jesusMeditaciones del Padre Giovanni Salerno, msp

10ª Estación: Jesús es despojado de sus vestiduras

V/. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.

R/. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.

V/. Te adoramos, Cristo Señor, y te bendecimos.

R/. Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo.

Del Evangelio según Mateo (27, 33-36)

Llegados a un lugar llamado Gólgota, esto es, «Calvario», le dieron a beber vino mezclado con hiel; pero él, después de probarlo, no quiso beberlo. Una vez que le crucificaron, se repartieron sus vestidos, echando a suertes. Y se quedaron sentados allí para custodiarle.

¡Cuánto tuvo que sufrir Jesús al ser despojado de sus vestiduras! Él que vino a traer a este mundo la virtud de la pureza, desconocida antes de su llegada a esta tierra, Él que proclamó «Bienaventurados los puros de corazón, porque verán a Dios» (Mt 5,8), Él que le dio tanta importancia a la pureza, reina de las virtudes, Él que enseñó cuán importante es la modestia de los ojos, Él fue despojado completamente de sus vestiduras.

Esta estación me hace recordar a tantos muchachos violados sexualmente por adultos, aun católicos. He visto el rostro de más de un niño que gritaba y lloraba, trastornado por la primera violación sexual sufrida. En su alma inocente se había abierto una herida terrible. Por la expresión de su rostro, por sus ojos encendidos se notaba que sufría tremendamente por haber perdido algo grande y precioso, algo que nunca más recuperaría: la inocencia del niño puro.

¡Cuántos huérfanos como este niño han sido violados impunemente! Si hubiesen encontrado en su camino a misioneros o misioneras que los hubiesen acogido como se acoge a Jesús, no hubiesen terminado así, no hubiesen sido explotados y luego abandonados como estropajos. Pero, ¿dónde están los misioneros que defiendan y protejan a estas criaturas?

Padre nuestro…

Virgo virginum praeciara,
mihi iam non sis amara;
fac me tecum plangere.

Admirable Virgen de la vírgenes,
ya no sea amargo para mí el verte:
haz que llore contigo.

Santa Madre, yo te ruego:
¡graba aquí en mi corazón
las heridas del Señor!

O también:

V/. Señor, pequé: ten misericordia de mí.

R/. Pecamos, y nos pesa: ten misericordia de nosotros.