Contracorriente

~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

Contracorriente

Archivos diarios: 10 julio, 2015

Mensajes de fe 41: Un S.O.S. que siempre es eficaz

10 viernes Jul 2015

Posted by manuelmartinezcano in Meditaciones de la Virgen, Mensajes de fe, Uncategorized

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Zorrilla, en su «Don Juan Tenorio», con el más saludable empeño quiere reconciliar con Dios al protagonista en sus últimas horas. «Don Juan, -un punto de contrición- da a un alma la salvación. -y ese punto aún te le dan», le conmina desde ultratumba la estatua de don Gonzalo. Don Juan se agarra a contrapelo: «Que si es verdad -que un punto de contrición -da a un alma la salvación -de toda una eternidad, -yo, santo Dios, creo en Ti: -si es mi maldad inaudita, -tu piedad es infinita… -¡Señor, ten piedad de mí!»

Esta doctrina -que el acto de contrición perfecta salva, con el propósito de confesarse si se pudiera-, es tan sólida, evangélica y confortadora que un teólogo tan sabio como el cardenal Franzelin decía: «Si me fuese dado recorrer el mundo, sería el tema favorito de mis predicaciones, la contrición perfecta.» Un sacerdote francés, J. De Driesch, en un libro muy conocido, escribe: «Cierto día, corrí peligro de muerte inminente. Fue cosa de ocho a diez segundos no más, el tiempo de rezar la mitad de un padrenuestro. En este momento tan breve, mil pensamientos cruzaron mi mente. Se me apareció mi vida con toda su increíble prontitud y me asaltó la idea de lo que me aguardaba después de mi muerte… Mi primer cuidado en tamaño peligro fue hacer lo que manda el catecismo: un acto de contrición perfecto, recurriendo a Dios en demanda de su protección. Entonces es cuando aprendí a cobrar el cariño y aprecio debidos a la contrición perfecta. Posteriormente, he tratado de hacerla conocer y estimar en todos los sitios en donde he tenido proporción para ello.»

Pero en la literatura española, singularmente, existe un «Acto de contrición de Lope de Vega Carpio», que ha conocido raras ediciones, y que bien merece los honores de la reproducción y de la más viva y cálida meditación. En el mismo palpita toda el alma de Lope de Vega:

Aunque en culpa y error fui concebido,
y fui nacido en culpa y en pecado,
y desde que nací, Dios te he ofendido
y he sido inobediente a tu mandado;
aunque como traidor he delinquido
contra Ti, gran Señor, que me has criado,
aunque es tan grande y tal mi desvarío,
¡dulcísimo Jesús!, en Ti confío.

Aunque me esté el castigo amenazando
de las terribles penas del infierno,
y aunque el demonio vil me esté acechando
prometiéndome dar tormento eterno;
y aunque mi vida ya se va acabando
y veo que he vivido sin gobierno,
y aunque he sido cruel, traidor, impío,
¡dulcísimo Jesús!, en Ti confío.

Aunque sé, Rey inmenso, en quien espero,
que eres en tus juicios riguroso,
y aunque sé que en el día postrimero,
has de bajar airado y muy furioso,
y aunque sé que eres justo y verdadero
y yo a Ti, fementido y alevoso,
si lloro y del pecado me desvío,
¡dulcísimo Jesús!, en Ti confío.

Poder tienes, Señor, para salvarme,
poder tienes, Señor, para admitirme,
poder tuviste, Dios, para comprarme
y del demonio pérfido eximirme:
poder tienes, Señor, para librarme,
y poderoso fuiste-en redimirme,
y pues es tanto y tal Tu poderío,
¡dulcísimo Jesús!, en Ti confío.

Tu divina palabra me asegura
en que dices, Señor, que en toda hora
que se volviera a Ti cualquier criatura,
con fe y con contrición el alma adora
que con brazos abiertos de dulzura
recibirás el alma pecadora
por esta real palabra, en la que fío,
¡dulcísimo Jesús!, en Ti confío.

Porque no me perturbe el grave estruendo
de las fuertes cadenas infernales
que parece que ya las voy oyendo
por mis graves delitos y mis males:
en tus manos sagradas me encomiendo,
Jesús, gran Redentor de los mortales,
porque sé que, eres Dios, clemente y pío,
¡dulcísimo Jesús!, en Ti confío.

