Ildefonso Rodríguez Villar
Puntos breves de meditación
sobre la vida, virtudes y advocaciones litúrgica
de la Santísima Virgen María
26ª edición, Valladolid, 1965
1º Unión perfecta. -Muchas veces hemos dicho y con verdad, que María amaba tiernamente a Jesús, porque, al fin, era Hijo suyo…, pero que al mismo tiempo, en su Hijo veía…, adoraba… y amaba a su Dios. -Todos los actos de amor maternal para con su Jesús, eran actos purísimos de amor die Dios… y la unión estrechísima que como Madre tuvo con su Hijo, fue causa de la unión íntima y perfecta de su corazón para con Dios. -No olvides que esto es amar…, darse al amado..:, es perderse en Él…, es unirse y juntarse… y fundirse con Él de tal modo, que sea con Él una misma cosa…, una sola vida…, un solo corazón…, una sola alma. -Esto se cumple en María de una manera para nosotros completamente inexplicable… e ininteligible…; nunca llegaremos a penetrar en la intensidad tan íntima y perfectísima de la unión entre María y Jesús…, entre María y Dios.
Durante el tiempo que permaneció Jesús en su purísimo seno…, por un misterio incomprensible de humidad y de amor por parte de Dios…, la vida de Dios fue la vida de María… La propia sustancia de la Madre, nutre y alimenta a su Hijo, que es Dios y… Dios transmite a su vez a su Madre todas sus ideas y sus sentimientos. ¡Qué revelaciones! ¡Qué afectos! ¡Qué sentimientos! -¡Qué océano de luz y de amor! -María tiene el Cielo mismo en su corazón…, no tiene que levantar los ojos hacia arriba para orar a Dios, sino recogerse en su interior, porque todo lo tiene allí…, física y moralmente, es una misma cosa con Jesús… Ora con la oración de Dios…, vive con la vida de Dios…, ama con el amor de Dios… ¡Qué cosa más admirable! ¡Qué unión más venturosa!
Detente largo rato a contemplarla y admirarla, y después… pregúntate: y yo, ¿no puedo aspirar a algo semejante? -¿Dios se ha hecho hombre para unirse de esta manera sólo con la Santísima Virgen sin darnos a nosotros ninguna participación en ese amor…, en esa unión? Bien sabes que no… Dios nos llama a esa divina unión por medio de la vida de la gracia… un corazón engracia, que se entrega sin reserva a Dios, es un corazón que vive la vida de Dios. -Dios es el que se transfunde en el alma en gracia, y la baña con su luz… y la inunda con su amor… y es Él, el trabaja y obra y vive en Ella.
¿No es esto, además, lo que de una manera real y física ocurre en la Comunión? ¿Qué significa Comunión sino unión común, unión mutua de vida…, de afectos y de sentimientos entre Dios y el alma?… ¿No es esto el cumplimiento exacto de aquello de San Pablo: «Ya no vivo yo, sino que es Él quien vive en mí»? -Si María en Jesús veía y amaba a Dios, nuestro amor a Dios también puede concretarse en nuestro amor a Jesús… y de ahí que a imitación de María, el perder a Jesús…, el dejar de amarle… debe ser para nosotros la mayor desgracia…
2º Él mayor mal que nos puede acontecer… ¿No lo fue así para la Santísima Virgen? -¿Pudo Dios buscar tormento mayor que el que Ella sufrió con la pérdida de Jesús? -Recuerda lo que ya has meditado sobre este paso de la vida de María…, la congoja y tortura que destrozó aquel corazón de Madre…, su temor y sus angustias… ¡Qué dudas e incertidumbres tan horribles!… ¿Qué habría sido de su Hijo? ¿Lo habrían robado…, maltratado…, muerto quizá? -Según San Ligorio, éste fue el mayor y más amargo de todos los dolores de la Santísima Virgen… o al menos uno de los mayores… ¡Perder a Jesús!… ¡Vivir sin Jesús!… ¿Qué sientes tú ante este pensamiento?
