Contracorriente

~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

Contracorriente

Archivos mensuales: marzo 2015

Jesucristo es nuestra esperanza porque ha resucitado (IV)

25 miércoles Mar 2015

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guerra camposEl Domingo es por sí mismo casi la firma de que la Resurrección fue desde el principio considerada como un hecho. ¿Por qué? Porque el Domingo es la celebración de la Resurrección de Jesucristo y el día siguiente al Sábado, el día primero después del Sábado, «el octavo día», como decían los antiguos escritores. La celebración especial del Domingo, de este primer día después del Sábado, en las comunidades cristianas está ya registrada en los documentos más antiguos: en los Hechos de los Apóstoles, en la carta a los de Corinto, en que se refiere a la colecta que él espera que hagan en favor de las demás comunidades el día primero después del Sábado y, naturalmente, ya con su mismo nombre de Domingo, Día del Señor, en el Apocalipsis.

Hagamos un esfuerzo para superar la banalización en que hemos caído nosotros respecto a estos problemas de las fechas, porque para nosotros, que se celebre el Domingo el día octavo, el séptimo, el quinto… casi todo nos parece indiferente o convencional. Pero debemos notar que estamos en un ambiente judío, y no es difícil advertir que el apego de la mentalidad religiosa judía al Sábado precisamente, es algo impresionante. Superar este apego es casi imposible. Todo el Evangelio está lleno de la polémica y las tiranteces de los enemigos de Jesús por razón del Sábado.

Sin ir a los judíos, ¿no conocemos todos algún tipo de secta cristiana contemporánea, que se ha aferrado fanáticamente a que es contra la Ley de Dios nuestra celebración del Domingo, porque infringe la vieja ley del Sábado implantado por el Señor y, por tanto, intocable? Teniendo a la vista este hecho, hagamos una consideración bien elemental: si en los tiempos primeros la referencia a la Resurrección fuera primordialmente una idea, una convicción o un gesto interior acerca de que Jesús vive, de que no ha sido dominado por la muerte, de que, a pesar de la muerte, es el Señor, ¿por qué razón entonces esta idea iba a provocar el desplazamiento del Sábado, que es un hecho casi imposible psicológicamente, en el ambiente en que estamos situados ? ¿Por qué precisamente al día siguiente al Sábado, al día octavo?JESUSREUCITADO1

No tiene sentido ni tiene posibilidad ninguna (ni siquiera se les ocurriría) relacionar una idea con un día determinado de la semana, y en el supuesto de que se les ocurriese, lo normal sería relacionarlo, en todo caso, con el mismo Sábado. Era el Día del Señor, era el Día Santo, ¿por qué cambiarlo? La respuesta es sencilla: Porque ese día siguiente al Sábado sucedió el hecho decisivo. Y, así, resulta que la misma posición tangible para nosotros del Domingo, en la entraña de las celebraciones cristianas, es por sí misma una manifestación del carácter histórico con que fue vivida desde el comienzo la Resurrección de Jesús. No digo ahora el carácter histórico que tiene la Resurrección, sino del carácter histórico con que fue vivida, porque este es el punto clave y más que suficiente, según se advierte.

Converge también sobre esta afirmación de la facticidad, de la prioridad del hecho sobre la idea, este otro hecho tan sensacional de la Sábana Santa de Turín, del que hablaré en otro momento.

Así pues, repitiendo lo que decíamos al comienzo, en las fuentes apostólicas, en todos los múltiples datos e indicios que convergen para darnos a conocer substancialmente la actitud, los criterios, el sentir, las convicciones de la comunidad y de las comunidades cristianas de los años treinta, cuarenta, cincuenta o sesenta, empalmando con el mismo Jesús, estas fuentes presentan este orden de factores: primero, la experiencia y el testimonio de los Apóstoles; segundo, la fe de las comunidades. El testimonio aparece como causa y sostén de la creencia, no como fruto de la creencia.

