Contracorriente

~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

Contracorriente

Archivos mensuales: julio 2015

Razón, ciencia y fe

15 miércoles Jul 2015

Posted by manuelmartinezcano in Uncategorized

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padre canoLa revelación sobrenatural de Dios inmediata y mediata es posible. Sí, podemos conocer lo que Dios ha dicho a los hombres y las mujeres. El Beato Pio IX, condenó estas dos proposiciones modernistas: “3) La razón humana, sin tener por nada en cuenta a Dios, es el único árbitro de lo verdadero y lo falso, del bien y del mal; es ley de sí misma y por sus fuerzas naturales basta para procurar el bien a los hombres y a los pueblos. 4) Todas las verdades de la religión derivan de la fuerza nativa de la razón humana; de ahí que la razón es la norma principal, por la que el hombre puede y debe alcanzar el conocimiento de las verdades de cualquier género que sea.” (Denzinger nos 1703-1704)

El Concilio Vaticano I condenó la razón independiente de Dios: “Si alguno dijere que la razón humana es de tal modo independiente que no puede serle imperada la fe por Dios, sea anatema” (Denzinger 1810) Y no es que la razón sea un “demonillo”, la razón es un don extraordinario de Dios al hombre en el orden natural. Hemos publicado en Contracorriente el artículo “la fe es razonable”. Podemos conocer a Dios con la razón por medio de la creación. San Pablo escribe a los Romanos: “Pues lo invisible de Dios, su eterno poder y su divinidad, son perceptibles para la inteligencia a partir de la creación del mundo a través de sus obras; de modo que son inexcusables.” (Rom 1, 20). Son necios, como dice el Salmo 13: “Dice el necio, no hay Dios”. Las cinco vías de Santo Tomás de Aquino por las que la razón llega al conocimiento de Dios, están al alcance de cualquier inteligencia.

El Concilio Vaticano I enseña que: “Cuando Dios revela, estamos obligados a prestarle por la fe plena obediencia de entendimiento y voluntad. Ahora bien, esta fe que “es el principio de la humana salvación, la Iglesia Católica profesa que es una virtud sobrenatural por la que, con inspiración y ayuda de la gracia de Dios, creemos ser verdadero lo que Él ha ido revelando, no por la intrínseca verdad de las cosas, percibida por la luz natural de la razón, sino por la autoridad del mismo Dios que revela, el cual no puede engañarse ni engañarnos. Es, en efecto, la fe, en testimonio del Apóstol, sustancia de las cosas que se esperan, argumento de lo que no aparece” (Hebr. 11, 1)”

La fe y la razón, nos llaman al conocimiento de Dios, pero la ciencia es otro cantar. Pues sí, es otro cantar porque la ciencia solo estudia la materia, no el espíritu. Pero los científicos cantan las glorias de Dios: “La idea de que el mundo, el universo material, se ha creado a sí mismo, me parece absurda. Yo no concibo el mundo sino con su creador, por consiguiente, Dios. Para un físico un solo átomo es tan complicado, supone tanta inteligencia, que un universo materialista carece de sentido” (Alfredo Kastler, Premio Nobel de Física). Y Copernico, eminentísimo astrónomo, dejó escrito: “Si existe una ciencia que eleve el alma del hombre y la remonte a lo alto en medio de la pequeñez de la Tierra, es la Astronomía, pues no se puede contemplar el orden magnífico que gobierna el universo sin mirar ante sí y en todas las cosas al Creador del mismo, fuente de todo bien.” Millikan, Premio Nobel, ha dicho: “Puedo por mi parte, asegurar con toda decisión que la negación de la fe carece de toda base científica. A mi juicio, jamás se encontrará una verdadera contradicción entre la fe y la ciencia”. No puede darse contradicción: la materia la hizo Dios y Dios se reveló en la Sagrada Escritura y en la Tradición Divina.

Manuel Martínez Cano, mCR

Página para meditar 147

15 miércoles Jul 2015

Posted by manuelmartinezcano in Meditaciones de la Virgen, Padre Alba, Uncategorized

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Por ser un principio de año, me voy a extender algo en esta meditación, pues he pensado muchas veces en vosotros a través de ella.

