Meditaciones del Padre Giovanni Salerno, msp
Introducción
Queridos amigos:
Jesús en el Evangelio nos dice: «Cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis» (Mt 25, 40). Igualmente, de una manera aún más fuerte, nos dice que un día nos juzgará sobre la base de cómo hemos tratado, no sólo a nuestros hermanos más pequeños, sino también a los que sufren el hambre, la sed, el frío, la enfermedad, la cárcel o cualquier otro tipo de padecimiento. En efecto, al final de nuestra vida nos juzgará, y a los buenos les dirá: «Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme» (Mt 25,34-.36).
A aquellos que no lo han reconocido en los pobres, en los enfermos, en los que sufren de una u otra manera, les dirá:
Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles, porque tuve hambre y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber;. era forastero, y no me acogisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis» (Mt 25,41-43).
Querido joven, que te dispones a emprender este camino del Vía Crucis, ha pasado casi medio siglo desde el día en que llegué como sacerdote y médico misionero en la alta Cordillera de los Andes peruanos, y de veras, en todo este tiempo, en los rostros de la gran muchedumbre de pobres que he encontrado, he reconocido el rostro mismo de Cristo; y han sido estos pobres los que han hecho que yo me acercara más al Señor, ayudándome a reconocerlo en sus hermanos más pequeños: en los niños huérfanos y abandonados, en los niños minusválidos e indefensos, en los pobres más pobres. Y así ha nacido el Movimiento de los Misioneros Siervos de los Pobres del Tercer Mundo.
Haciendo este Camino de la Cruz, piensa en tantos millones y millones de pobres que esperan, no tu donación de dinero o víveres o ropa, sino el don de tu vida. Recuerda que el pecado más grande es aquel del bien que podríamos hacer y no hacemos, y es precisamente éste el pecado que casi nunca confesamos…
Oración inicial
Señor Jesús, que por nosotros has aceptado la suerte del grano de trigo que cae en tierra y muere para dar mucho fruto (cfr. Jn 12,24), ayúdanos a acompañarte en el camino del Vía Crucis, no sólo con nobles reflexiones y sentimientos, sino también y sobre todo con los pasos concretos de nuestro servicio de cada día. Danos la fuerza para emprender con todo nuestro ser el camino de la cruz, y ayúdanos a no adueñarnos egoístamente de la vida, sino a donarla, sirviéndote en cada hermano pobre. Amén.