Siendo ello así, en realidad los que estamos situados en esta corriente testimonial -también en virtud, claro está, de la luz de la gracia, que nos ayuda a superar las mil causas de ceguera y de oscuridad que impiden ver- no tenemos por qué sentir ninguna inquietud en cuanto a nuestra fe por las posiciones de los que dudan, de los que rehuyen, o de los que niegan el hecho de la Resurrección. Y no por desprecio, sino por la misma razón sencillísima por la que los compañeros de Colón no podían tomar en serio las especulaciones del gabinete de un estudioso de una afamada universidad que durante unos años se empeñase en negar la realidad del hecho, atribuyéndola a la fantasía creadora de los viejos relatos, que es exactamente el sistema: igual que sucede cuando salimos al extranjero y nos topamos, tantas veces por desgracia -y los extranjeros encontrarán esto en España igualmente- con la ignorancia, la incomprensión o las afirmaciones absurdas sobre nuestra tierra, en virtud de las cuales yo he oído decir más de una vez, por ejemplo, que Galicia era una tierra reseca, rugosa, sin una brizna de hierba, etc.

No nos impresionaremos, trataremos de comprender cómo han surgido esas ideas falsas y de verlas con benevolencia si hace falta (alguna explicación tendrán, no nos vamos a pelear), pero ciertamente no vacila nuestra seguridad experimental. ¿Por qué habría de vacilar? No es, pues, por desprecio, sino porque conocemos los motivos, los cuales valdrán lo que valieren para justificar o no justificar, para explicar la falta de creencia, o la falta de atención de muchos, pero ello no afecta en nada a nuestro conocer. ¿A qué se debe? A que en realidad solo caben dos motivos para intentar justificar una huida, un desentendimiento o una negación, respecto a esta gran corriente testimonial a la que acabo de referirme. El primero -que nadie acepta, pero que fue propuesto en un cierto momento-es que, reconocido el carácter fáctico del testimonio que estos primeros cristianos dan (testimonio de un hecho experimental), se dice a continuación que es una hipótesis, que mienten y que el testimonio es falso, un fraude. Esto se atrevieron a decirlo únicamente en toda la Historia y de un modo muy tosco (dejando aparte las viejas acusaciones de Celso), unos cuantos autores del siglo XVIII: Reimarus o Voltaire. Pero digamos de paso que no sabían nada de lo que tenían entre manos, puesto que el estudio científico de los textos no había llegado a ellos.

Toda la inmensa corriente investigadora crítica de los siglos XIX y XX (contando incluso a los que no creen y a los autores que niegan encarnizadamente la Resurrección de Cristo), toda esta corriente de investigación crítica parte (y esto es un hecho bien interesante), de la afirmación de la sinceridad y la veracidad de los testigos, sin excepción conocida que valga la pena.

Si pasamos pues a este planteamiento (sinceridad y veracidad de los testigos), entonces -como ya se dijo- solo queda, para ser honrados, aferrarse a que no son testigos de un hecho, sino que son proclamadores de una idea, de un proceso de meditación idealizador, que dura años, decenios, al final del cual se da una visión retrospectiva sobre los antiguos y ya borrosos hechos de la vida de Jesús y entonces su historia, a esa distancia y a la luz de esta meditación creadora, se deforma inconscientemente, de buena fe.

Pero también es fácil advertir que para esta metodología e interpretación en la que los testigos no son considerados como tales (porque no se atreven a acusarles de fraude, ni siquiera de error grave substancial), se requiere una condición esencial y es que los testimonios que tenemos, las fuentes, sean tardías, para que a distancia más o menos de un siglo se pueda dar esta retroproyección que ve borrosa en la lejanía la situación histórica, ya no experimentada, no accesible de un modo inmediato. En otras palabras, toda esta corriente de pensamiento crítico que ha inundado el siglo XIX y se ha desbordado sobre el siglo XX (y que ha llenado millares y millares de páginas con una erudición pasmosa), todos al principio partían de la hipótesis, más o menos segura, de que no hay testimonios que nos lleven directamente a los años cincuenta, cuarenta o treinta del siglo primero, años en los que ciertamente vivían y actuaban numerosos testigos oculares.