Padre Alba ISan José y la Virgen que con Jesús en su seno parten de Nazaret, dejan a Jerusalén y llegan a Belén, donde va a nacer Jesús.

Nazaret.- Era la vida de familia, de paz de orden interior y exterior, de vida de previsión y de acontecimientos “controlados” cada día en su cotidiano discurrir humano y divino. En Nazaret, los dos santos esposos se hallaban bien, estaban a gusto, esperando la llegada de su divino Hijo. Sin embargo, se trunca inesperadamente aquella mansión de paz, irrumpieron las preocupaciones, la precariedad, la intemperie, los disgustos, y el sentirse como abandonados de aquella dulce protección con la que se había tejido la vida de su hogar. A nosotros se nos llama periódicamente a dejar nuestro Nazaret, en el que creímos vivir a gusto, desde donde íbamos a poder capear con ventaja humana y espiritual las circunstancia adversas… Pero entraron repentinamente y por donde menos lo podíamos esperar, las sacudidas de las preocupaciones agobiantes, las que no estaban precisamente “controladas” en nuestro programa… Fueron, hijos, mujer, marido, trabajo, estudios, economía, desilusiones, aislamiento, soledad, desolación en mi ambiente y en mi interior… ¿No os ha pasado algo de esto a todos? A unos más, a otros menos.

¿Qué hacer? Avanzar, avanzar, sin desaliento por una senda donde hay menos luz de la tierra, pero más claridad en el seguimiento de Cristo. ¡Ah!, sí, la sabiduría ignaciana, de no hacer mudanza… Dejaros, desposeeros, abandonaros, para encontrarnos cada día más con Él. Ese disgusto, esa pena que disimulo, esa preocupación que se ha hecho paralela con todo mi acontecer diario, ha venido en buena hora, es la hora de Jesús. Un día llegará en el que todo nuestro Nazaret, el Nazaret que hemos levantado con ilusión, desaparecerá. Era preciso para que Él viva en mí y yo en Él. Señor, Señor, no dejo el Nazaret que amo. Me dejo a mí para hallarme contigo en el nuevo Nazaret que me has levantado Tú y no mi vana, aunque buena ilusión mía.

Jerusalén.- Es la ciudad, la ciudad del Señor. La ciudad que es imagen de la ciudad definitiva. Pero la Sagrada Familia, no se detiene en ella. No puede, porque debe pasar a lo largo de ella, hacia el sur. La ciudad de Jerusalén queda atrás. Ahora no es tiempo de poseerla todavía, de morar tranquilamente en ella, sino de esperar. Esperar la hora de Dios, cuando se realice el ideal. Hay que luchar por el ideal, aspirar a él, anhelar el día dichoso en el que ese ideal sea realidad. Hay que esperar sin desánimo para hacernos dignos de morar un día en Jerusalén. La Patria que deseamos, la que debemos acariciar en nuestro corazón y tener ante nuestros ojos como la ciudad en el alto, un día cuando suene la hora de la plenitud de la Voluntad de Dios y del premio de sus elegidos, será una realidad en la historia de los hombres. Está escrito, “te daré en posesión hasta los confines de la tierra”; pero aún no podemos morar en esa ciudad santa. La gloria de Dios está ahora en no ceder en la empresa, una empresa que para millones de buenas gentes es utópica e imposible. Y sin embargo llegará un día Jerusalén para nosotros, y en ella moraremos nosotros, o nuestros hijos… para que quede cumplida la Voluntad de Dios, el día en que le alabarán todos los reyes y le sirvan todos los pueblos.

Ahora nos toca esperar en Dios que cumple sus promesas, orar, ansiar esa Patria, antesala de la salvación general, que podrá llevarse a término en un corno cuerpo místico de todas las naciones unidas y fundamentadas en el Rey de reyes.