Y vos, Virgen de culpa no manchada,
más Santa que los santos y más digna
del Padre eterno Hija regalada,
y de su Hijo Madre a quien se inclina:
del Espíritu Santo Esposa amada,
pues tenéis tantas prendas de divina
y tanto os ama Dios y sois tan mía,
¡rogad por mí!, Purísima María.

¡Ay!, Virgen Santa, nuestra gran Señora
Que hallo en el discurso de mi vida
No haber vivido en Dios tan sólo una hora,
por donde el alma teme esté partida:
mas Virgen, siendo Vos mi intercesora
no teme el alma mía ser perdida,
pues el alma en Vos espera y fía,
¡rogad por mí!, Dulcísima María.Lope_de_Vega_firma

Lo que Lope de Vega tan magníficamente expresa es lo que realmente de alcanza la reconciliación con Dios. Es la palabra eterna del perdón divino que se repite y repetirá hasta el final de los tiempos. A Dimas arrepentido, Cristo le dice: «Te digo, en verdad, hoy mismo estarás conmigo en el paraíso.» Zorrilla lo registró en el final de su drama: «Mas es justo, quede aquí – al universo notorio – que pues me abre el purgatorio – un punto de penitencia, -es el Dios de la clemencia – el Dios de Don Juan Tenorio.»

Con abundancia de poesía a lo Lope de Vega, o con las postreras premuras a lo Don Juan Tenorio, ojala no olvidemos el acto de contrición. Basta con decir con corazón y de verdad: «Dios mío, perdóname», para tener el «punto de contrición» que Zorrilla, el poeta de la «gigante voz y corazón altivo», puso en boca de nuestro trotamundos de todas las aventuras y amoríos. ¿No es una buena lección para el día de hoy? Repasa, si lo has olvidado, el acto de contrición, o sea, el «Señor mío Jesucristo», pues puedes necesitarlo en momentos de apuro. En un accidente automovilístico o laboral, para asistir a un moribundo sin tiempo para avisar al sacerdote, al ponernos a descansar todas las noches, cuando nos demos cuenta que hemos ofendido a Dios, de momento y rápidamente, recemos de corazón, este acto de amor y de reparación, de amistad y de reconciliación que es el «Señor mío Jesucristo», o simplemente lo que nos salga del interior reconociendo la infinita misericordia de Dios, infinita Bondad.

DICE JESÚS EN EL EVANGELIO: «TODO CUANTO PIDIEREIS EN UNA ORACIÓN LLENA DE FE, LO OBTENDRÉIS». Es cosa santísima unirse a la oración de la Virgen. Por ello, cada mañana y cada noche reza las TRES AVEMARÍAS a la Santísima Virgen para que vivas como hijo de Dios.

Obra Cultural
Laura, 4 – Barcelona-10

Meditación 54: vida de Nazaret III

10 viernes Jul 2015

Posted by manuelmartinezcano in Meditaciones de la Virgen, Uncategorized

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mi-vida-en-nazareth21º Vida de oración -Es la oración, la unión del alma con Dios…, la comunicación y el trato con Él. -Por eso no hay nada más esencial: Dios es el todo y tú la nada. -Él es el Señor y el Dueño inmensamente rico… poderoso lleno de bondad…; tú el pobre…, miserable reducido a la mayor impotencia Es natural, es indispensable, que acudas a Él, pues sin Él nada tendrás…, nada podrás hacer. -Ese acudir a Él, ese pedirle lo que necesitas, es la oración. -¡Qué amor tan grande el del Señor al darte un remedio tan fácil…, tan sencillo…, tan eficaz, para remediar tus debilidades y miserias. -Si los enfermos tuvieran una medicina tan fácil que con sólo acudir al médico ya se curaran, ¿habría enfermos en este mundo?

Piensa en nuestra locura inmensa, cuando no apreciamos en lo que vale, el medio divino de la oración… cuando no la utilizamos como debemos…, ni con la frecuencia que la necesitamos. –No ha habido santo alguno sin oración… y a mayor espíritu y vida de oración, mayor santidad. -Podrá haber, santos sin grandes y extraordinarias cosas de milagros…, profecías…, austeridades…, éxtasis y raptos -.., pero no sin oración. -Sin embargo, no mires a los santos;.., entra en la escuela de oración donde ellos aprendieron esta lección…, y la escuela es Nazaret.

