Contracorriente

~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

Contracorriente

Archivos anuales: 2014

Post mortem Francisco Franco: Obispos de Huelva y Jaca

14 jueves Ago 2014

Posted by manuelmartinezcano in Uncategorized

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Obispo de HUELVA.

…«Al llegar para mí la hora de rendir la vida ante el Altísi­mo —nos ha dicho en una maravillosa y ejemplar lección de fe y de esperanza— y comparecer ante su inapelable juicio, pido a Dios que me acoja benigno en su presencia, pues quise vivir y morir como católico. En el nombre de Cristo me honro y ha sido mi voluntad constante ser hijo fiel de la Iglesia, en cuyo seno voy a morir». Sumido en esa espera silenciosa estoy seguro de que Francisco Franco, cristiano creyente, iluminado cada vez más de cerca por la luz de la fe, habrá recordado… las palabras de San Pablo («Ninguno de vosotros vive para sí mismo y nin­guno muere para sí mismo»)… No sólo para evocar de nuevo la entrega que de su vida hizo tantas veces al servicio de su país, sino para saborear en todo su valor el sentido cristiano de la vida y de la muerte…».franco y familia

«Consciente de sus limitaciones y de sus prerrogativas, de los riesgos y las tremendas responsabilidades que sobre él recaye­ron, de las dificultades y de la gloria de regir un pueblo —y un pueblo como el nuestro— desde la plenitud de un poder perso­nal; de la grandeza de sus aspiraciones como timonel del país al que tanto ha amado, lo mismo que de la pequeñez de la nave que tenía que conducir en medio del oleaje imponente de ese mar proceloso que es la historia humana. ¿Cómo no vamos a mirar ahora, con profundo respeto, con reconocimiento sincero y desapasionado, su persona y su obra?»

(Homilía: Bol. Of. del Obispado, noviembre-diciembre 1975 págs. 192-93.)

 Obispado de JACA.                                      

El Boletín   reproduce   el   Testamento político   de   Francisco Franco.

En la homilía, el señor Obispo «desarrolló estas ideas fundamentales: «Unidos en el dolor», «Unidos en la gratitud», «Unidos en la esperanza» y «Unidos en la oración», y glosó el Testamento de Franco en sus tres partes: Testamento religioso, tes­tamento político y testamento social».

(Bol. Of. del Obispado, enero 1976, págs. 2-4.)

Meditación sobre María Inmaculada: su hermosura

14 jueves Ago 2014

Posted by manuelmartinezcano in Meditaciones de la Virgen, Uncategorized

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En todos sus misterios y advocaciones es María la misma, la Reina de la belleza y de la hermosura…, pero, sin duda, que algo hay de especial en este de la Inmaculada, porque todos la consideramos en él como singularmente bella y hermosa.-Veamos esta hermosura.OLYMPUS DIGITAL CAMERA

1º Hermosura de la tierra.-Para conocer esta hermosura era necesario saber toda la que Dios pudo y era conveniente que hiciera con María-Mira la hermosura de la tierra… Hubo un tiempo en que nada existía… era el caos, la oscuridad, la nada… Pero un día dijo Dios. «fiat», y aparecieron la luz, el firmamento, las flores, los árboles, el sol para el día y la luna para la noche, los mares con los peces, Y los aires con los pájaros, los bosques, los montes y los valles con animales de todas las especies.- Detente a considerar la hermosura y belleza de esta creación…, pondera su variedad en todo, en flores, en animales… Y su orden admirable, cada cosa con su fin, con su destino, aunque nosotros lo ignoremos.

2º Del Paraíso terrenal.-Pero esto le pareció poco, y separó el Señor en la misma tierra, una parte en la que plantó un verdadero paraíso de delicias…, magnifico, espléndido… en él reunió todas las mayores bellezas de la creación…, los colores y matices más hermosos en animales y plantas…, los frutos más dulces, y sazonados…, los ríos más poéticos y fecundos…, en fin, todos los mayores bienes sin ningún mal… nada había de malo, nada producía mal, ni daño alguno.-Representa este cuadro en tu imaginación todo lo mejor que puedas, pues siempre será muy inferior a aquella magnífica realidad.