Con la Sagrada Familia, veo a lo lejos las bellas murallas de Jerusalén y la maravilla del templo de Dios, pero sigo adelante porque Jesús ha de nacer aún en Belén, y morir y resucitar, antes de que Jerusalén sea del todo suya y nuestra. Sí Señor, creemos en esa esperanza, viviremos esa esperanza, ya en nuestro corazón ha nacido esa esperanza, por la que lucharemos y que trasmitiremos sin cansancio a nuestros hijos, discípulos y compañeros de peregrinación.

Belén.- Es la casa de pan. Aquí reposarán al calor del hogar y del pan José, María y Jesús. Gozos íntimos, gozos de amor ordenado, porque todo está ordenado en el amor.

En Belén me ordenaste en el amor. Aquí dejé en el olvido Nazaret. Aquí pienso en Jerusalén, sin angustia de llegar. Aquí Jesús, María y José son pan. El pan que encarna el Pan de vida. A la sombra de Belén reposaré y sus frutos son agradables a mi paladar, para confortarme en la gran travesía de la vida hacia ti. Paz en Belén, pero paz en el destierro. Porque toda vida es destierro. Hay que atravesar la ronda de la ciudad para encontrar al Amado. Ahora le tengo Niño, pero aún no le poseo completamente, porque me poseo demasiado a mí. SO rico de mí, y necesito ser pobre en Belén. En la pobreza y el desasimiento de Belén, aprenderé a quitarme la tónica y vestirme el nuevo vestido que me haga desfallecer de amor.

En Belén se firmará mi estad, hasta que en sueños me avise el ángel que es hora de partir. Sí, porque al fin y al cabo, el pan de Belén es pan de destierro. Pero el destierro es para ordenarme en el amor. Blanco pan de Belén, con Jesús, María y José, escuela de mi afecto.

Cuando os tengo en la presencia de mi alma, toda ella memoria, os deseo siempre una felicidad sin límite. Vuestra memoria se agudiza en estos días santos de Navidad y Año Nuevo, en la que pido para vosotros al Señor, no los oropeles espirituales, sino la felicidad verdadera que se encuentra donde mora el Señor que ya vino y nos lleva con Él. Desde Nazaret, en Belén, hacia Jerusalén.

Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 147, enero de 1991

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Ateísmo hoy 7

15 miércoles Jul 2015

Posted by manuelmartinezcano in Guerra Campos, Uncategorized

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3. Formas de ateísmo por decepción de una fe utilitaria.

guerra camposSe asoma Dios misteriosamente y penetra en nuestro campo de disfrute y de dominio, y nos hace caer en la cuenta de nuestra pequeñez e insuficiencia O’ de la necesidad de respetar la plenitud de lo real y reconocer que no somos el centro de todo. Entonces surge una forma de religiosidad, de aceptación de Dios. Pero muchas veces el reconocimiento de la presencia de Dios provoca un intento de utilización del poder divino, y así seguimos todavía en la inmersión egocéntrica: al ver que Dios está en mi campo, no trato de expulsarlo, mas sí de subordinarlo a mis planes, ya que no renuncio a ser el centro.

Estamos ante formas de fe impura o utilitaria, tan claramente denunciadas en la historia evangélica, donde aparecen como una modalidad del mesianismo temporal, que está privado de la debida sumisión y docilidad, le pone condiciones a Dios, se propone aprovechar la relación con El como medio para su propia utilidad inmediata, o como exigencia de perfección inmediata. Cuando la fe cristiana (o cualquier actitud religiosa) queda viciada por ese utilitarismo, tanto da que el utilitarismo sea individualista, lo cual parece más feo, o que sea social, lo cual parece más generoso porque se busca el bien de los demás y no sólo el propio.

Cuando el utilitarismo es individual, el hombre no confía en Dios a no ser que le sirva como instrumento para librarse de los males que le preocupan y para conseguir los bienes inmediatos: surge la frustración por la persistencia del dolor o por la aparición de las desgracias. En perspectiva cristiana, es una forma de aceptación de Dios que niega la cruz y contradice por tanto a la vocación cristiana, porque la vocación cristiana importa, a la manera de Jesús, una vida en condiciones ordinarias y sin privilegios, una dedicación al trabajo con esfuerzo y, eso sí, con esperanza. Pero la esperanza cristiana, esperanza total, coexiste provisionalmente con el dolor y la imperfección; supone la posibilidad de la confianza en la oración, mas sin olvidar que la oración al Padre incluye la cláusula: «Hágase tu voluntad y no la mía».