2º Oración continua -Allí se vivía una vida continua de oración. -Por encima de todas las virtudes, destacaba ésta. -Más aún ésta es la que daba vida y carácter a todas las demás. -En muchas casas hay pobreza como en Nazaret…, hay oscuridad…, hay trabajo…, pero todo eso con aquel espíritu de oración, no lo hay en ninguna. -Todo se hacía en virtud de la oración y como fruto de ella…; de ahí que en Nazaret se oraba sin cesar ¡Cómo santifica.la oración las cosas más pequeñas!…; todo deja de ser pequeño e indiferente cuando se hace con este espíritu de oración.-El comer…, el dormir…, el jugar y el divertirse…, el sufrir o gozar…, el trabajar y el descansar, es entonces una verdadera oración -Y ¡cómo endulza esta todas las cosas amargas de la vida!

Contempla a Ma­ría trabajando afanosa…, cansada…, fatigada…, abrumada…, sudorosa…, y todo para apenas poder darle de comer a su Hijo querido…, para no salir de su pobreza nunca…; mas no se enfada…, no se impacienta…, esa es la voluntad de Dios, y la acepta, no resignada, sino gustosa y contenta…, satisfecha…, alegre…; todo lo hace con Dios y por Dios…, es decir, todo lo hace orando todo lo convierte en oración. -Por eso es feliz no cambiada su suerte por nadie…, no dejarla su pobreza por las mayores riquezas y comodidades…, ¡Ah!, si conoce­ríamos bien cómo todo se transforma con la oración!

3º Oración fervorosa -Mira, además, y contempla a la Santísima Virgen en los momentos especialmente dedicados a la oración. -No ya sólo interrumpe su trabajo para levantar su corazón…, purificar su rectísima intención y renovar su incesante presencia de Dios, sino que varias veces al día dedicaba varios ratos exclusivamente a la oración y contemplación. -Mírala y examínala bien; ¡cómo oraría en su porte exterior y en su interior!… Levanta tu espíritu y tu imaginación al Cielo, y allí verás al Ciclo todo, y especialmente a Dios, gozándose con la oración de Ma­ría…, recibiendo la gloria que esta oración le da…, comunicándose con Ella y aumentando sus gracias y merecimientos. -¿Será así tu oración?… ¿También darás con ella gloria a Dios…, alegría a los ángeles… y merecerás que Él se comunique contigo y te dé sus gracias y lo que necesitas? ¿Por qué sacas tan poco fruto de la oración?… ¿No debías ya tener mucha santidad?… ¿Es que tu oración es como la de Ma­ría, fervorosa…, humilde y constante?…

4º Oración en común -Y no sólo Ma­ría, sino todos en aquella casa oraban…, y oraban en privado y en común. -¡Qué espectáculo tan hermoso el de la Sagrada Familia en oración!… ¡Cuánto agrada al Señor la oración en familia… la oración en común… ¿Te persuades bien de esto? -Él mismo Jesús, después de practicarlo así en Nazaret, y más tarde con sus discípulos, claramente nos lo enseñó y aconsejó…: «donde haya dos o más reunidos en mi nombre, allí estoy yo»

El hombre es social por naturaleza…, todo lo hace con los demás…, ha de vivir con la familia…, con la sociedad, ¿por qué no santificar esa vida con la oración? -Si tienes amistades para tratar…, conversar con ellas…, ¿por qué no para llevaros mutuamente a Dios? Si se dice que en la unión está la fuerza, y el hombre se une a los demás cuando quiere conseguir algo… o hacer un esfuerzo que solo no podría…, ¿por qué no ha de ser así en la vida espiritual? -Mira a la Iglesia cómo fomenta la oración y la vida espiritual en común.Las6rdenes religiosas no son otra cosa. -¿Por qué no tratas de hacerlo así y en lo que puedas fomentar la oración…, la mortificación la conversación y vida espiritual en la familia en las amistades…, en la sociedad que te rodea?

Ildefonso Rodríguez Villar
Puntos breves de meditación
sobre la vida, virtudes y advocaciones litúrgica
de la Santísima Virgen María
26ª edición, Valladolid, 1965

¿¡Muerte!?