José Guerra Campos

La moda y la vulgaridad

18 miércoles Mar 2015

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CAM00040Sobre este tema, quiero escribirles, pues, me duele en el alma cuando paseo con mi marido y  mis hijos y al cruzarnos con jóvenes y no tan jóvenes, tienes que bajar la vista para no tener que mirar lo que no se puede mirar, aunque  a mis hijos les dijo, ”que tienen que ver para no caerse, pero no mirar según qué”, y esto en nuestras calles es un poco difícil, pues la tentación aparece constantemente.

 

La diseñadora inglesa de moda Mary Quant, que se hizo famosa por la invención de la minifalda y los shorts, dijo, “Me encanta la vulgaridad. El buen gusto es la muerte, la vulgaridad es la vida”, esto pone de manifiesto uno de los más importantes aspectos, aunque rara vez señalado, de la “revolución de la moda” que comenzó en los años sesenta: la vulgaridad…

Desde entonces, las modas han tendido cada vez más hacia la vulgaridad. Es una vulgaridad que pisotea el buen gusto y el decoro, pero que refleja una mentalidad contraria a todo orden y disciplina así como a toda prohibición, ya sea moral, estética o social, y que en última instancia, sugiere una completa “liberación” de las normas de comportamiento.

De alguna manera, al decir que la comodidad debe ser la única regla del vestir, ha terminado por dar una nota informal a las actividades más serias y sagradas. ¿Cómo se puede explicar, por ejemplo, que personas que tienen verdadera fe en la presencia real de Nuestro Señor en el Santísimo Sacramento, y que hacen sacrificios admirables para frecuentar la adoración, sin embargo, no ven ninguna contradicción en presentarse ante el Señor, vestidos de manera inadecuada. De una manera que  nunca usarían ante alguien importante, en cambio, sí ante el Santísimo Sacramento, con pantalones cortos, blusas sin mangas,  como si estuvieran en un picnic? Hemos caído verdaderamente en la vulgaridad.

 

El cuerpo humano tiene su belleza, y esta belleza nos atrae. Debido al desorden que el pecado original introdujo en el hombre, por el trastorno de la concupiscencia, el deleite en la contemplación de la belleza corporal, y en particular del cuerpo femenino, puede llevar a la tentación y al pecado. Eso no quiere decir que algunas partes del cuerpo sean buenas y que se puedan mostrar, y otras sean malas y que deban ser cubiertas. Tal afirmación es absurda y nunca fue parte de la doctrina de la Iglesia. Todas las partes del cuerpo son buenas, pues el cuerpo es bueno en su conjunto, ha sido creado por Dios. Sin embargo, no todas las partes del cuerpo son iguales, y algunas excitan el apetito sexual más que otras. Así, la exposición de esas partes, a través de semidesnudos o vestidos escotados subidos de tono, o que acentúan la anatomía, representa un grave riesgo de causar excitación, especialmente en los hombres en relación con las mujeres. Es un error leer entre líneas con respecto a la modestia como si fuera algo contra la mujer. Tanto los hombres como las mujeres están obligados por la ley de la modestia.

 

Tenemos que seguir los consejos que nos dan nuestros santos padres sobre este tema. El Papa Benedicto XV escribió en su encíclica Sacra Propediem el 6 de Enero de 1921: “Uno no puede deplorar suficientemente la ceguera de tantas mujeres de todas las edades y estaciones.  Volviéndose tontas y ridículas por el deseo de agradar, no ven hasta qué grado la indecencia de sus vestimentas choca a cada uno de los hombres honestos y ofende a Dios.  Anteriormente, la mayoría de ellas se hubiesen azorado por dichas ropas por la falta grave en contra de la modestia Cristiana.  Ahora no es suficiente exhibirse en público;  no les da miedo entrar en los umbrales de las iglesias, asistir al Santo Sacrificio de la Misa y aún portar el alimento seductor de la pasión vergonzosa al Santo Altar, en donde se recibe al Autor de la Pureza.”

