Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I. Meridiano Católico Nº 188, octubre de 1994
Betania se queda a nuestra espalda. Descendemos por la carretera hacia el Jordán. El desierto de Judá se descubre en toda su impresionante austeridad. Es una llamada de la naturaleza a despreciar lo efímero y poner el pensamiento en lo eterno. Embebidos en esas consideraciones, divisamos repentinamente a nuestra derecha las ruinas del viejísimo mesón que albergó al peregrino de la parábola que cayó en manos de ladrones, de los que fue salvado por la caridad del buen samaritano. Sigue leyendo