10 viernes Jul 2015

Posted by manuelmartinezcano in Uncategorized

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padre canoLa muerte es la separación temporal del alma espiritual y del cuerpo material. Vivimos en el tiempo, en el curso del cual nacemos, cambiamos, envejecemos y morimos. En la narración de la creación del mundo en el primer libro de la Biblia, el Génesis, no aparece la “la creación” de la muerte: “Porque Dios no ha hecho la muerte, ni se complace destruyendo a los vivos.” (Sabiduría 1, 13), y creó al hombre inmortal: “Dios creó al hombre incorruptible y lo hizo imagen de su propio ser” (Sabiduría 2, 23). Fue el pecado original de Adán quien introdujo la muerte en este mundo: “Por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte se propagó a todos los hombres, porque todo pecaron” (Romanos 5, 12). La muerte es, pues, pena del pecado original.

Hemos visto morir a personas mayores que nosotros, a niños y jóvenes. El recuerdo de nuestra muerte debe hacernos pensar, que contamos sólo con poco tiempo para vivir y que con la llegada de la muerte, termina nuestra vida temporal y empieza la vida eterna.

Por la muerte de Jesús en la Cruz, la muerte del cristiano tiene un sentido hermoso, sublime. San Pablo escribe a los filipenses: “Para mí, la vida es Cristo y morir una ganancia” (1, 21). Y Timoteo le dice: “Es cierta esta afirmación: si hemos muerto con Él, también viviremos con Él” (“Tim 2, 11) En vuestro bautismo, fuimos sepultados, “muertos en Cristo”, para vivir una vida nueva con Cristo.

Nuestra santa madre Iglesia exhorta a todos sus hijos a estar preparados siempre para la hora de nuestra muerte. Y nos dice que no dejemos de pedir a la Madre de Dios y Madre nuestra, la Virgen María, que interceda por nosotros: “en la hora de nuestra muerte” (Avemaría) y pongamos nuestra absoluta confianza en San José, patrono de la buena muerte.

Muchos de nuestros coetáneos no quieren oír nada de la muerte. Y menos aún de su propia muerte. San Pablo deseaba “morir y estar con Cristo” (Filipenses 1, 23). Todos los santos quieren morir “ya” para estar con Cristo: “Yo quiero ver a Dios y para verlo es necesario morir” (Santa Teresa de Jesús); “Yo no muero, entro en la vida eterna” (Santa Teresa del Niño Jesús); “Qué suave y dulce es la muerte para las almas que le han amado sólo a Él” (Beata Isabel de la Trinidad); “¡Qué consuelo siente mi alma al pensar en la muerte! ¡Veré a mi Dios cuando muera!” (Santa María Micaela)

¡Siempre Contracorriente, viva la muerte en gracia de Dios! Es la entrada a la eterna felicidad del Cielo.

Manuel Martínez Cano, mCR

Ateísmo hoy 6

10 viernes Jul 2015

Posted by manuelmartinezcano in Guerra Campos, Uncategorized

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Primera parte

FORMAS Y MOTIVOS INTERNOS DEL ATEÍSMO

I ATEÍSMO COMO DESENTENDIMIENTO DE DIOS

Empezamos por unas formas de ateísmo que se reducen a actitudes de desentendimiento de Dios y que con más precisión que otras podrían encasillarse dentro del «ateísmo práctico». Son formas primarias, poco reflexivas. Guerra-Campos.5Salvas las distinciones que luego se harán, es posible resumir todas estas formas en lo que he denominado inmersión egocéntrica en lo inmediato.[1]

1. El dualismo del «paraíso», su ruptura y reducción monista.

Recordemos, como punto de partida, que el hombre vive una íntima dualidad. Por un lado, el hombre se siente integrado y enraizado en la Naturaleza, en el universo de las cosas visibles y experimentales, aunque pretende naturalmente ser señor de ellas, dominándolas y manejándolas por el conocimiento y la habilidad técnica. Por otro lado -y precisamente para que sea verdadera la afirmación de su señorío-el hombre afirma su personalidad y libertad, su espiritualidad o trascendencia. Las dos afirmaciones armonizadas convergen en la interpretación del hombre que presenta el Génesis: el hombre es señor del universo -aunque emerge del mismo y está sensiblemente hecho de la «misma pasta» de las demás cosas-porque es Vicario de Dios, porque en él hay una misteriosa irradiación de algo que trasciende ese universo sensible.