3º De la creación insensible.-Todo esto en creación sensible.-Pero ¿y en la insensible que no vemos?- Imagínate si puedes, lo que será el Cielo aquel paraíso magnifico, que no es paraíso terrenal, ni en su comparación vale nada toda la tierra- Recuerda aquello de que «ni el ojo vio, ni el oído oyó, etc.» Piensa, en fin, que todo lo de la tierra es algo pasajero, y aquello eterno…, esto terreno y aquello celestial… esto una cárcel y un destierro, aquello la Patria y el lugar de gozo y de la bienaventuranza. ¡Qué será el Cielo! ¡Qué de hermosuras encerrará aún prescindiendo de la vista de Dios!… ¡Que de cosas, que nosotros no podemos rastrear, ni imaginar, ni sospechar siquiera!…

4º El Rey de la creación. Pues bien, ahora pregúntate… y todo eso ¿para qué y para quién?-¿A quién destinó Dios toda la creación? – La tierra para el hombre, y el paraíso terrenal para el justo e inocente…, esto es, todo eso para una criatura que muy pronto se iba a rebelar contra Él y desobedecer a sus mandatos… ¿Y el Cielo? … Para sus ángeles…, para sus cortesanos y servidores, entre los que había de encontrar también traidores e ingratos, que igualmente se rebelaran y desobedecieran a su Majestad, pretendiendo en la locura de su soberbia, arrojarle a El de su trono para hacerse ellos dioses. ¡Todo lo de la tierra para los hombres! ¡Todo lo del Cielo para los ángeles!

 5º Belleza de María.-Sigue preguntando a tu alma: ¿qué crees tú que haría para María y para Jesús? – Si puesto a dar gusto a los hombres y a los ángeles hace Dios todo eso, ¿qué hará para dar gusto a María, a quien amaba más que a toda la creación entera? – Y si eso hizo para habitación de sus siervos, ¿qué haría para habitación y palacio de su Hijo que no quiso otro paraíso que el seno de María?-Piensa cómo Dios deja gustoso su Palacio del Cielo por morar en María. – ¡Qué pureza daría a aquella sangre que había de correr por las venas de su Hijo!… ¡Qué carmín a aquellos labios que tantas veces habían de besar las mejillas de su Hijo … ¡Qué brillo a aquellos ojos que se habían de extasiar contemplando los de su Hijo!… ¡Qué manos las que habían de sostener al que sostiene con las suyas a la creación entera!… ¡Qué corazón tan puro tan delicado, tan tierno!… Toda la ternura de los corazones de todas las madres allí se reunió… Sigue así contemplando y extasiándote ante la belleza de María Inmaculada y verás que toda belleza y hermosura terrena no merece ni siquiera ese nombre, en su presencia.

La Eucaristía

14 jueves Ago 2014

Posted by manuelmartinezcano in Uncategorized

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  1. NOCIÓN DE EUCARISTÍA

La Eucaristía es el sacramento del cuerpo y sangre de Jesucristo bajo las especies de pan y vino. Cristo está en la Eucaristía real, física y verdaderamente.

            La Eucaristía es el centro de la vida cristiana, la clave de nuestra fe y de nuestra unión en Cristo.

La  Sagrada Eucaristía culmina la iniciación cristiana. Los que han sido elevados a la dignidad de hijos de Dios por el Bautismo y configurados con Cristo por la Confirmación, participan por medio de la Eucaristía con toda la comunidad en el sacrificio del mismo Señor.eucaristia5

Juan Pablo II ha recordado a todos los fieles que: “la Eucaristía transforma nuestras vidas, nos hace ”hombres nuevos», criaturas nuevas, y nos ayuda a no ser vencidos por el mal, antes a vencer el mal con el bien, porque el alimento eucarístico, al hacernos consanguíneos de Cristo, nos convierte en hermanos y hermanas entre nosotros.

La Eucaristía nos educa del modo más profundo para este amor a los demás, pues demuestra el valor que tiene a los ojos de Dios el prójimo, ya que Cristo se ofrece por igual a cada uno bajo las especies de pan y vino.

