EL INFIENO
Enseñanzas de los testigos de Jehová:
Negar la inmortalidad del alma trae como consecuencia negar el castigo eterno. Una doctrina deriva lógicamente de la otra. Todos los credos adventistas siguen esta trayectoria y los mismos procedimientos para cimentar su doctrina: apoyarse en las etimologías de las palabras y tratar de fundarla en el Antiguos Testamento.
1º No es lícito, para un asunto de la trascendencia de éste, apoyarse en etimologías de las palabras, por el cambio de sentido que sufren éstas con el uso, y ser necesario tener un conocimiento exacto del sentido en que las» empleó quien las escribió y el momento de hacerlo.
2º Tampoco es admisible apoyarse exclusivamente en el Antiguo Testamento.
Supuestos estos dos principios, vamos a tratar de resumir la doctrina de los Testigos de Jehová.
La vida eterna es sólo para algunas almas, como ya vimos al tratar de su doctrina sobre el Reino de Dios. Esta vida eterna será celestial para los 144.000 de Ap 7, 4; y terrenal para «las otras ovejas». Los inicuos serán aniquilados. Estos son los que han combatido a la verdad y a los seguidores de Dios. Distinguen entre éstos y los que «han obrado mal» por no haber tenido la fe, ni conocimiento de Dios, y haber obrado por ignorancia.
Serán resucitados los que estén en la memoria del Señor, puesto que sepulcro, «nemeion» significa memoria, y aniquilados los que no estén en ella.
El infierno fue desconocido en todo el Antiguo Testamento.
La doctrina del infierno es contraria al amor de Dios, repugna a su justicia y es antibíblica.
Sería un malvado delito torturar a la criatura, por tener la desgracia de haber nacido pecadora.
El infierno bíblico es el sepulcro, Sheol y Hades significan sepulcro e infierno estar abajo. La Gehenna, o valle de los hijos de Hinnom, es figura o símbolo de exterminio eterno, pero no de tormento.
Respuesta católica:
Los que «han obrado mal» y los «inicuos». -Plantean otra discusión etimológica, alrededor de la palabra «faula» (en griego, cosas malas), que ellos traducen como cosas malas hechas sin conciencia. No hay razón que autorice este sentido; en Rom 9, 11, se emplea en contraposición a «agatha» -cosas buenas, pero no cosas buenas hechas sin conciencia-. La palabra «faula» es empleada por Jesús para indicar cosas conscientemente malas: «porque todo el que hace cosas malas aborrece la luz» (Jn 3, 20).
¿Era el infierno desconocido en el Antiguo Testamento? -Negar que el infierno haya sido desconocido en el Antiguo Testamento es negar una verdad. En lo que se refiere a la retribución (premio o castigo) tenemos en el Antiguo Testamento la siguiente distribución:
1º Una doctrina general: Dios es justo, juez y santo (Sal 7, 12 y 145, 17). Premia a los justos y castiga los impíos (Sal 5, 56 y 11; 94, 23). Y juzgará a unos y a otros (Ecli 3, 17).
2º Se añade aún más luz con la doctrina del juicio, que Dios se reserva para condenar a los impíos y premiar a los justos (Sal 1, 5; 97; Is 24, 21-23; Ez 38 y 39; Mal 3, 16; 4, 3).
3º Una doctrina más positiva la encontramos en la idea de un premio ultramundano reservado a los justos y excluidos los impíos (Sal 16, 10). «No dejarás mi alma en el sepulcro…». ~
4º Finalmente, encontramos la categórica afirmación de que al impío le están reservados el dolor y la infamia (Dan 12, 2).
La doctrina del infierno no se opone al amor de Dios, ni a su justicia. -No corresponde al hombre pecador determinar cómo debe castigar Dios el pecado. Somos pecadores que hemos violado la ley Divina, y por ello criminales espirituales. Si el derecho no permite determinar al criminal cuál debe ser su castigo, tampoco debe permitirse tal cosa en la esfera espiritual.
Dios nos ha dado todos los medios para obtener nuestra salvación y los hemos rechazado. Así, pues, el que se condena es porque nunca se le ha ocurrido pedir perdón, está obstinado en el pecado. Su camino para volver a Dios está en la humildad y en la obediencia y su orgullo no es el mejor indicador de ese camino. Para comprobarlo basta abrir la. Escritura.
No puede argüirse que es un malvado delito torturar a una criatura por la desgracia de haber nacido pecadora; pues si se admite una voluntad que ha escogido el mal, una vez más diremos que no es in justo el castigo. Por otra parte, Dios nunca condena a nadie si no es por pecados graves propios.
Infierno, sheol, hades y gehenna. -Infierno deriva, efectivamente de «inferi», pero no puede admitirse que por esto signifique sepulcro. Ejemplos de ello tenemos incluso en la literatura clásica, por ejemplo en la Eneida…
Desde la más antigua mención, que hallamos en la Biblia, de «sheol» (Gen 37, 35) se nos muestra como argumento de la supervivencia, ya que, en este pasaje. Jacob espera ir a reunirse con su hijo José, a quien supone devorado por una fiera, y por lo tanto, difícilmente sepultado. Algo parecido puede decirse en relación con la palabra hades…
La «gehenna» era una profunda torrentera al sur de Jerusalén. Lugar de inmundicia y podredumbre, vertedero lleno de gusanos y del humo de las hogueras que de continuo ardían para quemar los desechos. Lugar impresionante, siempre considerado, por la literatura rabínica (libros apocalípticos hebreos), como sitio de suplicio y no de «aniquilamiento».
El Señor la tomó, como ejemplo grafico, en aquella frase que nos ha transmitido san Marcos (9, 4748): «Si tu ojo te escandalizare, sácatelo; que más te vale entrar en el Reino de Dios con un solo ojo, que no con dos ojos ser arrojado a la gehenna donde el gusano nunca muere y el fuego no se extingue». Y en la que, repitiendo el Señor el versículo 24 del capítulo 66 de Isaías, interpreta, en sentido típico, el castigo eterno del condenado.
Si el Reino de Dios -el premio- es eterno, el castigo del condenado será también eterno.
«EL PUEBLO DE DIOS, EN CADA UNA DE LAS PERSONAS QUE LO COMPONEN Y COLECTIVAMENTE, ESTA INVITADO A SER MAS CONSCIENTE, MAS OPERANTE, MAS CERCANO A LOS PUNTOS FOCALES DONDE SE EXPRESAN LAS VERDADES ESENCIALES DEL CRISTIANISMO, ESPECIALMENTE EN LA ORACIÓN EN TORNO AL ALTAR. YA VEIS QUÉ ESFUERZO DESPLIEGA LA IGLESIA PARA UNIR A SU EXCELSO MANDATO AL PUEBLO DEL SEÑOR, PARA QUE CADA UNO DE VOSOTROS NO ESTÉ EN EL TEMPLO COMO UN NÚMERO, COMO UN PALO QUE NO RECIBE NADA Y SE CANSA Y SE AGOTA ESPERANDO QUE TERMINE LA FUNCIÓN» nos dice Pablo VI. Hemos de orar en el templo, en Ia santa Misa, ante el Sagrario. Pero también privadamente. Cada mañana y cada noche deben brotar de nuestros labios y corazón las benditas y salvadoras TRES AVEMARÍAS a la Virgen.
Obra Cultural
Laura, 4 – Barcelona-10