Esa dualidad reflejada en el Génesis constituía el Paraíso. Pero es vivida también por los hombres que están fuera del paraíso, y aun lo niegan, al menos como nostalgia o como tendencia y aspiración confusa. Sabemos que una de las formas características del ateísmo moderno es la que, aun negando el Paraíso original, impulsa hacia la construcción del paraíso en el futuro. Estas actitudes -la nostalgia, la aspiración confusa, la tensión entre la dimensión terrena del hombre y su dimensión trascendente o de relación con Dios-nos revelan dónde está el problema del hombre, son el índice de su espiritualidad y libertad.

El ateísmo consiste sencillamente en «cortar el nudo», rompiendo la tensión ascendente, pretendiendo que el hombre se realice en una sola dimensión, totalizándolo en el polo terrenal.

2. Formas primarias de indiferencia inapetente o de repugnancia hacia Dios, por dispersión irreflexiva o por reclusión en uno mismo como centro de placer y de dominio.

Absorción por lo inmediato. Lo «inmediato» es el campo asequible donde se ejerce mi actividad, mi lucha, mis pretensiones; el campo de los planes y proyectos realizables en el tiempo, el de las relaciones con los demás… Lo inmediato comienza apareciendo como algo centrado sobre mí mismo, a lo que me asomo desde mí; al iniciar la exploración del mundo, yo soy el centro provisional de ese contorno u horizonte circular que hay en torno a mí. Esto produce los brotes primarios y poco reflexivos de apartamiento de Dios, que luego en virtud de otros factores pueden conducir a formas de ateísmo más profundas. Porque en relación con lo «inmediato», Dios es lo misterioso que «está detrás». Y si bien la misma realidad inmediata, por su insuficiencia y su condición insatisfactoria, apunta hacia Dios y nos remite a Él, también puede hacer de telón que tapa su presencia o que obstruye en nosotros mismos la atención al vacío e indigencia interior, y la consiguiente referencia a Dios. Podemos caer en un estado de inmersión egocéntrica en lo inmediato. Cuando se borra la flecha que nos remite a Dios y se tiende a identificar todo nuestro vivir con el contorno inmediato, se termina por eliminar a Dios; pasa uno mismo a ser el centro único de convergencia y de irradiación en ese contorno, como territorio del propio disfrute o dominio.

El efecto de tal inmersión egocéntrica en lo inmediato suele ser doble: 1.o se cae en una especie de indiferencia inapetente que sencillamente elude a Dios, ni siquiera lo niega, solamente no se ocupa de Él; 2.0 pero’, como a pesar de todo, de vez en cuando se abren grietas en el límite de ese campo acotado concéntrico sobre el propio yo, y por esas fisuras asoma de algún modo lo que está detrás, entonces, acostumbrados a dominar y disfrutar ese campo con independencia, reaccionamos con repugnancia contra el Intruso. Dios nos parece un entrometido; Dios es el «Otro», que nos incomoda.

Estas actitudes primarias son frecuentes en todas las épocas. A algunos tratadistas les da vergüenza hablar de ellas, porque no suenan solemnes como otros planteamientos, supuestamente más filosóficos; pero el hecho es que son realísimas y muy importantes. ¿Y cuáles son las posturas que inducen a esas dos formas de desentendimiento (la inapetencia indiferente y el rechazo instintivo del «intruso»)7 Se pueden condensar en dos, a saber: la dispersión irreflexiva, la reclusión en uno mismo como centro de placer y de dominio. Hablaremos después de una postura diferente, que sigue a una aceptación inicial de Dios: la decepción de la fe utilitaria.

Dispersión irreflexiva.

Aludimos a los comportamientos que van desde la desidia, sin más, hasta la inmersión en los hábitos viciosos, en virtud de los cuales el hombre, deseoso de unidad interna, si no reforma su conducta, se desliza hacia el cambio de los criterios morales.

Sé muy bien que no es muy lucido empezar por aquí, acabo de decirlo. En los estudios sobre ateísmo se reciben mejor los análisis de formas y motivos más ilustres y… menos acusadores; cuanto más dramáticos, más honroso parece el ateísmo, porque el mismo fulgor de las palabras y los razonamientos da la impresión de que el ateo es un hombre extraordinario, ya que se enfrenta con situaciones no vulgar.es. Bien, existen también situaciones más complejas y «brillantes» que la que ahora indicamos; pero ésta es real y debo llamar la atención sobre ella. Como no se trata de juegos de artificio en una academia, sino de la realidad del corazón humano, apelo a los centenares de corazones reales que uno puede conocer y tratar; o bien, por un camino acaso más asequible, a los centenares y millares de confidencias autobiográficas de los mismos ateos.