En la Eucaristía encuentran plena realización aquellas dulces palabras de Jesús: “Venid a mí todos los que estáis agobiados y oprimidos, y Yo os aliviaré”. El sacrificio eucarístico es el bien más grande de la Iglesia. Es su vida».

  1. LA EUCARISTÍA INSTITUIDA POR CRISTO

Jesús fue preparando a sus discípulos para el gran sacramento de la Eucaristía. En el discurso de la sinagoga de Jerusalén (Jn 6, 2371) dijo: “Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar es mi carne para la vida del mundo”.

Discutían entre sí los judíos y decían: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?

Jesús les dijo: Si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo le resucitaré en el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él”.

La institución de la Eucaristía tuvo lugar durante la cena pascual del Jueves santo: “Mientras estaban comiendo, tomó Jesús pan y, pronunciada la bendición, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo: Tomad y comed, este es mi cuerpo. Tomó luego un cáliz y, dadas las gracias, se lo dio diciendo: Bebed de él todos, porque esta es mi sangre de la Alianza, que va a ser derramada por muchos para remisión de los pecados”. (Mt 26, 2628) cf Mc 14, 2224; Lc 22, 1920; 1Cor 11, 2325.

  1. CONSAGRACIÓN Y TRANSUSTANCIACIÓN

La primera vez que Cristo estuvo presente en la Eucaristía fue en la última Cena. Hoy Cristo se hace presente en el momento de la consagración en la Santa Misa.

El concilio de Trento declaró que Cristo está presente en la Eucaristía por la transustanciación de toda la sustancia de pan en su cuerpo y toda la sustancia de vino en su sangre, que se realiza en el momento de la consagración de la Santa Misa.

Las especies de pan y vino permanecen después de la transustanciación. Se entiende por especies todo aquello que es perceptible por los sentidos, como el tamaño, la extensión, el peso, la forma, el color, el olor y el sabor.

El cuerpo de Cristo está realmente presente bajo la especie sacramental del pan, pero como el cuerpo de Cristo es un cuerpo vivo, están también presentes su sangre, su alma, y su divinidad.

Bajo la especie sacramental del vino, juntamente con la sangre de Cristo, se hallan también presentes su cuerpo, su alma y su divinidad.

Cristo se halla presente en todas y cada una de las partes en que se dividan las especies sacramentales.

Después de la Consagración, el Cuerpo y la Sangre de Cristo están presentes de manera permanente en la Eucaristía. Por eso, a la Eucaristía se tributa culto de adoración.

Jesús está en la Eucaristía; no dejes nunca tu visita diaria al Santísimo. Si estás enfermo, y no puedes estar junto al Sagrario, haz la visita espiritual desde tu casa.

Muchos hombres y jóvenes, chicos y chicas, participan una vez al mes en la Adoración Nocturna. Sé tú uno de ellos. Sentirás en tu corazón el gozo y la alegría de haber consolado al Señor.

  1. EFECTOS DE LA EUCARISTÍA

 Los principales efectos que produce la Eucaristía en el alma en gracia de Dios son: la unión íntima entre el alma y Cristo, alimenta la vida sobrenatural, aumenta la gracia santificante, consolida las virtudes y los dones del Espíritu Santo, sana las enfermedades del alma, proporciona alegría espiritual y es prenda de la bienaventuranza eterna.

 El efecto principal de la Eucaristía en el alma es la unión íntima que se establece entre el que recibe la Comunión y Cristo: “Quien come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y Yo en él” (Jn 6, 56).

 De esta unión íntima con Cristo, cabeza del Cuerpo Místico, se deriva la unión de los fieles entre sí como miembros que son del mismo Cuerpo Místico: “Porque el pan es uno, somos muchos un solo cuerpo, pues todos participamos de ese único pan” (1Cor 10, 17).

 La Eucaristía conserva y alimenta la vida sobrenatural del alma, porque aumenta la caridad y fortalece la voluntad para resistir las tentaciones que incitan a pecar. Es el “antídoto que preserva de los pecados graves” (Concilio de Trento).

 La Eucaristía aumenta la vida de la gracia y consolida el hábito sobrenatural de las virtudes infusas y los dones del Espíritu Santo.

