1. JERARQUÍA ECLESIÁSTICA
La Iglesia fundada por Jesucristo está constituida jerárquicamente, es una sociedad jerárquica. El Concilio Vaticano II en su constitución dogmática sobre la Iglesia dice: “Para apacentar el pueblo de Dios y acrecentarlo siempre, Cristo Señor instituyó en su Iglesia diversos ministerios ordenados al bien de todo el Cuerpo” (Lumen Gentium, 18).
En la Iglesia hay dos categorías distintas: la de los clérigos, que participan según grados de la Jerarquía y la de los seglares, que son miembros de la Iglesia con sus propios deberes y responsabilidades.
Los religiosos son, por su estado de perfección, miembros muy valiosos de la Iglesia.
Jerarquía es lo mismo que autoridad sagrada. La Jerarquía eclesiástica es el conjunto de personas que participan de la autoridad eclesiástica.
Por institución divina pertenecen a la Jerarquía el Papa, que tiene autoridad o poder soberano sobre toda la Iglesia, y los obispos, que tienen autoridad en sus diócesis.
Por institución eclesiástica participan también de la jerarquía los abades, vicarios generales y capitulares, superiores generales de órdenes, arciprestes, párrocos, vicarios y diáconos.
Los Cardenales, Nuncios y Legados pontificios son los que colaboran con el Papa en el gobierno de la Iglesia.
Los títulos de Patriarca, Metropolitano, Arzobispo y Primado son honoríficos.
2. EL PRIMADO DEL PAPA
El Concilio Vaticano II ha recordado que: “El Señor Jesús, después de haber hecho oración al Padre, llamando a sí a los que Él quiso, eligió a los doce para que viviesen con Él y enviarlos a predicar el reino de Dios (Ct. Mc. 3,1319; Mt. 10,142).
A estos apóstoles (Lc. 6,13) los instituyó a modo de colegio, es decir, de grupo estable, y puso al frente de ellos a Pedro, elegido de entre ellos mismos (Jo. 21,1517).
El colegio o cuerpo episcopal no tiene autoridad sino se considera incluido el Romano Pontífice, sucesor de Pedro, como cabeza del mismo, quedando siempre a salvo el poder primacial de éste, tanto sobre los pastores como sobre los fieles.
El Pontífice Romano tiene, en virtud de su cargo de Vicario de Cristo y Pastor de toda la Iglesia, potestad plena, suprema y universal sobre la Iglesia, que puede siempre ejercer libremente (Lumen Gentium, 22).
El Papa reúne en su persona toda la autoridad de la Iglesia, porque la autoridad de la Iglesia no es solamente jerárquica, sino monárquica, y esa autoridad suprema la tiene únicamente el Papa.
3. OBISPOS
La Iglesia enseña que “por institución divina los obispos han sucedido a los apóstoles como pastores de la Iglesia. El que los escucha, escucha a Cristo; el que los desprecia, desprecia a Cristo y al que lo envió” (Vaticano II).
La Consagración Episcopal, junto con el oficio de santificar confiere al obispo el oficio de enseñar y regir, los cuales, sin embargo, por su naturaleza, no pueden ejercitarse sino en comunión jerárquica con la Cabeza (Papa) y miembros del Colegio (Lumen Gentium 21).
Cada uno de los obispos que es puesto por el Papa al frente de una Iglesia particular (diócesis), ejercita un poder pastoral sobre la porción del Pueblo de Dios que se le ha confiado. (Lumen Gentium, 23).
4. SACERDOTES
Los presbíteros, en virtud del sacramento del orden, han sido consagrados como verdaderos sacerdotes del Nuevo Testamento, según la imagen de Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote (Hebr. 5,110;7,24;9,1128), para predicar el Evangelio y apacentar a los fieles y para celebrar el culto divino.
Los presbíteros participan en el grado propio de su ministerio, del oficio de Cristo, único Mediador (1Tim.2,5), anuncian a todos la divina palabra. Pero su oficio sagrado lo ejercita sobre todo en el culto eucarístico o comunión, en donde, representando la persona de Cristo y proclamando su Misterio, juntan con el sacrificio de su Cabeza, Cristo, las oraciones de los fieles. (Vaticano II).
