Contracorriente

~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

Contracorriente

Archivos mensuales: julio 2014

El mundo enemigo

16 miércoles Jul 2014

Posted by manuelmartinezcano in P. Manuel Martínez Cano, Uncategorized

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Su Santidad Francisco nos ha dicho varias veces que estemos alerta ante la mundanidad, que el diablo quiere que la Iglesia sea mundana, muy mundana. Como buen jesuita, nos recuerda una de las tres peticiones de San Ignacio en los Ejercicios Espirituales: “Pedir conocimiento del mundo, para que aborreciendo, aparte de mí las cosas mundanas y vanas.” El mundo es el conjunto de los hombres y mujeres malos y corruptores que públicamente presumen de pecadores, con la intención satánica de inducir a otros a pecar y perder la fe. Es el escándalo globalizado y democrático que pervierte las mentes y los corazones de los que afirman que no necesitan a Dios. Les basta la diosa democracia. No se alteren, por favor, que es malo para la salud. El divorcio, el aborto, el mal llamado matrimonio homosexual, la eutanasia, los espectáculos aberrantes y bestiales, etc. claman al Cielo y lo ha traído la democracia.papa_francisco_noticia_getty_1205

En su primera carta, San Juan dice: “Sabemos que somos de Dios, mientras que el mundo todo está bajo el maligno” (1ª Jn 5, 19). El mundo está gobernado por el demonio, a quien Jesús llama: “el príncipe de este mundo” (Jn 12, 31). El diablo: “es príncipe de todos los malos que hay en el mundo” (San Agustín). Y hoy hablamos de un mundo globalizado democráticamente. “Todo cuanto hay en el mundo es concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y soberbia de la vida” (1ª Jn 2, 16).

El mundo es el conjunto de los hombres malvados que odian a Cristo y a su Iglesia. “El mundo me odia” dice Cristo, y advierte a sus discípulos: “Si el mundo os odia sabed que primero me odió a mí” (Jn 15, 18). Las obras del mundo son perversas, diabólicas, por eso Cristo lo condena: “Yo he dado testimonio de que sus obras son malas” (Jn 7, 7). El pecado cometido públicamente con la intención satánica de tentar a otros para que pequen es el pecado por antonomasia del mundo democrático: “Ay del mundo por sus escándalos”, dice el Señor (Mt 18, 7)

El mundo es el conjunto de “valores” de los hombres y mujeres necios, frívolos, pecadores, corruptos, escandalosos… El mundo son las riquezas, los placeres, honores, medios de comunicación inmorales, las modas indecentes, consumismo, nazismo, anarquismo, liberalismo, capitalismo salvaje, democratismo. Todo sin Dios y contra Dios.

El mundo es el reino del demonio que “anda en torno nuestro mirando a quien devorar” en la tierra, para llevarnos con él eternamente al infierno. Lo último que he leído del Papa Francisco: “Es una contradicción pensar en cristianos que se odian. Es una contradicción. Y esto busca siempre el diablo: hacer que nos odiemos. Porque siembra la cizaña y el odio. Él no conoce del amor, el amor es de Dios.” Y el demonio es odio.

P. Manuel Martínez Cano, mCR.

Gracia y oración

16 miércoles Jul 2014

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1. NOCIÓN DE GRACIA

En el cristiano hay dos clases de vida: Una natural y otra sobrenatural. La vida natural procede de la unión del alma con el cuerpo. La vida sobrenatural consiste en la maravillosa unión del alma con Dios, por la gracia santificante, que recibimos por los sacramentos.

La gracia es un don sobrenatural que Dios concede para alcanzar la vida eterna.

Se llama gracia porque Dios, en virtud de los méritos de Jesucristo, nos la concede gratuitamente, sin haberla merecido nosotros.

Hay dos clases de gracia: la gracia santificante y la gracia actual.

dios_padre_trinidadLa gracia santificante es un don sobrenatural, infundido por Dios en el alma de modo permanente, que nos hace santos y participantes de la vida divina.

La gracia actual es un auxilio de Dios que ilumina nuestro entendimiento y mueve nuestra voluntad para obrar el bien y evitar el mal en orden a la salvación eterna.

El Papa Pablo VI dijo que “la participación en la naturaleza divina, que los hombres reciben como don mediante la gracia de Cristo, tiene cierta analogía con el origen, el crecimiento y el sustento de la vida natural”.

El Señor que conoce nuestra debilidad para cumplir los Mandamientos y obrar como corresponde a nuestra dignidad de hijos de Dios, nos concede el auxilio sobrenatural de la gracia para que seamos buenos hijos de Dios.

