Contracorriente

~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

Contracorriente

Archivos anuales: 2014

Meditación sobre la natividad de Maria II

17 miércoles Sep 2014

Posted by manuelmartinezcano in Meditaciones de la Virgen, Uncategorized

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Si es grande la alegría de Dios y de los ángeles en el Nacimiento de María, no debe ser menos la nuestra, pues al fin es a nosotros a quien más de cerca toca la Santísima Virgen, por ser de nuestra naturaleza misma y por ser nosotros los que más hemos de participar en los beneficios de su dichoso nacimiento.

virgen_nina11º Alegría nuestra. -El nacimiento de la Santísima Virgen es el fin de la triste noche…, noche de siglos en que yacía sepultada la humanidad… Isaías decía’ que estaba en sombras de muerte, pues tan triste era esa noche del pecado, que no hay nada con qué compararla como con las tinieblas negras y terribles de la muerte. -Mira desfilar así a toda la humanidad, sin ver ni un rayo de luz…, en medio de esas oscuridades. -¡Qué triste es la noche! -¡Qué sería una noche de muchos días, de muchos años, de siglos!… En medio de esa noche brillaban como estrellas las almas buenas con resplandores de santidad…, pero toda esa luz reunida, toda esa claridad, no era nada… era insuficiente para disipar las tinieblas. -¿Ves lo que pasa con las estrellas en una noche oscurísima?… No es posible con la luz que ellas dan hacer nada…, no podemos dar un paso seguro, sino todo ha de ser a tientas y con mucho miedo de tropezar y caer.

Pero, si en medio de esa oscuridad vemos la luz de la alborada que se extiende cada vez más y aumenta, su claridad su luz, a medida que la aurora avanza, ¡ah! entonces sí que sentimos la alegría y el gozo que consigo lleva la aparición de la luz, y del sol. -Así, así apareció María en medio de aquellas tinieblas de muerte…, como la aurora de Dios…, como, la dulce alborada tras de la cual vendría en seguida la luz del sol divino, a alumbrar a toda la tierra.

Al venir la luz de la aurora, las fieras y las alimañas nocturnas huyen, y se esconden en sus guaridas; en cambio, las avecillas inocentes cantan y trinan, las flores puras abren sus capullos y exhalan sus aromas, y todas las cosas se visten de hermosos colores. -Así, al nacer María, los demonios huyen…, los ángeles cantan, las virtudes florecen y todo el mundo se ilumina y se alegra. -¡Qué hermoso! ¡Qué poético! ¡Qué magnífico fue este amanecer!

2º Tu alegría.-Y tú, en particular, ¿no has de participar de esta alegría? Lo que sucedió en el mundo, ¿no se repite en el corazón de todos y cada uno de los hombres?… ¿No lo sientes tú en el tuyo?-¿No ves esas noches de pecado…, esas sombras de muerte inundando tu corazón? Y ¿no ves la luz, la única luz que puede iluminarte, que puede guiarte, que es Cristo y que te viene por medio de María? -¿No sientes cómo es Ella la aurora de tu vida?

Imagina un arenal seco, sin flores, sin plantas, sin vida…, pero, si en él ponemos mi oasis, pronto surgirá una palmera, con sus ramas y sus frutos. Mira una vid estéril y agria:, que no produce más que agrazones amargos…, pero si en ella se injerta una rama sana, dulce, producirá dulces y ricos frutos. -Esa es tu alma…, un arenal, un sarmiento seco…, si puede producir algo, es gracias a ese injerto en Cristo, por medio de María. -Si no es tierra estéril, es por la Santísima Virgen, que siembra en tu corazón ese oasis dulcísimo de Jesús.

Recuerda la nubecilla de Elías, imagen de María, que fecundó aquella tierra seca y la hizo producir… Así María ha fecundado la tierra y por Ella han brotado azucenas de vírgenes…, lirios de castidad…, rosas de purísimo amor…, así brotaran en tu corazón. -Pero no lo olvides sólo con Ella y por Ella. -Sin Ella, tierra seca…, arenal estéril…, rama podrida…, ¿cómo no alegrarte en este nacimiento tan glorioso y tan benéfico para tu alma?