 

Los padres tenemos una gran responsabilidad ante la manera en que visten nuestros hijos, pues no es suyo el dinero gastado en dichas prendas, sino que sale de nuestros bolsillos y damos el consentimiento de dejar que los hijos vistan así en la propia casa, sin poner freno a tales indecencias. Como lo advierte  también el Papa Pío XII a los Grupos de Mujeres Católicas Jóvenes de Italia en 1954. “Ahora, muchas niñas no ven nada malo en seguir ciertos estilos desvergonzados como lo hacen muchas ovejas.  Seguramente se ruborizarían si tan sólo pudiesen adivinar las impresiones que causan y los sentimientos que evocan en aquellos que las miran. Si cierta clase de vestido constituye una ocasión grave y próxima de pecado y pone en peligro la salvación de su alma y de la de los demás, es su deber dejarlo y no usarlo…  ¡Oh madres Cristianas! si vosotras supierais qué futuro de ansiedades y penas, de vergüenza mal guardada preparáis para vuestros hijos e hijas, dejando imprudentemente que ellos se acostumbren a vivir ligeramente vestidos y haciendo que pierdan su sentido de modestia, estaríais avergonzadas de vosotras mismas y temeríais el daño que os hacéis y el daño que estáis causando a estos niños, quienes el Cielo os ha confiado para que los criéis como Cristianos.”

Si usted quiere ser cristiano en realidad y no solo de nombre, si quiere ayudar y no impedir la acción de la gracia para reformar las conciencias, si no quiere sentir mañana el remordimiento y llevar el peso de la culpa, entonces haga el esfuerzo de vestirse con modestia mariana. Pues antes de ponerse un vestido pregúntese ¿María, mi Madre, vestiría así?

María Lourdes Vila Morera.

Chispicas 8

18 miércoles Mar 2015

Posted by manuelmartinezcano in Uncategorized

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               descarga Alfonso Ussia, en un encuentro informativo en la sede del diario la Razón, ha dicho:»entiendo que haya unos presupuestos en los que se puede admitir el aborto, pero las personas de buena voluntad debemos ser firmes en defensa de los más indefensos». El Arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, zanjó la cuestión con estas palabras:»para la vida no puede haber supuestos». Por supuesto, Sr. Arzobispo. Con todo respeto pregunto; Hay algún supuesto que prohíba a la Jerarquía de la Iglesia presidir una manifestación multitudinaria en contra del aborto ?. ¿Ese presupuesto es diplomático, correctamente político? o ¿es un supuesto eclesiástico?. De lo profundo del corazón , me ha salido esta jaculatoria: ¡Viva Cristo Rey! Que Cristo reine en los corazones, en las familias, en los pueblos, en las naciones. Con la democracia partitocrática y laicista, Cristo ha sido expulsado de la política

                                       *              *              *

                Hace años el catedrático de Filosofía Natural de la universidad de Barcelona, Dr. José María Petit, que en gloria esté, decía: que la doctrina del Reinado Social de Nuestro Señor Jesucristo es dogma de fe. Hace menos de un mes, que he leído lo que Monseñor Barreiro ha dicho:»La afirmación de que toda sociedad sea regida por la ley de Cristo forma parte del patrimonio dogmático permanente de la Iglesia» que algunos Cardenales, Obispos, Sacerdotes, Religiosos, Religiosas y Seglares no se escandalicen. En mi pueblo dicen: eso va a Misa.

                                       *              *              *

                La democracia moderna separa al hombre, a la familia, a la sociedad, a la economía, a la ciencia, etc. de Dios. Somos libres, por primera vez en la historia. Podemos hacer lo que nos da la gana. Matar niños, lo que sea. Es doctrina dogmática democrátista. El Magisterio de la Iglesia y los santos enseñan lo diametralmente contrario. Santo Tomás Moro, patrón de los políticos católicos, dice:»El hombre no puede ser separado de Dios, ni la política de la moral».