Baste aludir, entre tantos ejemplos, al intercambio epistolar, publicado, en que participaron no hace muchos decenios dos grandes escritores franceses, cabezas de línea cada uno: Paul Claudel, convertido, católico entusiasta; y André Gide, frío, refinado, que pasó toda su vida escribiendo de sí mismo, mostrando con transparencia los vaivenes y altibajos de sus inquietudes en relación con Dios, de sus intentos de eliminar la inquietud, de su zambullida en el desorden moral, que él mismo pinta con los colores más aborrecibles. Ahí se comprueba que la cerrazón espiritual causada por la desidia y los hábitos viciosos no es patrimonio exclusivo de almas «toscas». Gide, al pasar en su proteiforme cavilación por la fase de Les Nourritures terrestres, muestra al desnudo su actitud de apego a lo inmediato sensible y de alergia a lo «interior» y al «más allá», y reconoce la capacidad cegadora que tienen los hábitos o las conductas.[2]

Con lo cual no hace más que confirmar una página célebre del Apóstol San Pablo en su carta a los Romanos, que no ha perdido nada de su vigor ni creo que 10 pierda nunca, donde apunta la relación entre el desorden moral y el desconocimiento culpable de Dios. Dice estas palabras imperecederas:

«Aprisionan la verdad con la injusticia… Los entregó Dios… a la impureza, pues… adoraron y sirvieron a la criatura en lugar del Creador… Y como no procuraron conocer a Dios, Dios los entregó a su réprobo sentir, que los lleva a cometer torpezas y cosas dignas de muer-te. .. y no sólo las cometen sino que aplauden a quienes las hacen.»[3]

Reclusión en uno mismo como centro de placer y de dominio.

Prescindiendo del carácter cegador o culpable de los hábitos, otras veces se produce simplemente una inmersión ya en el placer ya en el activismo, como expresión del poder insubordinado del «yo». Ahí tenemos el caso clásico del narcisismo del adolescente ante la erupción de «fuerzas interiores» que momentáneamente le hacen sentirse centro del mundo, de su mundo inmediato (que en ciertas fases de desorientación y ceguera es todo su mundo). Ahí está, por otra parte, la pretensión de dominio, no por la acción, sino por esquemas intelectuales «totalitarios«, pseudorracionalistas, excluyentes del misterio, en aquel que presume de explicárselo todo con los cuatro tópicos que combina en su «sistema». Esto se da muchas veces, y naturalmente es un modo de tapar la referencia a Dios, la llamada de Dios, el problema de la comunicación con Dios.

Hasta aquí hablamos de actitudes de desentendimiento de Dios, que enclaustran al sujeto en sí mismo y ni siquiera son negación -pues les falta hasta la tensión vibrante del que niega-sino situaciones laxas de inapetencia, pero que a veces desembocan en reacciones de repugnancia frente al «intruso», cuando a través de las grietas se filtra la misteriosa presencia del Otro, del Señor. Mas no siempre la reacción es de repugnancia. Por eso, en este marco de las formas de ateísmo por desentendimiento más que por negación, conviene señalar algunas• que suponen un estadio de aceptación inicial del Dios que atrae nuestra atención.

Ateísmo-Hoy
José Guerra Campos
Obispo de Cuenca
Fe Católica-Ediciones, Madrid, 1978

[1] Cf. J. GUERRA, Descristianización, estudio teológico-bíblico, en la obra colectiva Pastoral de la Juventud, ed. PPC, Madrid, 1967, pp. 61-87, especialmente 65-75.

[2] Sobre Gide y otros autores cf. Ch. Moeller, Literatura del siglo XX y Cristianismo, ed. Gredos, Madrid, vol. 1 (1961), pp. 148 ss. También, Ch. Moeller, cap. «El ateísmo en la literatura contemporánea», en la obra colectiva El ateísmo contemporáneo, ed. Cristiandad, Madrid, vol. 1, tomo II (1971), pp. 64047, et alibi. Ver adelante Nota final.

[3] Cf. Rom. 1, 18-32.