Todos los sufrimientos y todos los dolores juntos, sufridos en compañía de Jesús, no se pueden comparar a este solo dolor… Porque si pierdes a Jesús, ¿quién te va a consolar?» ¿Encontrarás en las criaturas algo que pueda suplir a Jesús? -Aquellas buenas almas que vieron las torturas de la Virgen, también tratarían de tranquilizarla…, la dirían palabras de consuelo y de aliento…, pero todo eso, ¿de qué valía? ¿Qué la importaba todo lo que la pudieran decir, si a Ella sólo la importaba, una cosa… saber dónde estaba Jesús?
La pérdida de Jesús…, de su gracia…, de su amistad…, es, no lo dudes, la mayor pérdida…, el mayor castigo… ¿Qué mayor infierno que el de estar sin Jesús?… ¿Lo sientes tú así?… -Pídeselo sentir más y más a la Santísima Virgen, para que de este modo, vivas lo más lejos posible de toda sombra, aunque parezca pequeña, de pecado; pues con el pecado se pierde a Jesús…
3º La mayor diligencia. -Por tanto, la mayor diligencia será buscar a Jesús, si por desgracia le hubieres perdido… No dejes pasar ni un sólo momento…, ni un instante…, no duermas tranquilamente sin tu Jesús. -¿Qué hizo María?… ¿Esperó al amanecer y durmió sosegadamente aquella noche?… Mira cómo no acierta ni a comer…, ni a dormir…, ni a descansar…; no la importa ni la vida misma… Por eso, inmediatamente, regresa por el camino andado…, no se da cuenta de las dificultades…, no la importa que sea largo el camino y penosa la jornada que ha recorrido ya, para volverla a recorrer…; y en plazas y calles y posadas…y en todas partes… y con todas las personas, demuestra la solicitud que la martiriza y el afán que no la deja vivir. -Ella tuvo que correr mucho, pero tú…, si quieres, qué fácilmente puedes encontrar a Jesús.
Si tienes devoción a María, no será fácil que le pierdas… pero si le pierdes, Ella te enseñará el camino de encontrarle… En brazos de María, siempre encontrarás a Jesús… Vete a la Madre con dolor…, con arrepentimiento…, imítala a Ella…, desanda el camino que te llevó al pecado…, vuelve hacia atrás…, entra por el camino de la imitación de la Virgen y verás qué pronto encontrarás lo que deseas.
4º La mayor alegría. -Y esa sí que será la mayor alegría…, ¡encontrar a Jesús!… ¿Cuál sería la de la Virgen, cuando ya halló a su Hijo en el Templo?… ¿Cómo se mundana, de repente, de luz su corazón oscuro y entenebrecido? ¡Qué júbilo para aquel corazón de Madre! -En el Templo, donde esta sacramentado…, donde Él tiene su trono de amor, quiere que también nosotros le busquemos, y allí le hallaremos… Si está allí precisamente para eso…, para esperarnos…, para llamarnos…, para correr hacia nosotros y dársenos todo, en cuanto le busquemos… ¡Qué locura vivir a espaldas de Jesús cuando tan fácilmente le podemos encontrar…, tan fácilmente retener si queremos!… No le arrojes de ti y Él no se irá… No te canses de Él, que Él no se cansara de ti, si tú no quieres. -Pídeselo muy de corazón a la Santísima Virgen…
Lee, para terminar y saborear despacio, el capítulo VIII del libro II del Kempis, en especial estas expresiones: «Cuando Jesús está presente todo es bueno y no parece nada difícil…, mas cuando está ausente, todo es duro. -Estar sin Jesús, es terrible infierno…, estar con Jesús dulce paraíso. Mientras el este contigo, nadie puede dañarte. Él que halla a Jesús, halla un buen tesoro y de verdad bueno, sobre todo otro bien. -En cambio el que pierde a Jesús, pierde muy mucho y más que si perdiera el mundo entero. -¡Qué pobre es el que vive sin Jesús y qué rico el que está bien con Él!»: -Piensa que muy fácilmente puedes arrojar de ti a Jesús y perder su gracia si te apegas a las cosas de la tierra. -Suplica a la Santísima Virgen te dé a conocer y a sentir bien todo esto.