2. EFECTOS DE LA GRACIA SANTIFICANTE

La gracia santificante produce en el cristiano los siguientes efectos: eleva a un estado sobrenatural; convierte al justo en amigo de Dios, hijo de Dios, heredero del Cielo y templo del Espíritu Santo.

La gracia santificante eleva al hombre al estado sobrenatural y le hace participar de la divina naturaleza: “Habéis sido lavados, habéis sido santificados, habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios” (1Cor 6, 11). “Vestíos del hombre nuevo, creado según Dios en justicia y santidad verdaderas” (Ef 4, 24).

Así como el fluido eléctrico transforma la bombilla y la savia produce en el árbol hojas, flores y frutos, de la misma manera la gracia santificante produce frutos sobrenaturales en el alma.

La gracia santificante convierte al justo en amigo de Dios. Lo dijo el mismo Jesús: “Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que oí a mi Padre os lo he dado a conocer” (Jn 15, 14).

La gracia santificante convierte al justo en hijo de Dios y heredero del cielo. San Pablo, en su carta a los romanos, dice: “No habéis recibido el espíritu de siervo para recaer en el temor, antes habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio con nuestro espíritu de que somos hijos de Dios, y si hijos, también herederos de Dios, coherederos de Cristo” (Rom 8, 15).

La gracia santificante convierte al justo en templo del Espíritu Santo. “¿No sabéis que sois templos de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?” (1Cor 3, 16).

 3. AUMENTO Y PÉRDIDA DE LA GRACIA SANTIFICANTE

La gracia santificante aumenta en el alma por medio de la oración, los sacramentos y las buenas obras. Se pierde por el pecado mortal.

La gracia santificante aumenta por medio de la oración, los sacramentos y las buenas obras. “El que es justo practique más la justicia, y el que es santo santifíquese más” (Apoc 22, 11). “Si alguno dijere que la justicia recibida no se conserva y también que no se aumenta delante de Dios por medio de las buenas obras… sea anatema” (Concilio de Trento).

La gracia santificante se pierde por el pecado mortal. Frente a la doctrina de Calvino sobre la imposibilidad de perder la gracia y frente a la doctrina de Lutero, según la cual el estado de gracia sólo se pierde por el pecado de incredulidad, el concilio de Trento enseñó que: “no sólo por el pecado de infidelidad, sino por cualquier otro pecado mortal, se pierde la gracia de la justificación”.

El que está en pecado mortal puede hacer obras buenas, pero con ellas no merece ni la gracia ni la gloria, aunque puede alcanzar de la misericordia divina la gracia de su conversión.

“Vigilad y orad para que no caigáis en tentación” (Mt 26, 41). “El que cree estar en pie, mire no caiga” (1Cor 10, 12).

4. NECESIDAD DE LA GRACIA ACTUAL

El hombre necesita de una fuerza que está por encima de su capacidad natural (esa fuerza es el don gratuito de la gracia actual sobrenatural), sin la cual no puede pensar, ni hacer nada, en orden a su salvación eterna. “Pues Dios es el que obra en nosotros el querer y el obrar” (Fil 2, 13).

Dice Nuestro Señor Jesucristo: “Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ese da mucho fruto, porque sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15, 5). San Agustín comentando estas palabras de Jesús, dice: “Para que nadie piense que el sarmiento podría producir por sí sólo al menos un pequeño fruto, el Señor no dijo: ”Sin mí podéis hacer poco», sino que afirmó rotundamente: “Sin mí no podéis hacer nada”. Así, pues, sea poco o mucho, nada se puede hacer sin Aquel fuera del cual nada es posible hacer».

“Dios Nuestro Señor quiere que todos los hombres se salven” (1Tim 2, 4). Y para que se salven el Señor concede a todos la gracia actual para cumplir los preceptos divinos: “Fiel es Dios, que no permitirá que seáis tentados sobre vuestras fuerzas; antes dispondrá con la tentación el éxito para que podáis resistirla” (1Cor 10, 13).

Ahora bien, Cristo nos exhorta a la lucha: “Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la vida!, y pocos son los que la encuentran” (Mt 7, 13).

“Dios no abandona a los justos con su gracia si no es abandonado antes por ellos” (San Agustín).

5. MÉRITO SOBRENATURAL

Todo acto moralmente bueno tiene su mérito o valor moral y es digno de un premio. A un mérito corresponde un premio. “Venid, benditos de mi Padre, y tomad posesión del reino de los cielos… porque tuve hambre y me disteis de comer” (Mt 25, 34). “Cada uno recibirá su recompensa conforme a sus obras” (1Cor 3, 8).