3º A Jesús siempre precede María. -En fin, este nacimiento nos, recuerda esta dulcísima verdad, de que María ha de ir siempre antes de Jesús. Dios quiso que en la naturaleza no naciera el sol de repente, sino que le precediera la hermosa claridad del alba. -Lo mismo ha querido en el orden de la gracia. -No quiso que apareciera en el mundo el Verbo hecho carne, sin que viniera antes como espléndida aurora, la niña Reina de los ángeles, concebida sin mancha. -No quiere que salga y luzca el sol de Justicia, Cristo Jesús, sin que antes nazca en las almas espiritualmente, la Madre de la Gracia. -No quiere, en fin, establecer su reino en este mundo sin que antes tenga su trono en él María. -María es, por tanto, siempre la aurora de Jesús. -No te empeñes en conocer y amar a Jesús, sin estudiar bien a fondo y amar con cariño filial a María.-Examínate, pues, en este punto tan interesante… Mira si real y prácticamente lo haces todo con María y por María, para dar gusto a Jesús… si sabes imitar a María y vaciándote de ti, llenarte de Ella, para así poder revestirte y llenarte de la misma vida divina, que Jesús quiere dar a tu alma.

El sacramento del matrimonio

17 miércoles Sep 2014

Posted by manuelmartinezcano in P. Manuel Martínez Cano, Uncategorized

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1. EL MATRIMONIO EN EL PLAN DE DIOS

El Matrimonio es el sacramento que santifica la unión de un solo hombre con una sola mujer para siempre.

El esposo y la esposa reciben la gracia necesaria para cumplir fielmente sus deberes de esposos y padres y para educar a sus hijos en las virtudes cristianas.

La Sagrada Escritura se abre con el relato de la creación del hombre a imagen y semejanza de Dios (Gn 1, 2627). Hombre y mujer los creó. Y fueron creados el uno para el otro: “Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne” (Gn 2, 1825).matrimonio

Dios que es Amor (1Jn 4, 816), bendice el amor del hombre y la mujer en el Matrimonio. Este amor es bueno a los ojos del creador (Gn 1, 31). Y está destinado a ser fecundo: “Y los bendijo Dios y les dijo: ”Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sometedla» (Gn 1, 28).

 

La íntima comunidad de vida y amor de los esposos, fundada por el creador con leyes divinas propias, establece un vínculo sagrado que no depende de las leyes humanas, porque el Matrimonio no es una institución puramente humana, sino divina pues el autor del Matrimonio es Dios.

2. EL MATRIMONIO EN EL SEÑOR

La Iglesia concede una gran importancia a la presencia de Jesús en las bodas de Caná (Jn 2, 111). Ve en ella una confirmación de la bondad del Matrimonio y el anuncio de que en adelante el Matrimonio será un signo eficaz de la presencia de Cristo.

En su predicación, Jesús enseñó claramente el sentido original de la unión del hombre y la mujer. Tal como el creador la quiso al comienzo: una mujer con un hombre para siempre.

Jesús afirmó que la autorización dada a Moisés de que el hombre pudiera repudiar a su mujer era una concesión a la dureza del corazón (Mt 19, 8). Porque la unión matrimonial del hombre y la mujer es indisoluble, como Dios mismo la estableció: “Lo que Dios unió que no lo separe el hombre” (Mt 19, 6).

Jesús viene para restablecer el orden inicial de la creación perturbado por el pecado. El Señor da la fuerza y la gracia del sacramento para vivir el Matrimonio santamente.

Siguiendo a Cristo, renunciando a sí mismos, tomando sobre sí las cruces, los esposos podrán comprender el sentido del Matrimonio cristiano y vivirlo santamente con la ayuda de Cristo. Esta gracia del Matrimonio cristiano es un fruto de la cruz de Cristo, fuente de toda la vida cristiana.

El sacramento del Matrimonio produce por sí mismo el aumento de gracia santificante, ordenada especialmente al fin de este sacramento que es santificar a los esposos y darles las fuerzas sobrenaturales necesarias para cumplir con los deberes de su estado.

Junto con la gracia santificante se les concede a los contrayentes las gracias actuales para cumplir convenientemente los fines del Matrimonio.

3. FINES DEL MATRIMONIO

Los fines del Matrimonio son la procreación y educación de los hijos, la ayuda mutua y la satisfacción moralmente ordenada de la concupiscencia de la carne.

“Por su índole natural, la propia institución del Matrimonio y el amor conyugal están ordenados a la procreación y a la educación de la prole, con los que se ciñen con su corona propia” (Gaudium et spes 48, Vaticano II).