                                       *              *              *

                Nuestra compatriota, Santa Teresa de Jesús, nos dice:»Esforcémonos a servir a un Señor que aun paga más acá en la tierra, por donde podemos entender algo de lo que nos ha de dar en el cielo». Esforcémonos, que es doctrina común de los santos y mandato de Nuestro Rey y Señor Jesucristo:» quien quiera seguirme que se niegue a si mismo, coja su cruz cada día y me siga». San Ignacio de Loyola, nuestro compatriota del norte de España, nos dice: véncete a ti mismo y ordena tu vida.

                                       *              *              *

                Hay personas piadosas que se escandalizan de lo que dicen y escriben periodistas católicos de algunos miembros de la Jerarquía de la Iglesia. No olvidemos que hubo herejes que eran sacerdotes, monjes y obispos. San Pio X, condenó a una secta que «se oculta en el seno y gremio de la Iglesia.»El humo de Satanás ha penetrado en la Iglesia». Lo dijo el Beato Pablo VI. Lo estamos viendo.

                                       *              *              *

                Los enemigos de Cristo, sean pocos o muchos, y aunque tengan muchos medios de poder, no podrán jamás destruir la Iglesia católica. Nada pueden contra los que militan bajo la bandera de Cristo Rey y tienen en su corazón un hermoso trono a María Reina.

                                       *              *              *

                He oído decir que Franco fue un asesino. Lo decían jóvenes católicos. Yo siempre he dicho que Franco fue santo, canonizado en vida, por Pio XII quien inscribió al Generalísimo entre los poquísimos miembros de la Suprema Orden de los Caballeros de la Milicia de Jesucristo, por los servicios meritorios prestados por Franco a la Iglesia. En ámbitos eclesiásticos esta condecoración era y es tenida como una canonización en vida.

Padre Cano  m. C. R.

 

 

Mensajes de fe 25: ¿Qué es ser católico?

18 miércoles Mar 2015

Posted by manuelmartinezcano in Mensajes de fe, Uncategorized

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¿Qué es ser católico?

papa-francisco-avion--644x362Ante el confusionismo y el escándalo que sufren muchas personas en el aspecto religioso hoy día, pienso que es mi deber proporcionaros una orientación clara y segura.

¿Quién es católico?

A esta pregunta la respuesta obvia es decir: «El que pertenece a la Iglesia Católica». y a ella pertenecen, por lo menos externamente, cuantos habiendo sido bautizados en ella, no han roto voluntariamente y públicamente su adhesión a la misma, aunque sean pecadores y no practiquen del todo y fielmente sus preceptos.

Cristianismo y catolicismo

A cualquiera se le puede ocurrir esta cuestión: ¿Es lo mismo ser cristiano y ser católico? A esto respondo que hace más de mil quinientos años, allá por el año 380, San Paciano, obispo de Barcelona, en una de sus cartas escribió esta frase, famosa en la historia eclesiástica: «Cristiano es mi nombre, y mi apellido es católico; aquél me nombra, y éste me declara».

La existencia, ya desde los orígenes del Cristianismo, de diversos grupos de cristianos sectarios y disidentes, dio lugar a esa exacta y hermosa definición de CATÓLICA a la única y verdadera-Iglesia fundada por Jesucristo y que permanecía fiel a la doctrina del Evangelio y a la tradición apostólica. De aquí que San Paciano añada a su frase: «Nuestro pueblo con este apelativo, al denominarse «católico», se distingue de toda secta herética».

Es patente que en el transcurso de veinte siglos han surgido iglesias y sectas que conservan el título de cristianas, pero que son ramas desgajadas del único y viejo tronco de la MADRE IGLESIA. Son hijos prófugos que abandonaron el hogar paterno. Mientras todas ellas son o iglesias nacionales o colectividades religiosas más o menos extendidas en algunas partes de la tierra, la verdadera Iglesia de Cristo sigue siendo la ÚNICA que es de veras CATÓLICA o sea UNIVERSAL.

