He vuelto de colonias de los niños y, sobre mi mesa, hay una carta que Ramón Santillán Fraile, ha escrito en una red social. Nuestro compatriota manifiesta su profunda tristeza por estas palabras del Papa Francisco “los crímenes cometidos en la llamada conquista de América”. Después de exponer sus magníficos cinco puntos, Ramón dice: “Esto no es óbice para mi fe en Cristo y en la Iglesia. Pero conste mi protesta respetuosa y firme”.
San Ignacio de Loyola – lo sabe muy bien el Santo Padre Francisco, dice: “que todo buen cristiano ha de ser pronto a salvar la proposición del prójimo que a condenarla”. Vamos a intentar salvar las palabras del Papa que ni nombra a España, ni a Hispanoamérica. Está hablando “a los hermanos y hermanas del movimiento indígena latinoamericano”. Así, yo podría interpretar que los crímenes, cometidos en la llamada conquista de América, ocurrieron en Norteamérica donde los protestantes ingleses masacraron a los indígenas. Los españoles creamos una nueva raza, uniendo sangre indígena y española, con la fe, esperanza y caridad cristianas. Caso único en la historia. Los indios eran y son personas, hijos de Dios y ciudadanos de las Españas.
El Santo Padre Francisco ha dicho: “Al igual que San Juan Pablo II, pido que la Iglesia – y cito lo que dijo él – “Se postre ante Dios e implore perdón por los pecados pasados y presentes de sus hijos” (San Juan Pablo II, Bula Incarnationis inystesium, 11.) Y quiero decirles, quiero ser muy claro, como lo fue San Juan Pablo II: “pide humildemente perdón, no sólo por las ofensas de la propia Iglesia sino de los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América”. Me reafirmo en lo arriba escrito: San Juan Pablo II, no condenó “los crímenes que los españoles cometidos en Hispanoamérica”. Eso lo difunde la maldita ideología de la “Leyenda Negra”, contra la Iglesia Católica y la España de las Españas. El 31 de Octubre de 1982, San Juan Pablo II, dijo: “Gratitud a todos vosotros, queridos hermanos y hermanas españoles; por el calor de vuestro recibimiento, por el afecto puesto en la hospitalidad dispensada a un amigo, y sobre todo a quien España siempre ha querido entrañablemente a lo largo de su historia: al Papa. Precisamente porque conozco bien y aprecio en todo su significado ese rasgo característico del catolicismo español, deseo corresponder con una confidencia.
Llego a vosotros al cumplirse mi cuarto año de pontificado. Exactamente un año después de cuando estaba programado, y que no pudo realizarse por las conocidas causas. Y quiero ahora manifestaros que desde los primeros meses de mi elección a la cátedra de San Pedro pensé con ilusión en un viaje a España, reflexionando incluso sobre la ocasión eclesial propicia para tal visita.
Hoy me trae a vosotros la clausura – en vez de la apertura – del IV Centenario de la muerte de Santa Teresa de Jesús, esa gran Santa española y universal, cuyo mayor timbre de gloria fue ser siempre hija de la Iglesia y que tanto ha contribuido al bien de la misma Iglesia en estos cuatrocientos años.
Vengo, por ello, a rendir homenaje a esa extraordinaria figura eclesial, proponiendo de nuevo la validez de su mensaje de fe y humanismo.
Vengo, a encontrarme con una comunidad cristiana que se remota a la época apostólica. En una tierra objeto de los desvelos evangelizadores de San Pablo; que está bajo el patrocinio de Santiago el Mayor, cuyo recuerdo perdura en el Pilar de Zaragoza y en Santiago de Compostela; que fue conquistada para la fe por el afán misionero de los siete varones apostólicos; que propició la conversión a la fe de los pueblos visigodos en Toledo; que fue la gran meta de peregrinaciones europeas a Santiago; que vivió la empresa de la reconquista; que descubrió y evangelizó América; que iluminó la ciencia desde Alcalá y Salamanca, y la teología en Trento.
Vengo atraído por una historia admirable de fidelidad a la Iglesia y de servicio a la misma, escrita en empresas apostólicas y en tantas grandes figuras que renovaron esa Iglesia, fortalecieron su fe, la defendieron en momentos difíciles y le dieron nuevos hijos en enteros continentes. En efecto, gracias sobre todo a esa simpar actividad evangelizadora, la porción más numerosa de la Iglesia de Cristo habla hoy y reza a Dios en español. Tras mis viajes apostólicos, sobre todo por tierras Hispanoamérica y Filipinas, quiero decir en este momento singular: ¡Gracias, España; gracias, Iglesia en España, por tu fidelidad al Evangelio y a la Esposa de Cristo!
Esa historia, a pesar de las lagunas y errores humanos, es digna de toda admiración y aprecio. Ella debe servir de inspiración y estímulo para hallar en el momento presente las raíces profundas del ser de un pueblo”.
Dos años después el Papa polaco vino a la tierra de María Santísima, España, para decirle a la Virgen que era todo suyo, y también: “He venido (. . .) a postrarme ante la Virgen del Pilar Patrona de la Hispanidad, para dar gracias a Dios por esa gesta y por la contribución de hombres y mujeres de España en una SIN PAR obra de Evangelización”. Hoy la mayor porción de la Iglesia habla y reza en español. La obra misionera de España, en nuestros días, es insuperable.
Tengo varios textos de Papas alabando la evangelización de los españoles en Hispanoamérica. Julio II (1503-1513) el 28 de julio de 1508: “Han penetrado el océano y han llevado el saludable estandarte de la Cruz a tierras desconocidas”. León X (1513–1521) “sus habitantes y aborígenes son capaces para la cultura y la civilización (se) adhieren a nuestra ortodoxa fe y abrazan con gusto sus costumbres y preceptos” (13 de octubre de 1521). Adriano VI (1522-1523) alaba los trabajos, gastos y sacrificios, llevados a cabo por nuestros antepasados, para atraer “a gran número de infieles de las falaces tinieblas de los ídolos a la verdadera haz de la fe ortodoxa”.
Tengo más textos de Sumos Pontífices que inciden en lo mismo durante cinco siglos. El Cardenal Cicognani, dijo: “cada legajo que se desempolva en el grandioso Archivo de Indias es una nueva apología de la labor cristianamente civilizadora de España en América”. El estudioso de las leyes de Indias, Rafael García García, reconoce que sus 6.336 disposiciones “forman el mejor código de caridad que ha emanado de los gobernantes civiles de todas las épocas de la Historia”.
Taine, que no fue precisamente un santo padre, afirmó rotundamente: “Hay un momento extraño y superior de la especie humana, la España de 1500 a 1700”.
Me voy de campamentos. Dios mediante, volveremos. Son los campamentos del P. Alba S.J. llevamos 42 años gritando con piedad y fervor en nuestras actividades ¡Viva España Católica! ¡Viva el Papa! ¡Viva Cristo Rey!
Manuel Martínez Cano, mCR