Para que el alma consiga un mérito sobrenatural es necesario que la obra meritoria sea conforme a la ley de Dios, que se realice con libertad y en gracia de Dios.

La persona que hace el acto meritorio ha de estar en estado de peregrinación terrenal: “Mientras hay tiempo hagamos el bien a todos” (Gal 6, 10), porque “el tiempo de merecer solamente lo ha dado Dios a los hombres en esta vida” (San Fulgencio).

La obra meritoria ha de hacerse en estado de gracia: “Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí” (Jn 15, 4).

La pérdida de la gracia santificante por el pecado mortal tiene como consecuencia la pérdida de todos los méritos. Pero según doctrina general de todos los teólogos, los méritos reviven en el alma cuando se restaura el estado de gracia santificante, con una buena confesión.

6. LA ORACIÓN

Orar es hablar con Dios, Nuestro Padre Celestial, para alabarle, darle gracias y pedirle toda clase de bienes.

 San Juan Damasceno decía que “la oración es la elevación del alma a Dios”, “la petición a Dios de las cosas convenientes”. Santo Tomás, recogiendo las dos definiciones anteriores, enseña que “la oración es la elevación de la mente a Dios para alabarle y pedirle cosas convenientes a la eterna salvación”.María Reza 2

 Como la oración es una elevación de la mente a Dios, el que está completamente distraído, el que no cae en la cuenta de que está hablando con Dios, en realidad no hace oración.

La Iglesia ha enseñado siempre a orar. No para cambiar la providencia divina, que es absolutamente inmutable, sino para obtener de Dios lo que desde toda la eternidad ha determinado conceder a la oración. Como si el Señor hubiera dicho desde toda la eternidad: “Concederé tal cosa si se me pide, y si no, no”.

La oración eleva y engrandece nuestra dignidad de personas humanas. Nunca es más grande el hombre que cuando está de rodillas orando. El trato humilde, amoroso y confiado con Dios proporciona al alma gozo y consuelo espiritual.

7. NECESIDAD DE LA ORACIÓN

La oración no sólo es conveniente para el hombre, sino que es absolutamente necesaria. La oración es como la respiración y alimento del alma.

El mandato divino consta expresa y repetidamente en la Sagrada Escritura: “Vigilad y orad” (Mt 26, 41); “pedid y recibiréis” (Mt 7, 7); “orad sin intermisión” (1Tim 5, 17); “permaneced vigilantes en la oración” (Cel 4, 2).

Es doctrina común y absolutamente cierta en teología que la oración es necesaria para la salvación de los adultos. San Alfonso María de Ligorio, dice: “El que reza, se salva ciertamente, y el que no reza, ciertamente se condena. Si dejamos a un lado los niños, todos los demás bienaventurados se salvaron porque rezaron, y los condenados se condenaron porque no rezaron. Y ninguna otra cosa les producirá en el infierno más espantosa desesperación que pensar que les hubiera sido cosa muy fácil el salvarse, pues lo hubieran conseguido pidiendo a Dios sus gracias, y que ya serán eternamente desgraciados porque pasó el tiempo de la oración”.

“Dios no manda imposibles, y al mandarnos una cosa, nos avisa que hagamos lo que podamos y pidamos lo que no podamos y nos ayuda para que podamos” (San Agustín).

La oración más excelente es el Padrenuestro; también podemos hacer oración a la Virgen, a los ángeles y a los santos, para que intercedan por nosotros ante Dios. Las principales oraciones a la Virgen María son el Avemaría y la Salve.

8. EFICACIA DE LA ORACIÓN

Si oramos conseguiremos de Dios todo lo que necesitamos para ser santos y salvarnos.

La oración es de eficacia infalible, como afirma Cristo Nuestro Señor: “Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama se le abrirá. ¿O hay acaso alguno entre vosotros que al hijo que le pide pan le da una piedra, o si le pide un pescado le da una culebra? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan!” (Mt 7, 711).

“Todo cuanto con fe pidiereis en la oración yo lo haré” (Mt 21, 22). “Cualquier cosa que pidiereis en mi nombre, eso haré, para que sea glorificado el Padre en el Hijo. Si algo me pidiereis en mi nombre, Yo lo haré” (Jn 14, 13 y 14).

Para que nuestra oración tenga eficacia infalible se requiere que uno pida algo para sí mismo, que lo que pida sea necesario o conveniente para la salvación y que lo pida en nombre de Jesucristo.

