Contracorriente

~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

Contracorriente

Archivos mensuales: julio 2015

Matrimonio y familia

01 miércoles Jul 2015

Posted by manuelmartinezcano in Uncategorized

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padre canoEs doctrina de fe divina católica definida, es dogma de fe, que el matrimonio entre un cristiano y una cristiana es un sacramento instituido por Cristo. El Concilio de Trento definió expresamente: “Si alguno dijere que el matrimonio no es verdadera y propiamente uno de los siete sacramentos de la Ley del Evangelio e instituido por Cristo Señor, sino inventado por los hombres en la Iglesia, y que no confiere la gracia, sea anatema” (D. 971).

“El sacramento del Matrimonio significa la unión de Cristo con la Iglesia. Da a los esposos la gracia de amarse con el amor con que Cristo amó a su Iglesia; la gracia del sacramento, reafirma su unidad indisoluble y los santifica en el camino de la vida eterna” (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1661).

El sacramento del matrimonio da a los cónyuges la gracia santificante, con los auxilios especiales, para cumplir santamente los deberes del matrimonio hasta la muerte.

Los fines del matrimonio son la procreación y educación de los hijos, la ayuda mutua, material y espiritualmente, y la satisfacción moralmente ordenada de la concupiscencia. El Concilio Vaticano II, ha recordado a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, especialmente a los católicos, esta doctrina siempre enseñada por la Iglesia.

Procreación y educación de los hijos: “Por su índole conyugal están ordenados a la procreación y la educación de la prole, con los que se ciñen con su corona propia” (Gaudium et spes, 48).

Ayuda mutua, espiritual y material: “El marido y la mujer, que por el pacto conyugal ya no son dos, sino una sola carne (Mt 19, 6), se ayudan y se sostienen mutuamente, adquieren conciencia de su unidad y lo logran cada vez más plenamente por la intima unión de sus personas y actividades” (Gaudium et spes, 48)

Satisfacción moral de la concupiscencia: “Un tal amor, asociando a la vez lo humano y lo divino, lleva a los esposos a un don libre y mutuo de sí mismos, comprobado por sentimientos y actos de ternura e impregna toda su vida; más aún, por su misma generosa actividad crece y se perfecciona. Supera, por tanto, con mucho la inclinación puramente erótica, que, por ser cultivo del egoísmo, se desvanece rápida y lamentablemente” (Gaudium et spes, 49)

Estaba predicando una misión en un pueblecito y una buena señora exclama: “¡qué tiempos vivimos!, ningún matrimonio va bien, las familias se están rompiendo”. Una chica joven que estaba junto a ella le dijo: “Pues mis padres se llevan muy bien y en la familia estamos muy unidos”. Es verdad, su familia es una familia cristiana que viven su fe todos los días. Los que se divorcian y deshacen las familias, puede ser porque se han enfriado en la fe, o ya la perdieron.

San Juan Pablo II, dedicó mucho tiempo de su pontificado a escribir y predicar sobre el  matrimonio y la familia cristiana. Transcribimos algunas frases suyas: “La familia es base de la sociedad y el lugar donde las personas aprenden por primera vez los valores que les guían durante toda su vida”. “El matrimonio y la familia cristiana edifican la Iglesia. Los hijos son fruto precioso del matrimonio”. “La familia está llamada a ser templo, o sea, casa de oración: una oración sencilla, llena de esfuerzo y ternura. Una oración que se hace vida, para que toda la vida se convierta en oración”. “El futuro depende, en gran parte, de la familia, lleva consigo el porvenir mismo de la sociedad: su papel especialísimo es el de contribuir eficazmente a un futuro de paz.”

Manuel Martínez Cano, mCR.

Página para meditar 145

01 miércoles Jul 2015

Posted by manuelmartinezcano in Padre Alba, Uncategorized

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P.Alba, SJ

P.Alba, SJ

En el año 1491 nacía en el castillo de Loyola, San Ignacio, el octavo hijo de una familia de once hermanos. Casi cincuenta años después el 27 de Septiembre de 1540 el Papa Paulo aprobaba en Roma la fundación de la Compañía de Jesús.

Entre estas dos fechas, 27 de Septiembre, con los 450 años de la fundación de la Compañía de Jesús, y el 31 de Julio, fiesta de San Ignacio celebramos en 1990-1991 el año ignaciano, que quiere poner ante nuestros ojos con renovada luz, la figura de aquel santo que a los 500 años de su nacimiento sigue siendo el maestro espiritual más común de la Iglesia en los tiempos modernos.

