padre canoManuel Martínez Cano, mCR

Tenemos fuentes históricas, profanas y cristianas, que nos refieren la vida, hechos y enseñanzas de Jesús. Entre las fuentes profanas están Flavio Josefo (37-105), Plinio Segundo el Menor (62-113) y Suetonio (75-160); las fuentes cristianas son los libros del Nuevo Testamento.

La genuinidad o autenticidad de los cuatro evangelios y de los Hechos de los Apóstoles está probada por razones internas, por el fin, las expresiones, semitismos, etc. La genuinidad consiste en que tal determinado libro es del autor a quien se le atribuye. En respuesta de la Comisión Bíblica, la Iglesia enseña que los autores de los cuatro evangelios son san Mateo, san Marcos, san Lucas y san Juan.

El Concilio Vaticano II dice que: “La Iglesia siempre ha defendido y defiende que los cuatro Evangelios tienen origen apostólico. Pues lo que los Apóstoles predicaron por mandato de Cristo, luego, bajo la inspiración del Espíritu Santo, ellos y los varones apostólicos nos lo transmitieron por escrito fundamento de la fe, es decir, el Evangelio en cuatro redacciones, según Mateo, Marcos, Lucas y Juan” (Constitución dogmática sobre la divina revelación, nº18).

Los cuatro Evangelios y los Hechos de los Apóstoles y en general los libros del Nuevo Testamento, se conservan sustancialmente íntegros. La integridad de un libro consiste en que este libro se conserva en el día de hoy tal y cual fue escrito por su autor. Tenemos códices y textos de los Santos Padres de los siglos segundo y primero de la era cristiana. San Pío X condenó a los modernistas que decían que “los Evangelios fueron aumentados con adiciones y correcciones continuas hasta llegar a un canon definitivo y constituido; en ellos, por ende, no quedo sino un tenue e incierto vestigio de la doctrina de Cristo”. Los modernistas o progresistas inventan y mienten como diablos.

Los Evangelios son auténticos e íntegros. Sus autores son dignos de credibilidad. Los evangelios dicen la verdad histórica, no había razón alguna para decir mentiras o falsedades. Leamos la constitución dogmática sobre la divina revelación. Transcribimos solo un párrafo: “La santa madre Iglesia firme y constantemente ha creído y cree que los cuatro referidos Evangelios, cuya historicidad afirma sin vacilar, comunican fielmente lo que Jesús, Hijo de Dios, viviendo entre los hombres dijo y enseñó realmente para la salvación de ellos, hasta el día en que fue levantado al Cielo”.

Al despedirse de María Santísima y de sus Apóstoles, Jesús dijo: “El que creyere y se bautice se salvará. El que no creyere se condenará.”

Volta (1745-1827), que descubrió las nociones básicas de la electricidad, afirmó: “Yo confieso la fe santa, apostólica, católica y romana. Doy gracias a Dios que me ha concedido esta fe, en la que tengo el firme propósito de vivir y morir”.