vaticano II define los sacramentales como: “signos sagrados creados según el modelo de los sacramentos, por medio de los cuales se expresan efectos, sobre todo, de carácter espiritual, obtenidos por la intercesión de la Iglesia. Por ellos, los hombres se disponen a recibir el efecto principal de los sacramentos y se santifican las diversas circunstancias de la vida” (Const. sobre la liturgia, nº 60).

Es ministro de los sacramentales el clérigo provisto de la debida potestad; pero, según lo establecido en los libros litúrgicos y a juicio del ordinario, algunos sacramentales pueden ser administrados también por laicos que posean las debidas cualidades (CDC. Nº 1168)

Se consideran sacramentales: a) las ceremonias empleadas en la administración de los sacramentos; b) las bendiciones, consagraciones, exorcismos; c) el uso de objetos bendecidos y consagrados; d) estos mismos objetos bendecidos y consagrados (sacramentales permanentes).

  1. LA OBRA DE CRISTO EN LA LITURGIA

“Sentado a la derecha del Padre” y derramando el Espíritu Santo sobre su Cuerpo que es la Iglesia, Cristo actúa ahora por medio de los sacramentos, instituidos por Él para comunicar su gracia.

En la Liturgia de la Iglesia, Cristo significa y realiza principalmente su misterio pascual. Durante su vida terrestre Jesús anunciaba con su enseñanza y anticipaba con sus actos el misterio pascual. Cuando llegó su hora (cf Jn 13, 1; 17, 1), vivió el único acontecimiento de la historia que no pasa: Jesús muere, es sepultado, resucita de entre los muertos y se sienta a la derecha del Padre “una vez por todas” (Rm 6, 10; Hb 7, 27; 9, 12). Es un acontecimiento real, sucedido en nuestra historia, pero absolutamente singular: todos los demás acontecimientos suceden una vez, y luego pasan y son absorbidos por el pasado.

El misterio pascual de Cristo, por el contrario, no puede permanecer solamente en el pasado, pues por su muerte destruyó a la muerte, y todo lo que Cristo es y todo lo que hizo y padeció por los hombres participa de la eternidad divina y domina así todos los tiempos y en ellos se mantiene permanentemente presente. El acontecimiento de la Cruz y de la Resurrección permanece y atrae todo hacia la Vida.

Por esta razón, como Cristo fue enviado por el Padre. El mismo envió también a los Apóstoles, llenos del Espíritu Santo, no sólo para que, al predicar el Evangelio a toda criatura, anunciaran que el Hijo de Dios, con su muerte y resurrección, nos ha liberado del poder de Satanás y de la muerte y nos ha conducido al reino del Padre, sino también para que realizaran la obra de salvación que anunciaban mediante el sacrificio y los sacramentos en torno a los cuales gira toda la vida litúrgica” (SC 6) (Catecismo de la Iglesia Católica).

Página para meditar nº 96

23 miércoles Jul 2014

Posted by manuelmartinezcano in P. Manuel Martínez Cano, Padre Alba, Uncategorized

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Las alegrías pascuales

Jesucristo resucitó para ya no morir jamás. Esa verdad es el fundamento de nuestra fe, y de nuestra vida cristiana. Si Cristo no hubiera resucitado, aún viviríamos en el pecado, y nuestra fe sería vana.

También esa verdad es la fuente de nuestro gozo, porque Jesucristo, ahora y por siempre, es infinitamente feliz y se goza infinitamente en hacer felices a los suyos.cristo_0

Jesucristo resucitado me ama, ahora, como ama a los apóstoles, que ya gozan de su presencia. Esta verdad me aturde, que Dios ponga su amor en mí. Y una verdad no menos consola­dora corresponde a esta primera: Dios se deja amar por mí. Dios pone el primer mandamiento y el resumen de todos ellos, precisamente en eso: Amarás al Señor tu Dios sobre todas las cosas. Indefinible poder de nuestro corazón: yo puedo, debo; es el gozo más inacabable, el amor a mi Dios, y ser amado por El.

