Ningún centro católico de enseñanza puede ser eficiente sin profesores católicos entregados y convencidos del gran ideal de la educación católica. La Iglesia necesita hombres y mujeres que se propongan enseñar de palabra y con el ejemplo, que se propongan imbuir todo el ambiente educativo del espíritu de Cristo. Es ésta una gran vocación, y el mismo Señor recompensará a los que la siguen como educadores en la causa de la Palabra de Dios.
Para que los colegios católicos y los profesores católicos puedan de verdad aportar su colaboración insustituible a la Iglesia y al mundo, debe ser diáfana como el cristal la meta de la educación católica. Queridos hijos e hijas de la Iglesia católica, hermanos y hermanas en la fe: la educación católica consiste sobre todo en comunicar a Cristo, en coadyuvar a que se forme Cristo en la vida de los demás.
San Juan Pablo II: a la asociación nacional de educadores católicos
de los Estados Unidos, abril de 1979