Página para meditar 146: vivir en oración

10 viernes Jul 2015

Posted by manuelmartinezcano in Padre Alba, Uncategorized

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P.albacenaEn este Año Ignaciano, deberíamos reflexionar durante todo él, cómo va mi oración, y si sigo la enseñanza de mi maestro San Ignacio que tantas veces me ha enseñado a través de los Ejercicios Espirituales el camino para transformarme en hombre contemplativo que vive en oración.

Vivir en oración, no es lo mismo que hacer oración o dedicar tiempo a la oración. Debemos sí, necesariamente, hacer oración, dedicar tiempo fijo a la oración, para llegar a vivir, cuando el Señor lo decida, en oración.

Si viéramos el mal que nos inferimos por abandonar la oración y perderla constancia en la oración, nos apartaríamos de los que nos la estorba (activismo, pereza, rutina, inconstancia…) como del mayor mal. Pena grande sería comprobar que en nosotros pudiera cumplirse lo que dice la Sagrada Escritura, que Dios miró a la tierra y no halló a nadie que se recogiera y meditara en su corazón. O la recriminación amorosa de Nuestro Señor Jesucristo: “¿No pudiste velar cada día un cuarto de hora conmigo?”.La oración es lo más excelente que podemos hacer. Porque es a Dios a Quien nos dirigimos. Porque la ocupación de la oración es la más trascendental, la más suprema, la incomparable con las otras ocupaciones, por nobles y urgentes que ellas sean. Es la ocupación que tienen los bienaventurados, y en sustancia la misma que tiene el hombre que ora. Pero es que además el alma se eleva sobre sí misma, sobre todo lo temporal, se familiariza el alma con Dios y se va espiritualizando, endiosando, llegando a serlo que nos enseña San Pablo, que somos conciudadanos de los Santos y familiares de Dios. Cuando oramos escondidos en un rincón de nuestra habitación en la misma presencia de Dios, nos ponemos en la realidad cristiana y nos adentramos en el misterio de Dios que habita en nuestros corazones. En la oración creemos, esperamos, amamos, contemplamos, adoramos, conversamos, discurrimos, reflexionamos, nos desahogamos, excitamos afectos, deseos, propósitos, súplicas, actos de arrepentimiento, en una palabra todo el conjunto de maravillas interiores que bajo el influjo de la gracia, se levantan en nuestro interior. Por eso se ha dicho que la oración es la respiración del alma, porque sin respirar en la oración el alma está muerta, cómo muere el cuerpo que no puede respirar. La gracia divina nos mueve a orar, para llevarnos a construir en nosotros el hábito sobrenatural de la oración, que es el anticipo de la contemplación y de la vida verdaderamente santa y divina. Dios siempre nos acoge en audiencia para orar. A cualquier hora, en cualquier situación y respondiéndonos siempre. Dios no tiene tiempo y está siempre dispuesto a nuestro tiempo, en cualquier momento que queramos estar con Él, porque sus delicias son conversar con los hijos de los hombres. Discípulos de San Ignacio: no cometáis el gravísimo error de dejar la oración. No cometáis la enorme equivocación, de hoy sí y mañana no, en oración. No contristéis al Espíritu de Dios que quiere gemir en vuestro interior con gemidos inenarrables, abandonando por sombras de un instante, la oración. San Ignacio quiere llevaras a ser hombres que vivan en oración. Sólo así seréis santos.

Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 146, diciembre de 1990

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Ejercicios Espirituales predicados por el P. Cano

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“Espíritu Santo, infúndenos la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia, en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente”. Padre Santo Francisco.

"Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la construyen. (Salmo 127, 1)"

Nuestro ideal: Salvar almas

Van al Cielo los que mueren en gracia de Dios; van al infierno los que mueren en pecado mortal

"Id al mundo entro y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado" Marcos 16, 15-16.

"Es necesario que los católicos españoles sepáis recobrar el vigor pleno del espíritu, la valentía de una fe vivida, la lucidez evangélica iluminada por el amor profundo al hombre hermano." San Juan Pablo II.

"No seguirás en el mal a la mayoría." Éxodo 23, 2.

"Odiad el mal los que amáis al Señor." Salmo 97, 10.

"Jamás cerraré mi boca ante una sociedad que rechaza el terrorismo y reclama el derecho de matar niños." Monseñor José Guerra Campos.

¡Por Cristo, por María y por España: más, más y más!

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