 La Eucaristía sana las enfermedades del alma borrando sus culpas veniales y las penas temporales debidas por los pecados, mediante los actos de caridad perfecta que suscita en el alma la recepción de este sacramento.

 La Eucaristía proporciona una alegría espiritual que se refleja en la entrega animosa a Cristo y en el alegre cumplimiento de los deberes y sacrificios que impone la vida cristiana.

 La Eucaristía es prenda de la bienaventuranza eterna y de la futura resurrección del cuerpo: “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna y yo le resucitaré en el último día” (Jn 6, 54).

  1. NECESIDAD DE LA EUCARISTÍA

 A los que no han llegado al uso de razón sólo necesitan el Bautismo para salvarse, porque la gracia que reciben en el Bautismo no puede perderse antes del uso de razón, ya que no pueden pecar.

 A los que han llegado al uso de razón, Jesús les dice: “En verdad, en verdad os digo: Si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna” (Jn 6, 5354).

 Uno de los fines de la Eucaristía es alimentar nuestras almas, de donde se deduce que, si no recibimos la Comunión, no podemos conservar durante mucho tiempo la vida de la gracia.

 La Iglesia declaró en el concilio IV de Letrán (1213) que es obligatorio comulgar por lo menos una vez al año, por Pascua de Resurrección. Esta obligación empieza cuando el cristiano ha llegado al uso de razón, que suele ser en torno a los siete años.

  1. ELEMENTO MATERIAL Y FÓRMULA RITUAL DE LA EUCARISTÍA

 El elemento material del sacramento de la Eucaristía es el pan de trigo y el vino de vid.

 La Iglesia tiene que seguir el ejemplo del Señor, de lo contrario, la consagración sería inválida. Y Cristo utilizó pan y vino al instituir la Eucaristía en la última Cena: “Tomo Jesús pan… tomo después un cáliz… desde ahora no beberé del fruto de la vid”.

 Al vino se le añade un poco de agua, pero la validez del sacramento no depende del cumplimiento de este requisito. Significa el agua que manó del costado herido de Cristo, la unión hipostática de la naturaleza humana de Cristo con la naturaleza divina y la unión mística del pueblo fiel con Jesucristo.

 La fórmula ritual de la Eucaristía son las palabras con las que Cristo instituyó este sacramento. Las palabras de la consagración del pan son: “Porque esto es mi cuerpo”. Las palabras de la consagración del vino es: “Porque este es el cáliz de mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados”.

  1. MINISTRO Y SUJETO DE LA EUCARISTÍA

El ministro de la Eucaristía es el obispo y el sacerdote: “Este sacramento solamente puede realizarlo el sacerdote ordenado válidamente” (Concilio IV de Letrán).

 El encargo de Cristo: “Haced esto en memoria mía” (Lc 22, 19) va dirigido exclusivamente a los Apóstoles y a sus sucesores en el sacerdocio, que son únicamente los obispos y los presbíteros.

 El sujeto del sacramento de la Eucaristía es toda persona bautizada. Para recibir lícita y dignamente la Eucaristía se requieren el estado de gracia y la intención recta y piadosa de recibir al Señor.

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 Comete el pecado gravísimo de sacrilegio el que comulga en pecado mortal: “Pues el que come sin discernir el Cuerpo del Señor, come y bebe su propia condenación” (1Cor 11, 29).

 La Comunión debe ir precedida de una conveniente preparación y seguida de una fervorosa acción de gracias.

 Para recibir dignamente la Eucaristía no se ha de comer ni beber nada una hora antes de comulgar. El agua y las medicinas no rompen el ayuno.

  1. COMUNIÓN FRECUENTE

            Los últimos Papas han recomendado muchísimas veces la comunión frecuente. El Papa San Pío X ha pasado a la historia de la Iglesia como el Papa de la Eucaristía porque permitió que los niños hicieran la Primera Comunión cuando llegaran al uso de razón y fomentó la Comunión diaria entre los fieles.

             La actual ley de la Iglesia permite comulgar dos veces al día: “Quien ya haya recibido la santísima Eucaristía puede recibirla el mismo día solamente dentro de la celebración eucarística en que participe” (Can 917).