Iglesia Católica

Desde siempre, el CREDO cristiano ha señalado a la Iglesia cuatro notas calificativas: UNA, SANTA, CATÓLICA Y APOSTÓLICA. Es UNA por su unidad de Fe, de Culto y Sacramentos y de obediencia al Papa, sucesor de San Pedro, obispo de Roma, vicario de Cristo en la tierra y cabeza visible de su Iglesia. Es SANTA porque Cristo, su fundador, y el Espíritu Santo, alma de la Iglesia, son la misma Santidad; porque santísima es la doctrina cristiana y fuentes de gracia divina son sus Sacramentos; porque, en medio de tanta miseria moral de los hombres, pecadores que la integran, la Iglesia no deja de engendrar en todo tiempo innumerables almas que han escalado las cumbres más heroicas de la santidad y obtenido una unión muy vital y mística con Cristo Jesús, que por el Espíritu Santo nos hace participar de la misma vida de Dios. Recordad lo de San Pablo: «Imitadme a mí, como yo imito a Cristo» (1 Cor 4, 16), Y lo de San Pedro: «Sois hechos partícipes de la naturaleza divina» (2 Pe 1, 4). Es CATÓLICA en un doble sentido de esta palabra griega: a) en cuanto permaneciendo «una» se halla extendida por toda la tierra y es la más numerosa de todas las religiones; b) y porque Cristo la instituyó precisamente para unir en Ella a todos los hombres de todos los tiempos. «Venid a Mí, todos», dijo Jesús (Mt 11, 28), que quiere hacer de toda la familia humana «un solo rebaño bajo un solo Pastor» (Jn 10, 16).

Y es APOSTÓLICA, porque Cristo la quiso edificada sobre la roca de Pedro (Mt 16, 16) y las columnas de los Apóstoles, para ser Ella a su vez «columna y fundamento de la Verdad» (1 Tim 3, 15). Por ello, se da -tan sólo en la Iglesia CATÓLICA el hecho incuestionable de lo que se llama la «sucesión apostólica», o sea, la transmisión directa, inmediata y perpetua de los poderes ordinarios de los Apóstoles, como Maestros, Santificadores y Rectores del Pueblo de Dios, en una cadena ininterrumpida desde el primer Papa, San Pedro, hasta el actual, Pablo VI, y desde los demás Apóstoles hasta el último de los obispos legítimamente consagrados.

Sólo el CATOLICISMO responde perfectamente al plan de Dios. Dios llama a todos los redimidos por Cristo a ser miembros de su Iglesia, y a Ella pertenecen, invisiblemente y sin saberlo, aun aquellos que en otras religiones sirvan a Dios «en espíritu y en verdad» (Jn 4, 23). Dichosos nosotros, los católicos, que gozamos por gracia divina, de conocer y poseer toda la Verdad religiosa y tenemos a nuestro alcance todos los medios óptimos y eficaces de salvación.

Cómo ser católicos

El solo hecho de ser bautizados ya supone una riqueza espiritual inmensa. Ante todo, la FE, luz y guía de nuestra vida temporal, que ha de ser profesada conforme al CREDO y al MAGISTERIO de la IGLESIA CATÓLICA. Después, la ESPERANZA, que nos sostiene y alienta firmemente en nuestro caminar hacia la Vida Eterna. Y como fruto exquisito, la CARIDAD, que es el amor sobrenatural a Dios sobre todas las cosas, con todo el corazón y todas nuestras fuerzas, pues es nuestro Principio y Fin; y; además, el amor al prójimo como a nosotros mismos por amor a Dios y a imitación del amor extremo conque Cristo nos amó primero a nosotros hasta dar su vida por nuestra salvación. La caridad cristiana al prójimo exige, a veces, sacrificios y, desde luego, unas relaciones de justicia, que muchos olvidan con daños muy lamentables.

Ser CATÓLICOS, pues, es cosa seria. Debemos CREER todas las verdades fundamentales de nuestra Santa Fe. La Religión supone una relación personal y consciente del hombre con Dios. Un Dios que no es mudo, sino que nos ha hablado a los hombres, sobre todo por medio de su Hijo, Jesucristo, Dios y Hombre a un mismo tiempo, desde su Encarnación (Jn 1, 1-18). La respuesta del católico a la REVELACIÓN de Dios ha de ser un Sí total, hecho de humildad, confianza y amor. Vivamos como buenos cristianos, firmes en la Fe Católica, soldados de Cristo, hijos amantes de la siempre Virgen María, Madre de Dios y nuestra, honradísimos de ser miembros vivos de la IGLESIA CATÓLICA, APOSTÓLICA Y ROMANA.