Pero es que además, Jesucristo resucitado, desde el cielo, me está preparando la morada para que en ella, pueda amarle eternamente, ligando para siempre mi felicidad a la suya. Allí siempre estaremos con el Señor Jesús.

Por eso quiere el Señor que confíe en su amor. Su amor es firme, es verdadero, no cambia.

Correspondiendo a su amor, quiere que por encima de todo confíe yo en El; que yo me entregue del todo a Él y que le diga a cada instante: «Corazón de Jesús, en Vos confío; y co­mo sé que me amáis, haced de mi lo que queráis».

El meditar en la realidad de la vida actual de Cristo re­sucitado, vivo así, en el cielo y en el Santísimo Sacramento, inmensamente feliz e inmensamente deseoso de hacernos felices y consolarnos, ha de ser el alimento del verdadero gozo pas­cual. Cristiano, siempre alegre; alegre en la verdad de Cris­to resucitado que venció a la muerte, mi muerte, y al pecado, mi pecado. ¡Pronto estaré ya con El!

Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 96, abril de 1986

Chicas y chicos,
venid con nosotros
a los Campamentos del Padre Alba.
Sana diversión, santa formación.
Del 7 al 20 de agosto de 2014.

Imitación de Cristo 74

16 miércoles Jul 2014

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Capítulo 37

De la pura y total renuncia de sí mismo
para alcanzar la libertad del corazón

Jesucristo: -1. Hijo, déjate a ti y me hallarás a mí. Nada escojas, nada te apropies, y ganarás siempre.
Porque al punto que te renunciares sin volver a lo que dejaste, se te dará mayor gracia.

El Alma.– 2. Señor, ¿cuántas veces me renunciaré y en qué cosas me dejaré?
Jesucristo.– Siempre y cada hora, así en lo poco como en lo mucho. Nada exceptúo, sino que en todo te quiero hallar desnudo.
De otro modo, ¿cómo podrás ser mío y yo tuyo, si no te despojas de toda voluntad interior y exteriormente?
Cuanto más presto hicieres esto, tanto mejor te irá; y cuanto más pura y cumplidamente, tanto más me agradarás y mucho más ganarás.cor4 [640x480]

3. Algunos se renuncian, pero con alguna excepción; no confían en Dios del todo, y por eso trabajan en mirar por sí.
También algunos al principio lo ofrecen todo; pero después, combatidos de alguna tentación, se vuelven a lo que dejaron, y por eso no aprovechan en la virtud.
Estos nunca llegarán a la verdadera libertad del corazón puro, ni a la gracia de mi suave familiaridad, si no se renuncian del todo, haciendo cada día sacrificio de sí mismos, sin lo cual no se da ni se dará la unión con que se goza de mí.

4. Muchas veces te dije, y ahora te lo vuelvo a decir: Déjate a ti, renúnciate, y gozarás de gran paz interior.
Dalo todo por el todo; nada busques, nada exijas; está puramente y sin dudar en mí, y me poseerás.
Serás libre de corazón y no te envolverán las tinieblas.
Encamina todos tus esfuerzos, deseos y oraciones al fin de despojarte de todo apego, para seguir así desnudo a Jesús desnudo, morir para ti y vivir para mí eternamente.
Entonces se desvanecerán todas las vanas imaginaciones, las perturbaciones malas y los cuidados superfluos.
Entonces también desaparecerá el temor excesivo y morirá el amor desordenado.

Post mortem Francisco Franco: Obispos de Lérida y Madrid

16 miércoles Jul 2014

Posted by manuelmartinezcano in Uncategorized

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Obispo de LÉRIDA.