“El marido y la mujer, que por el pacto conyugal ya no son dos, sino una sola carne (Mt 19, 6) se ayudan y se sostienen mutuamente, adquieren conciencia de su unidad y lo logran cada vez más plenamente por la íntima unión de sus personas y actividades” (Gaudium et spes 48).

“Un tal amor, asociando a la vez lo humano y lo divino, lleva a los esposos a un don libre y mutuo de sí mismos, comprobado por sentimientos y actos de ternura e impregna toda su vida; más aún, por su misma generosa actividad crece y se perfecciona. Supera, por tanto, con mucho la inclinación puramente erótica, que, por ser cultivo del egoísmo, se desvanece rápida y lamentablemente” (Gaudium et spes 49).

4. PROPIEDADES DEL MATRIMONIO

Las propiedades del Matrimonio son la unidad: un sólo hombre con una sola mujer; y la indisolubilidad: un sólo hombre y una sola mujer para siempre.

Dios instituyó el Matrimonio como una unión monógama: un sólo hombre con una sola mujer (Gen 1, 2728). La humanidad se apartó pronto de aquel primitivo ideal. Cristo volvió a restaurar el Matrimonio en toda su pureza: “De manera que ya no son dos, sino una sola carne” (Mt 19, 6).

Todo Matrimonio, incluso el de dos personas no bautizadas, es indisoluble. No se puede disolver por decisión de uno, ni aun de los dos contrayentes, ni por ley civil ninguna. “Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre” (Mt 19, 36).

Después de la muerte de uno de los contrayentes le es lícito al que ha quedado viudo contraer nuevo Matrimonio (Rom 7, 12; 1Tim 5, 14).

Cuando la Sede Apostólica declara nulo un Matrimonio no disuelve el vínculo matrimonial, no divorcia. Declara que ese Matrimonio es nulo, porque en realidad no ha habido tal Matrimonio por falta de consentimiento matrimonial u otra causa que hace inválido el Matrimonio.

En casos difíciles y graves de convivencia, la Iglesia concede, como excepción, la llamada “separación en cuanto al lecho y la mesa”, para que los cónyuges reflexionen y se decidan a quitar los impedimentos de su mala convivencia. Esto no es disolver el vínculo conyugal (divorciar), sino ofrecer a los esposos la oportunidad de rehacer su Matrimonio. La Iglesia exhorta siempre a restablecer la vida conyugal.

5. ELEMENTO MATERIAL Y FÓRMULA RITUAL DEL MATRIMONIO

El elemento material remoto del sacramento del Matrimonio son los cuerpos de los contrayentes, en cuanto aptos para la generación de los hijos.

El elemento material próxima es la mutua entrega de los cuerpos manifestada por las palabras en la celebración litúrgica del Matrimonio.

La fórmula ritual es la mutua aceptación de los cuerpos que se dan los contrayentes manifestada por las palabras en la celebración litúrgica del Matrimonio.

“El legítimo contrato es, a la vez, la materia y la forma del sacramento del Matrimonio, a saber: la mutua y legítima entrega de los cuerpos con las palabras y signos que expresan el sentido interior del ánimo, constituye la materia, y la mutua y legítima aceptación de los cuerpos constituye la forma” (Benedicto XIV).

6. MINISTRO Y SUJETO DEL MATRIMONIO

Los ministros del sacramento del Matrimonio son los mismos contrayentes (los novios). Cada uno de ellos administra el sacramento al otro, al aceptar su ofrecimiento.

El sacerdote que, como representante de la Iglesia, santifica el consentimiento mutuo de los contrayentes y bendice el Matrimonio, es sólo testigo del contrato matrimonial.

Sujeto del Matrimonio es toda persona bautizada que no tenga impedimentos que hagan inválido el Matrimonio.

Algunos impedimentos para contraer Matrimonio son: edad inferior a los 16 años en los varones y 14 cumplidos en las mujeres; el parentesco de consanguinidad hasta cierto punto; la incapacidad física para la necesaria unión conyugal.

Para la recepción lícita y fructuosa del sacramento del Matrimonio se requiere que los contrayentes estén en gracia de Dios y observen las leyes y ceremonias determinadas por la Iglesia.

Los bautizados que contraen Matrimonio en pecado mortal cometen un sacrilegio y no reciben la gracia sacramental. Quedan válidamente casados si tenían verdadera intención de contraer Matrimonio.