Podemos y debemos orar también por todas las personas capaces de alcanzar la gloria eterna, sin excluir ni a herejes ni a excomulgados, ni a nuestros enemigos. La caridad cristiana y a veces la justicia nos urge esta obligación: “Orad unos por otros para que os salvéis” (Sant 5, 16).

Para que nuestra oración sea agradable a Dios hemos de orar con la reverente atención que se debe a la Majestad divina; con la humildad del pobre pecador necesitado; con la confianza del hijo para con el Padre y con la perseverancia que tanto inculcó Nuestro Señor Jesucristo.

Página para meditar nº 95

16 miércoles Jul 2014

Posted by manuelmartinezcano in Padre Alba, Uncategorized

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En el nombre de María Inmaculada

La exigencia de la legislación actual que pide la homologación y acomodación a los nuevos cauces asociativos de todas las asociaciones existentes, nos ha obligado a presentar la nueva documentación a fin de poner al día nuestra Asociación Juvenil. Los trámites se han seguido y a partir de su nueva aprobación o como se dice ahora, de su homologación, nuestra Asociación se llamará «de la Inmaculada y San Luis Gonzaga». Siempre tuvo a María como a su madre. Pero a partir de ahora, hasta en los impresos campeará el nombre de nuestra Madre Inmaculada.inmaculado_corazon2

Esto nos ata con un nuevo motivo, a ser más hijos suyos, y a distinguirnos como tales.

Legión de ángeles

Todo el sistema político actual que sufre nuestra Patria, está empeñado en embrutecer a la juventud con un rio de fango. En la calle, en los quioscos, en los anuncios, en los libros, el cine y la T.V. el alma cristiana es asaltada por el demonio de la impureza que lleva tantos millones de hombres al infierno.

Tenemos una admirable misión serenadora y pacificadora a nuestro alrededor: ser como un escuadrón de ángeles, capaces de dar al mundo el espectáculo de una juventud franca e incontaminada.

No importa el número

Aunque seamos una pequeña grey, como la que se juntaba alrededor de Jesús, no hemos de temer. «No teman pequeña grey, que yo he vencido al mundo», nos dice el Señor.

Sed valientes. «Nosotros queremos que Jesús reine en el mundo, y queremos comenzar por nuestro corazón». Sed dóciles. «Seguiremos las enseñanzas y consejos de nuestros sacerdotes, sin discutir interiormente lo que sería major». Estad unidos. «Trabajaremos incansablemente para que la polilla de la discordia no haga presa entre nosotros. «Donde hay división, hay derrota».

Así vendrán, pequeña grey, días mejores para la Iglesia y para la Patria.

Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 95, marzo de 1986

Chicas y chicos,
venid con nosotros
a los Campamentos del Padre Alba.
Sana diversión, santa formación.
Del 7 al 20 de agosto de 2014.

Imitación de Cristo 73

10 jueves Jul 2014

Posted by manuelmartinezcano in Uncategorized

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Capítulo 36

Contra los vanos juicios de los hombres

Jesucristo.– 1. Hijo, pon tu corazón fijamente en Dios, y no temas los juicios humanos cuando la conciencia no te acusa.
Bueno es y dichoso padecer de esta suerte; y esto no es duro al corazón humilde, que confía más en Dios que en sí mismo.
Los más hablan demasiadamente, y por eso se les debe dar poco crédito.
Y también satisfacer a todos no es posible.
Aunque san Pablo trabajó en contentar a todos en el Señor, y fue todo para todos, sin embargo, en nada tuvo el ser juzgado del mundo.imitacion-de-cristo
Mucho hizo por la salud y edificación de los otros, trabajando cuanto pudo y estaba de su parte; pero no se pudo librar de que le juzgasen y despreciasen alguna veces.
Por eso lo encomendó todo a Dios, que lo conoce todo, y con paciencia y humildad se defendía de las malas lenguas y de los que piensan vanidades y mentiras, y las dicen como se les antoja.
Y también respondió algunas veces, porque no se escandalizasen algunas almas débiles en verle callar.

2. ¿Quién eres tú para que temas al hombre mortal? Hoy es, y mañana no parece.
Teme a Dios y no te espantarán los fieros de los hombres.
¿Qué te puede hacer el hombre con palabras o injurias? Más bien se daña a sí mismo que a ti; y cualquiera que sea, no podrá huir el juicio de Dios.
Ten presente a Dios, y no contiendas con palabras de queja.
Y si ahora quedas debajo, al parecer, y sufres la humillación que no mereciste, no te indignes por eso, ni por la impaciencia disminuyas tu corona.
Sino mírame a mí en el cielo, que puedo librar de toda confusión e injuria, y «dar a cada uno según sus obras» (Rom 2,6).

