Hay una verdad teológica, una verdad moral, una verdad filosófica, una verdad política, una verdad histórica. Quienes las manipulan, tergiversan y corrompen son mercenarios del mentiroso, de Satanás.
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Los santos nos dicen que lo que más hace sufrir al hombre es, el pasado que ya no existe y el porvenir que está en las manos de Dios. El pasado no determina al hombre, como, dice el psicoanálisis. Y el futuro: ¡Jesús en Ti confío!
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La política tiene como fin trabajar para conseguir el bien común de la patria. La politiquería es un cuento de barrio periférico, que sólo le preocupa el bien particular de los partidos políticos.
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Es verdad que los medios de comunicación manipulan al hombre–masa. También, de un modo eficaz, los manipulan los medios de consumo. El hombre–masa es adicto a los medios y al consumo.
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Donde Dios es desterrado y negado, desaparece la obligación moral. Y la falsa libertad se convierte en locura salvaje: Experimentación con embriones, aborto, eutanasia, guerras injustas, corrupción, pecado, inmoralidad diabólica.
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No lo entendí a la primera. Un anciano sacerdote, sabio y santo, en los primeros tiempos de la llamada transición política, dijo: se ha producido una bajada de solideos cobarde y vergonzante.
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La frustración y angustia del hombre postmoderno tiene sus raíces más profundas en su independencia de Dios. Sin humildad, sin la religación del hombre con Dios, nos rebajamos a bestias.