«MARÍA ES EL IDEAL Y EL AMOR, IMAGEN DE LO QUE ES POSIBLE. LA VIRGEN ES EL IDEAL DE AMOR QUE DIOS AMABA AUN ANTES DE CREAR EL MUNDO. ES LA VIRGEN INMACULADA», ha escrito monseñor Fuiton J. Sheen. ¿Qué menos que acordarse de María con las TRES AVEMA­RÍAS de cada mañana y cada noche, para que Ella nos lleve a Dios?

Obra Cultural
Laura, 4 – Barcelona-10

Meditación 38: el «Magníficat» VI

18 miércoles Mar 2015

Posted by manuelmartinezcano in Meditaciones de la Virgen, Uncategorized

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ildefonso rodriguez villar1º Recibió o socorrió a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia. -Recuerda aquí la Santísima Virgen la gran misericordia efectuada con Israel. -Era un pueblo esclavizado a los Faraones, y el Señor milagrosamente le sacó de aquella esclavitud y le llevó a través del desierto…; allí le alimentó con un maná del Cielo, y, después de sacarle triunfante de sus enemigos, le llevó a la rica tierra de promisión. -En fin, le tomó como Cosa suya…, le hizo su pueblo escogido…, y le cuidó como a un miembro de familia, con cariño y providencia admirables.

Aplica todo esto, punto por punto, a lo que Dios ha hecho contigo y verás en ello una sombra de la realidad. -Te sacó del cautiverio del demonio, infinitamente peor que el de los Faraones…, te protegió y protege sin cesar en el desierto de esta vida…, te alimenta con el verdadero maná divino de su mismo Cuerpo y Sangre… y te conduce de su mano cariñosamente a la tierra prometida, que es el Cielo.

Pero aún más: a Israel le dio título de siervo o doméstico suyo -¡gran favor, por cierto, servir a Dios!-, pero a ti te llama y te da título y honores de hijo…, de hermano de Jesucristo…, de heredero de su trono… ¡Qué realidad tan sublime y magnífica! -No dudes que, aunque Ma­ría habla sólo de la misericordia de, Dios con Israel, también pensaba en la que haría contigo y también la tenía muy presente.

Lo que no dice la Santísima Virgen es la correspondencia de Israel al Señor…; bien lo sabes: dureza de corazón…, desconfianza de Él en el desierto…, un total olvido de Dios en las delicias de la tierra de promisión, llegando a buscar otros dioses para adorarlos… y, finalmente, rechazando a su Hijo cuando vino a salvarnos y dándole muerte cruelísima de Cruz… Todo eso sacó Dios de su misericordia para con aquel pueblo. -Mas… ¿también en esto será figura tuya? . ¿Tú también habrás imitado a Israel en esta enorme y negra ingratitud?;.. ¿También podrá decir de ti el Señor que de su viña elegida, que era Israel, no sacó más que agrazones silvestres, agrios y amargos?… Por lo menos en algunas ocasiones, reconoce, con humildad y con santa vergüenza que así ha sido…, pero promete firmemente que ya no será más así…

2º Como lo había prometido a Abraham y a sus descendientes, por todos los siglos. -¡Qué bien cumple Dios su palabra! -Así lo prometió a Abraham ya sus hijos los demás grandes Patriarcas del Antiguo Testamento… y como lo prometió, lo cumplió. -No ignoraba Él, lo que aquel pueblo iba a hacer con sus beneficios, y, no obstante…, no se echa para atrás y deshace su promesa. -¡Qué fiel es el Señor!

Pero mira, como dice la Virgen, que esta fidelidad y exactitud de Dios, es por: todos los siglos…, esto es, que como cumplió lo prometido entonces, también lo cumplirá en lo que prometa después.