“Los católicos aún no confirmados deben recibir el sacramento de la Confirmación antes de ser admitidos al Matrimonio; se recomienda encarecidamente que los contrayentes acudan a los sacramentos de la Penitencia y de la Sagrada Eucaristía” (Canon 1065).

7. LA POTESTAD DE LA IGLESIA SOBRE EL MATRIMONIO

La Iglesia posee derecho propio y exclusivo para legislar y juzgar en todas las cuestiones relativas al Matrimonio de los bautizados.

El Matrimonio cristiano es uno de los siete sacramentos de la Nueva Alianza y su administración corresponde únicamente a la Iglesia.

Los comienzos de una legislación eclesiástica sobre el Matrimonio los tenemos en el apóstol San Pablo (1Cor 7). Desde entonces la Iglesia ha promulgado leyes sobre el Matrimonio en sínodos y concilios.

Los Emperadores cristianos reclamaron para sí el derecho a legislar sobre el Matrimonio, pero tenían en cuenta la mente de la Iglesia.

En la alta Edad Media se fue imponiendo poco a poco la exclusiva competencia de la Iglesia en la legislación y jurisdicción matrimonial.

El Estado moderno se ha arrogado para sí el derecho a legislar sobre el Matrimonio, pero esto es un abuso de poder, porque el Matrimonio no es una institución civil sino una institución divina.

El llamado “Matrimonio civil” no tiene valor alguno para los católicos, que están vinculados a la ley de la Iglesia. Para los no católicos, el Matrimonio contraído ante la autoridad civil es válido, y tiene las mismas propiedades esenciales de unidad e indisolubiidad que el Matrimonio cristiano.

8. NOVIAZGO

El Matrimonio es un sacramento, es cosa de Dios, algo sagrado, algo grande. Y las cosas grandes no se hacen en un día, necesitan tiempo, preparación, etapas.

La vida conyugal es una cosa muy grande y muy hermosa, pero hay que llegar a ella por sus pasos, sin quemar etapas, bien preparados. Esta preparación comienza ya desde la adolescencia, cuando el chico y la chica empiezan a descubrir un nuevo mundo físico y espiritual.

La evolución psicológica normal exige que chicos y chicas se traten entre sí, pero sin prisas. Este trato, al principio, debe tenerse en grupos de varios compañeros por un motivo cultural, benéfico, deportivo, folklórico, etc. Más tarde, quizá un chico y una chica empiecen a salir juntos. Salir juntos no es el noviazgo, pero puede ser el comienzo.

Los que empiezan a salir juntos deben estar convencidos de que ya no se trata de una diversión o de un juego, sino de algo muy serio. El salir juntos por diversión, por “pasar el rato” o por otros motivos menos dignos (flirteos o amoríos) es un juego peligroso que, además de graves consecuencias morales, puede también tener graves consecuencias psicológicas.

Los daños del enamoramiento prematuro suelen ser graves. Hay que saber esperar, como dijo Gigiola Cinquetti en la canción que ganó en el Festival de Eurovisión: “No tengo edad/ No tengo edad para amarte/ Y no está bien que salgamos solos los dos/ Tal vez querrás/ Tal vez querrás esperarme que sea mayor y pueda darte mi amor”.

El noviazgo es cosa seria. El noviazgo no es una diversión, ni un placer, sino una escuela preparatoria para el Matrimonio, que es una de las misiones más grandes y más serias que Dios ha confiado al hombre y a la mujer.

Hoy suele decirse que el Matrimonio está en crisis, pero habría que decir que lo que está en crisis es el noviazgo. Muchos jóvenes toman el noviazgo como un juego, con ligereza y frivolidad, no se preocupan de formarse, sólo buscan disfrutar el uno del otro. Así se hacen egoístas. No tienen idea de lo que es el verdadero amor y, una vez casados, se encuentran egoístas e incapaces de amar. Es lógico que estos Matrimonios sean un fracaso. Lo normal es que de un mal noviazgo salga un mal Matrimonio y que de un buen noviazgo salga un buen Matrimonio. Frente a los abusos y fracasos de tantas parejas, hay que volver al sentido cristiano del noviazgo. El novio ha de contemplar en su novia a la futura madre de sus hijos, digna de todo cariño, veneración y respeto. La novia ha de ver en su novio al futuro padre de sus hijos. Y así, uno y otro no tendrán que avergonzarse de nada en el día de su Matrimonio. Ni cuando les cuenten a sus hijos cómo se amaban casta y fielmente cuando eran novios.