No fue San Ignacio un teólogo de profesión, ni un escriturista, ni un escritor ascético. Aquel hombre que vivió 30 años entregado a una vida mundana; que convertido al servicio de Cristo Rey, inicia su etapa de santidad hasta que entre mil visicitudes reúne los compañeros que habían de participar de su mismo ideal; aquel hombre que una vez aprobada su “mínima compañía”, querrá que no sea “suya”, sino “Compañía de Jesús”, tendrá en los dieciséis restantes años de su vida una actividad de gobierno y dirección impresionante como lo demuestran sus 6.500 cartas conservadas, y los mil jesuítas que de una forma u otra se habían agrupado en la Compañía a su muerte; aquel hombre, que aunque achacoso ya por su vida penitente, con una clarividencia del juicio admirable, escribe las Reglas y Constituciones de la Compañía, y encontraba tiempo aún para sus notas espirituales intimas y la atención a otros muchos asuntos de la Iglesia; aquel hombre irrepetible por la grandeza de su corazón, la visión universal de sus afanes, nos dejó, algo más importante aún, y fue un librito de apuntes de su primera época de conversión, en el que apuntaba las “luces que el Señor le comunicaba” y que podrían ser de “alguna utilidad” para otros y que luego a lo largo de su vida completó con muy ligeras añadiduras que en nada variaban el núcleo fundamental terminado en Manresa. Ese es el Libro de los Ejercicios, libro esquemático, sustancioso y personalísimo, todo él diríamos subjetivo, como fruto de su experiencia interior espiritual, pero universal, objetivo en el pleno sentido de la palabra, porque es la plasmación en sus cortas líneas de toda la ortodoxia católica y de toda la tradición dogmática y espiritual católica enmarcadas para emprender el camino de la perfección a la que es llamado todo hombre, según su estado y el nivel de gracia a que el Señor le tiene destinado.

Por los Ejercicios Espirituales, es San Ignacio el maestro indiscutible de la vida espiritual católica de los últimos cinco siglos de la Iglesia. Maestro espiritual, director de almas, organizador de conciencias y mentor más lejano o más próximo de cuanto ha sido y es en la Iglesia desde su conversión hasta nuestros días. Todo a través de sus Ejercicios Espirituales que a millones de hombres han santificado y han hecho surgir heroísmos de santidad en todos los grupos sociales y en todos los pueblos. Solamente en el cielo podremos contemplar el bien inmenso que han hecho los Ejercicios Espirituales.

Nosotros hijos espirituales de San Ignacio, todo se lo debemos también en el orden de la gracia a los Ejercicios Espirituales. Amemos los Ejercicios, practiquemos los Ejercicios, pongámonos como meta preparar un nuevo ejercitante para este año ignaciano, a fin de que siga en crecimiento el número de los que se salvarán y se santificarán por- los Ejercicios Espirituales. Y demos continuas gracias a Dios por habernos llamado a Ejercicios como camino seguro para amar a Dios en su servicio.

Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 145, noviembre de 1990

 

Ateísmo hoy 5

01 miércoles Jul 2015

Posted by manuelmartinezcano in Guerra Campos, Uncategorized

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Guerra-Campos.5Deseamos una clasificación provechosa y suficiente de las formas y de los motivos del ateísmo. ¿Cuál? Caben varias, y todas valederas. Cada autor puede hacer la suya. En el campo de las clasificaciones ninguna satisface por igual a todos. Hay muchos aspectos y muchos puntos de vista y de referencia para ordenar y clasificar una materia dada. Dejando aparte otras,[1] me limito en este momento a releer la clasificación que utilizó el Concilio Vaticano II en los números dedicados al tema en la Constitución Gaudium et spes. Esta lectura, al ofrecernos una síntesis esquemática y enjundiosa, nos ayudará a situarnos, de entrada, ante una panorámica del campo que queremos explorar:

«La palabra «ateísmo» designa realidades muy diversas. Unos niegan a Dios expresamente. Otros afirman que nada puede decirse acerca de Dios. Los hay que someten la cuestión teológica a un análisis metodológico tal, que reputa como inútil el propio planteamiento de la cuestión. Muchos, rebasando indebidamente los límites de las ciencias positivas, pretenden explicarlo todo sobre esta base puramente científica o, por el contrario, rechazan sin excepción toda verdad absoluta. Hay quienes exaltan tanto al hombre, que dejan sin contenido la fe en Dios, ya que les interesa más, a lo que parece, la afirmación del hombre que la negación de Dios. Hay quienes imaginan un Dios por ellos rechazado, que nada tiene que ver con el Dios del Evangelio. Otros ni siquiera se plantean la cuestión de la existencia de Dios, porque, al parecer, no sienten inquietud religiosa alguna y no perciben el motivo de preocuparse por el hecho religioso. Además, el ateísmo nace a veces como violenta protesta contra la existencia del mal en el mundo o como adjudicación indebida del carácter absoluto a ciertos bienes humanos que son considerados prácticamente como sucedáneos de Dios. La misma civilización actual, no en sí misma, pero sí por su sobrecarga de apego a la tierra, puede dificultar en grado notable el acceso del hombre a Dios.»

