Él empadronamiento. -Éste sirve de ocasión para el viaje a Belén y para ejercitar las más bellas y difíciles ildefonso rodriguez villarvirtudes en la Santísima Virgen, cuales son la sumisión y la obediencia. -Contempla a Ma­ría, en compañía de San José en su pobre casita de Nazareth…, pobre, pero nada falta. -Ella ha ido preparando con gran cariño todos los detalles para el Nacimiento de su Hijo, que se aproxima…, la cunita hecha por San José…, los pañales que Ella misma ha confeccionado…, en todo hay pobreza, pero mucho cariño y amor… y el amor suple e inventa muchas cosas para mejor recibir a su querido Niño.

De repente, oyen un rumor primero, y luego se confirman en la certeza de tal rumor…; todos tienen que ir a empadronarse al lugar de su origen, y Ella y José descienden de David y de la real ciudad de Belén… ¡Qué contratiempo!… ¿Cómo iban a ir de viaje, ahora, en esas circunstancias…, cuando de un día para otro espera el divino Nacimiento? Y todo por el antojo y soberbia de un hombre, de un tirano, que así lo ordena… ¿No habría medio de burlar tal disposición…, o por lo menos de dilatarla?.. ¿por qué no esperar un poco tiempo hasta que pasara ese día dichosísimo?…

Y, sin embargo, la Santísima Virgen ni habla, ni critica, ni protesta… Con el corazón herido acata la divina voluntad…, confía en el Señor…: se arroja en sus brazos y se lanza inmediatamente-a la obediencia. -¿Quién tuvo jamás mayor disculpa para no obedecer que la Santísima Virgen en esta ocasión? -Si se hubiera rebelado y no hubiera obedecido, ¿quién la podría tachar de imperfecta?… ¿No diríamos que habría obrado muy bien… y que hubiera sido una imprudencia ponerse de viaje en aquella ocasión? No obstante Ma­ría no atiende a la prudencia de la carne…, antes es obedecer sin pensar en más… ¡Qué sumisión de voluntad y de juicio!jose-y-maria-sobre-un-burro_hacia_belen[1]

Nota bien esto, que es la parte más difícil de la obediencia… A Ma­ría la sobraban razones para no obedecer…, pero obedece ante todo y por encima de todo…, y es que ante la obediencia, no hay nada… ¡Qué lección más difícil, más penosa y más práctica nos da Ma­ría!…

Él viaje. -Es largo, unas cinco jornadas…; es duro por el camino tan malo y la incomodidad de hacerlo todo en una caballería…; es molesto por la época…, en diciembre, con frío, vientos desagradables, lluvias y hasta nieve. -Acompaña un poco tiempo a la Santísima Virgen…, mírala abrigada con un manto oscuro y echado un velo obre su rostro. -San José a su lado, no la quita ojo y cuida de que el jumentillo vaya por la parte mejor del camino…; adivina aquel rostro que se esconde bajo el velo…., todo él pureza, modestia…, recogimiento belleza y hermosura celestiales y, sobre todo santidad.

Otros viajeros pasan junto a Ellos, haciendo el camino más rápido y cómodamente. ¡Qué diferencia! -Todos irían criticando, maldiciendo aquella orden del César. -Ma­ría va como transfigurada, como extasiada, pensando en el tesoro que lleva consigo…; no la importa la vida exterior que la rodea. -En el viaje y en su casa, en todo momento vive con Jesús y para Jesús.

¡Qué oración haría la Santísima Virgen en este camino! -Contempla a los ángeles que se disputan el honor de acompañarla, y tú también detente a acompañarla lo mejor que puedas en esas jornadas… Ahora ayúdala a bajar del asno…, colócala al abrigo de cualquier palmera, llévala agua…, algo que te pida…, ponte a su servicio, y ruégala que aunque lo hagas mal muchas veces, no te desdeñe, sino que te admita en su compañía… No la niegues nada, que todo se lo merece…

Belén. -Han negado, por fin…, es hora de descansar. -José va en busca del mejor sitio que su pobreza le permite…, pero otra vez la mano del Señor que les prueba con el sufrimiento de la más dura mortificación. -Ni posadas, ni amigos, ni nadie, les abre sus puertas. ¡Qué horrible!… Después de cinco días de camino… y en vísperas de dar a luz a su Hijo, no hay dónde hospedarse… ¿No es para perder la paciencia y para murmurar y para dar lugar a todos los nerviosismos a que nosotros nos entregamos?… ¿No es esto ya demasiado?

Ni una palabra, otra vez se arroja en brazos de Dios la esperar lo que Él quiera. -Si al fin ha de triunfar siempre su voluntad, ¿por qué no la aceptamos con más resignación y alegría, sobre todo cuando nos prueba con algo desagradable? -Mira a María entrar en aquel establo de bestias…; su delicadeza…, si amor maternal, se rebelarían. -¡Qué asco!… ¡Allí iba Ella a pasar la noche!… ¡Allí iba a dar a luz a su Hijo… ¡Qué dominio el suyo!… ¿Esa es la voluntad de Dios? Pues esa es la suya también.

Póstrate a los pies de esta Virgen purísima, y pídela perdón de tu soberbia, de tu amor propio con el que tantas veces te has opuesto a la voluntad de Dios… y pídela una sumisión y obediencia como la suya, para obedecer sin réplica y sometiendo hasta con alegría, no sólo la voluntad, sino tu juicio, a tus superiores, aun cuando creas que te sobre la razón.

Ildefonso Rodríguez Villar
Puntos breves de meditación
sobre la vida, virtudes y advocaciones litúrgica
de la Santísima Virgen María
26ª edición, Valladolid, 1965