La elección del novio o la novia es cosa tuya, pero debes hacerlo con mucha cautela. No te fíes del “flechazo”, que es muy bonito para películas y novelas, pero que en la vida real él sólo no basta para hacer feliz un hogar.

No te fíes sólo de tu “vista”, que ya sabemos que el amor es ciego. Consulta con tus padres, aconséjate de tu director espiritual. Porque la fascinación del enamoramiento puede ser engañosa y ocultarte los defectos del chico o la chica que desaconsejan totalmente seguir adelante. La fascinación es muy hermosa, pero pasará muy pronto. Lo que queda es la vida real. Y esa vida, si se construye con el corazón, con la razón y la fe, es mucho más hermosa.

Cuando encuentres una chica virtuosa o un buen chico que pueda ser la madre o el padre de tus hijos, toma el noviazgo con la seriedad que Dios manda y seréis muy felices. (P. Loring).

 

 

Página para meditar nº 105

17 miércoles Sep 2014

Posted by manuelmartinezcano in Padre Alba, Uncategorized

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Tratamos en el retiro de las tres tentaciones del Señor en el desierto. Recapitulo y fijo las principales ideas para todos, especialmente para los que no pudisteis asistir.Tentaciones-desierto

Muestra Asociación, la Unión Seglar, no es para dar solución a los problemas inmediatos de sus miembros, ni los sociales que nos agobian por todas partes. La tentación de sentirnos eficaces reformadores del mundo para que nuestras obras admirables se conviertan en reclamos y recetas de una fe mundana y desviada de su fin sobrenatural, debe estar siempre al descubierto entre nosotros. Si creemos que el día de mañana seremos cien veces más numerosos que ahora, y que los problemas que se nos presentan, tendrán solución aceptable y los hombres por consiguiente se entregarán a la verdad del Evangelio, estamos vaciando la fe de su contenido sobrenatural y abriéndonos a esperanzas intramundanas que traicionan la fe de Jesucristo. Lograríamos entusiastas de Jesús, entusiastas de los reformadores del mundo, entusiastas de una doctrina, panacea de arreglos humanos, pero no discípulos de Cristo, seguidores de Cristo que se entregan a Él la fe en Él mismo, sin otro apoyo alguno.

La religión es el opio del pueblo. Esta calumnia del marxismo frente a la fe católica, está caricaturescamente proclamando una verdad, como hacían los demonios cuando con rabia afirmaban la divinidad de Jesús al ser expulsados de los cuerpos bajo el imperio de su palabra. Sí, el Evangelio deja intactos los dolores, la enfermedad, las injusticias, las hambres de la Tierra. Aparentemente, todo sigue igual. Pero tampoco es así. La fe y la liberación del pecado, en lo que consiste el alma de la vida cristiana dejando las cosas como estaban, tienen una eficacia derivada que transforma el mundo. Pero esa eficacia derivada, no previa, hace al Evangelio libre de toda atadura humana y sujeción a condicionamientos humanos.

Así procedieron los santos, así procedieron los reyes santos que edificaron la Cristiandad, la redundancia histórica más bella, de aquellas palabras del Señor:»buscar el reino de Dios y su justicia, y lo demás se os dará por añadidura».

Esta primera tentación, bajo capa de eficacia inmediata para satisfacer una necesidad de hambre, lo que pretende es oscurecer el misterio de la Cruz. Por eso no debemos inquietarnos si somos pocos o muchos, sino de hacer siempre la voluntad de Dios Padre y abrazarnos a con nuestra cruz, libres del pecado y de las obras del pecado. Sufrir en nuestras carnes carencias y la persecución por el reino dalos cielos, es el mejor regalo que nos manda el Señor. Una vez más, nuestro problema primero no es ser reformadores humanos sino reformados divinos.

Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 105, marzo de 1987

El Humo de Satanás: tentaciones segunda y tercera

10 miércoles Sep 2014

Posted by manuelmartinezcano in Uncategorized

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Venimos comentando lo que ha dicho el Papa sobre la infiltración diabólica en la Iglesia, como un ataque desde el interior a las raíces de la misma. El lunes último explicamos una forma de la tentación: la que intenta vaciar la fe de su contenido revelado y confundirla con una corriente de opiniones y deseos del tiempo actual.
Otra forma, reflejo lógico de la anterior, es la que induce a prescindir de la constitución divina de la Iglesia, reinventando una nueva y (tercera tentación) reduciendo su misión a una acción temporal, que muchos vinculan a una política revolucionaria. Insistamos hoy en esa doble tentación.guerra campos
Según la fe, la Iglesia es mucho más que una asociación humana. En ella está presente y actúa Cristo resucitado. Cristo nos libera del poder del diablo, del pecado, de la muerte, incorporando a los hombres a su propia vida. Nos libera de nuestro propio egoísmo. Nos da la libertad real, aquella por la cual, según el viejo himno de la Iglesia, «servir a Dios es reinar», y que coincide con la sumisión filial a los mandatos del Señor. Todos somos miembros de la Iglesia, llamados a una participación activa, pero subordinados a lo que el Señor ha instituido bajo la dirección de sus vicarios. Esta sumisión filial es condición de vida, como lo es para un niño el seno de su madre.
La tentación del diablo desde el principio de la historia es proponer con engaño una libertad sin obediencia. Apoyándose en la verdad de que nosotros somos miembros con participación activa en la Iglesia, empuja, con más o menos disimulo, hacia unas actitudes que suponen que la Iglesia no es más que nosotros mismos y no es de verdad nuestra madre. Todo lo que en ella se produce resultaría, según eso, de la participación de sus miembros, como iguales: no hay más norma que la que acuerde cada grupo o federación de grupos. Incomoda y se rechaza una autoridad que promulgue para todos, en nombre de Cristo, la norma y la verdad de validez universal. La finalidad de muchas reacciones negativas que se dan en la Iglesia actual -dijo el Papa el 23 de junio- es «la disolución del magisterio eclesiástico».
La tentación importa el desprecio, y aun el odio de la Iglesia del pasado. Los grupos revolucionarios se exaltan a sí mismos y a la Iglesia que dicen van a construir en el futuro.
El desprecio del pasado incluye a la mejor parte de la Iglesia presente, que es la Iglesia triunfante: se desprecia la comunión con todos los que, en cualquier tiempo, han muerto fieles al Señor y viven con Cristo en la gloria del Padre; las muestras de devoción a los santos impacientan: se reacciona ante ellas como Judas ante el obsequio de María de Betania a Jesús.
El desprecio se extiende a la mayoría de los creyentes contemporáneos, los que componen lo que se denomina la masa, los extraños a los grupos que a sí mismos se consideran selectos. No podemos olvidar que quien selecciona es Dios. Por medio de su Iglesia, Él desparrama la semilla en todos los campos, echa la red en todas las aguas: los selectos son los que responden con fidelidad a la llamada. Y éstos se encuentran donde Dios quiere, en cualquier zona del pueblo creyente, dentro o fuera de clases y grupos particulares. Dios sabe quiénes y cuántos son; nosotros sólo sabemos que no lo son los que presumen de serlo.
Las desviaciones sobre la constitución de la Iglesia suponen una desviación en cuanto a su finalidad.
La misión propia de la Iglesia es de orden religioso. A ella se subordinan, como algo derivado, sus proyecciones de orden temporal; y aun a través de éstas, la Iglesia ha de levantar los ojos de los hombres, como hizo Jesús al multiplicar los panes hacia la alegre perspectiva del amor de Dios y de la vida eterna.
En vez de respetar esta prioridad, el demonio (escalonando sus tentaciones, como hizo ante Jesús) sugiere en primer lugar invertir el orden: que la Iglesia se dedique por entero a la solución de los problemas temporales, con condición previa, necesaria, para que más tarde puedan los hombres apreciar el Evangelio. Exactamente lo contrario de lo que hizo el Señor y de lo que mandó hacer a sus Apóstoles.
En seguida, pasa a la tentación definitiva: no sólo aplazar la predicación del reino de Dios, sino identificar a éste con la eficacia histórica. Termina por menospreciarse la religión (comunicación con Dios, culto, sacramentos…); se la quiere sustituir por la mera acción política, que para ciertos grupos sólo puede ser la revolución, anarquista o marxista.
En todo caso se exalta y adora la potencia del hombre como «creador del futuro», desligado de todo vínculo permanente, tanto de la revelación como de la ley natural. Es significativo que la apelación obsesiva de algunos a determinados derechos y valores sociales coincida con el olvido, no sólo de lo religioso, sino de las normas morales que regulan el matrimonio, la vida familiar, la castidad propia de cada estado… Por este camino, quiérase o no, se acaba por fomentar un egoísmo que carcome las raíces de cualquier ordenación social verdaderamente humana. Pablo VI ha dicho hace poco: «La idolatría del humanismo contemporáneo… niega o desprecia la existencia del pecado, de lo que se deriva una ética loca de optimismo, que aspira a hacer lícito todo lo que gusta y lo que es útil; loca de pesimismo, que quita a la vida el sentido profundo, que procede de la distinción trascendente del bien y del mal, y la desanima con una visión final de angustiosa y desesperada fatuidad».
Mientras Cristo nos ha enseñado que son inseparables el amor a Dios Padre y el amor a los hermanos, pero que éste deriva de aquél, el demonio hace pensar que es una injuria estimar al hombre por relación con Dios; exige que se le tenga en mucho por sí solo; utiliza la solidaridad con los hombres como pretexto para no confesar a Cristo, mientras el Señora ha dicho: «A todo el que me negare delante de los hombres, Yo lo negaré también delante de mi Padre» y «el que ama al padre y a la madre, al hijo o a la hija, más que a Mí, no es digno de Mí».
El tentador dijo a Jesús: «Todos los reinos del mundo y su gloria te daré, si postrado me adorares». Jesús respondió: «Apártate, Satanás… Al Señor tu Dios adorarás y a Él solo servirás».
Del mismo Señor es el aviso: «No os inquietéis por el mañana… Buscad primero el reino de Dios…»
La carta a los Hebreos nos conforta con estas palabras: «Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos. No os dejéis llevar de doctrinas varias y extrañas…».