Así se explica que en tiempos calamitosos (cuando se agolpan desgracias o tragedias, como las guerras, los terremotos, los incendios, las riadas, etc.), si por un lado muchos corazones despiertan de su torpor y reavivan la búsqueda de Dios o su comunicación con Él, otros por el contrario rompen con Dios, pierden la fe. Hay un fenómeno observable periódicamente: cuando estallan tales situaciones, ya sabemos qué tipo de literatura va a irrumpir en el mercado; no necesitamos leerla para fijar su motivo dominante: centenares de novelas masticarán y rumiarán el tema de la pérdida de la fe, porque la invasión del mal ha empujado a desconfiar de la presencia providente y amorosa del Señor [1]

Cuando el utilitarismo se reviste de formas sociales, la decepción’ se justifica por la supuesta «ineficacia» secular de la Iglesia o los cristianos para transformar la tierra y convertirla en un paraíso de paz, de justicia y de fraternidad. El fácil entusiasmo ante la multiplicación de los panes, que parecía anunciar un Cristo rey de la Palestina, que iba a expulsar a los romanos ocupantes, se convirtió en desorientación y frialdad cuando el Señor hizo ver que no era eso lo que le interesaba en primer término, sino más bien levantar la atención y abrir el apetito interior de todos hacia el Pan celeste, que responde a necesidades y preguntas más hondas. A aquella gente no les importaban en aquel momento las preguntas más hondas; quedaron desilusionadas y dieron la espalda al Señor.

He hablado de utilitarismo. Parece cosa diferente el perfeccionismo o exigencia de perfección inmediata, cuando la fe de algunos y su confianza en Dios se hacen depender de la perfección de los demás. El supuesto escándalo por el mal comportamiento de los demás parece justificar la propia ruptura con Dios. En realidad, esto indica que no se había aceptado la auténtica revelación de Dios, que nos ha predicho la persistencia de la imperfección durante la vida temporal. Mientras vamos de camino el Señor nos garantiza la presencia del amor y nos da una luz sobria, suficiente para orientarnos en medio de la oscuridad y los defectos.

***

Es muy fácil comprobar (a los que hemos pasado ya por la edad adolescente, que somos casi todos, y de modo especialísimo a los padres de familia) que en las llamadas crisis de adolescencia en lo religioso se funden muchas veces dos de las modalidades que hemos señalado: la tendencia al disfrute y al dominio de lo inmediato como autoafirmación, y juntamente la impaciencia idealista por las imperfecciones ajenas. No siempre por las propias: cuando la impaciencia mira a las imperfecciones propias, la crisis que hay suele ser una crisis positiva en el orden religioso.

Sin duda, en las «crisis de adolescencia» hay mucho de inevitable: corresponden a una fase normal, y hasta deseable, del despliegue biológico anímico del sujeto; traen un impulso de emancipación; hay un descubrimiento de misteriosas «fuerzas interiores», excitante y a la vez teñido de abatimientos por la propia inseguridad; hay una proclamación inmadura de libertad e independencia. Estas actitudes, una de dos, o se encauzan hacia ideales realistas, que transfiguren los estadios infantiles integrándolos y superándolos al mismo tiempo, y en ese caso la crisis no será más que una etapa en el conveniente des-arrollo de la persona; o bien, faltos de encauzamiento por culpa de quien sea, dichos estados de ánimo se truecan en frustración y se vuelven contra la niñez propia, como si hubiese sido un «engaño», y contra la «madurez» de los adultos, como si sólo encubriese un vacío hipócrita.