 San Juan Bosco decía que: “es moralmente imposible que vivan mucho tiempo en gracia de Dios los jóvenes que no frecuentan la Comunión”. No lo olvides nunca, porque el diablo te irá apartando, poco a poco, de la Eucaristía y de la confesión.

 Necesitas comulgar frecuente, porque: “Siendo la Comunión la extensión de la Encarnación en cada hombre, es natural que Cristo viva y reine en el que comulga. La Eucaristía es el reinado de Jesús en el cristiano. El cuerpo del que comulga es su templo; el corazón, su altar, la razón, su trono, y la voluntad, su fiel sierva.

 Por la Eucaristía Jesús reinará en todo el hombre; su verdad será la luz de su entendimiento; su divina ley, la regla invariable e inflexible de su voluntad; su amor, la noble pasión de su corazón; su mortificación, la virtud de su cuerpo; su gloria eucarística será el fin de toda la vida del comulgante.

 ¡Oh, dichoso mil veces el reinado eucarístico de Jesús! Es el paraíso en el alma, ya que posee en ella al Dios de los ángeles y de los santos. Jesús en la Eucaristía es el rey que reina en el individuo y en la sociedad» (San Pedro Julián).

Página para meditar nº 100

14 jueves Ago 2014

Posted by manuelmartinezcano in Padre Alba, Uncategorized

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El MERIDIANO CATÓLICO es ya un largo surco de cien números. Su nacimiento casi coincide con los primeros pasos de nuestra Asociación. Recuerdo los primeros ensayos hasta que cuajaron los proyectos en el primer número. Su trayectoria de nombres y páginas, es un retazo vivo de la historia de la Asociación, de sus luces y de sus sombras. Es la señal visible de su singladura en el mar tormentoso de estos últimos tiempos en los que está llegando a su cénit la lucha final entre la Señora Inmaculada y la serpiente infernal. 

Dar gracias a Dios

Como con toda mirada retrospectiva ha de nacer en nuestra alma un himno de gratitud y alabanza a Dios. Cien ejemplares de MERIDIANO son el certificado escrito de una historia íntima de beneficios del cielo, para todos y para cada uno de nosotros. Los que erais jóvenes, casi adolescentes cuando se comenzó a escribir en Buz páginas iniciales, sois ahora hombres y mujeres adultos, cristianos con graves responsabilidades familiares y sociales.cruz Hermosa oración sería repasar uno a uno todos los beneficios recibidos y de los que tengamos memoria, para elevar himnos de gratitud al Señor. ¿Qué le devolverá al Señor por tantos beneficios como de su mano he recibido? Si tanto me ha dado el Señor más me regalará, puesto que quiere más y más mostrar en mí las infinitas abundancias de su misericordia. No debo dejarme dominar del desánimo, pensando que aquella época ya pasó. Estoy en la línea de una nueva expansión de los beneficios de Dios, más amplios y más fecundos. No me tengo que apartar de ese camino jamás, sin hacer caso de lee sirenas de la pereza, del desengaño o de la solicitud de las cosas de la tierra.

Recibiré el Cáliz de la salvación e invocaré el nombre del Señor

Nadie se gloríe sino del superior beneficio de la Cruz de nuestro Señor Jesucristo. Nadie diga: fue mi iniciativa, fue mi sacrificio, fueron mis ideas, ha sido mi entrega, he sido yo el que he reunido y llamado a la juventud. Debo levantar el cáliz de mi gratitud. Seguiré invocando su nombre y seguiré caminando en su presencia. Os señalaré algunos puntos para dar gracias a Dios. El primero de ellos es el crecido número de vocaciones: sacerdotes, vírgenes, religiosos y religiosas. Dios ha querido que de nuestra miseria e incapacidad, hayan brotado tantas vocaciones en estos años, como no conozco en asociación alguna de España. Repasarlas desde el principio. El segundo de ellos es el crecido amero de matrimonios cristianos que han levantado los ánimos decaídos de tantas almas y han llenado el jardín de la Iglesia con una abundante floración de hijos, muchos hijos que aprenden a hablar con el Ave María. Y la tercera, me ha­béis oído muchas veces: es el beneficio inconmensurable de la persecución. Las externas y las más dolorosas, las internas. Muchos estuvieron entre nosotros y a nuestro lado. Pero se fue­ron. Han pasado muchos por nuestras filas. Más no han perseverado hasta el final, hasta beber el cáliz de la pasión.