José Guerra Campos

Imitación de Cristo 80

10 miércoles Sep 2014

Posted by manuelmartinezcano in Uncategorized

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Capítulo 42

Que no debemos poner nuestra paz en los hombres

Jesucristo.– 1. Hijo, si buscas la paz en el trato con alguno para tu entretenimiento y compañía, te hallarás inconstante y sin sosiego.
Pero si vas a buscar la Verdad que siempre vive y permanece, no te entristecerás por el amigo que se fuere o se muriere.Jesus-con-doctores
En mí ha de estar el amor del amigo, y por mí se debe amar cualquiera que en esta vida te parece bueno y mucho amas.
Sin mí no vale ni durará la amistad, ni es verdadero ni limpio el amor que yo no enlazo.
Tan muerto debes estar a semejantes aficiones de los amigos, que habías de desear (por lo que a ti te toca) vivir lejos de todo trato humano.
Tanto más se acerca el hombre a Dios cuanto más se desvía de todo gusto terreno.
Y tanto más alto sube a Dios cuanto más bajo desciende en sí y se tiene por más vil.

2. El que se atribuye a sí mismo algo bueno, impide que la gracia de Dios venga sobre él, porque la gracia del Espíritu Santo siempre busca el corazón humilde.
Si te supieses perfectamente anonadar y desviar de todo amor creado, yo entonces te llenaría de abundantes gracias.
Cuando tú miras a las criaturas, pierdes de vista al Creador.
Aprende a vencerte en todo por el Creador, y entonces podrás llegar al conocimiento divino.

Cualquier cosa, por pequeña que sea, si se ama o mira desordenadamente, nos estorba gozar del Sumo Bien y nos daña.

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“Espíritu Santo, infúndenos la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia, en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente”. Padre Santo Francisco.

"Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la construyen. (Salmo 127, 1)"

Nuestro ideal: Salvar almas

Van al Cielo los que mueren en gracia de Dios; van al infierno los que mueren en pecado mortal

"Id al mundo entro y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado" Marcos 16, 15-16.

"Es necesario que los católicos españoles sepáis recobrar el vigor pleno del espíritu, la valentía de una fe vivida, la lucidez evangélica iluminada por el amor profundo al hombre hermano." San Juan Pablo II.

"No seguirás en el mal a la mayoría." Éxodo 23, 2.

"Odiad el mal los que amáis al Señor." Salmo 97, 10.

"Jamás cerraré mi boca ante una sociedad que rechaza el terrorismo y reclama el derecho de matar niños." Monseñor José Guerra Campos.

¡Por Cristo, por María y por España: más, más y más!

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