Y, efectivamente, según San Pablo, esta fidelidad, de Dios se manifiesta en tres cosas: a) en no dejar al demonio que nos tiente más de lo que nosotros. podemos resistir, pues es bien claro que si le deJara, nadie le vencería…, ¡tanta es su astucia!, ¡tanto su poder y sabiduría!;

  1. b) es fiel en no abandonarnos durante la tentación…; no es como las amistades terrenas, que en las pruebas y dificultades de la vida, en especial en la más terrible, la de la muerte, nos dejan solos y nos abandonan…, no nos sirven para nada. -Mas el Señor no es así: cuando es mayor la tentación y la necesidad, tanto más nos asiste con su ayuda y con su gracia…, de tal modo, que nos da ésta a medida de aquélla, sin que nunca nos falte Él…, a pesar de que tantas veces le dejamos nosotros;
  2. c) en fin, es fiel en darnos un premio eterno, se hemos sabido, con su gracia, luchar y vencer…; esta fidelidad de Dios, es el fundamento de nuestra esperanza… ¡el Cielo!…, ¡la posesión de Dios!… y esto ciertamente, pues su palabra no faltará…; ¡qué consuelo y alientos nos da en la vida esta mirada a Dios…, al Cielo…, a la corona que nos aguarda!…

Mira qué debes decir al Señor ante este ejemplo suyo de fidelidad que te recuerda la Santísima Virgen. -¡Qué pena qué vergüenza que tú tantas veces hayas sido infiel e inconstante en tus palabras y promesas al Señor! -Si hubieras cumplido sólo la mitad de las cosas que tantas veces le has prometido, ¿cuál sería ya tu santidad para estas fechas? -Pide a María la gracia de la exactitud…, de la fidelidad…, de la formalidad y constancia en el cumplimento de tus palabras.

3º Resumen y conclusión. -¡Qué sublime el canto del Magníficat! -¡Qué hermosísima la oración de Ma­ría. -¡Cuántas cosas abarca! -¡Él canto de la gratitud de su alma a Dios! -¡Él canto de la Redención, con el que publica» las maravillas y grandezas que en esta obra hizo el brazo poderoso del Señor y su misericordia! -¡Él canto en fin, de la humildad! -Fíjate bien que es en lo que más insiste. -Claramente nos señala el camino que hemos de seguir…, no hay otro… Ni Ella ni Jesús encontraron, ni siguieron tampoco otro… ¡Lánzate generosamente por él!… ¡A imitar a Jesús ya María en su humildad!… Ten, por tanto; una devoción tierna y ferverosa a este sublime cántico y diariamente repítele en la Comunión para dar gracias al Señor…, al mismo tiempo que te examinas de tu fidelidad en la promesa que hoy le haces de seguirle en la humildad.

Ildefonso Rodríguez Villar
Puntos breves de meditación
sobre la vida, virtudes y advocaciones litúrgica
de la Santísima Virgen María
26ª edición, Valladolid, 1965

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Ejercicios Espirituales predicados por el P. Cano

Meditaciones y Pláticas del P. José María Alba Cereceda, S.I.

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“Espíritu Santo, infúndenos la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia, en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente”. Padre Santo Francisco.

"Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la construyen. (Salmo 127, 1)"

Nuestro ideal: Salvar almas

Van al Cielo los que mueren en gracia de Dios; van al infierno los que mueren en pecado mortal

"Id al mundo entro y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado" Marcos 16, 15-16.

"Es necesario que los católicos españoles sepáis recobrar el vigor pleno del espíritu, la valentía de una fe vivida, la lucidez evangélica iluminada por el amor profundo al hombre hermano." San Juan Pablo II.

"No seguirás en el mal a la mayoría." Éxodo 23, 2.

"Odiad el mal los que amáis al Señor." Salmo 97, 10.

"Jamás cerraré mi boca ante una sociedad que rechaza el terrorismo y reclama el derecho de matar niños." Monseñor José Guerra Campos.

¡Por Cristo, por María y por España: más, más y más!

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