Los sacerdotes son los inmediatos colaboradores del obispo para enseñar, santificar y gobernar una diócesis.
5. DIÁCONOS
En el grado inferior de la Jerarquía están los diáconos, que reciben la imposición de manos no en orden al sacerdocio, sino al ministerio. Así, confortados con la gracia sacramental, en comunión con el obispo y su presbiterio, sirven al pueblo de Dios en el ministerio de la liturgia, de la palabra y de la caridad.
Es oficio propio del diácono: la administración solemne del Bautismo, distribuir la Eucaristía, bendecir los matrimonios, llevar el viático a los moribundos, leer la Sagrada Escritura a los fieles, instruir y exhortar al pueblo, presidir el culto y oración de los fieles, presidir los ritos de funerales y sepelios.
6. RELIGIOSOS
Los religiosos son cristianos, hombres y mujeres, que llamados por Dios a una vocación propia y unidos en comunidad, consagran su vida a Dios y al servicio del prójimo, con su oración, sacrificios, obras de caridad y apostolados específicos.
Las características de la vida religiosa son:
1º. Separación del mundo y de los quehaceres propios de los seglares, puesto que los religiosos dedican todo su tiempo a Dios, tanto en la oración como trabajando en el campo o dando clases en un colegio.
2º. Vida de comunidad con otros hermanos de la misma familia religiosa, para ayudarse mutuamente en el camino de la santidad.
3º. Práctica de los consejos evangélicos: pobreza, castidad y obediencia.
Los religiosos con su vida consagrada a Dios, son un testimonio visible del amor de Dios a los hombres, de la caducidad y vileza de las cosas de este mundo y de la esperanza de los bienes definitivos del Cielo.
España ha enriquecido la vida de la Iglesia con muchísimas vocaciones religiosas. Es necesario que los jóvenes españoles eleven sus corazones al cielo para pedir al Señor esa vocación heroica. Verán así cumplida en la tierra la promesa de Nuestro Señor Jesucristo: “En verdad os digo, que ninguno que haya dejado casa, o hermano, o hermana, o madre, o padre, o hijos, o campos por amor a Mí y al Evangelio, dejará de recibir cien veces más ahora en este tiempo en casas, hermanos, hermanas, madre, hijos y campos con persecuciones, y después, en el siglo futuro, la vida eterna” (Mc. 10, 2930).
7. SEGLARES
Laicos o seglares son todos los fieles cristianos no sacerdotes, ni religiosos que incorporados a Cristo por el Bautismo, forman parte de la Iglesia Católica.
Los seglares son los cristianos que viven en el mundo participando en todas y cada una de sus actividades y profesiones: vida escolar, familiar y social.
Corresponde a los seglares por propia vocación buscar el Reino de Dios, tratando y ordenando, según Dios, los asuntos temporales, cualesquiera que sean: modas, economía, política.
Los cristianos deben ser como levadura contribuyendo desde dentro a la santificación del mundo para dar a conocer a Cristo a los demás, allí donde se encuentran, con el testimonio de sus vidas, fe, esperanza y caridad.
Los seglares tienen la obligación de organizar todos los asuntos temporales de tal manera que todos se realicen según la doctrina de Jesucristo para establecer así en el mundo la civilización del amor, el Reinado Social de Nuestro Señor Jesucristo.
8. RELACIONES IGLESIA-ESTADO
Los cristianos tenemos una patria celestial, donde viviremos eternamente felices. También tenemos una patria terrenal, regida y gobernada por el Estado. Somos ciudadanos de este mundo y del Cielo; súbditos de la Iglesia y del Estado.
La Iglesia y el Estado deben proceder armónicamente en sus respectivas actuaciones para el bien integral de los súbditos, especialmente en asuntos de competencia mixta eclesiásticocivil: educación de la juventud, legislación sobre el matrimonio, etc…
El Estado debe respetar la libertad y los derechos de la Iglesia como institución divina que es. También debe ayudarla con los medios propios del Estado, ya que la labor de la Iglesia es altamente beneficiosa para los ciudadanos y para el mismo Estado.
Todos los Estados tienen su ideología. Si no se basa en la doctrina de la verdad, será una doctrina del error. Es preciso que la Verdad que es Cristo, reine sobre los Estados, poniendo en práctica la Doctrina social de la Iglesia.