Es natural que así sea. Pero no es sobrenatural. Pero la persecución, una vez más sacudirá el árbol de nuestra Asociación, para que caigan, los frutos aparentes y comidos por gusanos internos, y queden los frutos que Dios guarda para que florezcan nuevas vocaciones, nuevos matrimonios con la única ilusión del Reinado Social de Jesucristo Rey.

A todos los que empezasteis el Meridiano CATÓLICO y a los que lo continuáis mi agradecimiento y alegría, que participa, del de nuestro Señor Jesús. “Sequitur ad astral». Seguid adelante.

Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 100, octubre de 1986

Nota: En nº 99 no tiene página para meditar

Recapitulación segunda: criterios para la autodefensa de la fe

07 jueves Ago 2014

Posted by manuelmartinezcano in Uncategorized

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Resumimos en el capítulo último las líneas principales trazadas hasta ahora en la serie de «El octavo día». Dejamos para hoy el resumen de los cinco capítulos dedicados a exponer criterios para orientarse en medio de la confusión doctrinal. La Iglesia, por voluntad de Dios, pone sumo cuidado en preservar íntegra y pura su doctrina. La confusión, según el dictamen del Papa y de los obispos, sobreviene cuando» en el seno de numerosos grupos, desde publicaciones, cátedras de enseñanza y a veces desde la misma predicación sacerdotal, se vierten, como doctrina de la Iglesia, ideas a la misma; al parecer, sin una desautorización eficaz». En estos casos, el Papa ha recomendado la autodefensa. Pero se trata de defensa de la fe, no de posturas subjetivas arbitrarias. Y, por tanto, aun cuando en alguna ocasión hubiera que defenderse frente actuaciones turbias de algún ministro de la Iglesia, se hará siempre de acuerdo con las normas superiores que nos dan la orientación auténtica de la jerarquía. No es de este momento repetir explicaciones; pero, sí, vendrá bien resumir los criterios ya apuntados, en una especie de decálogo. Primero: el magisterio de la Iglesia está subordinado a verdades ya formuladas, a las que ha de conformar sus manifestaciones nuevas. Algunos hablan -según suele decirse, a lo loco- de los cambios en la Iglesia, como si los papas o los concilios venideros pudiesen sustituir cualquier cosa. En materia de disciplina, por ejemplo, el ayuno antes de la Comunión, un papa o un concilio pueden modificar lo que otros establecieron como oportuno en circunstancias diversas; pero cuando el magisterio de la Iglesia universal -el Papa o el cuerpo de los obispos en comunión con él- propone de forma definitiva la doctrina de la fe y la moral, sus afirmaciones son inmutables. Los papas y concilios siguientes quedan vinculados, igual que todos los demás fieles. Así, la definición del Concilio Vaticano I sobre la infalibilidad del Papa, o la de Pío XII sobre la Asunción de Nuestra Señora, son válidas para siempre. Segundo: Todos debemos conocer estas verdades ya formuladas: en el Credo, en las profesiones de fe (como la de Pablo VI), en los catecismos autorizados… Guerra-Campos.5Tercero: El Concilio Vaticano II no ha sustituido ni suprimido una sola verdad de fe ni un solo principio moral de los catecismos anteriores. Cuarto: Sin duda, puede haber novedad en el modo de expresar o de aplicar las verdades, con fidelidad al contenido de las mismas. Puede haber desarrollo orgánico, que ilumine distintos aspectos de la verdad revelada, pero en armonía con ella y sin suplantarla. El que oye cosas nuevas tiene derecho a ver esa armonía. Para ello, tomará como puntos de referencia las verdades que ya conoce. Si su conocimiento se resume en un viejo catecismo familiar, debe pedir que el que habla muestre su conformidad con él, no porque no se pueda mejorar la exposición, sino por exigencia elemental de la pedagogía, según la cual se ha de avanzar desde lo conocido hacia lo desconocido. Quinto: Si la conformidad no aparece clara, suspender el juicio. Si hay disconformidad, resistir en nombre de Dios. Conviene advertir que las nuevas fórmulas o maneras de