Post mortem Francisco Franco: obispo de Valladolid y administrador apostólico de Zamora

10 jueves Jul 2014

Posted by manuelmartinezcano in Uncategorized

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Arzobispo de Valladolid

«¡Ha muerto el Caudillo! Estábamos tan acostumbrados a su presencia y su «capitanía» que este acontecimiento se ha convertido para todos en una conmoción que se ha ido haciendo patente a lo largo de su prolongada agonía y, en cierto sentido, en un interrogante y una interpelación para todo el país.

Obispo Administrador Apostólico de ZAMORA.

…«Vivimos todos profundamente estremecidos por el dolor de una pérdida ciertamente irreparable, la de nuestro Jefe de Estado. Dolor no exento de esperanza. (…). «En el nombre Cristo me honro y ha sido mi voluntad constante ser hijo fiel de la Iglesia, en cuyo seno voy a morir», nos decía en ese men­saje que bien podemos llamar testamento espiritual, escrito de su puño y letra y transcrito por su amada hija Carmen, el Jefe del Estado los días mismos en los cuales afloraba en su con­ciencia la certeza de que había llegado el momento de rendir las cuentas que todo hombre ha de rendir a Dios».

180px-Retrato_Oficial_de_Francisco_Franco«Y esa voluntad de ser hijo fiel de la Iglesia ha sido una cons­tante en la vida de nuestro Caudillo, una voluntad manifestada en mil actuaciones, casi todas ellas secretas todavía y que apa­recerán al remover los archivos de El Pardo. Fidelidad que aflu­ye en muchos momentos de esta larga vida de gobierno de Es­paña en situaciones heroicas a la persona y a la misma misión de gobierno. Una fidelidad de petición de consejo, una fidelidad de voluntad de servicio, una fidelidad de escuchar al Magisterio, una fidelidad de intento constante de penetrar hasta las últimas esencias cuál era la doctrina de la Iglesia sobre puntos determi­nados que debían marcar, de una forma muy clara y diferencia­da, el sentido mismo del gobierno y de la organización del Es­tado. ¿Quién pudiera decirnos en estos momentos, queridos her­manos, lo que ha influido en los últimos cuarenta años de nues­tra vida española la encíclica de León XIII «Rerum Novarum», la de Pío XI  «Cuadragésimo Anno»?   (…).  Cuántos momentos difíciles en los cuales personas allegadas y responsables al Go­bierno de la nación hubieran producido choques y hasta roturas con la Santa Iglesia, han sido resueltas con una palabra, con un gesto, con una  mirada de este hombre por el cual rezamos ahora».

«La orientación moral ha marcado la vida de nuestro Jefe de Estado, de tal forma que voces hasta adversas a su política nunca han podido lanzar un bramido o un clamor contra una inta­chable vida personal y familiar. Pero una fe vivida con sencillez, en esa sencillez de una devoción, queridos hermanos, que son fundamentales en el cristiano. ¿Quién nos contará las largas ho­ras pasadas ante el Santísimo expuesto, o en el Sagrario en los momentos en los cuales debía dar a la nación un giro o debía tomar grandes decisiones? ¿Quién nos hablará de su confianza en la Santísima Virgen, cuyas advocaciones dispersas por toda la nación mencionó improvisadamente en una audiencia que concedió al arzobispo ortodoxo de Creta, al cual acompañaba yo como presidente del Secretariado Nacional de Ecumenismo. (…).

«No, no son palabras fruto de la improvisación momentánea estas que han conmovido el corazón y han hecho brotar la emo­ción de tantos hombres y mujeres españolas. Son todo un pen­samiento, un testamento espiritual que contiene su pensamiento sobre tantos y tantos aspectos de la vida de la patria y de la vida de la Iglesia. «Quisiera en mi último momento unir el nom­bre de Dios y de España». Síntesis de una vida que nos brinda a nosotros para que sepamos ser dignos de todos los ideales que han movido no sólo a un hombre sino a una generación tan digna de ser interpretada por ese hombre por el cual hoy como cristianos y como españoles, al mismo tiempo que lloramos, ora­mos» (…).

«Pidamos para nuestra patria y para la Iglesia la fidelidad a los grandes principios que le han movido siempre y que en este momento concreto nos ha manifestado de forma tan sencilla, tan genial y tan cristiana».

 (Homilía:   Boletín   del   Obispado   de   Zamora,   octubre-noviembre 1975, págs. 113, 114.)

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“Espíritu Santo, infúndenos la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia, en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente”. Padre Santo Francisco.

"Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la construyen. (Salmo 127, 1)"

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