canoManuel Martínez Cano, mCR

La perfección cristiana, la santidad, requiere los esfuerzos del alma cristiana, para corresponder a las gracias actuales que Dios concede a todas las personas para que se santifiquen y se salven. La educación física para mantener el cuerpo sano y ágil, requiere los esfuerzos de todos. Eso es evidente. Lo que no es tan evidente, para muchos bautizados, es que si queremos santificarnos y salvarnos debemos acoplar nuestra voluntad a la voluntad de Dios. Hacer siempre lo que Dios manda.

La ascética es el conjunto de esfuerzos que hacen las amas para alcanzar la perfección cristiana, cuanto es posible en esta vida. Durante siglos, se le llamó teología mística. Más tarde se usaron los dos nombres con el mismo significado. Los maestros de la ciencia espiritual, han reservado el nombre de ascética para los primeros pasos y grados de perfección cristiana, y el de mística para la contemplación y la vida de unión intima e intensa con Dios en la vía unitiva.

La ascética y la mística, nos enseñan a ordenar la vida sin determinarse por afección alguna que desordenada sea, como enseña San Ignacio de Loyola en sus Ejercicios Espirituales. Todas nuestras acciones y operaciones deben ser dirigidas a la mayor gloria de Dios. Cumpliendo siempre los preceptos de la ley moral; siguiendo las inspiraciones de la gracia divina y practicando las virtudes morales y sobrenaturales.

El dogma católico enseña lo que debemos saber y creer. Está resumido en los distintos “credos” que, a lo largo de la historia, nos ha enseñado nuestra santa madre, la Iglesia católica, apostólica y romana.

La moral cristiana nos enseña a corresponder al amor infinito de nuestro  Padre del Cielo. Fomenta en las almas la vida divina que Dios nos ha dado misericordiosamente; nos prevé evitar el pecado, practicar las virtudes y cumplir con nuestros deberes de estado: sacerdote, religioso, seglar…

La ascética nos enseña a ser perfectos cristianos. Va más allá del cumplimiento de los mandamientos de la ley de Dios y de la santa madre Iglesia. Nos enseña a ejercitar las virtudes con perfección. La ascética está intrínsecamente unida al Dogma y a la Moral.

La ascética práctica la perfección cristiana desde sus comienzos hasta los umbrales de la contemplación infusa; la mística es la práctica de la vida contemplativa, desde la noche de los sentidos y la quietud, hasta el matrimonio espiritual. La ascética es la correspondencia de las almas a las gracias actuales de Dios; la mística la acción directa de Dios en la vida de perfección cristiana, con nuestro consentimiento.

La contemplación es una vista simple y afectiva de Dios y de las cosas divinas. No se suele llegar a este estado contemplativo hasta después de duros trabajos ascéticos.

Las fuentes de la ascética y la mística son las Sagradas Escrituras y la Tradición Divina; secundariamente las verdades que podemos conocer por la razón, ayudada por la fe, y por la experiencia.

Vivir en la presencia de Dios, vivir para Dios ¡qué hermosa vida y que hermosa muerte! (San Juan Mª Vianney)