Negarse a sí mismo
Ahora comprendo bien que lo que une más estrechamente el alma a Dios es negarse a sí mismo, es decir, unir su voluntad a la voluntad de Dios. Esto hace verdaderamente libre al alma y ayuda al profundo recogimiento del espíritu, hace livianas todas las penas de la vida y dulce la muerte. (Santa Mª Faustina Kowalska)
Os lanzo esta llamada
Queridos jóvenes españoles:
Teniendo conocimiento de la vigilia de oración que habéis tenido esta noche ante la Virgen del Pilar, y viéndoos en tan gran número aquí en Zaragoza, no puedo menos de dirigiros unas palabras de cordialísimo saludo.
Deseo agradeceros ante todo vuestra oración por los objetivos de este viaje apostólico, íntimamente vinculado a la evangelización de América.
Este acontecimiento ha de abrir vuestro espíritu hacia aquellas naciones hermanas en las que tantos jóvenes como vosotros creen en Jesucristo; en El tienen el objeto de su esperanza y le aman con corazón sincero y generoso. Pero este acontecimiento os ha de hacer mirar a vosotros mismos, a la juventud de vuestra nación y a España entera. Para vivir íntegramente y comunicar fe, esperanza, amor a Dios y al hombre por El, en el actual momento de España. Para vivir de veras en cristiano y ayudar a otros a hacer lo mismo.
Jóvenes: os lanzo esta Llamada. La que os hice en el Bernabeu de Madrid. Espero con confianza una respuesta hecha vida. Y en vosotros bendigo a la juventud española, esperanza de España y de la Iglesia. (San Juan pablo II)
Dolor que salva
Al escribir San Juan Pablo II el documento pontificio “Dolor que salva”, dijo: “Cuando una persona une a la Pasión de Jesucristo un sufrimiento, éste se transforma en una partícula de valor infinito”.
El Papa Pío XII recuerda, en la encíclica Del Cuerpo Místico de Jesucristo, estas palabras de San León Magno: “Cuando unimos nuestros sufrimientos a la Pasión de Jesucristo, nuestros cuerpos, por el bautismo, son transformados en carne de Jesús crucificado, que salva almas, por tener un valor infinito”.
San Pablo explicaba esto mismo con esta frase: “Completo en mi carne, en bien de la Iglesia, lo que falta a la Pasión de Jesucristo”.
Con estas palabras quería significar San Pablo que, cuando sufría por algo, soportaba su sufrimiento por amor a Jesucristo crucificado porque sabía que salvaba almas.
Máscara democrática
Aquella estremecedora visión profética de Tocqueville se ha hecho realidad en nuestro tiempo, que bajo máscara democrática ha logrado la más pavorosa amalgama de poder, haciendo de los pueblos masa de hombres desvinculados, cretinizados con la golosina de la libertad que el tirano les brinda (por supuesto, siempre libertad negativa, libertad que se alza como una empalizada contra la comunidad de los hombres, para facilitar su aislamiento), enfangados en sus pasatiempos abyectos, orgullosos de poder afirmar su derecho a la vulgaridad, encantados de retozar en la cochiquera de las redes sociales, que ya son la única vivienda donde pueden alojar su vida desalmada. (Juan Manuel de Prada- Verbo)
El deber y los derechos
Del fin de la persona se deducen sus derechos, y comprendiéndolos todos existe uno supremo que se presenta por dos aspectos, positivo y negativo; porque si tiene un fin tiene el deber e alcanzarle y los derechos consiguientes para cumplir ese deber por sí mismo, y si tiene esos derechos, posee la facultad de excluir a las demás personas que tratan de realizarlo, suplantándola e interponiéndose entre su actividad y su término. Pero no podrá ejercitar esos derechos por sí misma, ni excluir al que tratase de usurpárselos, si no tuviese también el hombre la facultad de juntar sus facultades a las de los demás hombres para conseguir por la corporación permanente el fin que no puede conseguir aislado; de aquí la existencia de las personas colectivas, en que se completa y perfecciona la individual, pues si el hombre se bastase a sí mismo, la sociedad sería un artículo de lujo. Y por eso es un atributo de toda persona el derecho de regirse interiormente para alcanzar su destino y de rechazar a los demás que traten de impedírselo, que es lo que, desde la política de Aristóteles, se llama autarquía. (Juan Vázquez de Mella)
El razonamiento de Fernández de la Mora
El razonalismo, que ve en la razón el arma suprema del hombre frente a la Naturaleza y de la que depende la realización de nuevas posibilidades históricas, parafrasea el modo de pensamiento histórico al que es consustancial la política ligada a la dialéctica de los dos poderes. Aunque no la abordó explícitamente el pensador español, era fundamental para él la dialéctica – contraste decía Guardini -, entre el poder espiritual y el poder temporal, la clave de la civilización occidental. Cuya historia es, gracias a ese contraste, la historia de la libertad y, por ende, la trayectoria rectora de la historia universal. (Dalmacio Negro – Razón Española)
Eterna sorpresa
Aun cuando, escuetamente dicho, parezca extraño e incluso disparatado, lo cierto es que el hombre en sociedad trata de hacerse inmune al asombro, y sólo se considera apto para un buen papel social cuando se siente por encima de las circunstancias, de vuelta de todas las cosas y al cabo de la calle. Por oposición al niño, que vive en eterna sorpresa, y por oposición al primitivo, que vive en perpetuo asombro, el hombre no quiere sorprenderse ni asombrarse de nada. Y la nueva técnica colabora a acelerar el logo de este deseo, poniendo al alcance de cualquier joven un formidable caudal de realidades, que hace siglos no alcanzaba a vivir ni el anciano de más intensa y rica biografía. De este modo el joven llega pronto a ser socialmente adulto, porque pronto consigue no sorprenderse más que ante muy raros y violentos reactivos. Y llegará un día en que, ni el film más incisivo, ni la droga más estimulante, ni el más estrepitoso escándalo, podrán conmover al que no sea un adolescente. (Gonzalo Fernández de la Mora – Razón Española)
