mariaIsabel

Consagración personal al Inmaculado Corazón de María

* Dios te salve, María, Madre del Redentor; A tu Corazón Inmaculado consagro mi vida, mis obligaciones y mis necesidades;

* llena mi corazón de fe, de esperanza y caridad.

* El Señor esté conmigo para oír y cumplir su Palabra.

* Bendita Madre de Dios, bendíceme con la prontitud en la caridad y la firmeza en la cruz;

* y llévame a Jesús en la Eucaristía.

* Santa María, Madre de Dios, en este año mariano, ten compasión de mí, que soy pecador, para que sea todo tuyo y apóstol del Pueblo de Dios. Amén.

La mujer

Edith Stein

Algo más sobre la relación entre hombre y mujer nos dice el segundo relato sobre la creación del hombre. Narra la creación de Adán y nos dice que fue puesto en el «Paraíso de las delicias» para cultivarlo y protegerlo; recuerda que delante de él fueron pasando los animales y que les dio su nombre «Pero entre todos ellos no había para el hombre ayuda proporcionada a él». La expresión hebraica que aquí aparece no es fácil de traducir al alemán: Eser Kenegdo – literalmente: «una ayuda correspondiente a él». Se puede pensar en una imagen de espejo en la que el hombre pueda ver su propia naturaleza. Por eso las traducciones hablan de una «ayuda semejante a él»; se puede pensar también en un complemento, en un Pendant, en que las dos partes se corresponden; pero no en un sentido pleno, sino de tal modo que se completen mutuamente como una mano con la otra.

Consagración a la Santísima Virgen

El 13 de diciembre de 1944 Teresita se consagró a la Santísima Virgen en la Congregación Mariana del Colegio, con otras compañeras. La preparación había sido larga y fervorosa, duró más de un año. El 8 de noviembre del año anterior había sido admitida como postulante, pero ya el 4 del mismo noviembre se había entregado como esclava a esta Señora, para que dispusiera de ella «y de todo lo que me pertenece, sin excepción, a vuestro agrado». Se conserva su carta de esclavitud según la fórmula de San Luis M. Griñón de Montfort, y también su consagración a la Virgen en la Congregación Mariana del Colegio. «Para ser digna hija vuestra y como tal mostrarme todos los días de mi vida”. (Jesús González Quevedo, S.J.)

El hombre nuevo democrático

Señalábamos más arriba que el hombre nuevo democrático era una mezcla del hombre-masa de Ortega, el hombre unidimensional del mencionado Marcuse y el hombre programado de Skinner. Detallaremos ahora un poco más el proceso que se sigue para lograr esta metamorfosis, cuyo fin último no es otro sino crear por sugestión el espejismo de que somos titulares del poder político, cuando en realidad solo somos sus felpudos. Para que tamaña sugestión cale en la llamada “conciencia colectiva”, es preciso actuar primeramente sobre las mentes humanas, logrando la desconexión plena entre sus estructuras intelectivas superiores (allí donde residen las funciones específicas del pensamiento, la capacidad de juicio y la responsabilidad) y los impulsos vitales, de tal manera que estos dejen de estar controlados por la inteligencia y se conviertan en meras expresiones de la voluntad. De este modo, mediante la desconexión de inteligencia y voluntad, se logra salvar el reparo fundamental que los partidarios de la aristocracia han hecho a la democracia, pues como atinadamente observaba Donoso Cortés, “si las inteligencias no son iguales todas, todas las voluntades lo son. Solo así es posible la democracia”. (Juan Manuel de Prada – VERBO)

Homosexualidad y esperanza

Es esencial que todo católico que sienta atracción por el mismo sexo encuentre acceso fácil a grupos de apoyo, terapeutas y Directores espirituales que apoyen en forma inequívoca las enseñanzas de la Iglesia y estén preparados para ofrecer ayuda de la más alta calidad. En muchas partes los únicos grupos de apoyo están dirigidos por Evangélicos o por gente que rechaza las enseñanzas de la Iglesia. El que la comunidad Católica no proporcione ayuda para las necesidades de esta población es un defecto grave, que no debe permitirse que continúe. Es especialmente trágico que Courage, que bajo la dirección del Fr. John Harvey ha desarrollado una red auténticamente católica y excelente de grupos de apoyo, no esté disponible en todas las diócesis importantes. (Asociación Médica Católica – AMCA)

 

 

 

 

 

 

 

La castidad es posible

«Tened bien entendido que ningún fornicador, o impúdico o codicioso, que es ser idólatra, será heredero del Reino de Cristo y de Dios”. (Ef. 5/5)

“¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?” Cristo no puede juntarse con el pecado. En consecuencia:

-. Mirar con profundo respeto nuestro propio cuerpo.

-. Emplearlo al servicio de Dios.

-. Espiritualizarlo.

-. Verlo unido a Cristo para irradiarlo a nuestro derredor.

-. Huir del vicio que lleva cuerpo y alma al pecado de la lujuria y sus consecuencias:

-. Ceguera espiritual.

-. Precipitación.

-. Inconsideración.

-. Inconstancia.

-. Amor desordenado a uno mismo.

-. Apego a esta vida

-. Horror a la vida futura.

-. Odio a Dios.

Afirmaba Torras i Bages que la Iglesia considera que la castidad es posible, cuando declara que la lujuria es pecado mortal. (Jaime Solá Grané – La castidad, ayer y hoy)

Estructuras de injusticia

Así, San Juan Pablo II señala la maldad del abandono de la ley de Dios por las sociedades actuales. En efecto, continuamente se esfuerza en mostrar que las razones “de tantas situaciones de injusticia y de opresión, de desprecio de los derechos fundamentales de la persona” (…) y de muchos de los males de las sociedades actuales “proceden, en definitiva, de una gran carencia de Dios en los corazones, de una pérdida del sentido trascendente de la vida y de la ruina de los valores superiores que han dado sentido al hombre en su caminar histórico”. Por ello, indica que en aquellos lugares “donde existen tantos ejemplos y estructuras de injusticia” es necesario “tratar de cambiar esas situaciones concretas con métodos evangélicos”. (Estanislao Cantero – Verbo)

Derechos del hombre sin Dios

En el artículo primero de los derechos del hombre se dice que el hombre “está dotado de razón y de conciencia”. Cuando se discutió este punto, muchos delegados abogaron para que se reconociera el origen divino del hombre. No se hizo porque el delegado comunista sentenció: “No hay necesidad de una Declaración de orden teológico en la Declaración de los Derechos del Hombre. Se puede y se debe pasar sin ella”. Esto es contrario a toda la doctrina católica. León XIII nos dice: “Rechazando el señorío de Dios en el hombre y en la sociedad, es consiguiente que no hay públicamente religión alguna, y se seguirá la mayor incuria en todo lo que se refiera a la religión. Y asimismo, armada la multitud con la creencia de su propia soberanía, se precipitará fácilmente a promover turbulencias y sediciones; y quitados los frenos del deber y de la conciencia, sólo quedará la fuerza, que nunca es bastante a contener, por si sola, los apetitos de las muchedumbres («Libertas», 19). (Mn. José Ricart Torrens – Catecismo Social)