Los hermanos de Jesús

«Mientras Él hablaba a la muchedumbre, su madre y sus hermanos estaban fuera y pretendían hablarle».

«Alguien le dijo: Tu madre y tus hermanos están fuera y desean hablarte».

«Y extendiendo su mano sobre sus discípulos, dijo Jesús: He aquí mi madre y mis hermanos. Porque quienquiera que hiciese la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y mi hermana y mi Madre» (San Mateo XII, 47, 50).695x521xJESUS-Y-LOS-APOSTOLES.jpg.pagespeed.ic.HSopFWou8H

He aquí que un buen señor se entera un día por boca de alguien de que a la Virgen tuvo otros hijos además de Jesús y que, por lo tanto, no fue siempre virgen. Que ello es perfectamente cierto, pues lo dice la Biblia…»

Sin embargo, pocas cosas aparecen con colores tan definidos en la tradición cristiana como la Virginidad de María. Desde los primeros años del cristianismo se ha venido repitiendo hasta la saciedad y ha sido la firme creencia de todos los cristianos, que María fue virgen «antes del parto, en el parto y, después del parto». Lo mismo puede decirse de Jesucristo, en cuanto a que «fue., Hijo unigénito (único). La palabra ach y la griega adelphos, se traducen, al español como hermano. Sin embargo, es evidente, que al menos, en la antigüedad, esas palabras tenían un sentido mucho más amplio, equivaliendo más bien a la palabra española parientes. Ejemplos que se encuentran en la Biblia:

Tienes el caso típico de Lot. Lot era hijo de Aranm, quien a su vez era hermano de Abraham; luego, Lot era sobrino de Abraham. No obstante, en las Sagradas Escrituras se habla de Lot como de herma no de Abraham (Gé 13, 8,14).

Otro ejemplo: Labán era hermano de la madre de Jacob, luego tío de Jacob. También es llamado en la Biblia hermano de Jacob.

La palabra hermano, en el texto bíblico no significa necesariamente, hermano carnal, como la entendemos nosotros. Además, si los hermanos de Jesús» hubiesen sido verdaderos hermanos carnales del Salvador, ¿por qué nunca aparecen en la Biblia expresamente como hijos de María? ¿Más aún? Pues ahí tienes la patética escena de la Cruz: Jesús agonizante, en el Calvario, encomienda el cuidado de su santísima Madre a Juan, el discípulo amado: «Hijo, ahí tienes a tu  madre». De tenerla Virgen otros hijos, ¿no hubiese nuestro Señor encomendado el cuidado de la Virgen a éstos, que era a quienes correspondía tan sacratísimo deber?

Pero hemos alcanzado un punto en que tenemos que preguntarnos: ¿quiénes eran entonces estos «hermanos de Jesús»?

Probablemente este calificativo de «hermanos» se le haya aplicado en las Sagradas Escrituras a muy diversas personas más o menos íntimamente relacionadas con Nuestro Señor. Pero es evidente que tanto en el Evangelio, como en los Actos, como en las Epístolas, aparece un grupo de personas muy íntimas de Jesucristo, unidas a Él por lazos de parentesco que son a quienes con más frecuencia se les designa como «hermanos» de Jesús. A estos hombres los hallaremos en el grupo de los fieles, constituyendo un núcleo que se distingue por aparecer muy a menudo acompañando a la Santísima Virgen. Ellos son, Santiago, José, Judas y Simón. ¿Hasta qué punto fueron estos hombres, «hermanos» de Cristo? No hay la menor duda de que la mayor prueba de que tales «hermanos de Jesús» no eran hijos de la Santísima Virgen, es qué ellos tenían otra madre mencionada expresamente por el Evangelio. Esta mujer se llamaba también María, nombre extremadamente común en Palestina, lo cual contribuye a equívoco… San Mateo la menciona como madre de Santiago y de José (27, 56); san Marcos (15, 40) aclara que este Santiago es llamado el Menor, y que es distinto de Santiago hijo del Zebedeo. San Juan, por su parte, identifica, a esta María como la mujer de Cleofás y «hermana» de la Madre de Cristo (19-35). En consecuencia, Cleofás era el padre de Santiago, José y Judas… En cuanto a Simón, es designado como hijo de Cleofás por Hegesipo, el más antiguo historiador de la Iglesia.

Y ya tienes ante tus ojos a los cuatro personajes tan discutidos como poco estudiados. Indaga sus vidas, sus hechos, sus relaciones, para ver si puedes encontrar un solo dato que te permita afirmar que eran hermanos carnales del Salvador. Pero eso sí: olvídate por completo de la palabra «hermanos», que aparece en la Biblia, pues ya has visto el poquísimo valor que tiene para determinar el grado de parentesco. Estudiar una familia para anudar, por decirlo así, todos los lazos de parentesco, hasta llegar a constituir como una red perfecta en que se destaquen todas las relaciones familiares, es cosa que apasiona a muchos, pero es cosa también harto difícil, aunque se trate de una familia contemporánea. Si se trata de una familia que vivió hace veinte siglos, y de cuyos miembros sabemos poco, la dificultad entonces es algo así como escalar el Himalaya.

Por eso resulta difícil hablar con precisión de los parientes de Jesús, y cuando queremos situar el parentesco exacto de estos «hermanos», nos encontramos con que existen discrepancias. De todos modos, el parentesco en sí ya no interesa tanto; lo importante es dejar bien sentado que no eran verdaderos hermanos carnales.

Unos autores, llevados tal vez por la frase de san Juan, han entendido que María la de Cleofás era hermana carnal de la Virgen. El hecho de que en una misma familia hubiese dos hermanas con el mismo nombre no es cosa que deba asombrar pues no era tan raro entonces. Pueden citarse varios casos: Octavia, la hermana de Augusto, tuvo cuatro hijas que vivieron juntas, dos de ellas llamadas Antonia y las otras dos Marcela.

De todos modos, es muy posible que esta María no fuese hermana de la Santísima Virgen, aunque san Juan la llame «hermana» de la Madre del Señor, pues ya hemos visto el valor que debe darse a la palabra hermano.

La hipótesis científicamente más probable es la del P. Prat. Según él, María de Cleofás era viuda de Alfeo, levita, de quien tuvo a Santiago y a José. Posteriormente en segundas nupcias se casó con Cleofás, hermano de san José, el cual a su vez era viudo y tenía como hijos del primer matrimonio a Simón y a Judas. Por consiguiente, estos «hermanos» del Señor eran sólo sobrinos políticos de la Virgen.

No debe extrañar en absoluto la gran frecuencia con que estos personajes aparecen en torno a la Santísima Virgen. Es evidente que, después de la muerte de san José, ambas familias se unieron (cosa común entonces), lo que ocurrió antes de la vida pública del Salvador.

«EL VERDADERO DISCÍPULO DE CRISTO DEBE SER HOMBRE DE ORACIÓN. A TRAVÉS DE ELLA SE ABRE EL CIELO, ESTABLECIÉNDOSE UN DIÁLOGO DE AMOR ENTRE DIOS Y LOS HOMBRES», afirma Pablo VI. ¿Qué menos que cada mañana y cada noche hacer oración de veras rezando las TRES AVEMARÍAS a la Santísima Virgen?