«Esta Catedral, hace veinte años, más en concreto la víspera de San Miguel de 1955, cobijó en su ámbito la figura ya histó­rica de Francisco Franco. Personalmente venía entonces a hacer la ofrenda de su reconstrucción, costeada principalmente por el Estado que capitaneaba…».franco y familia

…«El mensaje póstumo, cuya lectura emocionado por el Pre­sidente del Gobierno ayer escuchamos, nos recordaba el alto ideal que se había propuesto alcanzar el Jefe del Estado, cuya consecución nos urgía, y para el cual indudablemente había tra­bajado sin descanso. No nos engañaba. A la hora en que lo dic­taba o escribía, a las puertas de la muerte, la mentira no pue­de admitirse en quien, profesándose profundamente cristiano, sabe que se ha de encontrar ante la Verdad eterna. (…). Humi­llante sería pensar que el Jefe del Estado no había implorado más de una vez perdón, cuando también con fe suplicaba la luz del Altísimo para cumplir debidamente su misión de gobernante. La espontaneidad con que lo pide en su mensaje es la mejor declaración de la actitud de su espíritu en este punto. (…). Siem­pre resulta difícil hacer balance de las obras de cualquier per­sona (…). Dejemos que la perspectiva de la historia permita pon­derar en su más justo valor la acción de quien, con indudable entrega y personal amor, ha dedicado su persona al servicio de la Patria, como lo exigía el juramento a que se había compro­metido».

(Homilía: Bol. Of. del Obispado, 1 diciembre 1975 págs. 314-17.)

 

Arzobispo de MADRID.

«En esta hora nos sentimos todos acongojados ante la des­aparición de esta figura auténticamente histórica. Nos sentimos, sobre todo, doloridos ante la muerte de alguien a quien sinceramente queríamos y admirábamos (…). Las buenas obras son nuestro equipaje, el único que tiene valor en esta hora. Como decía San Juan de la Cruz «a la caída de la tarde seremos exa­minados de amor».

«Y este amor de Francisco Franco es el que sí puedo elogiar yo en esta hora. Cada hombre tiene distintas maneras de amar. La del gobernante es la entrega total, incansable, llena a veces de errores inevitables, incomprendida casi siempre, al servicio de la comunidad nacional. El Concilio Vaticano II no dudó en proclamar la nobleza de este oficio de servir a la Patria desde el difícil puesto de la política (…).

«Creo que nadie dudará en reconocer aquí conmigo la abso­luta entrega, la obsesión diría incluso, con la que Francisco Franco se entregó a trabajar por España, por el engrandecimien­to espiritual y material de nuestro país, con olvido incluso de su propia vida. Este servicio a la patria es también una virtud religiosa (…).

Quien tanto y tanto luchó hasta extinguirse por nuestra Pa­tria presentará hoy en las manos de Dios este esfuerzo que ha­brá sido su manera de amar, con limitaciones humanas, como las de todos, pero esforzada y generosa siempre. Yo estoy segu­ro de que Dios perdonará sus fallos, premiará sus aciertos y reconocerá su esfuerzo. Nosotros, con nuestra oración de hoy, le acompañaremos para que ese perdón y ese reconocimiento sean completos. Él ha muerto uniendo los nombres de Dios y de España, como acabamos de oír en el último Mensaje. Gozoso porque moría en el seno de la Iglesia de la que siempre ha sido hijo fiel» (…).

(Homilía, corpore praesente, en El Pardo: Bol. Of. de   la Archidiócesis, 1 y 15 diciembre 1975, págs. 801-2.)

Meditación sobre María Inmaculada

16 miércoles Jul 2014

Posted by manuelmartinezcano in Meditaciones de la Virgen, Uncategorized

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Llegado el tiempo dichoso fijado por Dios para la salvación del mundo fue concebida la Santisima Virgen, pero no como los demás hombres, sino pura y sin mancha, sin contraer el pecado original. Meditemos los testimonios que nos aseguran esta consoladora verdad.