«Con frecuencia, el ateísmo moderno reviste también la forma sistemática, la cual, dejando ahora otras causas, lleva el afán de autonomía humana hasta negar toda dependencia del hombre respecto de Dios. Los que profesan este ateísmo afirman que la esencia de la libertad consiste en que el hombre es el fin de sí mismo, el único artífice y creador de su propia historia. Lo cual no puede conciliarse, según ellos, con el reconocimiento del Señor, autor y fin de todo, o por lo menos tal afirmación de Dios es completamente superflua. El sentido de poder que el progreso técnico actual da al hombre puede favorecer esta doctrina.»

«Entre las formas del ateísmo moderno debe mencionarse la que pone la liberación del hombre principalmente en su liberación económica y social. Pretende este ateísmo que la religión, por su propia naturaleza, es un obstáculo para esta liberación, porque, al orientar el espíritu humano hacia una vida futura ilusoria, apartaría al hombre del esfuerzo por levantar la ciudad temporal. Por eso, cuando los defensores de esta doctrina logran alcanzar el dominio político del Estado, atacan violentamente a la religión, difundiendo el ateísmo, sobre todo en materia educativa, con el uso de todos los medios de presión que tiene a su alcance el poder público.»[2]

Para organizar de modo sencillo la exposición que sigue, reuniremos todas las formas de ateísmo en tres grandes grupos:

1º El ateísmo como desentendimiento de Dios por inmersión egocéntrica en lo inmediato.

2º El ateísmo como solución negativa del problema de Dios, que pretende demostrar que Dios no existe.

3º El ateísmo como «humanismo» o reducción de Dios al hombre. (Es la forma más característica de nuestro tiempo.) Sólo que esta reducción de Dios al hombre se hace de dos maneras bien diferenciadas:

  1. a) Reducción simplemente explicativa; puro reduccionismo: la realidad encubierta por la denominación «Dios» y la actitud «religión» no es más que el hombre mismo, alguna de sus fuerzas, ideas o aspiraciones (explicaciones psicológicas o sociológicas).
  2. b) Reducción exaltadora o humanismo ateo propiamente dicho: la reducción de Dios al hombre, como acabamos de ver en el Concilio Vaticano JI, antepone la afirmación del hombre a la negación de Dios; el móvil determinante de la negación de Dios no es porque no existe y porque haya que contentarse con lo humano; se niega a Dios porque se afirma al hombre, «divinizándolo», exaltando su capacidad de realizar por sí mismo todo lo que la religión atribuye a Dios o espera de Dios.

A estas tres agrupaciones de formas ateas se podría añadir esa postura extraña y balbuciente llamada ateísmo cristiano, que se ha formulado hace pocos años y parece un intento de recoger y en cierto modo asimilar, dentro de la «fe», las instancias ateas del proceso del «pensamiento moderno».

Ateísmo-Hoy
José Guerra Campos
Obispo de Cuenca
Fe Católica-Ediciones, Madrid, 1978

[1] He aquí, por ejemplo, compendiadas sucintamente las clasificaciones de algunos autores (las obras no citadas aquí véanse en la bibliografía final): A. DEL NOCE. Tres formas irreductibles: Ateísmo negativo o nihilista -Ateísmo positivo o político -Ateísmo trágico (Nietzsche).

  1. F. Sciacca (en la obra de Ricciotti): Ateísmo práctico y ateísmo teórico -Ateísmo absoluto o dogmático -Agnosticismo -Deísmo -Humanismo ateo -Panteísmo y monismo.
  2. FABRO: Monismo materialista y monismo espiritualista Ateísmo humanístico (incompatibilidad de libertades) -Ateísmo pesimístico (el mal).

Informe de la Comisión interprovincial de Jesuitas sobre ateísmo en España (1967): Ateísmo práctico o de masas (Indiferentismo naturalista -Protesta y reacción: anticlerical, por la injusticia; contra Dios, por el mal). -Ateísmo sistemático, de minorías: Agnóstico liberal -Humanista-existencialista -Ra-cionalista, por razones «científicas» -Marxismo.

  1. Grumelli (en IC.I, n. 379, 1 marzo 1971): Ateísmo cultural, por abandono de una cultura en la que estaba inserta la religión. Ateísmo ideológico, por convicción -Ateísmo sociológico, condicionado por el medio social -Ateísmo interpretativo, por protesta o rebeldía.
  2. Ayfre (cap. «El ateísmo en el cine contemporáneo», en la obra -colectiva «El ateísmo contemporáneo», ed. Cristiandad, vol. 1, tomo 2, pp. 785 ss.): Ateísmo práctico (ausencia de Dios por ignorancia o desentendimiento) -Ateísmo metafísico (ausencia como repulsa) -Ateísmo psicológico (comprobación de la ausencia) -Ateísmo idolátrico (ausencia que se distrae con pseudopresencias en las que no se cree de verdad) -Ateísmo epistemológico (ausencia con nostalgia de una presencia en la que no se confía).

[2] Gaudium et spes, 19y 20.

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