Si a lo anterior se añaden las coartadas de un pensamiento petulante, las lecturas desorientadas e indigestas, la presión turbia de otros compañeros, puede resultar ese tipo de joven, tan frecuente en todos los tiempos, que está «quemado» y ya nunca va a ser realmente joven, hundido en un racionalismo escéptico, que incluso, en ciertos casos, se jacta de sus dudas como la única exhibición de adultez que le es posible, igual que otros se jactan de fumar, de blasfemar o de cualesquiera gestos superficiales y tópicos para demostrar que son mayores.

Esto es lo que se me ocurre, como síntesis incompleta aunque no, según creo, muy separada de la realidad, en relación con factores de ateísmo por desentendimiento que, aunque primarios, son frecuentes y condicionan luego, dándoles mayor fuerza, a otros factores que hemos de estudiar. De ahí su importancia.

Ateísmo-Hoy
José Guerra Campos
Obispo de Cuenca
Fe Católica-Ediciones, Madrid, 1978

[1]Análisis de una porción cualificada de esa literatura, en los varios tomos de la obra de Ch. Moeller citada en la nota 12

Pensar es sano 9

10 viernes Jul 2015

Posted by manuelmartinezcano in Pensar es sano

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pensar-657x360La civilización contemporánea, tiende a sustituir por doquier imágenes en el lugar de la realidad, representaciones en lugar de cosas y personas… En ella se difumina la diferencia entre la mentira y la verdad, a lo cual ayuda en el hombre medio que tiende a preferir el suceso falso al verdadero, si el primero halaga sus aficiones o sus repulsiones.

De Corte

La televisión se dirige casi exclusivamente al dominio sensorial e imaginativo, la televisión no concede a la inteligencia sino un papel marginal: ésta permanece pasiva, soñolienta, inútil, en fin, o muy laxa.

Eugenio Ionesco

Sobre todo desde la Revolución Francesa se advierte el efecto que tienen los periódicos en la opinión pública, y aprovechanse de tal efecto los bandos opuestos.

Mario Soria

El hombre sin cultura, aunque esté instruido, carece de un conjunto de conocimientos que le permitan situar y valorar los datos que le suministra la información.

Vallet de Goytisolo

El primer dogma de esta religión democrática esculpido en las tablas de la ley de los derechos del hombre y del ciudadano de la Revolución Francesa, es que no existe la verdad.

José Javier Echave-Sustaeta

La verdad jamás puede ser limitada por el tiempo y la cultura; se conoce en la historia, pero supera la historia misma.

San Juan Pablo II

Deberé tener muy en cuenta este carácter sugestivo de las transmisiones televisivas en lo íntimo del santuario familiar, de donde se seguirá un influjo inalcanzable en la formación de la vida espiritual, intelectual y moral de los miembros del hogar y, ante todo, de los hijos, que experimentarán inevitablemente el atractivo de la nueva técnica.

Pío XII

Se piensa con frecuencia que el Concilio Vaticano II marca una época nueva en la vida de la Iglesia. Esto es verdad, pero a la vez es difícil no ver cómo la Asamblea conciliar ha tomado mucho de las experiencias y de las reflexiones del período precedente, especialmente del pensamiento de Pío XII.

San Juan Pablo II

 

La voz de los santos 8

10 viernes Jul 2015

Posted by manuelmartinezcano in La voz de los santos, Uncategorized

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«El ser humano sólo es hombre cuando está unido a Dios».

Alfred Delp, jesuita alemán ejecutado por los nazis, Justo entre las Naciones.

157_001«Belleza, todo encanto de la vida pasa… Queda solo eterno el amor, causa de toda obra buena, que nos sobrevive, que es esperanza y religión, porque el amor es Dios».

San Giuseppe Moscati

«Cuando te hablo del ‘buen ejemplo’, quiero indicarte también que has de comprender y disculpar, que has de llenar el mundo de paz y de amor».

Josemaría Escrivá

«No hay verdadera paz si no viene acompañada de equidad, justicia y solidaridad»

Juan Pablo II

«El verdadero amor supone siempre la renuncia a la propia comodidad personal».

Leon Tolstoi

«La grandeza de un alma se mide por lo que ama».

San Bernardo de Claraval

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