1º Dios.-Recuerda el pecado de Adán y Eva y el castigo del señor. –Maldice Dios a la serpiente con estas palabras: «Pondré enemistades entre ti y la Mujer, entre tu descendencia y la suya. Ella quebrantara tu cabeza y tú estarás siempre bajo sus pies». -En estas palabras considera tres cosas: 1ª, que una mujer prodigiosa su descendencia se vengarían de la serpiente 2ª, que entre la Mujer y la serpiente habría enemistades perpetuas, y 3ª, que el demonio quedará vencido por la victoria de esa Mujer. –Pues bien, si María no hubiera sido Inmaculada y hubiera tenido algún pecado, no hubieran sido perpetuas esas enemistades, ya que el pecado es un acto de amistad con el demonio… Y además, no sería Ella la vencedora sino la vencida, pues en el pecado el que triunfa es el demonio; y el hombre, el esclavo que queda derrotado. –Nota bien, que esa victoria de la Mujer y de su descendencia y que esta descendencia es su Hijo Jesucristo, y nosotros, que somos hermanos de Cristo… somos descendencia de María, pues es nuestra Madre. -Luego, con Ella y por Ella debemos luchar contra el demonio y así imitaremos mas su pureza inmaculada, al luchar y vencer a Satanás.maria llena de gracia

2º El ángel.-En aquellas palabras «Dios te salve, la llena de gracia», el Ángel llama a la Virgen claramente Inmaculada porque… ¿cuando y como se llenó María de gracia? Precisamente en su Inmaculada Concepción… Esta plenitud es prodigiosa… es única… es de siempre. -De no ser así el ángel no hubiera dicho esas palabras, pues muchos santos ha habido muy santos y con mucha gracia de Dios, pero con esa plenitud ninguno; al menos, al momento de nacer, por el pecado original no tenían gracia alguna. -Pero María no es así, en todo momento y siempre, es la llena de gracia… luego nunca con pecado, ni siquiera original. -Por tanto, al llamarla el ángel «la llena de gracia», la llama Inmaculada.-Saborea estas dulcísimas palabras y da gracias al ángel por haber hecho este panegírico tan hermoso de María Inmaculada.

3º La Iglesia.-Diecinueve siglos suspiró la Iglesia por este Dogma. -Contempla el magnífico desfile: son los Santos Padres, los Doctores, los escritores eclesiásticos, los místicos y ascéticos, los santos todos y en especial los mas enamorados de María, los que han tejido sin cesar una corona de alabanzas a su Inmaculada Concepción. Son las vírgenes de la Santa Iglesia que por Imitar su pureza inmaculada se consagraron a Ella, con voto de virginidad.-Mira cuantas son y qué hermosas… ¡qué ejército tan escogido!… es el ejército blanco de María Inmaculada. -Fue todo el pueblo cristiano que la aclamaba hasta en sus cantares, pura y limpia en su Concepción. No ha habido dogma más hondamente sentido, ni más comprendido por todos que éste. –Y fue entonces, cuando después de diecinueve siglos, el Papa Pío IX, recogiendo ese anhelo y esas alabanzas, teje con ellas la corona definitiva de la definición dogmatica de la Inmaculada Concepción. – Detente a contemplar así a María, como el objeto de las alabanzas de toda la Iglesia en este misterio, y mira cómo se cumplen sus palabras: «me llamaran Bienaventurada todas las generaciones»…

4º María.-Ella misma confirma las palabras infalibles del Papa. – Es la Virgen blanca de Lourdes que después de diez y siete apariciones, por fin se declara a aquella niña y la dice: «Soy la Inmaculada Concepci6m.-Las fuentes milagrosas, de los millares de peregrinos, los enfermos innumerables, las plegarias incesantes y los canticos perennes de Lourdes, son un eco de estas palabras y una confirmación de la definición pontificia. -¡María es Inmaculada en su Concepción. Recuerda esta historia de Lourdes y también tú en espíritu únete a este coro de alabanzas que allí sin cesar se entonan a María Inmaculada.

5º Nosotros. -Dios, el Ángel, el Papa, María misma, son los testimonios que proclaman ese Dogma… y nosotros ¿qué haremos?, ¿alegrarnos gozarnos en él?… No basta… Podemos y debemos tomar parte en él… María Inmaculada es una Capitana con su ejército, en contra de la serpiente el suyo. – Tenemos que alistarnos en las banderas de María y luchar contra el pecado en todas sus manifestaciones: tibieza, ingratitud, amor propio… sólo así seremos imitadores de María Inmaculada. ¡Guerra, pues, al pecado por María Inmaculada!

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