expresar la verdad se justifican solamente en cuanto sirven para hacerla más inteligible a los que escuchan. Si los destinatarios no las entienden, como sucede ahora con frecuencia, algo falla. Al que las propone toca explicarse con más claridad; y mientras no lo consiga, no solamente es lícito, sino obligado, suspender el juicio. Sexto: Todos los fieles, según su capacidad y con la ayuda de Dios, pueden contribuir a hallar las nuevas expresiones o aplicaciones, o una inteligencia más intima de la palabra de Dios. Pero lo que garantiza autorizadamente a todos que no se trata sólo de consideraciones humanas en torno a la palabra, sino de su auténtico significado, es el magisterio, cuando propone la verdad que todos hemos de acoger por obediencia a la autoridad de Dios. Séptimo: Las normas de disciplina pueden variar, pero sólo por decisión de la autoridad de la Iglesia. La obediencia a las vigentes es voluntad de Dios y preserva la libertad contra las arbitrariedades. Así, el Concilio Vaticano II dejó establecido que «nadie, aunque sea sacerdote, añada, quite o cambie cosa alguna por iniciativa propia en la liturgia». En algún caso, además, las normas condicionan la validez de los sacramentos; y ningún sacerdote ni otro fiel se atreverá a infringirlas, si conserva la fe en el misterio de salvación que es la Iglesia. Octavo: Es legítimo renovar los medios prácticos de acción pastoral, siempre que se haga al servicio de los fines permanentes de la Iglesia y sin excluir los medios tradicionales que continúen siendo provechosos. Noveno: Cuando se está a la busca de nuevas expresiones, aplicaciones o desarrollos de 1a verdad, mientras que alguna no sea propuesta a toda la Iglesia por el magisterio, hay una zona de opiniones libres, que es necesario respetar. Y lo mismo sucede cuando se buscan medios de acción, mientras la autoridad competente no dicte una norma. Se ha de evitar una gran tentación actual: la de imponer la dictadura en materias opinables, donde son libres las apreciaciones de los creyentes, mientras por otro lado se tolera todo atrevimiento contra los dogmas. Décima: Rechazar a toda costa las ambigüedades. Si son fruto de impericia, no tenemos por qué padecerlas; si son fruto de malicia, no podemos implicarnos en una traición contra Cristo y su Iglesia. Fieles a la Iglesia, diremos con los Apóstoles: «Es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres» (3). Como dijimos en otra ocasión, será inevitable atravesar más de una vez la niebla de nuestras propias dudas, pero es forzoso repeler, como agresores, a los que tienden alrededor de nosotros cortinas de humo. Estos diez «mandamientos» se resumen en dos: Vigilar y orar, según la palabra de Jesús y en unión con la madre Iglesia.

Monseñor José Guerra Campos

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Ejercicios Espirituales predicados por el P. Cano

Meditaciones y Pláticas del P. José María Alba Cereceda, S.I.

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“Espíritu Santo, infúndenos la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia, en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente”. Padre Santo Francisco.

"Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la construyen. (Salmo 127, 1)"

Nuestro ideal: Salvar almas

Van al Cielo los que mueren en gracia de Dios; van al infierno los que mueren en pecado mortal

"Id al mundo entro y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado" Marcos 16, 15-16.

"Es necesario que los católicos españoles sepáis recobrar el vigor pleno del espíritu, la valentía de una fe vivida, la lucidez evangélica iluminada por el amor profundo al hombre hermano." San Juan Pablo II.

"No seguirás en el mal a la mayoría." Éxodo 23, 2.

"Odiad el mal los que amáis al Señor." Salmo 97, 10.

"Jamás cerraré mi boca ante una sociedad que rechaza el terrorismo y reclama el derecho de matar niños." Monseñor José Guerra Campos.

¡Por Cristo, por María y por España: más, más y más!

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